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considerar la persona

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Como siempre, los Amigos de Toda la Vida nos hacen invitaciones muy provocadoras, entre las cuales la última ha sido la de compartir nuestra reflexión sobre cómo percibimos el escenario político de nuestro país y cómo sería nuestra votación en los próximos comicios.

Luego de conocer los planteamientos de los candidatos, escuchar los debates entre ellos y en sus diferentes coaliciones, además de las reflexiones expuestas por los participantes en la tertulia de Amigos del pasado 3 de febrero ‒la cual estuvo bastante enriquecedora‒, y atendiendo la invitación particular de Carlos Posada a las “mujeres del grupo”, quiero compartirles algunas de las ideas que tengo hasta ahora.

Y digo, “hasta ahora”, porque soy consciente de que todavía hay un proceso de depuración de los candidatos entre los que se disputará la presidencia, proceso en el cual posiblemente tendré que hacer varias “conversiones” y cambios de decisión, dado el enriquecimiento y apertura de ideas que se den entre los mismos participantes y que obedezcan genuinamente al bien común y a un camino de seguir avanzando en nuestro país.

Por lo pronto, hasta ahora me he sentido en un favorable ambiente de democracia y me ha llenado de esperanza que “mentes privilegiadas” y personas que podrían tener amplias oportunidades en el sector privado quieran apostarle al servicio público y contribuir al progreso del país y sus ciudadanos. Sus ideas han enriquecido no solo el debate, sino que también han puesto sobre la palestra pública alternativas variadas de solución a problemas atávicos de nuestra sociedad. Además, las perspectivas que trascienden lo local y avanzan a lo regional y global están siendo una contribución pedagógica importante para todos como ciudadanos.

En ese sentido, las aparentes divisiones o contradicciones que se han dado en los diferentes debates las he interpretado como un trabajo honesto en el que el disenso y la diversidad de ideas contribuye a ampliar nuestros horizontes y a superar un pensamiento único y con miras partidistas o de tendencias, que tanto mal nos ha hecho como país. 

Como bien lo expusieron algunos de los amigos, basar una decisión de voto solo en planes de gobierno, aunque es una variable importante, no es suficiente. Además, en todos ellos se presenta gran similitud del diagnóstico en los puntos más álgidos y muchas de las soluciones presentadas ‒aunque “matizadas” por los enfoques más colectivistas o estatistas vs. los que favorecen al sector privado en la administración de las instituciones‒, apuntan en la misma dirección, como son luchar contra la corrupción, avanzar en temas de equidad, gravar la riqueza, aprovechar mejor las tierras improductivas, cumplir los compromisos del Acuerdo de Paz y, obviamente, aumentar el empleo y favorecer los sectores de educación y salud. Quizás las alertas hacia el manejo del narcotráfico y la minería ilegal tienen un énfasis novedoso en la propuesta de Juan Manuel Galán, tema nada despreciable. En fin, al mirar “asépticamente” (sin poner el nombre del proponente) los diversos “Planes de gobierno” como los presentó interesantemente Silvio Zuluaga, vemos que “todos” están racionalmente bien planteados, con algunos matices, y que, desde ese punto de vista, cualquier candidato aparentemente podría favorecerle al país. 

Pero también el mismo Silvio anotaba el desconocimiento en el “ámbito local” de los planes de gobierno por parte de los integrantes de la administración pública, y ni qué decir de los gobernados. ¿Total? ¿Serán los planes un “saludo a la bandera”? Creo que no, que son una variable importante en democracias avanzadas para determinar responsabilidades de los gobernantes a la hora de elegirlos como de exigirles y evaluarles su gestión. Todo esto a pesar de encontrar declaraciones como las de Rodolfo Hernández ‒que aparecieron en una entrevista en la revista Semana de fines del año anterior‒, en que recordaba que en su campaña para la alcaldía en Bucaramanga él había prometido construir un número significativo de viviendas, pero que cuando ganó y llegó a la alcaldía se dio cuenta de que con el presupuesto que tenía no podía cumplir esa promesa y que su éxito más bien había obedecido a su lucha contra la corrupción. Este punto me reafirma en que “el papel lo puede todo” y que una cosa es “pensar con el deseo” y otra es el mundo de las posibilidades más reales y objetivas, no solo desde el punto de vista de los recursos disponibles, sino también de los acuerdos e interrelaciones que se tienen en el campo nacional e internacional.

Dado lo anterior, un componente importante en mi decisión de voto es considerar la “persona” –y obviamente su equipo, porque esto no se trata de un “mesianismo”–, que hay detrás de “tan bien intencionados planes de gobierno”. Es considerar la trayectoria de la persona que los aglutina o representa, su liderazgo y vocación por servir al país, de buscar el bien común y obviamente por su capacidad de sacrificio, entrega y perseverancia a una causa que está por encima de intereses particulares. También los valores que representa y si su actuar no obedece a odios, venganzas, revanchismos o discriminaciones de cualquier tipo, y tener datos sobre sus ejecutorias y la forma como ha gobernado. Si es una persona que “une”, que cree en la “cooperación” y en la “inclusión real” de todos…, no solo de las minorías, sino de todos, ricos, pobres, decentes e indecentes, buenos y malos, inteligentes y menos inteligentes, víctimas y victimarios… porque “todo eso” somos los colombianos. Creería que me inclinaría a votar por aquel que favorezca y convoque a un diálogo abierto, donde no haya “superioridades” de ninguna índole. 

Otro punto importante en mi decisión es el de seguir construyendo sobre lo que hemos avanzado, corrigiendo errores que se han cometido en el pasado y buscando ideas innovadoras que protejan cada vez más los aspectos sociales y medioambientales. Creo, como bien lo afirma Edgar Morin en su reciente libro Cambiemos de vía, que el mundo no está ahora para “revoluciones”. Ellas ya tuvieron su momento y mostraron sus fracasos. Hemos tenido muchos avances en nuestro país y no me detendré en indicadores, pero lo que sí es cierto es que Colombia no se halla en un estado de tabula rasa y sería un gran error destruir lo positivo que hemos construido hasta ahora. Ciertamente hay inequidad, pobreza, analfabetismo…, pero nuestra sociedad ha avanzado y –lo más importante–, el país entero ya tiene mayor conciencia de “la Colombia víctima” a la que tenemos que atender, escuchar y resarcir para construir una nación reconciliada de cara al futuro. En esto Francisco de Roux ha sido un gran baluarte para nuestra evolución.

Por todo lo anterior, y “a la altura que estamos en este debate electoral”, y sin dar mi voto basada en cálculos electorales sobre quién podría ganar o tener más oportunidades, me decido por Federico Gutiérrez, porque me ha parecido un hombre auténtico, con ánimo conciliador que invita al diálogo, no excluye, y que hábilmente con su espontaneidad desarma los ánimos y espíritus violentos. Su juventud, su frescura, su autenticidad, espontaneidad, sensibilidad y transparencia lo hacen una figura que cataliza muy bien la imagen politiquera tradicional que hemos tenido hasta ahora y que solo nos ha generado desconfianza y pesimismo. Su presencia avizora un cambio favorable para el país. Su gestión en la Alcaldía de Medellín, su experiencia con las alianzas público-privadas, su respeto por todos los sectores, su sensibilidad y su implacabilidad con lo ilegal y la criminalidad me dan confianza y esperanza y me alegra enormemente que tengamos en el país a personas como él. 

¡Que sigan los debates y las sorpresas en el proceso! ¡Esperaría que pudiera mantener hasta el final esta decisión!

Marta Elena Villegas L.

Medellín, febrero de 2022

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