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Diálogos de ultratumba – Lo serio que es reír

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Apenas terminado el espectáculo cómico con el que se celebra periódicamente en Ultratumba el “Día del buen humor”, el ingenioso Enrique Jardiel Poncela comentó entusiasmado: “Nada como el desdén hacia la risa revela el lago de asfalto en que se halla sumergida un alma”. Sus palabras dieron pie para que se iniciara un ameno diálogo en torno a esa planta ligera de raíces profundas que es el humor.

SOFROSINA.- El humor es una manera festiva de “tomar distancia”, de sacudir la esclerosis intelectual mostrando el revés ridículo de situaciones y personas, de reflexionar sonriendo sobre cosas graves. Pero para eso se necesita ingenio.

LINGUACUTA.- Como el de quien afirmó: “Solo cuando se posa un mosquito en tus testículos te das cuenta de que no todo se soluciona con violencia”.

JARDIEL PONCELA.- ¡Qué bien! Lo humorístico es un rezume decantado de cultura, de inteligencia, de experiencia, de imaginación y -en fin- de comprensión.

SOFROSINA.- Para serte sincera, cuando miro hacia la tierra y veo a los humanos vivir unos con otros como lo hacen, me da una profunda tristeza y me cuesta reír.

JARDIEL PONCELA.- Precisamente es en esos momentos cuando necesitamos más del humor. Como dicen por ahí, la risa es el limpiaparabrisas del drama: no para la tormenta, pero ayuda a seguir adelante.

LINGUACUTA. ¡Y vaya que si ayuda! Tremendo ansiolítico es la risa; libera en el cerebro una saludable descarga de serotonina, dopamina, endorfinas…

SOFROSINA.- En efecto, muchas veces he experimentado el valor terapéutico de la risa: sirve para purgar amarguras y aliviar las llagas del alma.

LINGUACUTA.- Acércate, entonces, al que te dibuja una sonrisa y no al que te la borra.

SOFROSINA.- Y tú, reparte sonrisas: cuestan menos que la electricidad e iluminan muchísimo.

LINGUACUTA.- Sofrosina, eres la luz que ilumina mi vida, ¡ojalá no te fundas!

SOFROSINA.- Te encanta reír…de los demás.

LINGUACUTA.- Como a todo el mundo.

SOFROSINA.- Ten cuidado, pues es fácil sufrir la desaprobación pero no la burla. A nadie le gusta que lo ridiculicen.

GRACIÁN.- Así que antes de reírnos de los otros, conviene saber si podemos soportar que se rían de nosotros, ya que quien se pica da pie al repique.

NIETZSCHE.- Más aún, hay que ser capaces de autoderrisión. Como puse en el epígrafe de La gaya ciencia: Me río de todo maestro que no sabe reírse de sí mismo.

SOFROSINA.- De acuerdo, Federico, quien no es capaz de autoderrisión es fácil presa de la vanidad y del autoengaño.

LINGUACUTA.- Y yo que pensaba en la risa como un inocente desahogo.

SOFROSINA.- No te confíes; dicen que donde no hay humorismo y risa hay cólera y odio, pero eso depende de qué humor y de qué risa.

CICERÓN.- Hay que evaluar el impacto que puede causar un chiste, saber censurarse a sí mismo y preferir la ironía elegante al sarcasmo turbio, como dije en el excursus de ridiculis de mi tratado Sobre el orador.

LINGUACUTA.- Dime si este chiste hace gala de ironía o de sarcasmo: Cuentan que en el siglo XX, a mediados de la década de los años treinta, en el Politburó se tiene un acalorado debate: ¿existirá el dinero en el comunismo o no? Los trotskistas, muy de izquierda, afirman que el dinero no existirá, pues sólo es necesario en sociedades donde existe la propiedad privada. Los partidarios de Bujarin, más derechistas, afirman que existirá el dinero en el comunismo, porque toda sociedad compleja necesita dinero para regular el intercambio de productos. Cuando finalmente interviene el camarada Stalin, rechaza tanto la desviación izquierdista como la derechista, afirmando que la verdad es siempre una síntesis dialéctica superior de los opuestos. Cuando otro miembro del Politburó le pregunta cómo será esa síntesis, Stalin responde con mucha calma: “Existirá el dinero y no existirá. Algunos tendrán dinero, y otros no”.

ÓSIP MANDELSHTAM.- Sarcasmo o ironía lo mejor es que ese tipo de chistes con nombre propio circulen sin autoría mientras viva el tirano. Burlarme en un poema del “montañés del Kremlin” y de sus “bigotes de cucaracha” terminó costándome la vida.

JAIME GARZÓN.- Una cosa son los chistes simplemente ingeniosos y otra cosa es el humor político que pisa callos. Los poderosos son ultrasensibles al humor que los ridiculiza. A mí me cobraron caro mis impertinencias, pero me inmortalizaron, como a Ósip.

SOFROSINA.- Gran revelador es el humor: dime con quién ríes, de quién ríes, de qué ríes, y te diré quién eres.

HENRI BERGSON.- Y yo te diré no solo quién eres sino quiénes son los que contigo ríen, pues nuestro reír es siempre un reír en grupo, como expuse en mi libro Le Rire. Por otra parte, la risa refuerza la pertenencia a un grupo -aquellos con los que nos reímos- posicionándonos frente a un grupo rival -aquellos de quienes nos reímos-. Al crear una identidad compartida, la risa crea al mismo tiempo una alteridad compartida.

SOFROSINA.- Es lo que hacemos al burlarnos de los “otros”: el colombiano del ecuatoriano, el bogotano del costeño, el valluno del “paisa”, y todos del pastuso. Lo mismo pasa con las bromas que juegan con las diferencias de sexo, de etnia, de clase social o de religión y, sobre todo, que juegan con estereotipos: el pastuso ingenuo, el costeño desabrochado, el antioqueño avivato…

LINGUACUTA.- A propósito de estereotipos oigan este chiste: Dos amigos judíos pasan por delante de una iglesia católica en la que han colgado un gran cartel dirigido a los no católicos: «¡Ven con nosotros, acepta el catolicismo y al instante ganarás treinta mil dólares en efectivo!» Mientras se alejan, los dos amigos se enzarzan en un debate acerca de si esa oferta va en serio. Una semana más tarde, los dos amigos se vuelven a encontrar delante de la misma iglesia, y uno de ellos le confía al otro: “Todavía me pregunto si la oferta va en serio”. El otro contesta, de manera condescendiente: “¡Ah, los judíos sólo pensáis en el dinero!”.

JARDIEL PONCELA.- Bravo, Linguacuta. Ya era hora de bromear un poco. Yo no hago altos vuelos filosóficos, simplemente digo que ha sido preciso todo el proceso gigantesco de la civilización; han sido precisos siglos de trabajo formidable y de luchas apocalípticas, de pensar, de imaginar, de calcular, de inventar, de ensayar, de tantear, de comprobar, de ejecutar mil y mil esfuerzos inmensos en todos los órdenes de la actividad humana para que en el pantano tenebroso de lo sentimental o dramático brotase y emergiese la flor esplendorosa de lo cómico.

LINGUACUTA.- Flor que, a lo largo del tiempo, muchos han tratado de aplastar porque son alérgicos a su aroma.

TOMAS DE KEMPIS.- ¡Basta! ¡Basta ya! No puedo seguir soportando en silencio estas apologías del reír. Nuestra obligación es la imitación de Cristo. ¡Y Jesús nunca rio!

LINGUACUTA.- Nadie ha podido probar tal cosa.

BOSSUET (famoso predicador del siglo XVII, obispo de Condom).- Pero es seguro que los Evangelios nunca mencionan que haya reído. No dudo que “Jesús no quiso que sus labios, donde se derramaba la gracia, se dilataran una sola vez por un movimiento que le parecía acompañado de una indecencia indigna de un Dios hecho hombre”.

SAN JUAN CRISÓSTOMO (Doctor de la Iglesia, arzobispo de Constantinopla).- En el Jardín del Edén, Adán y Eva vivían en un estado de dichosa tranquilidad, en comunión con el Creador, sin deseo sexual ni motivo de hilaridad. Al igual que el deseo sexual, la risa nace de la caída en el reino de la imperfección, la impotencia y la finitud humanas. La risa es, pues, obra del Maligno.

SANTA HILDEGARDA DE BINGEN (Doctora de la Iglesia).- En el tratado Causae et curae (Las causas y los remedios) comparo las sacudidas de la risa con las sacudidas del coito y considero que las lágrimas de la risa son tan sucias como las gotas de esperma.

SAN BERNARDO DE CLARAVAL (Doctor de la Iglesia).- El reidor es como una vejiga rebosante, que se desinfla emitiendo pedos, tal como expresé en mi Tratado sobre los grados de humildad y soberbia.

SAN JUAN CRISOSTOMO (Doctor de la Iglesia).- En vez de reír deberíamos afligirnos y llorar por nuestros pecados. Cuando estallan las risas “el Demonio dirige por todas partes ese triste concierto”.

SAN EFRÉN DE SIRIA (Doctor de la Iglesia).- Nadie está al resguardo de la tentación del reír. Satanás me envió una tropa de demonios cómicos para que se apoderaran de mi imaginación, entregándose ellos a todo tipo de payasadas. Supliqué, entonces: “Señor, quítame la risa y concédeme el llanto y el gemido que deseas de mí”.

SOFROSINA.- Tengo entendido que en los monasterios que surgieron en toda la Cristiandad entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media se adoptaron reglas de conducta muy hostiles a la risa, pues se postulaba que la devoción a Dios implicaba la suspensión del habla, que debía reducirse a la salmodia y a los estrictos intercambios indispensables para la vida comunitaria.

SAN BENITO DE NURSIA (Iniciador de la vida monástica en Occidente; fundador de los benedictinos).- Así es, Sofrosina. En la Santa Regla que escribí en el año 516 para los monjes que vivieran bajo la autoridad de un abad, especifiqué que “El monje, cuando habla, dice pocas palabras, pero sensatas, en voz baja, sin reírse, con humildad y gravedad”. No debe “decir palabras ociosas o palabras que sólo causan risa”, no debe caer en la “frivolidad” ni “gustar de la risa excesiva y ruidosa”, porque solo “el tonto estalla en carcajadas”. “En cuanto a las bufonadas, las palabras ociosas y risibles, las condenamos para siempre y en todas partes, y no permitimos que el discípulo abra la boca para tales discursos”.

SAN BERNARDO.- Me permito recordar que antes de la Regla de san Benito se redactó la llamada “Regla de los Cuatro Padres”. Es una obra colectiva, promulgada entre 400 y 410 que expone los principios normativos para la organización de la vida cenobítica. En ella se dice que “Si alguien es sorprendido riendo o contando chistes, ordenamos que, durante quince días, tal hombre sea, en nombre del Señor, reprendido en todos los sentidos con el látigo de la humildad”.

SAN BENITO.- Viendo la triste situación de la humanidad sumida en la violencia y el pecado, no hay nada de que reírse. No sucumbamos a la facilidad de la bufonería y mantengámonos centrados en la oración y la penitencia.

SANTA TERESA DE AVILA (Doctora de la Iglesia).- Piensen, sin embargo, que un santo triste es un triste santo.

LINGUACUTA.- Ya la Iglesia se ha dado cuenta, muy oportunamente, de que si quiere seguir siendo escuchada tiene que mostrar el rostro sonriente de un Dios de amor y de humor.

SOFROSINA.- Nadie quiere un sacerdote hosco que sólo hable de pecado y condenación.

LINGUACUTA.- Como dijo el papa Francisco poco después de su elección: “No se puede anunciar a Jesús con cara de funeral”.

SOFROSINA.- Y añadió en una entrevista: “Tener sentido del humor es una gracia que pido todos los días, y rezo esta oración de Santo Tomás Moro: “Señor, dame sentido del humor”.

TOMAS MORO.- Escucha cómo termina mi plegaria: “Concédeme, Señor, la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás”.

“Amen, amen”, entonó un alegre Francisco de Asís a quien rápidamente se unieron todos aquellos que creen en el inalienable derecho humano a la risa. A Bernardo de Claraval no le cayó en gracia el giro que estaba dando el diálogo e hizo una mueca de disgusto al tiempo que exclamaba: “Ya ni la religión es lo que era. ¡A dónde iremos a parar!”. Todo terminó cuando el poeta Elías Nandino acabó de hundir el dedo en la llaga del austero cisterciense al decirle:

Soporta el dolor que sientes

hasta que tu vida obtenga

la rebelión que te abstenga

de añorar lo que se fue.

Rodolfo Ramón de Roux

Mayo de 2024

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