Su deseo de aprender es más grande que su edad

Por: Bernardo Nieto
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En Colombia, 12 % de analfabetismo se sitúa en las zonas rurales. Muchos campesinos que ahora son adultos mayores no tuvieron la oportunidad de asistir a una escuela. Es fundamental adelantar acciones que permitan llevar a estos territorios espacios de formación para que nadie se quede sin saber leer, escribir y contar.

Eran las cinco de la mañana. A pesar del frío, teníamos que salir antes de la madrugada para evitar el pico y placa y recoger por el camino a quienes iríamos hasta Nemocón a la Casa del Abuelo. Allí nos encontraríamos con unos 25 abuelitos y abuelitas dispuestos a sentarse con nosotros para estudiar y evaluar la primera lección electrónica de Mi Escuela, el método de alfabetización y la aplicación digital que estamos empeñados en desarrollar desde hace dos años para enfrentar el grave problema del analfabetismo en Colombia y en América Latina.

Llegamos al pueblo a las 7:30 a.m. Aunque sabíamos que la entrada del público comenzaba una hora después, teníamos la esperanza de que alguien nos abriera la puerta de la Casa del Abuelo. Queríamos arreglar con anticipación el salón y ubicar las mesas donde se reunirían los adultos mayores con los que haríamos la prueba. Una pareja de viejitos adorables, sonrientes y conversadores, estaban sentados en el quicio del viejo portal de la casa, cada uno con un pocillo de tinto en la mano, tratando de calentarse en la fría mañana de ese viernes. Ella estaba envuelta en su pañolón y él se abrigaba con una chaqueta acolchada. 

La Casa del Abuelo es una vieja construcción de estilo colonial con zaguán delantero que desemboca en un amplio patio central sin cubrir, con siete habitaciones en su contorno. En cada una de ellas se han acondicionado algunas de las oficinas de la Secretaría de Bienestar Social del municipio. Por su tamaño y doble patio, puede deducirse que fue una casa señorial llena de historias sin contar. 

Mientras esperábamos que alguien llegara a abrirnos la puerta, me presenté a los abuelos y me puse a conversar con ellos.

–¿Quiénes son ustedes? 

–Yo soy Luis Arturo, para servirle, sumercé, y ella es Asunción, mi esposa. 

–¿Qué hacen aquí desde tan temprano? 

–Desde hace dos años venimos a clase todos los viernes. Siempre somos los primeros ¡Es para coger buen puesto! Y con una sonrisa de complicidad y picardía, me mostró su escasa dentadura. 

–¿Qué hay aquí todos los viernes?

–Es la clase de alfabetización, para aprender las matemáticas, a leer y escribir.

–Y a esta edad, ¿aún piensas que se puede aprender?

–Pues sí. Aprender es importante, para que no lo estafen a uno los pícaros. Yo quiero poder leer el periódico y saber qué dicen los políticos. Toda la vida tuve que trabajar en el campo, no pude ir a la escuela y no pude aprender. Ahora que puedo, aunque tengo 75 años, me gusta encontrarme aquí con todos los amigos que también quieren aprender. Y la profesora nos tiene paciencia. 

–¿Cuántos años tenías cuando dejaste de ir a la escuela? 

– Como siete u ocho, cuando apenas estaba aprendiendo a leer y escribir. 

–¿Y por qué no volviste a la escuela? 

–Es que en ese tiempo mi papá me decía que yo tenía que ir con él a cultivar la comida para la casa.  “Primero trabaja y come, después estudia”. Un día que quise ir a la escuela en vez de irme para el sembrado, mi papá me mandó una pala y casi me da en la cabeza. Me tocó obedecer. Después, seguí trabajando y no volví a la escuela.

–¿Tu papá te mandó una pala por querer estudiar?

– Y si no me quito, no estaría contando el cuento. Así eran las cosas con él.

–Ustedes, ¿desde cuándo están casados, Asunción?

–Ya llevamos 55 años juntos. Los celebramos el día de la Asunción. Él tenía 20 y yo 18 cuando nos juntamos; un tiempo después nos casamos y aquí estamos.

–¿Y tampoco fuiste a la escuela?

–Es que en el campo, en ese tiempo, las niñas no iban a la escuela. Nos quedábamos en la casa cocinando, lavando, barriendo, planchando y también ayudando a sembrar o a recolectar. Los hombres podían ir a la escuela, pero nosotras no. Yo sí quise ir, pero bueno, ahora con Luis que tenemos tiempo y ya no podemos trabajar, pues ¡quiero aprender! 

–¿Cuántos hijos tuvieron? 

–Tuvimos tres, dos niñas y un muchacho. Los tres son estudiados y están casados y trabajando. 

Y, como en un ritual bien ensayado, ambos bebieron un buen sorbo de café y me miraron sonrientes, esperando un comentario. Me quedé viendo a estos añosos alumnos deseosos de aprender y se me asomó una sonrisa y un respetuoso gesto de admiración para estos dos esposos que, durante 55 años habían recorrido juntos muchos caminos. 

Ahora ellos estaban ahí, sentados en el pórtico de la casa, esperando que la puerta se abriera para asistir con ilusión a su clase de los viernes, con una maestra que les guiaba pacientemente por los vericuetos de las letras y los números, tratando de explicarles por qué la r y la a suenan ra, cuando están juntas dentro de las palabras, pero “rra” si es al comienzo de ellas, como en un viejo y hermoso matrimonio, igual al de ellos. 

***

De acuerdo con los ajustes hechos a los datos del censo del DANE, la población colombiana en 2019 era de 50.374.000 habitantes: 24.713.193 varones y 25.626.250 mujeres. 5 % de los hombres y mujeres mayores de 15 años aún son analfabetas; el analfabetismo llega a 12 % en el sector rural. Además de los casi dos millones y medio de colombianos que no saben leer y escribir, se calcula también que hay unos siete millones de habitantes que están en el grupo de analfabetas funcionales, que están marginados de los beneficios sociales y culturales de la sociedad, sobreviviendo en la informalidad, desempleados o desempeñando trabajos mal remunerados. 

Para ellos y para los más de 30 millones de analfabetas de América Latina, Acción Cultural Popular ‒con su tradición y experiencia educativa‒, Uniminuto y Tetracto han unido sus capacidades y experiencias para desarrollar Mi Escuela, un innovador método de alfabetización, integrado en una aplicación digital interactiva, que estará disponible en plataformas digitales. 

Mi Escuela será una alternativa que permitirá a quienes han estado privados de la oportunidad de aprender a leer, escribir y contar, salir de la marginalidad, disfrutar de los beneficios de la cultura y tener herramientas que les permitan añadir dignidad a su vida y cumplir su derecho a la educación. 

En 2021, cuando esperamos superar los duros retos que nos ha impuesto la pandemia, queremos ofrecer a Colombia los avances de este método que aprovecha, en pleno siglo XXI, los avances tecnológicos disponibles. Contamos para ello con el aporte de muchos, a quienes, desde hoy, estamos llevando este mensaje. 

Mi Escuela puede ser una solución a un problema de analfabetismo olvidado y casi escondido en medio de la pandemia, las discusiones sociales y políticas y la nueva lucha por el poder que ya comienza a vivir nuestro país. 

Muchos colombianos marginados y olvidados, como Luis Arturo y Asunción, y como los millones más jóvenes que ellos, justifican nuestro esfuerzo y dan sentido a nuestra iniciativa.

Bernardo Nieto Sotomayor

Julio, 2021

5 Comentarios

Jorge+Luis+Puerta 16 julio, 2021 - 8:21 am

Este cuento me anima más a participar en esta aventura, desde donde esté. Saludos, Bernardo.

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Luis Alberto Restrepo 16 julio, 2021 - 9:30 am

Gracias, Bernardo. Como siempre, un relato delicioso y una labor excelente, que ojalá prospere. Abrazos

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John+Arbeláez 16 julio, 2021 - 1:23 pm

Este es el tipo de apostolado que necesita nuestro país, para tratar de contrarrestar la falta de recursos económicos que deberían ir para la educación pero que es saqueado por nuestros queridos políticos marrulleros y rapaces
Felicitaciones Bernardo por tan encomiable labor en bien de los desposeídos. Así estás construyendo patria.

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Julio Hidalgo 17 julio, 2021 - 12:22 pm

Gracias por tu artículo y por la labor que estás desarrollando. Es un ejemplo muy valioso para mí que me reta, dentro de mis limitaciones físicas y de ánimo, para buscar mi sitio en este momento en relación con mi país urbano y rural.

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Hernando+Bernal+A. 17 julio, 2021 - 5:05 pm

Sigo pendiente y te acompaño en esta empresa que adelantas. Saludos.

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