Home Tags Posts tagged with "Diálogos de ultratumba – Machacando “brujas”"
Tag:

Diálogos de ultratumba – Machacando “brujas”

Download PDF

Les juro que casi no los reconozco. Sus rostros enjutos estaban muy cambiados y los ensombrecía un rictus de amargura causado tal vez por constatar, con el paso del tiempo, la vacuidad de su apostólico y excesivo celo. Por fin supe quiénes eran al distinguir su hábito donde se fundía el blanco con el negro y también porque apretaban entre sus manos sendos volúmenes del Malleus maleficarum, ese “Martillo de brujas” con el que contribuyeron a machacar -y a quemar- a muchas de ellas.

Sus nombres: Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, miembros de los “perros del Señor”, los Domini cani, fundados por el castellano Domingo de Guzmán en Toulouse para combatir a la herejía cátara y, después, a todo aquel o aquella que se atreviera a poner en duda la ortodoxia católica romana. No fue, pues, un azar que de sus filas salieran los más grandes inquisidores como el francés Bernardo Gui o el castellano Tomás de Torquemada.

LINGUACUTA.- Sufran, reverendos padres. Miren cómo las feministas han convertido al personaje de la bruja en un ícono, símbolo tanto de la misoginia, como del poder invicto de las mujeres.

JACOB SPRENGER.- Todo ese alboroto nos pone los pelos de punta.

HEINRICH KRAMER.- Es cierto que en el Malleus establecimos por primera vez un vínculo directo entre la mujer y la brujería, pero simplemente recogimos afirmaciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, de autores católicos medievales y de los Padres de la Iglesia donde se advierte que las mujeres son peligrosas por su sexualidad, a pesar de ser necesarias para la reproducción de la especie.

LINGUACUTA.- Me confirmas que la ancestral diabolización de la mujer alimentó esa explosión de misoginia que fue la cacería de las supuestas “brujas”.

SPRENGER.- En vez de echarnos pullas infórmate en nuestro Malleus sobre los actos horrendos cometidos por esas infames.

KRAMER.- Ampliamente expusimos sus vuelos nocturnos cabalgando en fálicas escobas, sus abyectos aquelarres, el asesinato de niños pequeños, la fabricación de venenos, su habilidad de crear impotencia sexual en los varones y aun de arrebatarles su miembro viril, ¡y horror de los horrores! sus relaciones sexuales con el Maligno.

SPRENGER.- Con toda claridad advertimos que el Demonio se aprovecha del insaciable apetito carnal de las mujeres y del hecho de que son más crédulas, más propensas a la malignidad y embusteras por naturaleza.

KRAMER.- Por eso hay más brujas que brujos.

SPRENGER.- No comprendo por qué hacen tanta bulla ustedes las mujeres, si también quemamos brujos.

LINGUACUTA.- No seas cínico, que en los 110.000 juicios identificados entre 1580 y 1640 las mujeres representaron el 80% de los acusados y el 85% de los condenados a muerte, que fueron entre 60.000 y 70.000.

SPRENGER.- Por algo sería.

LINGUACUTA.- ¡Qué fácil es responsabilizar a las mujeres de la violencia que se les inflige!

SOFROSINA.- Te voy a recordar ese “por algo sería”. Durante las grandes cacerías de brujas de las décadas de 1580 y 1640, a la tradicional misoginia patriarcal se sumó un creciente temor al demonio entre la población, vinculado a las desgracias de la época, alimentadas por conflictos religiosos, tensiones políticas, crisis económicas y plagas recurrentes. A nivel de las élites y de los gobernantes, se produjo un aumento de la intolerancia, alimentado por la proliferación de manuales de demonología como ese Malleus maleficarum que ustedes escribieron.

LINGUACUTA.- La caza de brujas se enriqueció, además, con el testimonio de los propios jueces. Los juicios que ellos llevaron a cabo corroboraron a los ojos del pueblo la existencia de “brujas”, fomentaron las denuncias contra ellas y fueron un verdadero desencadenante de “epidemias de brujas”.

KRAMER.- Ustedes pueden decir lo que quieran, me siento orgulloso de que nuestro Malleus, publicado en 1487, se haya convertido hasta el día de hoy en el más famoso de todos los libros sobre brujería.

SOFROSINA.- Dale gracias a la invención de la imprenta moderna que incrementó el influjo de tu manual del perfecto cazador de brujas.

KRAMER.- Así es. Solamente entre los años 1487 y 1520, nuestra obra fue publicada 13 veces. ¡Un exitazo!

SPRENGER.- A Dios lo que es de Dios y al Papa lo que es del Papa. También démosle gracias a Su Santidad Inocencio VIII quien, en su bula Summis desiderantes affectibus reconoció en diciembre de 1484 la existencia de las brujas y nos nombró inquisidores con poderes especiales para que investigáramos los delitos de brujería en las provincias del norte de Alemania.

KRAMER.- Al año de expedida la bula, solo en la ciudad italiana de Como, fueron quemadas vivas cuarenta y una brujas, provocando un enorme éxodo de mujeres a zonas más seguras. ¡Eficaz la palabra de nuestro Inocencio!

LINGUACUTA.- Nada inocente era Inocencio VIII: no practicó la brujería pero sí el nepotismo para engrandecer a su familia.

SPRENGER.- Viperina eres.

LINGUACUTA.- ¿Yo? Pero si fue él quien negoció el matrimonio de su hijo ilegítimo Francisco Cybo con Magdalena de Médici, hija de Lorenzo de Médici, señor de Florencia. Y elevó después al cardenalato a Giovanni de Médici -futuro León X- hermano de su nuera, cuando tenía solo 13 años de edad.

KRAMER.- Deja de mirar la pajita en el ojo ajeno y volvamos a nuestro Malleus. En la Parte I detallamos cómo el Demonio y sus seguidores -brujas y hechiceros- perpetran una plétora de males “con el permiso de Dios Todopoderoso”.

SPRENGER.- En la Parte II informamos ampliamente sobre los hechizos, pactos, sacrificios y cópula con el Diablo de tan malvadas féminas.

SOFROSINA.- Ustedes respiran antifeminismo por todos los poros. Ya desde el título del libro utilizan la palabra maleficarum, la forma femenina del sustantivo, y declaran más adelante, incorrectamente, que la palabra femina es una derivación de fe minus, menos fe.

LINGUACUTA.- Por otra parte, quisiera que me dijeran cómo se obtuvieron esas “amplias informaciones” sobre las actividades de las que ustedes llaman “brujas”.

KRAMER.- No tenemos de qué avergonzarnos. En la Parte III del Malleus detallamos los métodos para detectarlas, enjuiciarlas y sentenciarlas.

LINGUACUTA.- Sí, y ahí hablan de torturar para detectar.

SPRENGER.- ¡Qué le íbamos a hacer! Si la bruja -o el brujo- no confesaba voluntariamente su culpa, es normal que se aplicara la tortura como un incentivo para que confesara.

LINGUACUTA.- Para que confesara lo que el inquisidor quería.

SOFROSINA.- Es fácil imaginar el pánico y la angustia de esas mujeres en total soledad y en manos de jueces, guardias, interrogadores y torturadores exclusivamente masculinos que desahogaban en ellas sus impulsos sádicos, su misoginia y sus frustraciones sexuales.

LINGUACUTA.- A no pocas de ellas las violaron sus carceleros.

SOFROSINA.- Recuerden que por recomendación de ustedes dos en el Malleus, las acusadas, tras su detención, eran desnudadas, afeitadas y entregadas a un “pinchador”, que buscaba meticulosamente la “marca del Diablo”, tanto en la superficie como en el interior de sus cuerpos, clavándoles agujas. Cualquier mancha o cicatriz podía servir de prueba.

LINGUACUTA.- ¡Jesús mío, cuántas bestialidades y estupideces se han hecho en tu nombre!

SOFROSINA.- También explican ustedes cómo los jueces debían ser instruidos para engañar al acusado, prometiéndole misericordia si confesaba su culpa y buscando luego subterfugios para no cumplirle lo prometido. ¡Qué retorcidos!

KRAMER.- Reconoce que también hablamos sobre la confianza que se puede poner en los testimonios de los testigos y la necesidad de eliminar acusaciones maliciosas.

SOFROSINA.- Lo reconozco, pero igualmente afirmaron ustedes que el rumor público es suficiente para llevar a la persona a juicio y que una defensa demasiado vigorosa es evidencia de que el defensor está también poseído por Satanás. Excelente manera de eliminar al enemigo, ¿no les parece?

SPRENGER.- Satanás y sus brujas nos habían puesto en un estado de emergencia pública. Contra el Mal hay que ser implacables, y si se cometen excesos, son perdonables en aras de ese objetivo superior a todo que es salvar las almas de los fieles.

LINGUACUTA.- Sin duda ya saben que hasta hoy en día los estados policiales aprendieron bien esa lección inquisitorial: el temor a la “situación de emergencia” es utilizado por el poder punitivo para eliminar cualquier obstáculo que se le presente. Toda persona que se oponga a dicho poder será acusada de cómplice del Mal, enemiga de la Patria o idiota útil a intereses foráneos y será condenada sin garantías ni derecho a la defensa.

KRAMER. Tu astucia argumentativa huele a azufre. ¡Eres una bruja!

LINGUACUTA.- Viejos misóginos, esperen a que lleguen mis sororas del movimiento ecofeminista Witch -Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell-. Los vamos a hacer pasar un mal rato.

SOFROSINA.- ¡Qué emoción! Allá viene el grupo de las italianas entonando: “Tremate, tremate, le streghe son tornate” (Tiemblen, tiemblen, las brujas han regresado).

LINGUACUTA.- Mirá ese otro grupo con carteles que dicen: “Somos las nietas de las brujas que no pudiste quemar”.

SPRENGER.- ¡A todas ustedes las vamos a purgar con agua bendita!

KRAMER.- Mejor pongamos pies en polvorosa, hermano.

Siento que me ahogo, que no puedo respirar bien. Me incorporo en medio de una pesada bruma de vapores hirvientes. Estoy sudando más que un condenado a galeras. Tiemblo de susto, pero no, no es una hoguera inquisitorial: me quedé dormido en un baño turco.

Rodolfo R. de Roux

Abril de 2024

6 Comentarios
0 Linkedin