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En su anterior diálogo, Rodolfo Ramón de Roux mencionaba que tenía muchos amigos con los cuales conversaba allende el tiempo y el espacio. El debut de este tipo de “divertimento” versó sobre el sentido de la vida. Ahora, habla familiarmente con otros contertulios sobre el amor y el matrimonio.

En mis diálogos de ultratumba me encontré un buen día charlando con William Shakespeare y Jean-Paul Sartre sobre el amor. Pronto nos vimos rodeados por Blaise Pascal, Pierre-Augustin de Beaumarchais, Francesco Petrarca, el marqués de Sade, Khalil Gibran, Johann Wolfgang von Goethe, Emmanuel Kant y Barbra Streisand, como invitada viviente. He aquí lo que recuerdo.

William: El tiempo es muy lento para los que esperan; muy rápido para los que se lamentan; muy corto para los que festejan; pero, para los que aman, el tiempo es eternidad.

‒ Parece eterno, pero no lo es. El drama del amor es que los que se aman no llegan al final al mismo tiempo. Mejor, entonces, un “te quiero” en vida, que un “te adoro” sobre la tumba.

Jean-Paul: Sostuve que el fondo de la alegría del amor, cuando ella existe, es sentirnos justificados de existir.

‒ Por eso buscamos sin cesar un poco más de amor y algo menos de olvido. Quien recorre su ruta sin amor ya camina amortajado. Excusen que, entre muertos, mencione la mortaja.

Blaise: Cuando no se ama demasiado no se ama lo suficiente.

Pierre-Augustin: En materia de amor, demasiado es todavía poco.

Francesco: Y el que puede decir cómo arde su amor, sufre un fuego pequeño.

Sade: De ahí que en el amor todas las cumbres son borrascosas.

Khalil: El amor es una dicha que tiembla.

‒ Triste es vivir sin esas borrascas y temblores.

Johann: Quisiera añadir que cuando se habla de amor algunos piensan en matrimonio, y son dos cosas distintas. El amor es algo abstracto, el matrimonio es algo real y, quien confunde lo abstracto con lo real, siempre debe pagar un precio.

‒ Si no queremos que el precio sea muy elevado (hablo para los todavía vivos), abramos bien los ojos antes del matrimonio, porque para vivirlo con sosiego tendremos después que cerrarlos muchas veces.

Emmanuel: No sé si para bien o para mal me ahorré esa experiencia. Cuando pude haber disfrutado del matrimonio, no estaba en condiciones de permitírmelo; y cuando pude permitírmelo, ya no estaba en condiciones de disfrutarlo.

‒ Así es la vida: se nos escapa mientras esperamos el “momento oportuno”.

Barbra: Yo sí tuve, Emmanuel, la experiencia del matrimonio. Y no me explico por qué una mujer se pasa diez años intentando cambiar los hábitos de su marido, y luego se queja de que no es el hombre con el que se casó.

‒ Historia antigua: cuando se casa, la mujer espera cambiar al marido, y el marido espera que la mujer no cambie.

Fue interesante ver que tan pronto oyeron la palabra matrimonio, se acercaron otros dialogantes prestos a dar su opinión. Graham Green nos hizo sonreír al decir que el matrimonio es una gran institución… para quienes aman las instituciones. Honoré de Balzac no se le quedó atrás en picardía al añadir: “Complicada institución es el matrimonio. Es mucho más fácil quedar bien como amante que como marido, porque es mucho más fácil ser oportuno e ingenioso de vez en cuando que todos los días”. Sentenció entonces Ambrose Pierce, autor del agudo Diccionario del diablo: “La mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos”. Noel Clarasó acabó de hundir el clavo afirmando que “matrimonio feliz es aquel en el que la mujer manda, el marido obedece y ambos, de buena fe, creen que es al revés”. Un tanto molesta, Katherine Hepburn les refregó enérgicamente: “No se quejen tanto que, para la mujer, casarse es sacrificar la admiración de muchos hombres por la crítica de uno solo”.

Para calmar los ánimos, que empezaban a caldearse, insinué tímidamente que una cosa es posible para que dure el matrimonio: pedir excusas cuando uno se equivoca y callar cuando se tiene la razón. Como buen diplomático que fue, Harold Nicholson agregó: “El gran secreto del éxito en el matrimonio es tratar todos los desastres como incidentes y ninguno de los incidentes como desastre”. “Y tener presente que si el amor fue una comedia, el matrimonio será un drama”, sentenció Armando Palacio Valdés.

En ese caso ‒dije‒ hay que divorciarse, a menos que se prefiera rezar por la conversión o la muerte del cónyuge, utilizando la siguiente plegaria:

Santo Tobías, santo Tobías, o me lo cambias o me lo enfrías.

Desde un rinconcito el irónico Sócrates me dijo: Cásate. Si tu mujer es buena, serás feliz. Si es mala, serás filósofo.

Y en ese momento se desvanecieron las sombras.

Rodolfo Ramón de Roux

Febrero, 2022

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