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Bobadas mías (1) – El cambio de época

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Para nuestro blog es una satisfacción comenzar a publicar una serie de artículos que Hernando Bernal nos ha querido compartir, desde su experiencia y reflexión y que él, con la sencillez que lo caracteriza, las ha bautizado como “Bobadas mías”. Como tales, las iremos publicando.

Confieso que estoy obsesionado con el cambio de época. Y en mis conversaciones cotidianas, muchas personas, con las que dialogo permanentemente, me preguntan lo que quiero decir cuando afirmo que estamos viviendo una época no solo diferente a la de hace unos pocos años, sino enormemente retadora y distinta.

Lo hacen con la mirada evidente de que casi todo sigue siendo lo mismo y que si bien hay progresos en muchas áreas, debilidades y obstáculos en muchas otras, y agravamiento de problemas y conflictos, esto no significa que el cambio sea tan profundo, sino que realmente “es más de lo mismo que hemos experimentado toda nuestra vida”. Posiblemente tengan razón, pero yo me sigo afirmando en que la situación actual presenta características muy diferentes a las de épocas anteriores y que por lo tanto estamos ante la posibilidad de un mundo radicalmente distinto del que hemos vivido hasta el presente, que ha cambiado -de raíz- nuestras formas de relacionarnos.

Es decir, afirmo la existencia de un cambio de época y no me refiero solo a una época de cambio. Cambio de época como ha ocurrido en la historia de la humanidad, desde la aparición de la rueda, el cultivo doméstico de plantas y animales, la fundación de las ciudades, el uso de la pólvora, la era del vapor como comienzo de la industrialización, el uso global de la electricidad, los motores de explosión con energías fósiles convertibles en gasolina, la aviación y la conquista del espacio, y ahora con la generalización de la computación, la robótica y la inteligencia artificial.

Quizás sean solo bobadas mías, pero pienso que la tendencia y los pasos hacia un nuevo orden mundial, tal y como lo ha hecho a nivel religioso el Papa Francisco convocando a un sínodo sobre la sinodalidad, tienen significados muy profundos en lo político y en lo religioso, que son el fundamento de nuestra tradicional visión del mundo, y producen realidades que progresivamente –aunque quizás en forma callada– afectan profundamente nuestras creencias, nuestros valores y nuestra forma de vida. 

Pienso que estos cambios que afectan profundamente nuestros valores tradicionales son el producto y se aceleran por un conjunto de hechos sentidos y vividos cotidianamente, tales como el cambio climático, el deterioro ambiental, el incremento de la inseguridad ciudadana y la impunidad criminal, el estallido de las expectativas y los altos niveles de insatisfacción por parte especialmente de las poblaciones jóvenes, el populismo y la corrupción rampante que amenaza las estructuras políticas, la explosión de la posverdad por el incremento del uso y de la credibilidad en las redes de información, la aceptación y  benevolencia con las formas más extremas de rebeldía y la generalización del pesimismo y de la desesperanza en vastos y muy significativos sectores de la población.

Todo esto necesariamente influye en nuestra percepción de realidad y si bien nos estamos acostumbrando y muchos no lo consideran como algo diferente e inusitado, podría aceptarse que para muchos solo sean simplemente producto de un cambio normal al cual nos estamos acostumbrando. Es decir, sería aceptable para todos afirmar que el cambio es tan sutil, que inconscientemente nos estamos acomodando a él y que no necesitamos considerarlo en una profunda dimensión. 

Cierto además, es que a finales del presente año estamos experimentando y percibiendo los resultados de dos conflictos mundiales de gran alcance, Rusia/Ucrania y Hamás/Israel que de escalarse a nivel nuclear significarían no un cambio de era, sino el fin del mundo, tal como lo concebimos actualmente. Pero esperamos que prevalezcan el miedo y/o la racionalidad para impedir esa situación límite, que no tendría regreso.

Sin embargo, a partir de mi convicción de que estamos entrando a una época nueva, cuando al comienzo de este escrito hago alusión al nuevo orden mundial, me refiero principalmente al hecho de que el Siglo Americano está llamado a calificar servicios y que para mediados del siglo tendremos una nueva realidad global, en la cual China y los países asiáticos, especialmente los de la cuenca del Pacífico, dictarán los parámetros de la regulación internacional, del comercio, de la interacción y el intercambio de ideas, personas y productos a nivel mundial.

Cuando también hago alusión a la convocatoria del Papa Francisco para la reunión de Obispos que se desarrolla en Roma, me refiero especialmente a la reacción profunda y negativa por varios y muy poderosos sectores eclesiales que se oponen a la transformación de la estructura actual de la Iglesia Católica y al hecho de que si el Papa logra su objetivo, miraremos a nuestra Iglesia católica desde una óptica diferente.

Los otros asuntos que señalo como indicadores de cambio, se refieren a una variedad de temas que muestran la transformación de la época actual de las dimensiones política, ecológica, demográfica, informativa, laboral y educativa de nuestras vidas. Y quiero subrayar que la tecnología es el factor determinante de todos esos cambios. De todo ellos quiero hablar en mis posibles elucubraciones, que sugiero deberían interpretarse solo como “bobadas mías”, en razón de mis limitaciones y sesgos filosóficos e ideológicos. A lo mejor podrían titularse de forma distinta, pero no quiero ser pretencioso.

Hernando Bernal Alarcón

Octubre, 2023

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