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Caída del PIB: ¿y del consumo qué?

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No entiendo la sorpresa por la caída del PIB, si estaba cantada desde hace rato, pues era el objetivo implícito del Banco de la República al subir las tasas de interés: enfriar la economía para controlar la inflación. 

Ahora que logró lo primero, sin mucho éxito en lo segundo, no tiene por qué haber sorpresas distintas al tamaño del frenazo, donde hay una pequeña diferencia entre un mínimo crecimiento esperado de 0.3% y un mínimo decrecimiento de -0.3% obtenido.

Tampoco entiendo por qué la mayoría de los analistas se han concentrado en señalar el desplome de la inversión (que es evidente) como la causa de la caída del PIB, dejando de lado otro factor igual o más importante, que es el frenazo del consumo tanto de los hogares como del gobierno. Quizás sea porque le pueden echar la culpa al gobierno por la caída en la inversión.

El consumo y el PIB 

Es usual analizar la evolución del PIB desde el punto de vista de los sectores productivos y se decía, por ejemplo, que la construcción estaba jalonando el crecimiento y dejó de hacerlo, o que la industria y el comercio eran los sectores que impulsaban el PIB. Así no funciona la economía. Si la industria tiene un buen desempeño y produjo más, es porque aumentó sus ventas a los hogares, al gobierno o al exterior. A la inversa, si la construcción decrece es porque se vendieron menos viviendas.

En otras palabras, en el corto plazo el crecimiento de la economía depende del comportamiento de la demanda agregada de bienes y servicios, y sobretodo de su principal componente que es el consumo. En el largo plazo, la inversión y los factores de oferta determinan la senda de desarrollo de un país, pero para el análisis coyuntural hay que mirar los factores de la demanda. 

Si los hogares compran más, si se incrementan el gasto público o las exportaciones, las empresas van a vender más, para lo cual necesitan producir más, para lo cual deben ampliar su capacidad y contratar más trabajadores, van a tener más ingresos para comprar más, creándose un círculo virtuoso de crecimiento. 

La inversión también es parte de la demanda interna y, por lo tanto, también un impacto similar en el crecimiento de corto plazo, pero mucho menor que los otros tres componentes mencionados, por dos razones. La primera es que la inversión, en particular en maquinaria y equipo, tiene una parte importante de bienes que se compran en el exterior y no a empresas domésticas. La segunda es cuantitativa: el monto de la inversión privada y pública solo equivale a un poco menos del 20% del PIB.

Por el contrario, en este año, el gasto de los hogares y del gobierno equivale al 90% del PIB, siendo el de los hogares el mayor, porque representa el 75%. Es evidente que con esta participación cualquier variación, positiva o negativa, en las compras de los hogares va a tener un impacto significativo en el crecimiento de la economía, y mucho mayor que el de la inversión.

Al sumar los componentes de la demanda interna presentados en el gráfico, se observa que valen más que el PIB: en este año equivalen a 107.6% del PIB. La razón es que la demanda externa neta es negativa y resta del PIB. Esta es la diferencia entre exportaciones e importaciones, que lleva muchos años siendo negativa, aunque se ha reducido con la caída de las importaciones. Este año ese déficit externo alcanzó el 7.6% del PIB, pero en años anteriores había llegado al 12%.

Consumo y crecimiento 

Dada esta alta participación del consumo dentro del PIB, no es de extrañar que se muevan conjuntamente para arriba o para abajo o, para decirlo en términos técnicos, que exista una alta correlación en sus variaciones. En otras palabras, cuando el consumo de los hogares crece, el PIB lo hace en proporción similar, y cuando disminuye el PIB también lo sigue.

En el gráfico siguiente, las barras rojas representan el crecimiento anual del PIB, y la línea verde el del consumo de los hogares en el período 2019 a 2023. A simple vista se observa que se mueven al unísono: en la pandemia, el consumo cayó 17.1% y el PIB 16.9%; luego se recuperaron juntos hasta un máximo en el segundo trimestre de 2022 para luego empezar a frenarse juntos, hasta este último trimestre. Esta observación visual se confirma al calcular el coeficiente de correlación que es casi perfecto, 96.7%. 

La correlación del crecimiento de la inversión con el del PIB es menor, aunque se mueven con tendencias similares. Así en la pandemia su caída fue 2.5 veces la del PIB, y en la recuperación del 2021 la inversión creció más del doble que el PIB. En el último trimestre la inversión cae 11%, pero el PIB solo lo hace en 0.3%

Este análisis estadístico simple es útil para mostrar que el comportamiento del consumo influye más en el crecimiento de la economía que la misma inversión, pero por supuesto es necesario analizar los factores que han generado la abrupta caída del consumo, y por lo tanto el decrecimiento del PIB, para poder definir las políticas que deben adoptarse y así evitar que lleguemos a una recesión.

Mauricio Cabrera Galvis

Artículo para CAMBIO

Cali, noviembre de 2023

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