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Diálogos de ultratumba – Anticipar los infortunios

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— Con el inicio de un nuevo año he recibido numerosos mensajes deseándome felicidad, amor, salud y prosperidad.

SÉNECA.- Se cumplan o no tan buenos deseos, te aconsejo que vayas practicando la “praemeditatio malorum” o anticipación de desgracias.

— ¿A qué te refieres?

SÉNECA.- Al ejercicio estoico de prever cosas que nos pueden salir mal o que nos pueden ser arrebatadas. En su versión cotidiana se hace al comenzar el día. Tras abrir los ojos, visualiza diferentes acontecimientos negativos que se te pueden presentar: dolencias físicas, infortunios económicos, agravios personales, pérdida de un ser querido o incluso tu muerte.

— Eso es masoquismo pesimista.

SÉNECA.- De ningún modo. No se trata de gozar con el dolor ni de angustiarse inútilmente, sino de prepararse serenamente para saber afrontar los inevitables contratiempos de la vida. ¿Qué es el hombre? Un recipiente quebradizo a cualquier golpe y a cualquier sacudida. No me vengas luego con el “No creí que me llegara a suceder”. ¿Crees que no va a sucederte algo que sabes que puede pasar, que ves que le ha ocurrido a muchos? 

— Puede que eso no sea masoquismo, pero no me vengas con el cuento de que no es pesimismo.

SÉNECA.- ¡Qué va! Es un signo de vitalidad: consideramos que cada día es un regalo que agradecer, no un derecho que exigir. Por ello, visualizar los posibles embates de la existencia es un llamado a vivir plenamente el instante presente –carpe diem– a pesar de cualquier eventualidad futura.

— Te concedo que la vida está llena de sorpresas, y no todas son agradables.

SÉNECA.- Nada hay prometido sobre la noche de hoy, y he dado un plazo demasiado largo: nada hay prometido sobre la hora presente. Peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto.

— Pero ¿la tal previsualización de infortunios realmente sirve?

SÉNECA.- El golpe de una desgracia, prevista de antemano, llega mitigado. 

— Mejor dicho, la visualización negativa es una manera de prepararnos para golpearnos lo más suavemente posible contra el muro de la realidad. 

SENECA.- También yo, como todo el mundo, terminé por golpearme duro contra ese muro. A mis cuarenta y cinco años, siendo un adinerado hombre de Estado, el emperador Claudio me mandó al exilio a un lugar miserable y despoblado en la isla de Córcega. Allí me encontré despojado abruptamente de todo lujo y comodidad durante ocho años. 

— Me han contado que te las ingeniaste para acomodarte a esas adversas circunstancias gracias a tus  premeditaciones matutinas y a los periodos de sopa aguada y baños de agua fría a los que te sometías cuando la suerte te sonreía, previendo que podía cambiar de un momento a otro.

SENECA.- Tal como le escribí a mi madre desde el exilio: “Nunca me fie yo de la suerte, incluso cuando parecía proponerme la paz. Todas las cosas que la suerte iba acumulando tan bondadosamente sobre mí -dinero, cargos, influencia- las puse en un lugar del que pudiera ella recuperarlas sin molestarme a mí. Mantuve una gran distancia entre ellas y yo; por tanto, la suerte me las ha quitado, no arrancado”. 

— Pero la rueda de Fortuna terminó -como siempre- por girar.

SENECA.- Así fue. En el año 49, Agripina, que había desposado a Claudio, lo convenció de dejarme volver a Roma y ella me confió la educación del joven Nerón. Después de la muerte de Claudio en el 54, Nerón subió al trono a los diecisiete años y me convertí en uno de sus más influyentes consejeros hasta el 62. 

— Sospecho que la rueda de la diosa Fortuna volvió a girar.

SENECA.- Aunque no existían evidencias de que yo estuviese vinculado a una  conspiración contra Nerón, el emperador ordenó mi muerte en el 65. Por entonces ya había hecho asesinar a su hermanastro Británico, a su madre Agripina, y a su esposa Octavia.

— Supe que terminaste por suicidarte dando ejemplo de serena dignidad.

SÉNECA.- Lo que nos pone furiosos es la frustración de no ver cumplidas nuestras optimistas ilusiones sobre el mundo y sobre los demás. Te lo repito, peligrosa es la inocencia que anida en la expectativa favorable de un futuro incierto. ¡Ve a hacer tu praemeditatio malorum!

Rodolfo Ramon de Roux

Enero, 2024

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