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alfredo cortes

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Nuestro blog se llena de alegría al recibir este aporte poético de nuestro gran amigo Alfredo Cortés. Tiene, además, el regalo de la musicalización del poema, hecha y cantada por Javier Jiménez, hermano de Eduardo, exjesuita.

Deja mis libros abiertos con las páginas extendidas listas para abrazar.

Deja mis libros abiertos,

están llenos de notas al margen,

frases subrayadas, signos de admiración y de interrogación

son las señales que voy dejando porque me marcan la senda

que volveré a recorrer

una y otra vez

mientras los ojos me acompañen.

Deja mis libros abiertos en cualquier página son mi otra memoria.

No nacieron para el silencio

ni para los soliloquios

tocaron a mi puerta

y fueron llenando los espacios que les correspondían,

que son todos.

Cuando mueven sus labios y olvidan su timidez

me van contando su historia

atienden mis preguntas con resignación

porque saben que ya nada se podrá modificar.

Les he dicho

que sus relatos

los puedo asumir como propios porque me ayudan a descifrar las “cartas marcadas”

de mi existencia…

deja mis libros abiertos

son una extensión de mis manos acercan mi vida a las palabras

y la convierten en un sueño

del que no quiero despertar

deja mis libros abiertos ya nadie los puede cerrar.

Alfredo Cortés Daza

Noviembre 2022

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Carta a mi Padre

Por Dario Gamboa
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El evocador artículo publicado por Chucho Ferro el reciente Día del Padre, nos animó para compartir en una tertulia de nuestro grupo, los mensajes que tendríamos para nuestros padres, resumiendo nuestra experiencia de vida con ellos. Pedro Benítez, Marta Helena Ferro, Samuel Arango, Jorge Luis Puerta, Juan Gregorio Vélez, Jesús Ferro, Rosario (Ro) Rodríguez, Julio Hidalgo, Alfredo Cortés, Bernardo Nieto, Darío Gamboa, Reynaldo Pareja y Vicente Alcalá leyeron en este orden sus cartas en una tertulia emotiva y profunda que compartimos con nuestros lectores.

Exjesuitas en tertulia, Jueves 6 de Julio, 2023
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Te hablo de mi madre,
la que inventaba paraísos
para esconder su dolor.

Te hablo de sus manos
que cosían sonrisas
y pegaban botones
como pequeños trofeos
de íntimos triunfos
que nadie comprendía…

Te hablo de mi madre,
la que corría a enfrentar
los aguaceros
y tapaba los espejos de la casa
con sábanas blancas,
iluminaba nuestro temor
con veladoras
y rezaba el rosario de prisa
para que ocurriera el milagro,
antes de que los relámpagos
se apoderaran de nuestro aburrimiento.

Te hablo de mi madre, 

la que alargaba el carnaval todo el año,
imaginando vestidos
con telas disfrazadas de mar,
y acallando el desespero de las ollas
ya listas para el alimento y el fuego…

Te hablo de mi madre,
porque ella era el tiempo,
era la ciudad
y era el mundo.
Era la semana entera,
la misa del domingo,
el rosario de la aurora
y la bendición del niño Jesús de Praga.

Era los cuarenta centavos
que costaba ir a cine
y la que nos pagaba ilusiones
en la tienda de la esquina.

Te hablo de mi madre,
porque enmudeció hace años
cuando el tiempo y el espacio
enredaron sus días
y mezclaron la infancia
con su edad madura,
el río y la casa de su pueblo
con la soledad de sus últimas horas…

De eso te hablo…
antes de que la memoria
me abandone
y se consuma para siempre
el inventario de mis alegrías.

Memoria del amor

Con solo doblar la cabeza
y mirar distraído por la ventana,
adivino en el aire las huellas de tu aliento.

Con solo desviar la mirada
y escudriñar sobre los árboles
el camino de las nubes,
imagino, entre la niebla,
los secretos de tu rostro.

Con solo estirar los brazos
y palpar las sombras de la noche,
encuentro, entre el silencio,
el apoyo de tus manos.

Con solo aguzar el oído
y perseguir, a escondidas,
el murmullo de la brisa,
me golpea de repente el regocijo
de tu corazón.

Con solo mojar mis labios
y esperar el paso de una romería de amantes,
me tropiezo con los tuyos
y recupero la esperanza.

Con solo tocar la tristeza
y alborotar las espinas
me envuelves en un carnaval
de alegría y de sonrisas.

Con solo escribir
estos versos, solo estos versos,
me aferro a la memoria de la palabra
para no olvidar nunca
el camino que me trajo hasta ti.

En la tumba del poeta desconocido

“Polvo también es la palabra escrita
por tu mano o el verbo pronunciado
por tu boca”.
J. L. Borges

Hoy he traído mis últimos versos
a la tumba del poeta desconocido.
No había nadie,
solo su lápida hecha de sombras
‒sin epitafio alguno‒
y el murmullo del viento
repitiendo los poemas
que nunca escribió.

Algunos aseguran
que lo vieron abandonar
‒siendo aún un infante‒
su rancho de tablas
y que desistieron en su empeño
de encontrarlo
cuando sus huellas desaparecieron
bajo la bruma.

Pero yo sé
que él está ahí;
compartimos versos
‒los que se aferran a nuestra memoria‒
y guardamos silencio
cuando alguien se acerca.

Mañana vendrán los del pueblo
con ofrendas florales
y un discurso
‒repetido todos los años‒
con palabras de afecto
y admiración
por el que consideran
uno de los suyos,
aunque nadie haya leído
ninguno de sus poemas.

Pero el poeta se ríe
porque él no ha muerto;
camina feliz por el bosque,
consciente de que no puede desperdiciar
ni uno solo
de sus solitarios instantes.

Llegada la noche
se refugia en su tumba
y repite en silencio
los versos que imaginó.

Su materia no es el tiempo,
sino las incesantes preguntas,
las dudas aceptadas
y multiplicadas;
no quiere respuestas,
solo reclama para sí
el enigma,
la soledad del verso
y la felicidad inquebrantable
de ser siempre
un desconocido.

Alfredo Cortés Daza

Nota del editor: para los interesados, el poema completo de Borges ‒El ápice‒ se encuentra en https://www.poeticous.com/borges/el-apice?locale=es

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Creo que el orgullo va muy unido a la satisfacción. Por eso, no puedo afirmar que me sienta orgulloso de haber nacido en mi país, de ser colombiano. Y no hablo de la satisfacción personal, de haber tenido un buen trabajo, de haber formado una familia feliz y de disfrutar ahora de hijos y nietos. Y de seguir viajando hasta el último extravío.

“No amo mi patria… 

pero (aunque suene mal) 

daría la vida 

por diez lugares suyos… 

varias figuras de su historia 

montañas

– y tres o cuatro ríos”. 

José Emilio Pacheco 

Alta traición 

No me siento satisfecho con la historia de mi país. Ni con lo que preveo de su futuro. Hablo como un colombiano más. No pretendo sentar cátedra. 

A veces pienso que nos parecemos a ese fabricante de espejos del que habla el poeta Juan Manuel Roca: “yo fabrico espejos, al horror agrego más horror…”. 

“Ulrica”, un personaje de ficción de Borges, le pregunta a Javier Otálora, profesor de los Andes, qué es ser colombiano. “No sé ‒le respondí‒, es un acto de fe”. 

Una fe que no hemos tenido. A veces pareciera que no creemos ni en nosotros mismos, como si un complejo de inferioridad nos superara. 

No, no puedo amar a una Colombia que afirma ser uno de los países más felices del mundo como si la corrupción rampante, la desigualdad, la indiferencia ante los más necesitados, la pobreza, la concentración de la riqueza en pocas manos y el miedo a sellar la paz no existieran, como si fueran falacias inventadas por los organismos internacionales o por los mal llamados movimientos de izquierda. 

Nunca habrá un camino definitivo y seguro hacia la paz. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. 

No amo mi patria, pero daría la vida por ver a todos mis compatriotas unidos, dispuestos a sacrificar bienestar y eso que llamamos suerte, para trabajar sin condiciones por el perdón y la paz definitivas. 

Y recordemos que todavía estamos a tiempo pues, como dijo Buñuel, la edad es lo que menos importa, a menos que sea usted un queso.

Alfredo Cortés Daza

Diciembre, 2022

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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 7 de Julio, 2022
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Ante la propuesta de dedicar dos sesiones para compartir las poesías favoritas de nuestra autoría o de algún poeta preferido, nuestro grupo tuvo dos “Tardes de poesía” o “Patio de los poetas”. Se presentaron inspiraciones escritas hace muchos años o recientes, o escritas por otros poetas ‒famosos o no, familiares o compañeros jesuitas‒ a quienes admiramos y de quienes aprendimos a colocar en el papel los pensamientos y sentimientos de momentos y circunstancias especiales. En este Patio de los Poetas que iniciamos esta tarde en nuestra sección de cultura compartiremos con nuestros lectores los videos de estas muestras especiales para cada uno. 

Exjesuitas en tertulia- 7 de Julio, 2022

Orfandad del viento

Después de la explosión
solo se oía la noche
en el silencio del pueblo
y los pasos del espanto
en los senderos del bosque

y vimos al viento
llorar su orfandad
en un país de sordos

buscó los últimos árboles
para acariciarlos
y se durmió a sus pies

y se convirtió en semillas
que brotaron en la aurora
habrá que esperar
cien años a que se recupere
el bosque

habrá que vivir
cien vidas para volver
a creer.

Alfredo Cortés

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Viento a favor

Por Alfredo Cortes Daza
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El siguiente texto, que combina poesía y un relato sobre los migrantes, nació para ser presentado en un concurso en Galicia y obtuvo un reconocimiento para publicarse en castellano y en gallego. Su autor vive hace más de 10 años en Alicante, la tierra de sus ancestros.

Cuando fuimos conscientes de que la decisión estaba tomada, de que ya habíamos pagado los cuatro pasajes en el barco que zarparía en dos semanas desde el puerto de Santa María, irrumpieron las dudas, las angustias y las culpas reprimidas, pues nunca imaginamos que abandonar la patria se pareciera tanto a una muerte anticipada. 

Al dejar atrás las Azores y fijar el rumbo definitivo hacia el nuevo hogar, caímos en una suerte de sonambulismo descontrolado, saturados los sentidos por tanta mar, tanta soledad y rutina. Solo nos quedaba la placidez equívoca de las noches, el repaso a las fotografías de los que habíamos abandonado y el refugio último de las palabras para confundir nuestro dolor y aceptar el azar o el destino. 

Meses más tarde, hecho ya realidad nuestro sueño de emigrar, el mayor de nosotros nos invitó a su pequeña casa de bahareque y techo de paja en la hermosa costa de La Guajira colombiana, y releyó estos versos que habíamos compuesto entre todos en medio de nuestra desesperanza y que habíamos olvidado, no sé si a propósito, cuando ya el barco que nos había traído había levado anclas para volver a España. 

Señor, confunde las brújulas

y haz que su norte sea solo España.

Desorienta las aves migratorias

para que vuelvan a su nido.

Echa por la borda al astrolabio del timonel para

que solo se guíe por el instinto de su corazón.

Pero si ya la suerte está echada

y sea imposible mirar para atrás,

si nada hará que el viento cambie su rumbo

porque él también quiere emigrar,

desbarata entonces a tu antojo todas las tormentas,

confunde noches y días en un solo paréntesis del tiempo,

que anclemos deprisa en la orilla desconocida.

Y el primer amanecer en la nueva tierra

nos confirme que no estábamos equivocados. 

Que donde se juntan mar y montañas,

por donde navegan ríos como espejos ambulantes,

debemos construir nuestra nueva morada.

Mientras, vamos escribiendo cartas, 

las únicas que han resuelto volver a

las manos que nos suplicaban que

nunca partiéramos.

Hoy, cuando han pasado más de 50 años, les releo estos versos a mis nietos, ya mayores, y adivino en sus ojos un deseo irrefrenable de viajar, viajar para no llegar nunca.

Alfredo Cortés Daza

Noviembre, 2021

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