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Por qué Colombia no aprobó la Declaración de los Derechos de los Campesinos el 17 de diciembre de 2018 en las Naciones Unidas

by Bernardo Nieto
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La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 17 de diciembre de 2018, es la fuente y motivo de esta reflexión.

Colombia fue uno de los 52 países que se abstuvieron de aprobar la Declaración de los derechos de los campesinos. ¿Qué significa esto para nuestro país y para sus más de 10 millones de habitantes del campo? 

Saber que los representantes de Colombia en la ONU, obedeciendo las directrices del gobierno central, decidieron no votar a favor de esta Declaración* promulgada, ratificada y aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas constituyó una bofetada a los campesinos colombianos. 

¿Qué significa este gesto de nuestros actuales gobernantes para los más de 10 millones de habitantes del sector rural y de pequeños centros poblados, que escasamente obtienen su sustento del cultivo de la tierra y que representan un poco más del 22 % de los habitantes colombianos, de acuerdo con el censo de 2018? 

Según este censo, más de 37 millones de personas viven en ciudades o cabeceras municipales y más de 11 millones de colombianos habitan en el sector rural o en pequeños centros poblados. En los datos del DANE es necesario tener en cuenta a los cerca de 8 millones de campesinos desplazados, víctimas del conflicto armado, que sobreviven duramente en las ciudades y cabeceras municipales. Si sumáramos las cifras de campesinos actuales y campesinos desplazados estaríamos hablando de más de 16 millones de colombianos.

¿Por qué el gobierno no quiso aprobar la Declaración si en nuestro país viven y sobreviven del campo todos estos millones de personas? ¿Desconoce los derechos de los campesinos? O reconocerlos y cumplirlos, como pide la Declaración, ¿representa para nuestro país una exigencia tan difícil y extrema que no la resiste? ¿Son ellos un problema tan grave que comprometernos a cumplir lo que establece la Declaración implicaría iniciar un gigantesco, verdadero, pero casi que imposible cambio social?

Para responder con seriedad estos interrogantes me parece muy importante tener en cuenta la definición de campesino que hace el artículo 1 de la Declaración: 

toda persona que se dedique o pretenda dedicarse, ya sea de manera individual o en asociación con otras o como comunidad, a la producción agrícola en pequeña escala para subsistir o comerciar y que para ello recurra en gran medida, aunque no necesariamente en exclusiva, a la mano de obra de los miembros de su familia o su hogar y a otras formas no monetarias de organización del trabajo, y que tenga un vínculo especial de dependencia y apego a la tierra”. [El destacado es mío].

Para las Naciones Unidas los campesinos son los pequeños propietarios cultivadores. Sus derechos son los de los pequeños, los pobres, los que nacieron pegados a la madre tierra. Y aunque huelan a ella, son auténticos y son de la tierra por naturaleza. 

De entrada, este artículo plantea un problema real y conceptual para el país. Quienes dirigen a Colombia no se han comprometido y no quieren comprometerse en la solución: la tenencia y aprovechamiento de la tierra en pequeña escala es la que otorga a los habitantes del campo los derechos reconocidos en la Declaración de los derechos de los campesinos y de otras personas que trabajan en las zonas rurales.

Una de las causas no evidentes y explícitas, por supuesto, que motivó la abstención de Colombia a aprobar la Declaración es, a mi juicio, que los grandes dueños de tierras ‒que además participan activamente en el gobierno y la legislación del país‒ jamás aceptarían esta definición que los excluye de ser considerados campesinos, pues solo son dueños de tierras y no auténticos hijos de la madre tierra. 

Los derechos que se reconocen a quienes hoy apenas sobreviven con su trabajo de los frutos que ella les entrega pueden agruparse en estos seis grupos tomados de los 28 artículos de la Declaración:

  • El derecho a un nivel de vida adecuado.
  • El derecho a la soberanía alimentaria, la lucha contra el cambio climático y la conservación de la biodiversidad.
  • La adopción de reformas agrarias estructurales y la protección frente al acaparamiento de tierras.
  • El derecho a que los campesinos puedan conservar, utilizar, intercambiar y/o vender sus semillas.
  • El derecho a recibir una remuneración digna por sus cosechas y trabajo, y
  • Los derechos colectivos a contribuir a la justicia social sin ningún tipo de discriminación.

Esta Declaración debe provocar en Colombia una profunda reflexión orientada a producir los cambios reales que requiere el país para lograr el equilibrio social que garantice la paz y la reconciliación entre los colombianos. 

* El texto de la Declaración se encuentra en https://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/WGPleasants/A-HRC-WG-15-1-2_sp.pdf

** Los resultados de la votación final pueden verse en http://agriculturafamiliar.co/la-declaracion-de-derechos-campesinos-si-podria-proteger-al-campesinado-colombiano/

Bernardo Nieto Sotomayor

Octubre, 2020

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4 comments

Eduardo Pardo 27 octubre, 2020 - 12:15 pm

Felicitaciones Bernardo por dejarnos ver esta realidad sobre nuestros campesinos. Que verguenza que el gobierno del momento no haya defendido al elevado numero de capesinos Colombianos. No es la primera vez. Cuantas veces el gobierno de turno se inclino ante los terretenientos y no fueron capaces de hacer una reforma agraria? Y pensar que a causa de esto nacio la guerrilla. Los estratos elevados se rasgan las vestiduras por sus fincas perdidas y se quejan de la inseguridad a causa de los desplazados. Pero siendo ellos los que tienen el poder politico que hacen por los pequeños que han perdido sus tierras? Hasta cuando seguiran los asesinatos de los que reclaman sus pequeñas parcelas? Y que la agro-industria se siga apoderando de sus tierras?

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Hernando Bernal A. 27 octubre, 2020 - 5:19 pm

Bernardo; muy importante tu documento y tu punto de vista. Saludos, Hernando Bernal

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Luis Arturo Vahos 27 octubre, 2020 - 6:57 pm

Bernardo, señalas muy bien los intereses qué hay detrás de ese voto negativo. En la ONU y otros escenarios multilaterales, Colombia se pliega a lo que diga Trump. Es una lástima que primen los intereses de los latifundistas y empresarios del agro, sobre los que tienen las gentes pobres del campo. Con qué cara les pedirán sus votos?

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Antonio José Sánchez Murillo 28 octubre, 2020 - 5:28 pm

Gracias Bernardo por esa valiosa reflexión sobre uno de temas más preocupantes en estos tiempos del cólera. Recomiendo que lo publiques en revista indexada de la Javeriana, o de Minuto de Dios bien como artículo o como editorial en un número dedicado a plantear soluciones para el desarrollo sostenible de nuestro abandonado sector campesino. Recuerda que Pablo VI nos dijo que “el nuevo nombre de la paz es Desarrollo.

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