Que no se frustre la Esperanza

Por: Mauricio Cabrera Galvis
826 Vistas
Spread the love

El próximo 7 de agosto Colombia será un país distinto, pero ese 7 de agosto Colombia será el mismo país del día anterior. Esa es la paradoja que desde ya enfrenta el presidente electo Gustavo Petro, y de la forma en que la resuelva dependerá en parte el éxito de su administración.

El triunfo de la Esperanza

En las elecciones del 19 de Junio triunfó la esperanza sobre el miedo,; los nadies se movilizaron a votar impulsados por el sueño de que su vida podía cambiar para vivir sabroso; muchos jóvenes estrenaron su voto ilusionados por el cambio prometido; las minorías, siempre perdedoras, sintieron que podían dejar de ser excluidas; los defensores de la Paz vieron más cerca su anhelo de avanzar en la construcción de una sociedad pacífica.

Para muchos de quienes votaron por ellos, es la esperanza de tener una primera oportunidad sobre la tierra, para superar el hambre y la pobreza, para tener empleos dignos, para que sus hijos puedan tener una educación de calidad, para tener asegurada una vejez digna.

En su discurso de celebración, el presidente electo reiteró su promesa de hacer de Colombia una potencia de la vida con un gobierno que buscará la Paz, la Justicia Social y la Justicia Ambiental para reducir la desigualdades sin destruir la naturaleza. Pero no se dirigió solo a los más de 11 millones que votaron por él, sino que ofreció que su gobierno buscará que todos los colombianos puedan vivir mejor. Además invitó a un gran acuerdo nacional  a todos los que respaldaron a su contrincante para que mediante el diálogo se pueda construir una democracia multicolor en la que se logre el consenso para las reformas urgentes que necesita el país.

Las primeras declaraciones del presidente Petro y los nombres que han circulado de sus posibles colaboradores han sido tranquilizantes, lo mismo que hechos tan significativos como la llamada que recibió del presidente Biden a menos de 72 horas de ser elegido, o los trinos y mensajes de apoyo y colaboración de algunos dirigentes políticos que apoyaron a Hernández. Parecería que también será posible la esperanza de superar la dañina polarización que ha marcado a Colombia el último cuarto de siglo.

Con la elección de un ex guerrillero y una líder social afro, y con el hito histórico de la llegada al poder de un gobierno de izquierda democrática, el 7 de agosto no solo habrá caras nuevas en los carros oficiales, sino que Colombia será un país distinto y mucha gente sentirá que sus ilusiones y esperanzas se han hecho realidad.

El realismo no tan mágico

Pero el 7 de agosto muy pocas cosas habrán cambiado en Colombia, por lo menos para la gran mayoría de sus habitantes. Muchas madres seguirán viendo a sus hijos acostarse con hambre, los afros e indígenas del pacífico colombiano seguirán tan excluidos como el día anterior, en los cinturones de miseria de las grandes ciudades los jóvenes seguirán sin oportunidades ni ingresos, los desempleados seguirán con su flor para mascar esperando que el trabajo con que sueñan ya vendrá.

Porque la realidad de desigualdad, hambre, pobreza y desempleo no se cambia de la noche a la mañana ni siquiera en el realismo mágico del gran Gabo. Tampoco cambia en unas semanas, ni en pocos meses, sino que son procesos que requieren largos procesos para alcanzar resultados significativos, aunque para una parte de la población si pueden darse pequeñas mejoras en sus condiciones de vida. Hay que recordar que en el Acuerdo de Paz las armas se entregaron en un día, pero su implementación total se pactó a 12 años

Veamos algunos ejemplos de estos procesos. Una de las promesas que parece más fácil de cumplir es la de nombrar a Francia Márquez en el nuevo ministerio de la igualdad. Sin embargo la creación de un ministerio requiere una ley que se demora mínimo 3 o 4 meses en ser tramitada en el Congreso, además de modificaciones en el presupuesto nacional para asignarle recursos, selección y nombramiento de personal y temas de logística como la sede para su funcionamiento.

Otras promesas de campaña son todavía más complejas de realizar. Reformas como la de la salud o de las pensiones requieren también ser aprobadas mediante leyes que son más demoradas pues se necesita lograr consenso en el Congreso. Y ni para que hablar de la reforma tributaria, requisito fundamental para tener los recursos para todas las otras transformaciones sociales, cuyo tramite en el Congreso es todavía más complicado, y sus efectos en el recaudo solo se tienen un año después.

El difícil contexto nacional e internacional

A la demora natural de los cambios en el modelo económico y político hay que añadir las dificultades que enfrentará el nuevo gobierno por el contexto nacional e internacional.

En el frente interno, la herencia que se recibe del actual gobierno por factores como la inflación desbordada, el enorme hueco fiscal o el déficit de la balanza de pagos, imponen restricciones financieras insoslayables que limitan las posibilidades de acción. ¿Cómo se puede adelantar cualquier programa social si no hay recursos suficientes para hacerlo?

En el frente externo las cosas pueden ser más complicadas por las amenazas de recesión mundial que se vislumbran en el horizonte, alimentadas no solo por los impactos económicos de la guerra en Ucrania, sino por las políticas restrictivas de los bancos centrales que han empezado a subir sus tasas de interés para combatir la inflación. El freno de la economía mundial perjudicará el crecimiento de la colombiana, creando más desempleo y, por lo tanto, pobreza.

Además, la subida de las tasas de interés internacionales desestimulará el flujo de capitales hacía las economías emergentes, y Colombia tendrá menos recursos externos para tapar su enorme déficit en el comercio exterior, lo que puede presionar una mayor devaluación del peso frente al dólar.

En este difícil contexto, uno de los grandes retos del nuevo presidente es no dejar que se frustren las ilusiones y esperanzas que logró hacer crecer en la población cuando, además, los ineludibles tiempos y plazos de los procesos políticos y económicos demoren los resultados que la gente espera que se den de inmediato. 

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista Cambio.

Junio, 2022

8 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 28 junio, 2022 - 12:17 pm

Me permito, con todo respeto, disentir de Mauricio, En las elecciones del 19 de Junio no triunfó la esperanza sobre el miedo,; lo que triunfó fue la esperanza sobre la experiencia. A pesar de todo lo que nos dicen los resultados de gobiernos que siguen las ideas del presidente electo., un grupo de colombianos eligió la esperanza, otro grupo, desafortunadamente 700mil menos, habian escogido la experiencia.
Como he escuchado a muchos que “venimos del futuro” y que sabemos en qué paran generalmente estas promesas, espero sinceramente estar equivocado, y que en 4 años estemos celebrando el buen gobierno del presidente electo, así “4 años no sean suficientes” como él mismo lo ha dicho, y preparándonos para la toma de posesión de su sucesor. Un abrazo

Responder
Julio Hidalgo 29 junio, 2022 - 7:45 am

Tu comentario es bastante realista, pero eso no implica que Colombia quiera cambiar en todos los sentidos como lo esperan sobretodo los más olvidados (as) y vulnerables. No es que los procesos sean de hoy para mañana., como lo dices tú. Démosle un compás de espera para ver cómo, con quién, con qué presupuesto, etc.se concretaran tantas bellas propuestas…

Responder
Mauricio Cabrera 29 junio, 2022 - 11:47 pm

Julio, en otras épocas decíamos con los jóvenes parisinos del 68, “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Hoy ser realista es reconocer que la falta de recursos por el enorme déficit fiscal que recibe el nuevo gobierno, y la difícil situación internacional van a dificultar el cumplimiento del programa del presidente Petro. De todas maneras guardamos la esperanza de que se logre avanzar un poco hacia la construcción de un país menos desigual, más solidario y en paz. Como dices, hay que darle un compas de espera.

Responder
Jorge Luis Puerta 29 junio, 2022 - 7:41 pm

Creo, Mauricio, que habrá que actuar sobre dos escenarios de cambio: el de corto y mediano plazo. En el corto plazo, nombres competentes, capaces, pequeñas medidas, la creación de nuevos valores culturales de respeto, diálogo, inclusión real y transparencia, sobre todo transparencia, para sembrar confianza y cosechar voluntades. Con eso será menos difícil atacar los temas de mediano y largo plazo….¿No te parece?

Responder
Mauricio Cabrera 30 junio, 2022 - 10:58 pm

Jorge Luis, comparto totalmente tu comentario que apunta al requisito esencial para superar la dañina polarización que vie Colombia: recuperar la confianza en los otros. Y para ello se necesitan los valores que mencionas: respeto, diálogo, inclusión y transparencia.

Responder
Jorge Luis Puerta 29 junio, 2022 - 7:47 pm

Otro tema que considero importante: creación de un nuevo lenguaje. Luchar contra aquellos términos encasilladores, peyorativos, descalificadores como, por ejemplo “populismo”. La realidad va mucho más allá…

Responder
Mauricio Cabrera 29 junio, 2022 - 11:34 pm

Eduardo,, no entiendo por qué dices que “triunfó la esperanza sobre la experiencia”.. La experiencia de Petro en el conocimiento del Estad0 (Representante ala Cámara por 12 años y Senador, por 8 años, alcalde de Bogotá) es mucho mayor que la de Hernández. Además, como el m anejo del Estado no es cuestión de individuos sino de equipos, la experiencia acumulada de los que acompañaron a Petro en la campaña es infinitamente superior a los de Hernández, quien en realidad no tenía equipo. Creo que los nombres que van cociéndose para el gabinete ministerial confirman esto y además generan confianza y tranquilidad en el país. Un abrazo y muchas gracias por tu comentario

Responder
EDUARDO JIMENEZ 4 julio, 2022 - 4:30 am

Gracuas Mauricio por tu comentario. No me refería a la experiencia de Hernandez comparada con la de Petro. Me refería a la experiencia de quienes en el pasado, y en paises muy cercanos han votado por personas con ideas o simpatías como las del presidente electo. Un Abrazo

Responder

Dejar un comentario