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Diálogos de ultratumba – El leño nudoso de la humanidad

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¡Qué sueño! Yo escuchaba, boquiabierto, mientras un selecto grupo rodeaba a Karl Marx que vociferaba a todo trapo sobre las fantásticas posibilidades del “hombre nuevo” cuando en la sociedad comunista se viviera en el “reino de la libertad” y los individuos hubieran dejado atrás el  “reino de la necesidad” y del sometimiento a poderes sociales -económicos, políticos- y naturales.

MARX.- Sí, camaradas, en esa fase superior de la sociedad comunista inscribiremos en su estandarte «¡De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!».

LINGUACUTA.-  Eso parece una predicción escatológica: la enunciaste en 1875 y todos seguimos a la espera.

THOMAS HOBBES.- Y seguiremos esperando: ya hemos visto cómo se comporta el “hombre nuevo” cuando se alza con el poder.

LINGUACUTA.- Con suficiente poder -ese virus mortal- hasta las antiguas víctimas terminan comportándose como sus victimarios.

EMIL CIORAN.- Tengamos, pues, por toda víctima, por noble que sea, una piedad sin ilusiones.

LINGUACUTA.- El hombre explota al hombre, y a veces es lo contrario.

HOBBES.- El  hombre es lobo para el hombre

LINGUACUTA.- ¡Y también para la mujer!

MARX.- ¡Ánimo, camaradas! Todavía no hemos visto de qué es capaz el hombre.

LINGUACUTA.- Eso es lo que más me asusta.

MARX.- Paciencia, Linguacuta, el enigma de lo que podemos esperar del ser humano sigue abierto. La historia es el proceso de creación humana y continuada formación del hombre por su propia actividad, por su propio trabajo, en el sentido de una universalidad y una libertad crecientes.

LINGUACUTA.-  El problema es que muchos humanos tienen necesidades insaciables: mientras más tienen, más quieren. De ahí la eterna tensión entre los ideales de libertad y de justicia social.

MAX HORKHEIMER.- La libertad y la justicia están tan unidas como opuestas. Mientras más justicia haya, menos libertad. Si queremos avanzar hacia la justicia, debemos prohibir a los hombres que hagan muchas cosas, entre ellas que se agredan y exploten unos a otros. Pero cuanta más libertad haya, quien despliegue sus fuerzas con mayor habilidad que los demás podrá, en última instancia, esclavizarlos; por tanto, menos justicia habrá.

LINGUACUTA.- Admito que el mundo es lucha y que por eso mismo hay que apaciguarlo con justicia pero, por lo general, consideramos inadmisibles los privilegios si no somos sus beneficiarios. En cuanto a los anhelos de libertad, la historia muestra que a muchos se les cae el yugo y ellos mismos se lo vuelven a poner: así funciona la servidumbre voluntaria, como muy bien lo explicó Étienne de La Boétie. Por otra parte, no nos hacemos libres solamente con evitar ser esclavos, también tenemos que evitar ser amos, y esto es tan difícil como aquello.

MARX.- No soy ingenuo. Soy consciente de que los hombres hacen su propia historia; pero no la hacen arbitrariamente, en condiciones elegidas por ellos mismos: la hacen en condiciones dadas, directamente heredadas del pasado. Sin embargo, mi convicción es inquebrantable: es evidente que según las leyes inexorables del materialismo histórico y dialéctico, tarde o temprano nos espera un porvenir radiante.

LINGUACUTA.- Nada es más engañoso que una evidencia.

CIORAN.- Karl, eres un creyente perfecto. En el Apocalipsis leemos: “Vi un cielo y una tierra nuevos, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron”. Tachemos ‘cielo’ y quedémonos únicamente con ‘una tierra nueva’ y tendremos el secreto y la fórmula de todos los sistemas utópicos, incluido el de tu sociedad comunista.

JEAN-JACQUES ROUSSEAU.- Confieso que soy tan optimista como Karl. El ser humano es bueno por naturaleza. Quien lo corrompe es la sociedad.

LINGUACUTA.- Pero la sociedad no cae del cielo, es una construcción humana, es el fruto de lo que nosotros somos. No seas tan romántico, Jean-Jacques.

ROUSSEAU.- Sin romanticismo la vida pierde sentido.

LINGUACUTA.- Y con sobredosis de romanticismo tienes hermosos sueños pero calamitosos despertares.

EMMANUEL KANT.- La madera de la que está hecho el hombre es tan nudosa que con ella no se pueden tallar vigas rectas.

LINGUACUTA.- Por eso forma parte de mis pocas certezas la incertidumbre sobre nuestras posibilidades de mejorar sustancialmente la naturaleza humana. Somos seres racionales, pero no siempre razonables.

SIGMUND FREUD.-  El ser humano no es ese ser bondadoso, corazón sediento de amor, del que se dice que se defiende cuando se le ataca, sino un ser que, por el contrario, debe atribuir a sus instintos buena parte de su agresividad. En efecto, el hombre está tentado de satisfacer su necesidad de agresión a costa de su semejante, de explotar su trabajo sin compensación, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizarlo y de matarlo.

ALBERT CAMUS.- De acuerdo, Sigmund, todos llevamos dentro nuestras prisiones, nuestros crímenes y nuestros estragos. Pero nuestra tarea no consiste en desencadenarlos sobre el mundo, sino en combatirlos en nosotros mismos y en los demás.

JERZY LEC.- Bien dicho, Albert, ese es un combate de nunca acabar pues desde que el hombre se alzó sobre sus patas traseras no ha recuperado el equilibrio.

Pitigrilli exclamó: “Ser hombre es ya por sí mismo una circunstancia atenuante”. Hasta Marx y Rousseau sonrieron. Alguien dijo: “Sigamos charlando en el bar ‘La condición humana’ que sobre este tema nos queda tela por cortar”. Con paso alegre las sombras se fueron alejando y a discreta distancia las seguí.

Rodolfo R. de Roux

Enero 2024

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