Populismo: por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia

Por: Luis Alberto Restrepo
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Presento en este artículo extractos bastante modificados del interesante libro ‘Nacionalpopulismo: por qué está triunfando y de qué forma es un reto para la democracia’, de Roger Eatwell y Matthew Goodwin. 

Hoy, la política parece más caótica y menos predecible que en el pasado. El populismo es un movimiento que, desde principios de este siglo, está cuestionando cada vez más la política dominante en Occidente. Su auge ha sido particularmente notable en numerosos países europeos y en Estados Unidos, pero existen también otras manifestaciones, como la victoria de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil, la de AMLO en México, y en menor escala, Ortega en Nicaragua, Bukele en El Salvador, los candidatos Rodolfo Hernández y Gustavo Petro en Colombia, etc. 

Los populistas dan prioridad a los intereses de la nación, y prometen dar voz a quienes sienten que las élites, a menudo corruptas y distantes, los han abandonado e incluso despreciado. Es una ideología basada en corrientes muy profundas y duraderas que han ido adquiriendo fuerza con el paso del tiempo.

El ingeniero estadounidense William Deming señaló en una ocasión: “A pesar de que vivimos en una época en la que disponemos de más datos que nunca antes, casi nadie hace una lectura correcta de la opinión pública”. Quizás esto se deba a que demasiadas personas centran su atención en el futuro inmediato y no tienen en cuenta los cambios históricos de la política, la cultura y la economía, que en la actualidad influyen seriamente en las elecciones. El brexit y Trump fueron la antesala del auge mucho mayor de los populistas en Europa, como Marine Le Pen en Francia, Matteo Salvini en Italia y Viktor Orbán en Hungría, y de los latinoamericanos que ya enuncié. Todos ellos forman parte de una revuelta creciente contra la política convencional y los valores liberales.

Los populistas se oponen a determinados aspectos de la democracia liberal. A diferencia de los apoyos histéricos con los que fueron acogidos Trump y el brexit, quienes apoyan estos movimientos no son fascistas (aunque sí lo sea una pequeña minoría) ni quieren derribar nuestras principales instituciones políticas. Pero muchos se sienten justamente preocupados porque las instituciones no representan a toda la sociedad y, en todo caso, consideran que a ellos los están dejando abandonados a su suerte.

Poco antes de que Trump llegara a la Casa Blanca, más de la mitad de los estadounidenses sentían que Washington ya no los representaba, y en el Reino Unido, justo antes de la victoria del brexit, aproximadamente uno de cada dos trabajadores sentía que “gente como ellos” no eran tenidos en cuenta en los debates nacionales. Ante los grandes escándalos sobre los abusos y la corrupción de numerosos parlamentarios, de las enormes utilidades que acumulan los principales bancos y de la vieja costumbre de muchos políticos de hacer acuerdos bajo la mesa y conseguir puestos y contratos ilegales, ¿nos extraña acaso que hoy en día muchos ciudadanos cuestionen abiertamente a los congresistas y al mismo Congreso?

Algunos líderes populistas, como Viktor Orbán en Hungría, hablan de crear una forma nueva de “democracia i-liberal”, que plantea cuestiones preocupantes sobre los derechos de los pobres, de algunas etnias y de los inmigrantes. Sin embargo, no todos los votantes populistas piensan así. Muchos quieren más democracia, más referéndums y políticos que escuchen más a la gente, que empoderen más a los ciudadanos y menos a las élites políticas y económicas. Reclaman una “democracia directa”, que difiere de la democracia “liberal” que surgió en Occidente tras la derrota del fascismo y que, por desgracia, ha ido adquiriendo un carácter elitista y excluyente.

El populismo también plantea interrogantes legítimos a la democracia. Millones de personas denuncian hoy cómo las élites se han ido aislando cada vez más de las inquietudes y necesidades de la gente corriente. Cuestionan el deterioro del Estado nación, al que siguen viendo como la única estructura que ha sido capaz de darle un cierto orden a la vida social y política. Se preguntan por qué el sistema económico actual de Occidente está profundizando las desigualdades económicas y sociales, y plantean que el Estado debería dar prioridad a la creación de empleo y a la ayuda social a los trabajadores formales e informales. No pocos se preguntan también si todos los movimientos, partidos y religiones respaldan aspectos como la igualdad y el respeto por las mujeres y las comunidades LGTB. En Colombia, algunos sectores poderosos han ido virando hacia el racismo, sobre todo contra los indígenas y los negros, y hacia la xenofobia con los venezolanos.

Con numerosas variantes, estos movimientos son internacionales. En Colombia, muchos de nuestros debates políticos son muy cerrados: nos centramos en nuestro propio país sin considerar que problemas similares existen hoy por todo el mundo y, en primer lugar, en Estados Unidos, el Reino Unido y Europa occidental. En la Unión Europea, una gran alianza denominada Europa de las Naciones y de las Libertades agrupa a los populistas de diversos países, como Austria, Bélgica, el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, los Países Bajos, Polonia y Rumanía.

Cuatro tendencias históricas permiten entender el populismo

Estas tendencias a largo plazo han estado remodelando la política occidental durante decenios. El populismo gira en torno a cuatro transformaciones sociales históricas, que están causando la creciente preocupación e indignación de millones de personas. Las reivindicaciones son de ordinario legítimas y es poco probable que desaparezcan a corto plazo.

1. La primera tendencia histórica consiste en que el creciente elitismo de la democracia liberal ha ido generando la desconfianza de muchos ciudadanos hacia los políticos y las instituciones y les ha hecho pensar que no son tenidos en cuenta en las preocupaciones y los debates nacionales. En realidad, la democracia liberal siempre ha tratado de limitar y minimizar la participación de las masas. Les molestan a los poderosos. Pero, en los últimos años, la creciente distancia entre los políticos y la gente común ha llevado cada día a una mayor desconfianza, no solo hacia los partidos y movimientos, sino también hacia instituciones como el Congreso y la Justicia. 

Sin embargo, hay que tener en cuenta que nunca ha existido en el mundo una época dorada en la cual un sistema político haya logrado representar a toda la sociedad. Más bien, en los últimos años se han dado pasos importantes que buscan garantizar una mayor participación de grupos históricamente marginados, como las mujeres y las minorías étnicas en los órganos legislativos. Más en general, hoy aparecen con más frecuencia en las noticias, se les tiene más en cuenta su opinión y han entrado en la conciencia nacional, pero tampoco se puede negar que muchos sistemas políticos son cada vez menos representativos, lo que ha impulsado el cambio hacia el populismo.

2. Una segunda tendencia es aquella por la que la mayor presencia de la diversidad étnica y de los inmigrantes en la vida pública está suscitando en amplios sectores grandes temores sobre una supuesta amenaza a los modos de vida que conocemos. Quienes se sienten más temerosos atribuyen este proceso a los políticos progresistas, las organizaciones de derechos humanos y algunas organizaciones mundiales que, supuestamente, estarían impulsando este cambio. A su vez, programas “políticamente correctos” y poderosos tratan de acallar cualquier oposición y lo seguirán haciendo cada día con mayor fuerza a medida que el cambio en las relaciones de poder entre antiguas élites y masas siga afectando a las sociedades occidentales.

3. Otra tendencia histórica, la tercera, es el modo en que la globalización neoliberal de la economía ha agudizado la desigualdad económica y social en los ingresos y en la riqueza, y la pérdida de confianza de mucha gente en que el futuro pueda ser mejor. Aunque vastos sectores sociales partidarios del populismo tengan un empleo y cuenten con ingresos medios o por encima de la media, la globalización neoliberal de Occidente los hace pensar que vienen perdiendo. Esto hace que sientan un miedo creciente por su futuro y el de sus hijos. Este sentimiento de pérdida está íntimamente ligado a lo que el pueblo piensa sobre cuestiones como la inmigración.

En la actualidad existen millones de votantes convencidos de que el pasado fue mejor que el presente y que las condiciones de vida seguirán deteriorándose cada día más. Si la superación del populismo dependiera solamente de las tasas de desempleo, sería más fácil afrontarlo: habría que crear puestos de trabajo y, sobre todo, de puestos que ofrezcan seguridad a largo plazo y salarios dignos. Aunque la mayoría de las personas en esta categoría no se encuentren en el nivel más bajo de la escala social, comparten la firme convicción de que el sistema actual ya no les sirve y que se les sigue dando prioridad a los más poderosos.

4. Los líderes populistas se nutren de un descontento social muy extendido y profundo. Su avance también se ha facilitado debido a una cuarta tendencia: el debilitamiento de los lazos entre los partidos y movimientos políticos y el pueblo. Mucha gente, la mayoría, no se siente representada. La época clásica de la democracia liberal se caracterizó por una política relativamente estable, unos partidos mayoritarios fuertes y unos votantes leales, pero esa época ha llegado a su fin. Numerosos ciudadanos ya no coinciden con esa corriente otrora dominante. 

Los vínculos entre sociedad y Estado se están rompiendo. Este desalineamiento está haciendo que los sistemas políticos en Occidente sean mucho más inestables, fragmentados e imprevisibles que nunca antes en la historia de la democracia de masas. En la actualidad, la política parece más caótica y menos predecible que en el pasado. Y no solo parece: así es. Esta tendencia se veía venir desde hace tiempos… y aún le queda mucho camino por delante.

Luis Alberto Restrepo M.

Junio, 2022

5 Comentarios

Reynaldo Pareja 20 junio, 2022 - 8:18 am

Luis Alberto, Feclkitaciones.. Haces un análisis profundo del populismo con sus raices historicas que muchos desconocemos pero que iluminan el por qué la fuerza del movimiento, las aspiraciones legitimas de sus seguidores, las estructuras economicas y politicas que entran en juego para hacer crecer el movimiento, pero en especial resumes muy bien como el movimiento ha ido cresciendo en el occidente y otras partes del mundo. Análisis como este sirve para comprender y apreciar el populismo en su contexto historico y de ahi aplicar lo aprendido a nuestra realidad.

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John Arbeláez Ochoa 20 junio, 2022 - 9:02 am

Luis Alberto, Como siempre, agudas y objetivas tus reflexiones que nos abren perspectivas de conocimiento para entender este mundo cambiante y casi irracional de la política actual.
Los políticos tradicionales, encerrados en sus propios intereses, se olvidaron de sus votantes, a la vez que los votantes se hastiaron de sus políticos. Allí surge el terreno fértil para ese populismo que describes tan acertadamente.
Los políticos sólo tenían que haber desarrollado un poco de empatía y menos egoísmo….

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Dario Herrera M 20 junio, 2022 - 9:59 am

Valioso aporte al entendimiento de los procesos sociales que vivimos, especialmente en América. Muchas gracias.

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Jorge Luis Puerta 20 junio, 2022 - 1:01 pm

Luis Alberto: tu artículo abre muchas perspectivas. Quiero señalar una que me parece importante: el uso histórico peyorativo del término “populismo”, me parece que está siendo superado por la propia historia. La reivindicación de un Estado orientado a satisfacer los derechos de ciudadanías olvidadas, nos obliga a buscar términos mucho más imaginativos…no es lo mismo un Orban que un Petro… Saludos!!!

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Humberto Sánchez Asseff 20 junio, 2022 - 6:48 pm

Excelente, Luis Alberto. Gracias.

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