Home Tags Posts tagged with "aislamiento"
Tag:

aislamiento

boy, student, mask-5693669.jpg
Download PDF

El virus no puede seguir siendo la excusa para privar del derecho a la educación presencial a cientos de miles de niños. Comienzan a observarse secuelas del largo período de aislamiento y virtualidad al que fueron sometidos los estudiantes en sus diversas etapas de desarrollo.

Llegó diciembre y los estudiantes están en vacaciones desde hace un par de semanas, después de un lento y extraño período de transición a la presencialidad escolar.

Este fue otro año traumático para la educación del país. Muchos maestros de colegios privados que retornaron en febrero tienen la impresión de que los chicos regresaron a media marcha y que buena parte del año se les fue en un proceso de readaptación. El asunto de la alternancia resultó complicado, pues eso de atender a cada quien como mejor le pareciera, organizar los turnos, vigilar las medidas sanitarias, aplacar los miedos de las familias y ocuparse de ajustes logísticos no permitió centrarse en el proceso académico de la forma como siempre se había hecho.

De manera anecdótica comienzan a observarse secuelas del largo período de aislamiento y virtualidad al que fueron sometidos los estudiantes en sus diversas etapas de desarrollo, desde el jardín infantil hasta el final del bachillerato. Ya se conocen datos preocupantes de salud mental, que incluyen pensamientos y acciones autodestructivas, como suicidio, trastornos alimentarios, depresión y autolesiones, pero en la cotidianidad de los colegios se observan otras manifestaciones que no llegan a los consultorios y estadísticas.

Estudiantes que en sus casas se acostumbraron a apagar sus cámaras y silenciar sus micrófonos para hacer otras cosas mientras los profesores hacían las clases por computador vieron a comienzos del año la alternancia como la opción de elegir arbitrariamente cuándo ir al colegio o quedarse en su casa, mientras las familias exigían que se los atendiera en la finca o en el exterior mientras hacían un viaje de vacuna. Al regresar, de forma regular, en el segundo semestre mostraban más resistencia a entrar a clases y ajustarse a las rutinas. Pero ese no es el problema, sino el síntoma de algo a lo cual todavía no se sabe bien cómo reaccionar. Se añaden manifestaciones de agresividad, desmotivación, irritabilidad y apatía frente al trabajo escolar que escapan a la estadística, así como mayor tendencia al consumo de sustancias.

La peor parte la han llevado los millones de niños de los colegios oficiales, pues su regreso a las aulas ha sido lento y tortuoso. En realidad, el año terminó con un alto porcentaje de ellos que no estuvieron ni un día en su escuela, mientras el resto asistieron dos o tres días a la semana a partir de agosto. En municipios que hicieron un enorme esfuerzo por reabrir los colegios y tener todas sus instituciones funcionando, han detectado una deserción cercana a 20 %. Donde los gobernantes locales han sido menos diligentes y se han demorado las inversiones la situación es peor y más de 50 % de los estudiantes pasaron el año escolar en blanco. No sobra decir que suelen ser los más pobres, los que están más aislados y los que no tienen ninguna conectividad.

No obstante los estudios de organismos como la Unesco, la Cepal, Human Rights Watch yla Ocde ‒y varios miles de artículos académicos‒, sigue habiendo quienes se resisten al pleno retorno a las aulas hasta no cumplir no sé cuántas condiciones. A lo que ya se sabe desde 2020 sobre el menor riesgo de enfermar y morir de la población infantil, a pesar de los picos que ha tenido la epidemia en diversos sitios, se añade el avance notable en la vacunación tanto para los maestros como para los mismos estudiantes.

El virus ya no puede seguir siendo la excusa para privar de este derecho a cientos de miles de niñas, niños y adolescentes. Eso, desde luego, no significa que el problema de infraestructura y servicios públicos de las instituciones escolares esté resuelto y que se deba trabajar para resolverlo, pero no justifica que se condene a las poblaciones más pobres al aislamiento y la ignorancia.

Ojalá el próximo año haya un regreso pleno y optimista a los colegios que permita en lo posible recuperar el tiempo perdido y el daño social causado.

Francisco Cajiao

Diciembre, 2021

0 comentario
0 Linkedin
falling, male, trees-4352856.jpg
Download PDF

La imagen del suicidio con tintes románticos sigue viva aún, pero los motivos que impulsan a cometer un acto tan definitivo con la propia vida se han diversificado, sin perder el peso de la desgracia que comúnmente se atribuye a los suicidas. Por causa de la pandemia, por esa desazón, desesperanza y sufrimiento que los individuos han tenido que soportar, el número de suicidios ha aumentado en el mundo entero.

En épocas pasadas no se permitía enterrar a los suicidas en los cementerios. Era una condena que se sumaba al rechazo social que se les había dado en vida. Pero tal vez el motivo que más ha divulgado la literatura sobre el suicidio son las penas de amor, especie de contrapeso a la mala imagen que dejaban por no recibir cristiana sepultura.

En Las penas del joven Werther describe Goethe quizás el mejor retrato que se haya hecho del amor imposible que acaba con el suicidio del enamorado. Su amada Charlotte se había casado con otro para desdicha del joven Werther quien, pese al matrimonio de ella, se hizo un mundo de ilusiones cuando logró que Charlotte le correspondiera una vez con un beso prohibido. Al despertar de su sueño de amor irrealizable, Werther se quitó la vida. 

La imagen del suicidio con tintes románticos sigue viva aún, pero los motivos que impulsan a cometer un acto tan definitivo con la propia vida se han diversificado, sin perder el peso de la desgracia que comúnmente se atribuye a los suicidas. Por causa de la pandemia, por esa desazón, desesperanza y sufrimiento que los individuos han tenido que soportar, el número de suicidios ha aumentado en el mundo entero.

Según la Organización Panamericana de la Salud, cada año más de 700.000 personas se quitan la vida en el mundo. En Colombia, el DANE revela que, en promedio, ocho personas se suicidan al día. Otros reportes, como el de Medicina Legal, dicen que entre 2020 y 2021 se ha pasado de 1314 casos de suicidio a 1489, precisamente en medio de la pandemia. Sin embargo, las estadísticas no muestran el drama que hay detrás de cada caso. La literatura y las crónicas de prensa lo hacen mejor porque lo cuentan.

También lo hacen los especialistas en salud mental cuando relatan lo que ellos conocen a partir de las revelaciones de sus pacientes: aislamiento, desamor, estrés y la tan extendida depresión moderna están en la raíz que explica los actos suicidas. Preocupa mucho saber que los hombres entre 15 y 30 años, que estudian y habitan en zonas urbanas, son los más expuestos a los factores de riesgo. No podremos olvidar la historia del joven Sergio Urrego que en 2014 se quitó la vida dejando unas cartas en las que confesaba que su decisión se debía a la discriminación que sufrió por parte de directivos y profesores de un colegio de Bogotá por su orientación homosexual. Triste y trágico caso que conmovió al país, sin que cesen los prejuicios, la mala fe y el acoso que el medio desencadena en contra de aquellos que no viven según los parámetros morales que la sociedad ha establecido muchas veces arbitrariamente. 

La situación de esta pandemia universal, que sigue viva, ha arrinconado a los individuos en sus propios dramas. Sería desafortunado seguir viendo el sufrimiento de tantos seres, de tantos jóvenes que se quitan la vida, como asuntos individuales, casos aislados, sin que nos cuestionemos si como sociedad estamos ofreciendo solidaridad, comprensión y afecto a aquellos que caminan a nuestro lado buscando un mundo que también sea un hogar y un refugio para ellos.

Jesús Ferro Bayona

Noviembre, 2021

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

2 Comentarios
0 Linkedin