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Colombia y el futuro del petróleo

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Según las nuevas proyecciones de la demanda mundial de energía que comenté en una columna anterior, el uso del petróleo y el gas va a seguir creciendo por lo menos hasta el año 2050.

Esta afirmación suscitó dos tipos de comentarios de mis pacientes lectores: uno sobre la comparación con otras proyecciones que muestran un menor crecimiento de los hidrocarburos y otro sobre cuál debe ser la política petrolera de Colombia ante estas perspectivas.

Como afirma el dicho atribuido al premio Noble de física Niels Bohr, es muy difícil hacer predicciones sobre el futuro; existen varios escenarios con diferencias significativas de lo que puede ser la demanda de hidrocarburos en las próximas décadas. Todos coinciden en un crecimiento acelerado de la oferta de energías renovables (sol, viento, biomasa y otras), pero la principal divergencia está en el pronóstico de la demanda mundial de energía.

Las proyecciones de la demanda de energía.

Mientras la oficina de Administración de Información de Energía (EIA) de Estados Unidos proyecta que la demanda total de energía va a crecer 34% hasta el 2050, la Agencia Internacional de Energía (IEA) estima que, con las políticas actuales, va a ser solo de 21%. Tamaña diferencia explica por qué para la EIA el uso del petróleo y del gas va a seguir aumentando hasta 2050, mientras que para la IEA solo lo hará hasta mediados de la década de 2030.

Para ambas agencias el uso de las energías renovables será similar en 2050; unos 245 trillones de BTUs, igual al de la energía nuclear. Las diferencias están en la evolución del uso de las otras fuentes. Así, para la IEA el consumo de carbón va a disminuir 40%, mientras que para la EIA solo lo hará en un 10%.

En cuanto a petróleo y gas, la IEA proyecta que su consumo hacia el 2050 será prácticamente similar al del 2023, mientras que la EIA sí cree que va a aumentar, en ambos casos, un 22%.

Nadie puede decir cuál de las dos proyecciones es la más acertada, pero sin ser experto en el tema, me parece que son sólidas las tres razones que da la EIA para justificar el mayor crecimiento: el aumento poblacional, el mayor uso de energía en los países pobres y de ingreso medio y el incremento explosivo de los centros de datos y de la inteligencia artificial (IA).

En los escenarios de la EIA, si se asumiera que en los países desarrollados no va a aumentar la demanda de energía, a pesar de un aumento de la población del orden del 10% en el período, y que toda la mayor demanda vendría de los países en desarrollo, el consumo mundial de energía crecería un 28%. Y si las energías renovables crecieran un 10% adicional, aun así, el uso de hidrocarburos no disminuiría antes del 2050.

Dos argumentos adicionales para pensar que el uso del petróleo y del gas no va a disminuir antes del 2050. Uno, aún en las mismas proyecciones de la IEA, crece hasta 2035, y si bien después empieza a disminuir, en el 2050 será similar al del 2023. Dos, aunque el crecimiento de la demanda de energía fuera menor, lo que esto implicaría sería un menor uso del carbón que es el hidrocarburo más contaminante, de manera que el uso del petróleo y el gas no se reduciría.

La política de transición energética en Colombia.

Son varias las implicaciones para la política de transición energética en Colombia: primera, como se trata de una transición energética justa, a diferencia de los países desarrollados, nosotros tenemos que aumentar la oferta de energías para que puedan tener acceso a electricidad y a medios de transporte los millones de colombianos que hoy no lo tienen. Por supuesto hay que hacerlo con fuentes de energía limpias, pero es indispensable utilizar también el gas.

Segunda, si el resto de mundo va a continuar utilizando petróleo y gas, Colombia tiene que seguir explorando y produciendo; no tiene ningún sentido que nosotros dejemos de producir el mínimo 0.7% de la oferta mundial de petróleo, para que este sea reemplazado por los árabes, Venezuela o Guyana, sin ningún beneficio para el planeta.

Tercero, debemos aumentar la exploración y producción de gas natural para garantizar el abastecimiento del país y ojalá para poder desarrollar una industria de exportación de gas licuado (LNG) que es el combustible que más crecerá en el mercado mundial. Además, debemos prepararnos para la caída de las exportaciones de carbón, que han llegado a ser más de USD 10.000 millones, porque el consumo mundial de este combustible sí va a disminuir en todos los escenarios.

MAURICIO CABRERA GALVIS

Artículo publicado en CAMBIO, Colombia

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