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Cesar Vallejo Mejia

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Las informaciones, conclusiones y recomendaciones de la Comisión de la Verdad, originalmente presentadas en voluminoso material, eran difícil de resumirlas de una manera crítica y cuidadosa. Nuestro compañero César Vallejo y su esposa Myriam Ulloa se dieron a la tarea de hacerlo y compartieron en nuestra tertulia sus conclusiones, seguidas por comentarios y reflexiones de los participantes de nuestra reunión . Lo compartimos con los lectores que no pudieron participar de la tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 4 de Mayo, 2023
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César y Myriam cierran aquí sus “notas”, centrándose en los efectos del conflicto, en las recomendaciones de la comisión y en dejarnos algunas observaciones críticas para nuestra reflexión.

Los efectos del conflicto

  • La violencia, en sus múltiples formas y manifestaciones, destruyó a la sociedad colombiana y la fracturó en numerosos grupos que se rechazan y estigmatizan. Se perdió el “nosotros nacional” y la conexión entre ética, política y economía.
  • El conflicto capturó el difícil proceso de construcción de la democracia y lo encadenó al dinero ilegal, a la extorsión, a la amenaza y al nepotismo. 
  • La violencia, la impunidad y la sensación de abandono estatal apuntalaron el miedo, la desconfianza y los antivalores de corrupción, ilegalidad y desprecio por la vida. Se perdieron costumbres tradicionales, se destruyeron redes sociales. Aparecieron nuevas narrativas de estigmatización y negacionismo y valoraciones que impiden el asombro, favorecen el uso de la fuerza y justifican la más cruda violencia.
  • La violencia reconfiguró los territorios donde tuvo mayor presencia. En lo económico (concentración de la propiedad de la tierra, uso del suelo, captura de las finanzas públicas), en lo político (nuevas élites de poder, control administrativo, alianza entre terratenientes, notarios, mandatarios y jueces) y en lo social (desplazamiento de comunidades, cultura del miedo y la desconfianza). También reconfiguró los centros urbanos a donde llegaron las comunidades desplazadas.

Las recomendaciones de la comisión

La Comisión ordena sus numerosas recomendaciones en nueve propósitos: 

  1. Avanzar en la construcción de paz como un proyecto nacional en el que se reconozcan los liderazgos de grupos minoritarios. Instaurar el diálogo como estrategia para resolver los conflictos.
  2. Reconocer las responsabilidades con respecto a los 9 millones de víctimas y garantizar su reparación integral y rehabilitación. 
  3. Consolidar una democracia incluyente que refleje la pluralidad, basada en una ética ciudadana que reconozca la dignidad del “otro”.
  4. Recuperar la dignidad de la política y suprimir las armas de su ejercicio, desarmando también el lenguaje, la mente y el corazón. Recomienda hacer una reforma política y electoral que fortalezca los partidos.
  5. Cambiar la política antidrogas y pasar del prohibicionismo a la regulación, con un enfoque de derechos humanos y salud pública.
  6. Recuperar el valor de la Justicia, superar la impunidad, mejorar el acceso a la justicia local y la capacidad del sistema, proteger a los funcionarios judiciales y a las víctimas.
  7. Concebir la seguridad como bien público, centrado en la protección de la vida. Cambiar la manera como el estado hace presencia en los territorios, para recuperar la confianza de los ciudadanos. 
  8. Adelantar un proceso de ordenamiento territorial participativo, que incluye la redistribución de la tierra con servicios y de las oportunidades productivas.  
  9. Lograr una cultura para vivir en paz.
  10. Propone la creación de un Ministerio para la Paz, con funciones transversales. Da especial prioridad al cumplimiento del Acuerdo de Paz con las FARC y a la negociación con otros grupos armados.

Algunas observaciones críticas.

  • Lograr una versión más corta del informe haría más eficaz el llamado que hace a “la transformación” y a la adopción de una ética pública y laica, como base de la democracia. 
  • Queda pendiente un análisis más profundo sobre los muchos intentos que se han hecho para lograr la paz. Hoy sabemos más sobre la guerra que sobre la paz.
  • El informe es explícito en mostrar el sesgo antidemocrático de algunos esquemas de seguridad e inteligencia, desde comienzos de los 60. Denuncia con razón, numerosos abusos y violaciones a los derechos humanos. Le haría falta mencionar medidas justas y logros (grandes o pequeños) que en favor de la comunidad se obtuvieron con otros mecanismos.
  • El informe no le da suficiente importancia a las diferencias significativas al interior de las regiones y de los grupos afectados. La alianza entre grupos de terratenientes, de políticos y de grupos armados en procesos violentos de ocupación de la tierra, y la discriminación de grupos minoritarios, no se dieron en todo el territorio, ni afectaron por igual a la población. Ha habido sin duda, territorios y grupos que vivieron procesos diferentes como lo muestran las numerosas familias que, durante el período analizado, como parte de grupos campesinos, afros o indígenas, han llegado a integrarse plenamente en la sociedad colombiana. 
  • En algunos apartes, el análisis ha sido enmarcado en teorías sociológicas, antropológicas, económicas y políticas cuya aplicación al caso colombiano no siempre tiene confirmación empírica. Es como si la realidad fuera determinada, en su totalidad, por las teorías desde las cuales se la analiza. Y aunque es muy valioso su aporte en la comprensión de lo que ha ocurrido, es prudente guardar una cierta distancia frente a ellas y dejar abierta la posibilidad de interpretaciones adicionales. Mejoraría la comprensión si, por ejemplo, el análisis se hubiera hecho desde los presupuestos sobre los que se formó la nación colombiana, con referencias más cercanas a nuestra historia.
  • El informe hace énfasis en la conexión causal entre el modelo de desarrollo económico adoptado en el país y las desigualdades entre grupos sociales y entre territorios. Reitera, por ejemplo, que el desplazamiento de campesinos, se debe, en buena parte, a la industrialización de productos del campo (aunque no parece evidente que la agroindustrialización haya alcanzado un grado tan significativo). Se podría argumentar, más bien que, tanto las desigualdades como el desplazamiento, junto con la pobreza y la violencia, se deben a la falta de regulación por parte del estado. Todo modelo, que por definición es una referencia teórica, exige en la práctica la intervención del estado para que se cumplan las condiciones que hacen posible su buen funcionamiento y la maximización del bienestar de todos los ciudadanos (objetivo último de todo modelo de desarrollo). 
  • En relación con los procesos de concentración de la tierra convendría distinguir los atribuibles a prácticas ilegales, directamente asociadas con la violencia (otra vez por ausencia de estado), de los que resultan de la compraventa legal de tierras. No todo terrateniente lo ha llegado a ser por fuera de la ley. 
  • Es imprecisa y un poco exagerada la afirmación de que los cambios en la estructura productiva generados por la industria petrolera, la minería, la industrialización del campo (y la apertura económica) dejaron a la población rural sin más alternativa que los cultivos de coca, en la Orinoquía, Magdalena Medio, Antioquia, Urabá y el Nororiente.
  • Las recomendaciones del Informe insisten, de manera reiterativa, en abrir espacios para garantizar el derecho a la participación de los ciudadanos, sin hacer distinción alguna de temas, circunstancias y condiciones para que sea benéfica. No es absurdo pensar que la flexibilización exagerada del concepto de participación puede desvirtuar la democracia y sus instituciones.
  • La aplicación de las recomendaciones que hace el informe contribuirán sin duda a avanzar significativamente hacia la Paz. Muchas de ellas están ya contenidas en la Constitución, de manera explícita o implícita, y recuerdan lo que los ciudadanos debemos acatar y hacer para convivir en armonía. Queda por analizar la conexión entre el mal funcionamiento del estado y el incumplimiento de la Constitución como causa de la violencia (sin olvidar que la violencia ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes!).

Cesar Vallejo Mejia y Myriam Ulloa

Mayo, 2023

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La conclusión necesaria de los planteamientos de los dos artículos anteriores implica llegar a aspectos concretos para el envejecimiento saludable. Son las políticas públicas para garantizar condiciones de equidad para las personas mayores y las dimensiones que deben tenerse en cuenta: participación, salud, alojamiento, educación, heterogeneidad y diálogo intergeneracional. En todo esto, los viejos también tienen la palabra.

La conclusión necesaria de los planteamientos de los dos artículos anteriores implica llegar a aspectos concretos para el envejecimiento saludable. Son las políticas públicas para garantizar condiciones de equidad en el grupo de las personas mayores y las dimensiones que deben tener en cuenta: participación, salud, alojamiento, educación, heterogeneidad y diálogo intergeneracional. En todo esto, los viejos también tienen la palabra.

IV – Políticas de equidad para mayores

Objetivo fundamental de las políticas públicas, una de las responsabilidades más importantes de los gobiernos, que por sí misma justifica la existencia y fortalecimiento del Estado, es propiciar, con equidad, las condiciones para que las personas, como individuos y como comunidad, puedan crecer como seres humanos, aprovechar las oportunidades y superar las dificultades que encuentran en su desarrollo y evitar o neutralizar las crisis económicas, políticas, sociales y ambientales que frenan ese crecimiento, lo interrumpen o distorsionan.¹ Esas políticas se hacen más urgentes con el aumento acelerado de la población mayor que, de no ser atendido adecuada y oportunamente, puede convertirse en un serio problema, social y financiero.

Las políticas para aprovechar el enorme potencial característico de la edad de la vejez deben partir de un concepto claro sobre lo que representa esa etapa de la vida para las personas y para la sociedad: la culminación del proceso de construcción de mejores seres humanos en cuanto a individuos y en cuanto a comunidad; la afirmación final del sentido de la vida humana. 

La definición de ese potencial y la forma de aprovecharlo debe estar en el punto de partida de una política para el envejecimiento saludable. En palabras de Martha C Nussbaum, para “reconocer y abordar adecuadamente las diversas necesidades y problemas de las vidas ancianas (…) un buen conjunto de políticas debe combatir los estereotipos nocivos y no caer en la trampa de subestimar las capacidades de los ancianos adultos en relación con la toma de decisiones y la realización de actividades de muchos tipos (…). Por último (…) debe fomentar y proteger la iniciativa, considerando a los ancianos como seres libres que toman decisiones y dan forma a su vida (a veces en una red comunitaria), no como receptores pasivos de prestaciones”.² 

Las políticas públicas para garantizar condiciones de equidad en el grupo de las personas mayores tienen dos objetivos principales: de una parte, hacer posible el bienestar de los ancianos y, de otra, propiciar el cumplimiento de su papel en la sociedad.

Además de transferencias financieras para los más pobres, las políticas de equidad en las oportunidades para los mayores deben incluir acciones que hagan posible la continuación de su proyecto de ser cada vez mejores seres humanos, en beneficio de sí mismos y de los demás. Se proponen a continuación algunas ideas al respecto:

1. Las políticas públicas deben tener en cuenta que los jubilados no son un grupo homogéneo: ni en edad, ni en género (son diferentes los problemas y oportunidades que enfrentan hombres y mujeres al jubilarse), ni en condiciones económicas (pensión) y de pobreza (por ejemplo, las diferencias entre los habitantes del campo y de la ciudad). Tampoco son iguales su salud, el grado de deterioro de sus condiciones físicas y mentales (síndrome del jubilado, mayor en los hombres, que los hace sentir como un estorbo), el nivel de escolaridad y de formación, su vida familiar y social (sensación de soledad).

2. Al diseñar las políticas para la vejez, es necesario consultar y tener en cuenta la opinión de las personas mayores.

3. Deben crearse las condiciones necesarias, estímulos y programas, que faciliten la participación de las personas mayores en la construcción y en los beneficios del desarrollo, reconociendo la experiencia, la capacidad y el potencial que les es propio.³ De esa participación se benefician las instituciones y entidades, pero también se benefician los mayores. Si se le da dimensión internacional a esa participación podrán obtenerse mejores resultados.

4. Promover diálogos intergeneracionales en los que se dinamiza el aprendizaje de viejos y de jóvenes: se vincula el conocimiento nuevo y el dinamismo de los jóvenes con la experiencia y el conocimiento tradicional de los viejos. 

5. Tanto el funcionamiento de los hogares destinados a personas mayores como la infraestructura que se construye pensando en ellas debe tener en cuenta la complejidad y profundidad del sentido de la vejez, las oportunidades propias de esa etapa de la vida y alejarse de los estereotipos impuestos por una sociedad que todo lo concibe en función de la producción económica.

6. El sistema de salud debe dar prioridad a los programas de promoción y prevención (previstos en la ley 100 en Colombia) con el propósito de hacer posible que las personas lleguen a la vejez y que lo hagan en mejores condiciones de salud. 

7. El sistema educativo y, en especial, las universidades, deben revisar sus conceptos sobre las distintas etapas de la vida y abrir programas dirigidos a las personas mayores. Con ello se crea un espacio invaluable que combina conocimiento, experiencia, reflexión sobre el ser humano y el sentido de la vida y sobre la forma como está organizada la sociedad. Se benefician las instituciones educativas (también económicamente) y sobre todo se benefician las personas mayores⁴.

Debe formularse un adecuado marco normativo que facilite el funcionamiento de esos programas y que sea suficientemente flexible para adaptarse a los intereses y condiciones diferentes de las personas mayores: requisitos de acceso, homologación de estudios y experiencia, flexibilidad curricular, metodologías apropiadas, certificaciones, etc. El avance de las TIC abre posibilidades enormes con ese propósito y facilita el acceso de los mayores a la dimensión del aprendizaje y de la creación de conocimiento.⁵ 

BIBLIOGRAFÍA

Blau, Z., citado en Proyecto AEPUMA, p. 44.

Cicerón, Marco Tulio. (2005). Sobre la vejez (De senectute). Traducción de Rosario Delicado. Madrid: Tal – Vez.

de Roux, Rodolfo R. (2021). “Aprender a vivir”. Exjesuitasentertulia.blog.

Delors, Jacques. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Unesco: París.

Kant, Inmanuel. (2008). Crítica de la Razón Práctica. Buenos Aires: Losada.

Naciones Unidas. (2022). Los impactos sociodemográficos de la pandemia del COVID-19 en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: Cepal – Celade.

Nussbaum, Martha C. y Saul Levmore. (2018), Envejecer con sentido. Conversaciones sobre el amor, las arrugas y otros pesares. Barcelona: Paidós Básica.

Ordine, Nuccio. (2013). La utilidad de lo inútil. Barcelona: Acantilado.

Proyecto AEPUMA. (2007). Análisis y evaluación de programas universitarios para mayores. Universidad de Alicante: San Vicente del Raspeig.

Puig Rovira, J. M. y J. Trilla J. (1966). La Pedagogía del ocio. Barcelona: Laertes, pp. 55-56. Citado en AEPUMA, p. 8.

Rodríguez Ibáñez, E. (1979). “Perspectiva sociológica de la vejez”. Revista española de investigaciones sociológicas, n. 7. 

Vallejo, César (2020). “El ancla del desarrollo”. En: Universidad y Región. Ibagué: Universidad de Ibagué. 

Vallejo, César y Antonia Maturana (2022). “Equidad, tema central en Cifras y Conceptos”. En: Travesía de un sueño, 15 años de Cifras y Conceptos. Bogotá. 

___________________

[1] Eso es más urgente en el caso de las personas mayores que, por lo general, no participan en actividades remuneradas y que, de alguna manera, son más vulnerables en tiempos de crisis, como lo han demostrado los efectos de la pandemia del COVID-19. La estrategia principal de las políticas de equidad es la provisión de bienes públicos que estén al alcance de todos: leyes, normas e instituciones que hacen más eficiente la interacción entre individuos y entre grupos y contribuyen a aumentar el bienestar de las comunidades y sus condiciones económicas, políticas, sociales y ambientales. Ver: BIRF (2021), Hacia la construcción de una sociedad equitativa en Colombia: https://www.bancomundial.org/es/news/infographic/2021/10/27/hacia-la-construccion-de-una-sociedad-equitativa-en-colombia y Vallejo César y Antonia Maturana (2022), “Equidad, tema central en Cifras y Conceptos”, en Travesía de un sueño, 15 años de Cifras y Conceptos, p. 105.

² Nussbaum, Martha y Saul Levmore. (2018). Envejecer con sentido. Conversaciones sobre el amor, las arrugas y otros pesares. Barcelona: Paidós Básica, pp. 263-264.

³ Un ejemplo, en el caso de las empresas, lo ilustra el film Pasante de moda, protagonizado por Robert DeNiro.

⁴ Encuestas realizadas a personas mayores que acceden a programas universitarios en España muestran que entre 65 % y 80 % buscan ampliar sus conocimientos, lo consideran importante para su realización personal y lo prefieren como uso del tiempo libre (lo atienden universidades populares, aulas de la tercera edad, educación permanente para adultos). Entre 1993 y 1994 surgieron los primeros programas universitarios en España para mayores de 50 años. Ellos solicitaban programas para su desarrollo personal, mejorar sus relaciones interpersonales, actualizar conocimientos, conocer y utilizar los nuevos lenguajes y herramientas; poder acceder a la Universidad sin ningún tipo de exclusión. Los objetivos que se han propuesto a esos programas de aprendizaje y formación para mayores son: 1. Propiciar condiciones para su desarrollo pleno, su autovaloración y autoestima; desarrollo personal desde la ciencia y la cultura; despliegue de su potencial intelectual, físico, artístico, social, teniendo en cuenta que cada persona es diferente y debe ser el centro del proceso de formación y aprendizaje. 2. Aprovechar su riqueza cultural y su experiencia para la construcción de una sociedad cada vez más humana, así como su conocimiento y potencial científico, humanista, tecnológico. 3. Promover relaciones intergeneracionales, tolerancia, eliminación de estereotipos sobre los jóvenes y sobre los ancianos. 4, Propiciar la ayuda mutua, por ejemplo en los procesos de formación y aprendizaje. 5. Promover la creatividad y el despliegue de competencias específicas, y 6. Facilitar un envejecimiento activo y placentero, calidad de vida y uso del tiempo libre. Ver Proyecto AEPUMA.

⁵ Algunas universidades en Colombia ya ofrecen programas para personas mayores y de la tercera edad. Algunos ejemplos son: “Saberes de vida” en EAFIT, “Unideleite”, en la Universidad de Ibagué y “Universidad senior” en la Universidad del Rosario. Es importante dar a conocer la oferta disponible de esos programas y el modo de acceder a ellos. 

César Vallejo Mejía

Noviembre, 2022

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El artículo anterior destacó que la visión del envejecimiento ha venido cambiando en el último tiempo, que la vejez manifiesta la realización personal, intelectual y emocional alcanzada durante la vida y representa acumulación de experiencia, conocimiento y sabiduría como resultado del crecimiento personal. Ahora, el autor plantea las oportunidades propias de la época de la vejez.

III – Oportunidades para mayores

La proyección al Ser que define al ser humano se realiza de manera distinta en cada una de las etapas de su vida, aprovechando las oportunidades que ofrece cada una de ellas para avanzar en la tarea de convertirse en un mejor ser humano, de aproximarse más y “parecerse” más al Ser, en cada una de acuerdo con las características que les son propias. En palabras de Cicerón, “la vejez es laboriosa y lleva siempre algo entre manos con igual inquietud que en las etapas anteriores de la vida”¹.

Entendiendo el concepto de equidad como la igualdad de oportunidades en cada una de las etapas de la vida, cabe preguntarse cuáles son las oportunidades con respecto a las que debe haber igualdad entre quienes están en la etapa, cada día más prolongada, de la vejez. 

La conocida filósofa y escritora Martha Nussbaum enmarca la respuesta a esa pregunta en su “enfoque de capacidades” y hace la siguiente lista, refiriéndose a los ancianos²: poder vivir hasta el final una vida humana de duración normal; disfrutar de buena salud; poder moverse libremente de un lugar a otro; poder utilizar los sentidos, imaginar, pensar y razonar y hacerlo de forma “realmente humana”, cultivada por una educación adecuada; poder sentir apego por personas y cosas al margen de uno mismo; que la propia estructura emocional no esté arrasada por el miedo y la ansiedad; poder formarse una idea del bien y elaborar reflexiones críticas sobre la planificación de la propia vida (razón práctica); poder vivir con y hacia los demás, reconocer a otros seres humanos y preocuparse por ellos; implicarse en diversas formas de interacción social; poder atender y vivir con animales, plantas y el mundo natural; poder reír, jugar y disfrutar con actividades recreativas; control sobre el propio entorno: a) político, poder participar en decisiones políticas y b) material, poder disfrutar de derechos de propiedad en pie de igualdad con los demás.

De manera similar podemos identificar seis oportunidades principales, propias de la época de la vejez, que recogen parte de las que propone Martha Nussbaum en su enfoque de capacidades:

1- La libertad: autonomía como oportunidad

Durante la vejez debe poderse tomar decisiones sobre la vida personal en su quehacer diario y sobre el papel que se quiere cumplir en la sociedad. Es la oportunidad de seguir más claramente, con más convicción, la ley interior como guía del comportamiento ético y moral de la persona; la oportunidad de expresar libremente las propias convicciones y creencias.  Es también la oportunidad de afirmar y aprovechar el potencial de las diferencias individuales, la oportunidad de “moverse libremente” y de ser feliz.

2 – La razón: pensar como oportunidad

La vejez del ser humano representa la gran oportunidad de profundizar la reflexión y precisar el pensamiento sobre la vida y el mundo en el que se desarrolla, sobre las posibilidades y problemas que enfrenta cada persona en su proceso diario de crecimiento humano. Es la oportunidad de buscar la respuesta a las preguntas trascendentes que nunca se tuvo la voluntad o el tiempo de responder.

3 – El conocimiento: aprendizaje como oportunidad

La sociedad actual se caracteriza por un acelerado avance del conocimiento y por el desarrollo de herramientas de aprendizaje y de tecnologías de la información y, al mismo tiempo, reivindica las derechos individuales y sociales de las personas y comunidades y, entre ellos, el derecho a hacer del aprendizaje y la formación un proceso que se extiende a lo largo de la vida y hasta el último día.

Hoy se reconoce que la persona puede y debe aprender hasta en la mayor edad para adaptarse a una sociedad en permanente cambio y a las nuevas relaciones entre las personas, con las instituciones, entre las regiones y países, y con la naturaleza. Para lograrlo, es importante acceder a medios y contextos de aprendizaje, formales o informales³. “La educación sin límites espaciales ni temporales se convierte en una dimensión de la vida misma”.⁴

Está demostrado que las personas mayores tienen una amplia capacidad de aprendizaje y que su entrenamiento en habilidades cognitivas puede prevenir el declive cognitivo, el deterioro y la demencia.⁵ “De ahí aquella afirmación de Solón que aparece en un versículo de su obra: “Se envejece aprendiendo cada día muchas cosas. Pienso que no puede existir un placer mayor para el alma”⁶.

Además del aprendizaje de nuevas teorías y herramientas, que de por sí tiene posibilidades ilimitadas, el aprendizaje va unido a la formación humana (que tampoco tiene límites): realización personal, búsqueda de la verdad, pensamiento crítico, mayor libertad (adhesión al valor moral, diría Kant). En relación con el conocimiento, las personas mayores deben tener igualdad de oportunidades, porque es importante no solo para ellas sino para la sociedad. 

4 – La inteligencia emocional como oportunidad: la emotividad

Con la experiencia y los años se matizan las pasiones. En la vejez se decantan los temores de ser “subestimado” o amenazado en su personalidad. Se fortalece la seguridad en sí mismo, no se siente la necesidad de agredir o defenderse, ni se teme expresar las propias opiniones. La vejez representa la oportunidad para expresar la emotividad sin extremos y para amar intensamente sin generar perjuicios a nadie. Es la mejor época para tener y disfrutar de relaciones personales desinteresadas; la mejor oportunidad para respetar y para ser respetado. En ella se dan las condiciones ideales para amar con inteligencia y expresar el afecto sin temores; para interactuar con los demás sin celos y sin sentirse amenazado. Y todo ello complementado, en la mayoría de los casos, con la cercanía de los nietos, de la familia y de los amigos de toda la vida.

5 – Oportunidad de disfrutar y entender la cultura del ocio 

Se ha dicho, con razón, que el ocio es el “tiempo libre más la libertad personal”⁷. La tercera edad representa el mejor momento para disfrutar con libertad, sin muchas restricciones, la posibilidad de disponer del tiempo libre y dedicarlo a actividades que generan mayor satisfacción y bienestar personal. No hay duda de que el disfrute del tiempo libre por parte de las personas mayores, en actividades escogidas por ellos, de cualquier orden (lúdicas, culturales, sociales, familiares) contribuye a su bienestar, y seguramente al del círculo de personas que los rodean, con beneficios también para la sociedad. En ese sentido todas las personas mayores deben tener iguales oportunidades para hacer uso de su tiempo libre⁸. 

6 – Oportunidad de contribuir a una sociedad cada vez más humana

La etapa de la vejez representa la oportunidad de continuar la proyección al Ser y el despliegue del ser humano, aprovechando la experiencia y el crecimiento personal alcanzado durante la vida, para ponerlos al servicio de sí mismo y de los demás.

Es necesario reconocer que el despliegue y el bienestar de las personas mayores está indisolublemente unido al despliegue y bienestar de la sociedad, no solo porque ello representa la satisfacción de un derecho fundamental para un grupo importante de la sociedad, sino por el papel que ese grupo está llamado y puede desempeñar en la construcción de una sociedad cada vez más humana. 

En el concepto recortado que nos hemos formado de la edad del envejecimiento, hemos dejado por fuera la consideración del enorme activo humano acumulado por las personas que llegan a la vejez a lo largo de su vida y la valiosa contribución que ellos pueden hacer, desde su experiencia y conocimientos, al bienestar de los demás y al logro de una sociedad cada vez más humana. 

Aprovechar, por ejemplo, la experiencia y la mesura de las personas mayores para contribuir en la solución pacífica de conflictos; su concepción de la vida y de las relaciones interpersonales, de la sociedad y del desarrollo, para alimentar diálogos constructivos con otras generaciones; su sabiduría para ponerla al servicio de una sociedad más humana, más tolerante, más solidaria, más democrática y más equitativa. Todo ello haciendo uso de las nuevas tecnologías de comunicación e información que hoy facilitan la tarea y acortan las distancias en el tiempo. Su “trabajo (…) no se realiza con la fuerza, velocidad, o con la agilidad de su cuerpo, sino con el conocimiento, la competencia y autoridad”⁹. 

_________________

¹ Cicerón, Marco Tulio. (2005). Sobre la vejez (De senectute). Traducción de Rosario Delicado. Madrid: Tal – Vez. p. 14.

² Nussbaum, Martha C. y Saul Levmore. (2018). Envejecer con sentido. Barcelona: Paidós, p. 264 ss.

³ El aprendizaje y la formación a lo largo de la vida han sido declarados como objetivo socioeconómico importante en la Unión Europea. Y aunque inicialmente las personas mayores no muestran mucho interés, ha venido aumentando la matrícula de ese grupo en las universidades. De hecho, aún son poco conocidos esos programas, especialmente entre la población mayor que tiene bajos niveles de educación.

⁴ Delors, Jacques. (1996). La Educación encierra un tesoro, informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, p. 125. Citado en Proyecto AEPUMA (2007). Análisis y evaluación de programas universitarios para mayores. Universidad de Alicante: San Vicente del Raspeig, p. 91. 

⁵ “Yo mismo, ya anciano, he estudiado griego y lo domino”, dice Catón en el diálogo que refiere Cicerón en De senectute, y agrega un poco más adelante: “Cuando oí contar que Sócrates aprendió a tocar el arpa, ya anciano, quise hacer yo lo mismo y trabajé con ahínco en el aprendizaje de la lengua griega”. Cicerón, o.c., p. 14.

⁶ Id., p. 23.

⁷ Puig Rovira J. M., y J. Trilla J. (1966). La pedagogía del ocio. Barcelona: Laertes, pp. 55-56. Citado en Proyecto AEPUMA, p. 8.

⁸ “Las armas defensivas de la vejez (…) son las artes y la puesta en práctica de las virtudes cultivadas a lo largo de la vida. Cuando has vivido mucho tiempo, producen frutos maravillosos”. Cicerón, o. c., p. 8.

⁹ Id., p. 11.

César Vallejo Mejía

Noviembre, 2022

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