Pedofilia y pederastia: ¿confusión?

Por: Reynaldo Pareja
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Pedofilia y pederastia son términos que suelen confundirse y utilizarse en forma intercambiable, cuando cada uno tiene su definición precisa. Una puede tolerarse (pero tratarse) y la otra debe perseguirse y castigarse. Es necesario evitar esta confusión

El diccionario de la Real Academia define pedofilia como atracción erótica o sexual que un adulto siente hacia niños o adolescentes. A su vez, pederastia es definida como abuso sexual cometido con niños. Esta distinción es necesaria, pues de inmediato indica dos niveles diferentes de su expresión en la acción: el pedófilo tiene solo atracción sexual; el pederasta llega al abuso sexual. 

Internet ofrece información que aclara la diferencia y apunta a las implicaciones de ambos términos.  Pedofilia proviene del griego páis, un sustantivo que se aplicaba exclusivamente a los varones de 13 a 19 años, es decir, entre la nubilidad ‒el inicio de la edad reproductiva‒ y el final de la adolescencia. A este término se añade filia, que significa amistad, amor y protección o afecto espiritual. En la antigua Grecia era una práctica común que los púberes tuvieran relaciones sexuales consentidas con sus docentes para promover lazos entre ambos: esto se denominaba pedofilia. Los pedófilos o paidófilos, según algunos helenistas, eran aquellos varones que gustaban anímicamente de jóvenes y se sentían atraídos por personas de mucha menos edad. 

Pederastia proviene de paídes (plural de páis) y eráo (amar con pasión). Hace referencia a los hombres que desean sexualmente a niños y adolescentes masculinos. La principal diferencia que se ha ido remarcando durante los últimos años es que un pedófilo siente una atracción por muchachos jóvenes, pero no necesariamente desemboca en una acción concreta o consumación de dichos deseos, mientras que un pederasta siente la misma atracción que el pedófilo, pero su atracción desemboca en un abuso sexual.

Mientras que la pedofilia se define como una parafilia (un tipo de trastorno sexual caracterizado por fantasías recurrentes), la pederastia es, además de parafilia, una práctica delictiva derivada de ella, que provoca graves repercusiones en el desarrollo psicológico, social y sexual de la víctima. Por norma general, todos los pederastas son pedófilos, pero no todos los pedófilos son pederastas.

Según la evidencia científica, la mayoría de las personas con pedofilia reprimen este tipo de deseo y no actúan sobre jóvenes por razones morales y no suelen buscar tratamiento de un especialista. No hacerlo puede conducir a que un pedófilo pase de la simple atracción (que no es mala en sí misma) a la agresión sexual a niños y jóvenes, pues no ha aprendido a manejar dicha atracción para no convertirla en forzamiento de niños indefensos[i]

El pederasta comete un delito sexual y un grave error moral. “Si el objetivo es proteger a los niños del daño, como debería ser, entonces deberíamos dejar de estigmatizar la pedofilia per se y comenzar a estigmatizar (o seguir estigmatizando) a aquellos que realmente abusan sexualmente de los niños por cualquier razón, ya sean pedófilos o no“, escribía Brian D. Earp, investigador de ética y política de la Universidad de Oxford, en el blog Medical Ethics[ii].

En otras palabras, los pedófilos no infractores no deberían ser estigmatizados, siempre que no ofendan, ni se confundan con agresores sexuales, pero debería alentárseles a buscar tratamiento para su estado, antes de que provoquen daño a los niños al convertirse en pederastas.

Pasemos, entonces, a los pederastas. Existen dos grandes tipos de pederastas: el situacional y el preferencial. El primero es un tipo de abusador sexual que no tiene una sexualidad restringida a los menores. Con frecuencia tiene una pareja femenina con la que puede establecer relaciones hasta cierto punto normales. No tiene preferencia concreta por un tipo de víctima, sino que aprovecha las oportunidades que encuentra para cometer abuso. No es infrecuente que los pederastas de este tipo hayan sufrido abusos en su infancia. Es la clase más frecuente de pederasta ‒que aprovecha las situaciones que se le presentan, sin estar buscándolas‒ y el que más tiende a agredir a integrantes de su misma familia. Por su parte, el pederasta preferencial acostumbra atacar a un mayor número de víctimas y tener una vida más ligada a la búsqueda de su objeto de deseo. No suele contar con una pareja estable o, de tenerla, la utiliza como tapadera. Por lo general, tiende a localizarse cerca de lugares que donde haya acceso a menores. Suele tener un comportamiento más compulsivo que el situacional.

Si bien las circunstancias que rodean cada caso de pederastia son particulares y no todas las características son aplicables a todas las situaciones, existe una serie de elementos comunes a los diversos tipos de pederastas. Oscar Castilleo Mimenzapsicólogo de la Universidad de Barcelona, categoriza ocho rasgos y actitudes que los pederastas tienen en común: sexo y edad, rasgos de personalidad, falta de empatía, vínculo o relaciones de parentesco con las víctimas, búsqueda de contacto con menores, experiencias traumáticas previas, ausencia de violencia y tendencia a la autojustificación[iii].

Por lo general, el perfil típico de pederasta es el de un sujeto pedófilo de edad media o avanzada. Son varones de entre 30 y 50 años, si bien en muchos casos la conducta delictiva aparece desde la adolescencia. A pesar de que en su mayoría se trata de hombres, existe un cierto porcentaje de casos ‒que varía entre 10 y 25 %‒ en que las abusadoras son mujeres. En su mayoría, los perpetradores varones tienden a agredir a víctimas de entre 8 y 13 años. En agresiones sexuales efectuadas por mujeres se ha detectado que las víctimas tienden a ser menores de cinco años o adolescentes.

Tal y como ocurre en el caso de los violadores, por norma general los pederastas no tienden a presentar comportamientos extraños. Su conducta es típica y habitual en la mayoría de los ámbitos vitales. Sin embargo, sí es posible observar, especialmente en pederastas preferenciales, la existencia de algunos patrones de personalidad relativamente consistentes, como muy baja autoestima y poca tolerancia al estrés. En muchos casos la conducta se lleva a cabo de manera impulsiva, como manera de deshacerse de un estrés psicosocial. Además, muchos también presentan sentimientos de inferioridad, dificultades en sus relaciones interpersonales y un cierto nivel de inmadurez. Suelen ser reservados y retraídos.

Por norma general, los pederastas carecen de empatía, en el sentido en que son incapaces de conectar con el sufrimiento que su actuación genera en el menor atacado o eligen voluntariamente ignorar este hecho. Esta falta de empatía suele expresarse solo en algunos casos, no en todos los tipos de relaciones sociales que mantienen. De algún modo, dejan de tener empatía con ciertas personas a conveniencia, dependiendo de sus propósitos y motivaciones.

En la gran mayoría de los casos abusador y abusado mantienen algún tipo de vinculación, usualmente familiar, laboral o vecinal, siendo infrecuente que el acto de pederastia lo lleve a cabo un desconocido. Esto permite crear algún tipo de pacto que comprometa a ambas partes y que aporte cierta seguridad al agresor, una protección gracias a la cual será más difícil que se den las alarmas a tiempo y que las autoridades puedan averiguar qué está ocurriendo.

Es frecuente que pedófilos y pederastas tiendan a buscar el contacto frecuente con su objeto de deseo, los menores. Por ello, en muchos casos se vinculan al mundo de la educación o buscan residencia en lugares con fácil acceso a menores. De hecho, los pederastas son capaces de invertir meses o incluso años de contacto casi diario con niños y niñas antes de cometer un crimen. Crean una coartada a ojos de conocidos y vecinos de modo que al principio no parezca extraño que se rodeen de menores. Durante esta etapa minimizan el riesgo de que se les pueda detectar. Gracias a esta estrategia cada vez van ganando mayores posibilidades de estar a solas con los pequeños, pues cuentan con la confianza de terceros, y la aprovechan.

Aunque no es un hecho que define la pederastia, no es infrecuente que aquellos sujetos que llevan a cabo conductas de este tipo hayan sido a su vez maltratados y abusados en la infancia. Esto puede provocar que se dé un aprendizaje de la situación en que el niño acaba asociando sexualidad a situación abusiva y ya mayor replica la misma situación en la adultez.

Si bien en algunos casos ha habido elementos sádicos y crueles en la práctica de las actividades sexuales, normalmente resultado de experiencias traumáticas previas o producto de otras alteraciones mentales, por norma general los pederastas no suelen emplear la violencia. Su modus operandi suele basarse en el acercamiento y el establecimiento de una relación de confianza con la víctima por abusar, cosa especialmente evidente cuando tenemos en cuenta que la gran mayoría de casos conocidos se han dado entre individuos que se conocían de antemano. Ganan acceso a los menores por su trabajo, vínculos consanguíneos o a través de las redes sociales, fingiendo comprender las circunstancias vitales del menor y produciendo en ellos curiosidad y afecto, intentando aproximarse poco a poco. En muchos casos las propias víctimas no viven inicialmente el abuso como tal, siendo manipulados de manera que llegan a pensar que se trata de una especie de juego o una manera de relacionarse con el adulto en cuestión.

En muchos casos los pederastas manifiestan cierto alivio al ser detenidos, en especial aquellos casos en que presentan sensación de culpabilidad, pero por norma general los pederastas tienden a minimizar la importancia del acto o los daños causados a la víctima. Con frecuencia indican que la relación no es dañina para el menor, fue aceptada y/o deseada por este o que existe una vinculación afectiva que legitima el acto, lo que no genera remordimiento por el abuso cometido.

Por otro lado, aunque los estudios pueden diferir en sus conclusiones, diversos impactos en los menores abusados sexualmente suelen ser comunes[iv]. Es muy común que las víctimas de abuso sexual infantil o juvenil tengan trastornos depresivos y bipolares, con manifestaciones de ansiedad y depresión, así como baja autoestima, todo lo cual puede llevarlos a conductas autodestructivas, con ideas suicidas o intentos de suicidio.

Las relaciones interpersonales son las que suelen quedar más afectadas, tanto inicialmente como a largo plazo. Sus manifestaciones son un mayor aislamiento y ansiedad social, menor cantidad de amigos y de interacciones sociales y bajos niveles de participación en actividades comunitarias. También se da un desajuste en las relaciones de pareja ‒cuando las tienen‒ y el modo como aplican castigo físico a los hijos y/o las formas de expresar un rol maternal depreciado. Algunos optan por huir del hogar, con los peligros inherentes del medio ambiente que puede llevarlos a delinquir.

Otro problema que afecta con mayor frecuencia a estas víctimas son los dolores físicos sin razón médica que los justifique: cefaleas, fibromialgias y trastornos gastrointestinales causados por trastornos de la conducta alimentaria, especialmente de bulimia nerviosa. También se detectan crisis convulsivas no epilépticas, que cambian brevemente el comportamiento de una persona y parecen crisis epilépticas. Además, las víctimas de abuso sexual pueden presentar síntomas y trastornos por una alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno.

Finalmente, Browning y Lauman (2001) defienden que la sexualidad desadaptada es la consecuencia más extendida del abuso sexual infantil, que se manifiesta como una sexualidad insatisfecha y disfuncional, con conductas de riesgo sexual (como relaciones sexuales sin protección y mayor número de parejas) que los llevan a contraer enfermedades de transmisión sexual y sida. Expresiones límites son la prostitución y la maternidad temprana[v].


[i] Romero, Sarah y Daniel Delgado (2020). ¿Qué diferencia hay entre pedófilo y pederasta? Muy interesante, abril 29.   https://www.muyinteresante.es/cultura/arte-cultura/articulo/ique-diferencia-hay-entre-pedofilo-y-pederasta

[ii] Earp, Brian (2017), Pedophilia and Child Sexual Abuse Are Two Different Things — Confusing Them is Harmful to Children. Journal of Medical Ethics blog, November 11. 

[iii] Castillero Mimenza, Óscar (s.f.). Perfil psicológico del pederasta: 8 rasgos en común. https://psicologiaymente.com/forense/perfil-psicologico-pederasta

[iv] Beltrán Pereda, Noemí (2010). Consecuencias psicológicas a largo plazo del abuso sexual infantil. Papeles del Psicólogo, 2010, 31(2), 191-201.

http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1846.pdf

[v] Ibíd.

Reynaldo Pareja

Abril, 2021

3 Comentarios

Hernando Bernal A. 30 abril, 2021 - 2:42 pm

Reynaldo: claro, preciso y bien documentado el asunto desde el punto de vista médico y de formas de comportamiento. ¿Existen estudios que relacionen el asunto con el tema de la formación religiosa, la vocación sacerdotal, y/o la promesa o voto de castidad?. Porque creo que este fue el interés por el tema, dada la frecuencia con la cual el clero católico ha sido acusado. Saludos.

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Luis Arturo Vahos 2 mayo, 2021 - 4:48 pm

No tenía idea de que el asunto fuera tan complejo. Gracias Reynaldo.

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Reynaldo Pareja 3 mayo, 2021 - 10:11 am

Gracias Luis Arturo por tomarte el tiempo de leerlo y dejarmelo saber. Una respuesta es sirmpre bienvenida.

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