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Diálogos de ultratumba – La guerra es dulce para quienes no la han probado

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Se entabló el siguiente diálogo al resplandor de las bombas que caen inmisericordemente en la Banda de Gaza y en las llanuras de Ucrania, donde todos los beligerantes apelan a morir por la patria. 

LINGUACUTA.- Estimado Horacio, todavía no entiendo cómo pudiste escribir que es dulce morir por la patria.

HORACIO.- No hice sino ponerle lirismo al tradicional “a morir por la patria” de las arengas militares. ¿No te parece hermoso mi verso “dulce et decorum est pro patria mori”?

LINGUACUTA.- ¿Te das cuenta de la sonrisa burlona con la que te está mirando el general George Patton?

GENERAL PATTON.- Ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otro estúpido bastardo muera por la suya.

SOFROSINA.- Con tan descarnada frase comenzaste tu famosa arenga a la 6.ª División Blindada de los EE. UU. cinco días antes del “Día D” en Normandía.

GENERAL PATTON.- Las orejas piadosas dijeron que yo era un zafio, pero mi lenguaje cuartelero motivó a la tropa diciéndoles de manera cínica una verdad de a puño.

LINGUACUTA.- También dijiste en esa arenga muchas otras frases que le pusieron los pelos de punta a una minoría de oficiales. Te recuerdo algunas: La forma más rápida de acabar esta guerra es ir por los bastardos que la empezaron y barrerlos del mapa. Cuanto antes lo hagamos, más pronto volveremos a casa. (…) No solo vamos a dispararles a los alemanes, ¡nuestra intención es arrancarles las tripas y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques: vamos a matar a esos malditos teutones de a cien por metro! (…) La guerra es un asunto sangriento y mortal. O derraman ustedes la propia sangre, o derraman la de ellos. Rájenles el vientre, dispárenles en las tripas. 

ERASMO DE ROTTERDAM.- ¿Te das cuenta, amigo Horacio? La guerra solo es dulce para quienes no la han experimentado: Dulce bellum inexpertis.

FLAVIO VEGECIO.- Por eso mismo en mi Epitoma rei militaris (Compendio de técnica militar) advertí: “No te fíes del todo de un recluta que quiere combatir, porque el combate es grato a los bisoños”.

ERASMO.- Ya lo decía Píndaro hace dos mil quinientos años: “La guerra es grata a quien no la ha experimentado, pero cuando se avecina, el corazón del veterano se estremece sobremanera”. En mis Adagios, al comentar la máxima Dulce bellum inexpertis expuse ampliamente que la guerra arruina, extingue, barre de repente y de una sola vez todo lo alegre y todo lo bello y descarga sobre la vida de los hombres una cloaca de males.

SOFROSINA.- Pero no nos engañemos: muchos anhelan convertirse en héroes legendarios en los campos de batalla. 

LINGUACUTA.- El detalle desagradable es que para convertirse en leyenda primero hay que naufragar en las marejadas de la historia.

SOFROSINA.- ¿Para qué sirven tantos vanos afanes y dolores? Somos tierra, la fama es humo y el final, ceniza: Homo humus, fama fumus, finis cinis.

FRIDA KAHLO.- Pero a cada uno le gusta escoger el tamaño de la cebolla con la que va a llorar.

ESTANISLAO ZULETA.- Los diversos tipos de pacifismo hablan abundantemente de los dolores, las desgracias y las tragedias de la guerra y eso está muy bien, aunque nadie lo ignora; pero suelen callar sobre otro aspecto inconfesable y decisivo: la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Cómo así?

ESTANISLAO ZULETA.- Si se quiere evitar al hombre el destino de la guerra hay que empezar por confesar, serena y severamente la verdad: la guerra es fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida con el más entrañable de los vínculos, del individuo al fin disuelto en ella y liberado de su soledad, de su particularidad y de sus intereses; capaz de darlo todo, hasta su vida. Fiesta de poderse aprobar sin sombras y sin dudas frente al perverso enemigo, de creer tontamente tener la razón, y de creer más tontamente aún que podemos dar testimonio de la verdad con nuestra sangre. 

SOFROSINA.- Ojalá meditaran tus palabras los belicistas entusiasmados con esa fiesta de la guerra  frente a un enemigo visto como el mal absoluto. 

E. ZULETA.- Precisamente convertir al enemigo -la otra clase social, la otra etnia, la otra religión, la otra nación- en el mal absoluto es el mecanismo más íntimo de la guerra y el más eficaz, puesto que es el que genera la felicidad de la guerra. 

SOFROSINA.- ¿Por qué dijiste en tu reflexión Sobre la guerra que a ésta no había que oponerle un reino del amor y la abundancia, de la igualdad y la homogeneidad?

E. ZULETA.- Para combatir la guerra con una posibilidad remota, pero real de éxito, es necesario comenzar por reconocer que el conflicto y la hostilidad son fenómenos tan constitutivos del vínculo social, como la interdependencia misma, y que la noción de una sociedad armónica es una contradicción en los términos. 

SOFROSINA.- ¿Hacemos entonces una cruz sobre la llamada “paz total”?

ESTANISLAO  ZULETA.- La erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable, ni en la vida personal -en el amor y la amistad- ni en la vida colectiva. Es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al otro conduzca a su supresión, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o silenciándolo. 

SOFROSINA.- ¡Vasto programa!

E. ZULETA.- Una sociedad más justa, organizada y racional es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos. Sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz.

SOFROSINA- Desafortunadamente la razón de las armas silencia fácilmente a las armas de la razón.

LINGUACUTA.- ¿Cuándo has visto que sea justa la causa de los “otros”? Solo es justa la guerra que hacen los “nuestros”, pero por justa que sea su causa terminamos enlodándola por el ansia de verla triunfar. ¿Por qué me miras tan mal, Netanyahu?

Rodolfo Ramón de Roux

Diciembre de 2023

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