refugees, economic migrants, financial equalization
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Nuestro invitado nos introdujo en la ciencia de la economia política, que es diferente de la economia clásica y muchas veces está aislada de las ciencias sociales. Un recorrido rápido desde los precursores de la época clásica de la economía lo llevó hasta la corriente actual de la “ley de los mercados”. Los modelos políticos se fueron acercando a las visiones de la economía capitalista o socialista. Los valores de la socialdemocracia lo llevaron a presentar las soluciones planteadas por dos grandes pensadores económicos de hoy: Thomas Piketty y Esther Duflo.

Presentación al grupo “Exjesuitas en tertulia” el 22 de Abril del 2021
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En el artículo anterior sobre el mismo interrogante, el autor planteaba varias hipótesis acerca de las causas de la confrontación que está viviendo Cali desde hace 12 días. Aquí las complementa, basado en varias cifras escalofriantes.

El paro continúa. Van 12 días de manifestaciones, plantones y bloqueos, pero también de actos de vandalismo y violentos enfrentamientos con la fuerza pública, que han dejado demasiados muertos y heridos de ambas partes. Cali sigue siendo la ciudad donde la confrontación es más intensa ¿Cómo fue posible que llegáramos a esta situación y que se prolongue tanto? La semana pasada plantee algunas hipótesis que hoy quiero complementar.

Ante todo, el contexto social. El director del DANE presentó la semana pasada, en un foro organizado por la Universidad Javeriana, las cifras de la pobreza y la desigualdad en Cali. Los resultados del impacto de la pandemia en la ciudad son aterradores. Perdonarán los lectores la cantidad de cifras, pero son necesarias para entender lo que ha sucedido.

En país de ciegos el tuerto es rey, y a comienzos de 2020 la situación de Cali era menos mala que en el resto del país, con una tasa de pobreza de 21.9 % frente a un 35.7 % nacional; en pobreza extrema los porcentajes eran 4.7 y 9.6 respectivamente, y en el índice de desigualdad 0.46 y 0.52. En cuestión de empleo la situación de Cali sí era ligeramente peor: 12.1 frente a 11.5.

Entonces llegó la pandemia y todo empeoró en el país. Se perdieron los avances sociales de una década: la pobreza nacional llegó a 42.5 (un aumento de 7 puntos) y 3.5 millones de personas se volvieron pobres (un aumento de 20 %). También se agrandó la desigualdad medida por el índice de Gini, que pasó de 0.52 a 0.54, volviendo a los niveles de comienzos de siglo.

Lo que en el país fue tormenta, en Cali fue huracán. La tasa de pobreza aumentó 15 puntos (el doble de la nacional) ‒llegó a 36.3‒ y el número de pobres aumentó 67 %, es decir, más del triple de lo que pasó en el país. Otro indicador alarmante es la pérdida de ingresos de los más pobres: mientras que en el conjunto del país fue de 24 %, en Cali fue de 50 %.

No hay explicación clara de estas diferencias, sobre todo porque los aumentos del desempleo sí han sido similares. El DANE presenta la radiografía del enfermo y corresponde a las universidades y centros de investigación encontrar las causas. Lo que es evidente es que un deterioro de esta magnitud, así sea en la capital del cielo, es el caldo de cultivo más propicio para una explosión social como la que estamos viviendo.

De otro lado, en la prolongación del paro confluyen dos factores; por una parte, el objetivo de grupos criminales de todas las tendencias que han infiltrado la legítima protesta para crear caos y zozobra y, por otra, la lenta y tardía respuesta del gobierno, tanto para atender los justos reclamos de la población, como para enfrentar con más inteligencia y menos violencia los desmanes y el vandalismo.

Dos ejemplos de la equivocada respuesta oficial: si el gobierno no hubiera tardado cinco días en retirar la reforma tributaria y hubiera llamado al diálogo desde el principio, el paro no habría tenido tanto combustible para continuar. Y si en lugar de enfrentar con la fuerza los bloqueos en la ciudad y en las carreteras, cuando ya se habían organizado, hubiera identificado con inteligencia los sitios donde iban a producirse e impedido que se formaran,  se habrían evitado muchos muertos y heridos.

Mauricio Cabrera Galvis

Mayo 9, 2021

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Es inusual en nuestros viajes poner nuestra atención con afecto en nuestros medios de transporte, a menos que nos lleve en un ser vivo, como un caballo o un camello.  Esta vez, sin embargo, se mira afectuosamente un bus de transporte terrestre; singular sí, pero muy de nuestra idiosincrasia colombiana: un bus pirata.

Eran las 5 a.m. de un sábado de octubre, hace diez años. Aún recuerdo los detalles. Partíamos de Bogotá a Barranquilla. En la mano portaba ansioso el pasabordo frente al mostrador donde una rubia, vestida de rojo, se comunicaba con alguien a través del micrófono de su diadema negra, que lucía muy bien coronando su cabeza. La contemplaba encantado, hasta que habló a través del altoparlante, anunciando que nuestro avión no podía salir, porque tenía una falla mecánica. Ya no la vi tan bella, pues esa voz que informaba retrasos no correspondía con su estampa y hasta noté que sus enormes pestañas eran de plástico.

Hacia la costa caribeña partimos a las 10 a.m. Volamos sin sobresaltos ‒odio esos bancos de nubes que suben de repente las naves para dejarlas caer con estremecimientos que humedecen y enfrían mis manos‒. Esta vez pude dormir hasta el anuncio de “prepárense para aterrizar”. Tenía prisa. No solo dejé presuroso el avión, sino que subí a un taxi para llegar pronto al barrio Simón Bolívar, donde tomaría un bus para Santa Marta. Allá me esperaban familiares y amigos para disfrutar de unos días de arena, sol y mar. 

Mi prisa, sin embargo, no era asunto de la empresa Brasilia. Solo me ofrecía la posibilidad de partir a las 2 p.m. No sé si fue la sensación de calor o la dificultad de encontrar comida vegetariana lo que me impulsó a subir a un bus en la calle, haciendo caso omiso a quienes me habían advertido que era mala idea viajar en un bus “pirata”. Un joven pregonero anunciaba la partida inmediata de aquel automotor que avanzaba en marcha lenta y apenas cobraba $10.000 hasta Santa Marta, en su ruta hasta Maicao. Pagué esa suma al asistente, quien me dio un comprobante. Luego, noté que había otro asistente cobrando pasajes al fondo del bus. Casi inmediatamente entró otro, acompañando a una familia, a la cual asignó asientos, y después un cuarto personaje con otros pasajeros. En total, había cinco personas acompañándonos, dos de ellos “tiqueteando”.

Cuando no cabían más pasajeros apareció un personaje que demostraba, con sus ademanes y gestos, que estaba a cargo del bus. No solo revisó los comprobantes de pago, sino que exigió a uno de los asistentes que le entregara el dinero de la venta de los pasajes. Después de contar pasajeros y recontar dinero, sospechó que lo estaban “tumbando”. Lo comprobó al preguntarnos a unos pocos cuánto habíamos pagado y notar diferencia en nuestros recibos con respecto al dato que sus ayudantes anotaban. 

En mi caso me habían cobrado $10.000, aunque mi viaje terminara kilómetros antes de Santa Marta, pero anotaron $7000 en la planilla. Esto enfureció al dueño del negocio, quien se retiró vociferando en busca de los dos traidores, pero solo encontró a uno para confrontarlo con nuestra información; el otro ya no estaba. Después de amenazas de una parte, explicaciones y retorno de dinero al transportador (no a nosotros) todo volvió a la calma, con excepción de un pasajero que reclamó por lo suyo y fue bajado, sin contemplaciones, previa la devolución de su dinero. Los transportadores sabían que aquel día no había suficiente oferta de transporte y sí mucha demanda, pues era la víspera de un puente festivo.

La última discusión al inicio de este viaje, que no mostraba signos de arrancar, se dio entre el dueño y uno de los voceadores, quien reclamaba molesto su propina, pues había conseguido persuadir a dos pasajeros de tomar el transporte alternativo y no el de la empresa regulada. “Si te sirve la mitad, y el resto cuando regrese; tómalo. Si no, póngala como quiera, mijo”, fue la solución al impase y la señal de que, al fin, el automotor iniciaba su marcha. Tanto alboroto por la propina atrajo la atención de un policía de tránsito. Al requerir los documentos pertinentes, conductor y dueño bajaron para entablar una conversación con el agente estatal, cuyo contenido no fue posible escuchar. Parecía revisar documentos. Supongo que uno de esos papeles debió ser un billete, pues las sonrisas y el apretón de manos como despedida pareció indicarlo. Lo realmente significativo es que ahora sí comenzaba aquel viaje hacia mi destino.

Durante esos minutos de espera para que partiera el bus, estuve tentado de bajarme y  quedarme a la orilla de la vía, a la espera de otra opción, pero decidí correr el riesgo de la aventura en un transporte pirata, en parte porque ya me había familiarizado con algunos pasajeros, con quienes compartí galletas y nueces que traía conmigo y, sobre todo, porque contemplar el paisaje me curó de recelos: el mar a mi izquierda creaba ciénagas pequeñas y grandes, de innumerables formas, a las que nutría de vida marina, lo que aprovechaban pescadores con el agua arriba de la cintura o navegando en pequeñas canoas. Las bandadas de garzas y gaviotas moteaban de blanco el cielo azul, además de señalar a los pescadores por donde nadaban los peces. 

Esta visión teñida de ensueño me mantuvo entretenido hasta que el estruendo producido por el estallido de una de las llantas y el zigzagueo subsiguiente de aquel aparato que no se detenía ni se mantenía en su carril surgió como una pesadilla en la que parecía inminente una zambullida aparatosa en una de aquellas lagunas de agua salada. El terror se reflejaba en los rostros; solo una señora perdió el control y gritó. Sus vecinos procuraron calmarla y después la regañaron por su falta de fe y su llamado a la tragedia con su vocería. Cuando, al fin, el conductor pudo detener aquel rebelde automotor y bajó a revisar el daño, decidió que debía continuar el viaje en esas condiciones, con la promesa de andar muy lentamente y parar a reparar el daño en el peaje, 20 kilómetros adelante. La señora, furiosa esta vez, cambió sus gritos por reclamos y amenaza de una denuncia ante la policía, lo que no inquietó a los responsables del viaje. Incluso la calmaron con la idea de que, precisamente, en el peaje encontraría agentes de policía. Con cinismo se reían.

Era cierto; en el peaje había varios policías que eran viejos conocidos del conductor, quien se adelantó a contarles por qué había traído el bus hasta ese sitio con una llanta reventada, pues lo consideraba el mejor lugar de la zona para desvararse porque había dos montallantas a unos pasos de allí. Los policías estuvieron de acuerdo; su actitud condescendiente desanimó cualquier denuncia de nuestra parte. La curiosidad de los pasajeros ya no se centró en lo que la señora diría a la policía, pues nuestro interés estaba en enterarnos acerca de cómo se resolvería el problema técnico que nos detuvo. 

Las condiciones deplorables que ostentaba aquella rueda reventada y arrastrada varios kilómetros no auguraban solución fácil y rápida. También nos apremiaba la necesidad de encontrar sitios que pudiésemos utilizar como baños improvisados y la compra de algunas golosinas y refrescos para calmar el hambre y la sed. Le advertí al conductor que debajo del bus había una fuga de un líquido viscoso, seguramente de los frenos, pero me respondió: “lo que ve caer, amigo, no es del freno, sino del depósito del baño que está al lado. Es mejor que no lo verifique con sus dedos. Eso explica por qué ese servicio higiénico está cerrado”. 

Observé con detalle el estado de aquel aparato, en que había confiado cuando me prometieron un viaje rápido por solo $10.000. El tanque para el baño tenía un dispositivo de drenaje bien extraño: media botella de coca-cola litro invertida; una manguera rota descolgaba en otra parte, indicando que alguna vez aquel transporte dispuso de aire acondicionado; en uno de los costados, un golpe había dañado la puerta de un depósito de equipaje y abundaban los rayones sobre la pintura. Miré, entonces, aquel bus con respeto. Se me reveló de pronto como un viejo guerrero del asfalto, lleno de cicatrices y del que todos en la vía esperábamos algo: los pasajeros. un tiquete barato y el arribo a tiempo; los policías, su “mordida”; los vendedores, el  sustento diario; el montallantas, el pago de la reparación; los voceadores, la propina; los niños, la gran oportunidad de acompañar a sus mayores fuera de su casa y, hasta una prostituta, el disfrute de un paseo gratis en el asiento al lado del conductor. La de este viaje acompañaba a uno de los vendedores de tiquetes, no al chofer, aunque aprovechaba los descuidos de aquel, para mostrar sus atributos a los otros socios, sobre todo al dueño del bus. Cuando su amante del día notaba algo, marcaba su territorio con un beso o rodeando su talle con un brazo. 

A las cinco de la tarde me bajé de aquel guerrero y me dirigí al hotel. Me acompañaba una sensación ambigua: cierta urgencia de tomar una ducha y darle algo a mi estómago, mirar la cara de los amigos que me esperaban, saber de mi esposa e hija que venían en otro vuelo y cierta nostalgia de no haber compartido con mi amiga Joyce aquella aventura en esta tierra, para ella exótica: mi Colombia.  

Luis Arturo Vahos V.

Mayo, 2021

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En el artículo anterior, el autor definió y diferenció pedofilia y pederastia, y categorizó ocho rasgos y actitudes comunes a los pederastas ‒sexo y edad, rasgos personales, falta de empatía, parentesco con las víctimas, contacto con menores, experiencias traumáticas, ausencia de violencia y autojustificación‒. Ahora, se adentra en las relaciones entre pederastia y celibato sacerdotal.

A primera vista los aspectos comunes de los pederastas no implican una relación obligada con aquellas personas que han optado por el celibato como condición para ser ordenados sacerdotes. Sin embargo, varios de estos aspectos son fáciles de encontrar en sacerdotes o religiosos pederastas. Si alguno de ellos fue víctima de abuso sexual en su infancia, puede encontrar en el estado de célibe el ambiente perfecto para ocultar su trauma y después expresarlo con abusos similares en los niños con quienes tenga contacto frecuente. Este abuso experimentado en la niñez (y reiterado en otros años más tarde) no es un fenómeno aislado. Un estudio internacional llevado a cabo por Finkelhor en 1994[i] resume la prevalencia de abuso sexual infantil en 21 países. El estudio estableció tasas de prevalencia entre 7 y 36 % en mujeres y entre 3 y 29 % en hombres[ii].

El contacto con niños se facilita porque el sacerdote cuenta con un voto de confianza de los padres de familia: ellos asumen que la cercanía a sus hijos es bienintencionada, pues está instruyéndolos en temas religiosos o fomentando el desarrollo de las virtudes que habrán de convertirlos en buenos cristianos. Esta cercanía y contacto frecuente con los niños le permite al sacerdote pederasta desarrollar con uno o varios de los muchachos una relación amistosa que va progresivamente convirtiéndose en una relación de afecto que terminará expresándose sexualmente con algunos de ellos. De hecho, en muchos casos las propias víctimas no viven inicialmente el abuso como tal: son manipulados de manera que llegan a pensar que se trata de una especie de juego o una forma especial de relacionarse con ese sacerdote.

La falta de empatía del pederasta de ver y aceptar que su agresión causa sufrimiento real al menor atacado lleva con frecuencia al sacerdote pederasta a ignorar o minimizar la importancia del acto, o los daños causados a la víctima.Con frecuencia expresan, cuando son sometidos a interrogatorio, que la relación no ha sido dañina para el menor. Su máxima justificación llega a afirmar que el menor abusado ha aceptado y/o deseado esa relación. Cuando un sacerdote pederasta no es acusado o denunciado oportunamente por alguna de las víctimas, suele transcurrir un largo tiempo antes de ser capturado y juzgado, lo que le permite impactar la vida de decenas de niños. 

Jean Marc Sauvé, presidente de la Comisión de Investigación de Casos de Pederastia en Francia, precisó que 30 % de las víctimas tiene hoy más de 70 años y el 50 % entre 50 y 70 años y que el impacto en ellas son “vidas arruinadas, destruidas, una imposibilidad de vivir y una dificultad considerable para superarlo”[iii].  Esto explica por qué muchas víctimas han tardado tanto tiempo en denunciar a sus predadores. El impacto fue de tal envergadura que hasta que no llegaron a una edad adulta no se atrevieron a denunciar a esos sacerdotes pederastas, mientras que sufrían en silencio el impacto sicológico profundo y duradero que dichos traumas les causaron.

Lastimosamente. la pederastia dentro de la Iglesia católica no es un fenómeno aislado o local, sino una inaceptable y dolorosa realidad mundial. Es difícil encontrar estadísticas estandarizadas globales por la diversidad de culturas y hay pocos estudios sobre el tema, aunque en la última década se han hecho públicas más denuncias por parte de las víctimas, a la vez que se han realizado estudios de los abusos sexuales efectuados por pederastas. Esto ha permitido tener un inventario desconcertante de conductas de sacerdotes o religiosos que durante muchos años de ejercer la pederastia a escondidas finalmente han salido a la luz pública, dándole una insospechada dimensión al abominable ejercicio de una sexualidad no integrada.

La siguiente declaración del Arzobispo Silvano Tomasi contextualiza el problema en su dimensión global: 

El representante de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, informó en 2009, en una declaración ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que según las estadísticas internas del Vaticano entre el 1,5 % y el 5 % del clero católico estaba involucrado en casos de abusos sexuales a menores”[iv]

Entre 1964 y 1976 las dispensas en el clero secular sumaron 17.253. Utilizando la cifra intermedia entre 3 % y 5 % el dato arrojaría entre 518 y 863 sacerdotes del clero secular involucrados en abusos a menores. Si estos, en promedio, abusaron sexualmente entre 3 y 5 niños, se tendrían cifras inaceptables de víctimas: de 1554 a 3415 niños abusados[v].

En Europa y América se han identificado sacerdotes y religiosos católicos como abusadores sexuales de menores de edad en varios países[vi].  En España, Pepe Rodríguez, en La vida sexual del clero, reseña una investigación de 1955 del catedrático Félix López Sánchez, de la Universidad de Salamanca, publicada por el Ministerio de Asuntos Sociales de España: 4,17 % de los abusos a menores los hicieron religiosos a un universo de 262.587 abusos sexuales a niños de edad y 44.780 a niñas también menores: 307.367 niños y niñas abusadas sexualmente[vii].

Irlanda ofrece un número inaceptable de víctimas de sacerdotes: más de 14.500 niños. Las primeras acusaciones empezaron a revelarse a fines de los años 80. En octubre de 2005, una investigación del gobierno en una diócesis del condado de Wexford reveló más de 100 casos de abuso sexual a menores por miembros de la Iglesia católica. El Informe Ferns, de más de 271 páginas, exponía alegatos contra 21 sacerdotes que habían trabajado en la diócesis entre 1966 y 2002[viii]. El 20 de mayo de 2009, la Comisión Investigadora de Abusos de los Niños (Ryan Commission), tras casi 10 años de investigación, publicó un informe con más de 2000 testimonios que relatan abusos físicos y sexuales por responsables de internados de órdenes religiosas católicas. Es uno de los mayores casos de reconocimiento de abusos sexuales eclesiásticos: abarca más de 35.000 niños abusados en un período de 86 años (1914-2000)[ix].

La comisión independiente encargada de investigar los casos de pederastia en la Iglesia católica de Francia estima que en el país ha habido al menos 3000 menores víctimas de abuso sexual desde 1950, aunque un portavoz de la comisión afirmó que las denuncias recibidas durante los últimos meses abarcaban 5300 testimonios. El presidente de la comisión, Jean-Marc Sauvé, indicó en una conferencia de prensa que el número de agresores no era inferior a 1500.

En los Países Bajos miles de niños sufrieron abusos sexuales por parte de clérigos católicos durante más de seis décadas. Se identificaron alrededor de 800 posibles perpetradores, según una comisión de investigación independiente, que publicó el reporte en 2011. La comisión afirmó que recibió 1795 informes de abuso sexual de menores llevados a cabo por el clero. 

En Argentina hubo, entre 2004 y 2009, al menos cuatro sacerdotes condenados por abuso de menores, una cifra muy por debajo de la realidad no documentada.

En mayo de 2018, los 34 obispos integrantes de la Conferencia Episcopal de Chile presentaron su renuncia al Vaticano por haber ocultado abusos sexuales a menores.​ La renuncia la provocó el caso de Fernando Karadima, acusado por tres víctimas de abuso: José Andrés Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz. La Santa Sede lo declaró culpable en enero de 2011 y lo sometió a una vida de retiro en oración y penitencia y le prohibió, a perpetuidad, el ejercicio público de cualquier acto del ministerio, en particular la confesión y la dirección espiritual de cualquier clase de personas y asumir cualquier encargo en la organización Unión Sacerdotal, de la cual era miembro activo. El 23 de mayo de 2019, el arzobispado de Santiago de Chile se vio obligado “a entregar a cada uno de los tres demandantes un cheque por la cantidad de $146.935.981 pesos chilenos”[x].

En 2019, se hicieron acusaciones judiciales contra dos sacerdotes: la Santa Sede expulsó del estado clerical a un profesor en la Universidad de Costa Rica[xi]. Este se fugó del país y tiene orden internacional de captura. Otro, Jorge Arturo, buscado por abuso sexual, lo arrestaron las autoridades judiciales mientras intentaba escapar por la frontera con Panamá. A la fecha de escribir este texto, está en prisión preventiva. Diez sacerdotes más han sido acusados formalmente. Casos notorios son el del padre Minor, conocido por su microprograma televisivo Un encuentro con Cristo y como director de Radio María, quien fue interpelado por presuntas relaciones sexuales con un menor de edad mientras estaba en un automóvil, aunque nunca fue condenado por esto, y el del sacerdote Enrique V., que pudo huir del país asistido económicamente por dineros de la Iglesia girados por el arzobispo de San Carlos. ​

En 2010, la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual por Sacerdotes (SNAP) de México dio a conocer una lista de 65 sacerdotes acusados en Estados Unidos de abuso sexual, pertenecientes a varias diócesis mexicanas; algunos de ellos aún ejercen su ministerio. SNAP también ha acusado al arzobispo de México por haber protegido a varios de estos sacerdotes, particularmente al padre Nicolás R., procesado en Tehuacán por abuso sexual contra por lo menos 60 niños.​ La cuarta demanda contra este prelado la presentó SNAP ante un tribunal federal estadounidense en Los Ángeles. ​ El acto lo minimizó la Arquidiócesis Primada de México, que calificó la denuncia como “calumniosa”, “engaño mediático” y “oportunista”[xii].

Un informe de la BBC de 2004 declaró que en Estados Unidos 4 % del clero católico ha realizado prácticas sexuales con menores (cerca de 4000 sacerdotes durante los últimos 50 años), aunque solo entre 5 % y 10 % de las víctimas los ha denunciado, según Bárbara Blaine, presidenta de la Red de sobrevivientes de abusados por sacerdotes (SNAP)[xiii]. Un estudio de la National Review Board encontró que 4392 sacerdotes fueron acusados del abuso sexual de 10.667 menores entre 1950 y 2002. De ese total, cerca de 6700 casos presentaron suficientes pruebas; 3300 no fueron investigados porque los sacerdotes habían fallecido y 1000 no presentaron pruebas fiables para justificar una investigación[xiv].

En febrero de 2004, una investigación encargada por la Iglesia reveló que más de 4000 sacerdotes en Estados Unidos se han visto envueltos en acusaciones de abusos sexuales de más de 10.000 niños, la mayoría chicos, en los últimos 50 años. El 14 de agosto de 2018, el Fiscal General de Pensilvania, Josh Shapiro, dio a conocer un informe de documentos internos de seis diócesis católicas que hacía constar que más de 300 curas católicos abusaron de más de 1000 víctimas menores de edad y fueron encubiertos por la Iglesia católica de ese estado[xv].

Un informe indicó que los costos relacionados con estos problemas superaron los 570 millones de dólares por concepto de gastos legales, indemnizaciones, terapia para las víctimas y tratamiento para los infractores. Esa cifra no incluye 85 millones de dólares que pagó la arquidiócesis de Boston para resolver algunas de las demandas presentadas por las víctimas. La arquidiócesis de Boston, la cuarta diócesis católica estadounidense más grande, en donde comenzó la avalancha de escándalos, anunció a finales de mayo de 2005 el cierre de 65 de las 357 parroquias de su jurisdicción porque financieramente no podía sostenerlas después de los pagos a que había sido obligada[xvi].

Desafortunadamente, Colombia no ofrece registros tan detallados como los recién expuestos. De lo que se conoce, apenas hay 57 procesos penales contra sacerdotes por pederastia, la mayoría en Antioquia. En 2010 capturaron al clérigo Luis Enrique, que recibió una condena de 18 años y 4 meses por violar a dos niños de siete y nueve años en el Líbano (Tolima); había huido de la justicia durante casi tres años. Un programa periodístico publicó un informe de un sacerdote, representante de una fundación para niños, acusado de abuso sexual a varios menores de edad; sin embargo, no fue procesado judicialmente. Allí mismo mencionó a otro sacerdote, vicerrector de un colegio del sur de Bogotá, por un video grabado que alumnos entregaron a la policía nacional, donde abusaba a un menor de edad. Pese a esta denuncia, el sacerdote solo fue trasladado a otra diócesis.

Desde 2009, William de Jesús Mazo, párroco de la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, está recluido en la cárcel de Villahermosa, Cali, condenado a 33 años por violar a cuatro niños. En la cárcel de Manizales permanece Pedro Abelardo, párroco de Filadelfia, Caldas, condenado en 2008 a 21 años por abusar sexualmente de un joven con trastorno mental moderado. Otros casos son el del padre Víctor Manuel, de 40 años, capturado en Medellín por actos sexuales con menor de 13 años, en hechos ocurridos el 12 de agosto de 2013. Por otra parte, en 2011, el sacerdote Jairo Alzate fue condenado a siete años de prisión por el delito de acceso carnal abusivo y reiterado en Pereira, en 2008, a un menor de 10 años[xvii].

Otra historia de escándalo es la del padre Roberto Antonio Cadavid[xviii], que está en la lista negra de Estados Unidos, quien llegó a una parroquia en Brooklyn, Nueva York, con una recomendación de la arquidiócesis de Medellín. Su vida sacerdotal de más de 30 años está salpicada de acusaciones de pederastia. Hay pruebas de que él habría pagado a varias de sus víctimas para acallarlas. El obispo de Medellín, Ricardo Tobón López, ha sido cuestionado por su supuesta tolerancia de casos como el de este y otros sacerdotes que han logrado seguir ejerciendo su ministerio. 

Desde 2011, el espinoso tema de los sacerdotes pederastas entró en la agenda de la Conferencia Episcopal, aunque la curia está lejos de promover decididamente una revisión a fondo de lo que sucedió en el pasado, situación reconocida por el cardenal Rubén Salazar:   

“En el país no estamos capacitados todavía para hacer este tipo de investigaciones (…). Creo que aún nosotros no somos lo suficientemente conscientes de que este es un problema que ha afectado y sigue afectando a la Iglesia”[xix]

Es casi incomprensible que la Iglesia colombiana haya sido tan tibia en enfrentar con sinceridad y justicia el caso de sacerdotes pederastas y tomar acciones decisivas que dejen en claro que dicho comportamiento es indigno y malvado y que quien cometa tales actos será puesto en manos de la justicia penal para que reciba el merecido castigo. La Iglesia ha debido sancionar ejemplarmente, desde el principio, a todos los pederastas, retirándoles sus prerrogativas de ejercer las funciones sacerdotales y prohibiéndoles tener contacto con niños a los cuales podrían someter a su impulso sexual no controlado.

El primer argumento esgrimido por la Iglesia era que había salvar el prestigio de la misma. La forma más fácil de hacerlo, para evitar un escándalo que la desprestigiaría y le disminuiría creyentes que dejarían de confiar en la institución, era transferir al pederasta de una diócesis a otra, muchas veces sin advertir al párroco u obispo, que tendría como superior, la razón de fondo de su transferencia. Un segundo argumento, frente a la petición de que abolir el celibato reduciría los casos de pederastia, es que estos son consecuencia de la elección de personas sin una verdadera vocación, que deberían ser identificadas a tiempo. Sería indispensable conocer el perfil sexual de dichos candidatos para que las autoridades eclesiásticas advirtieran suficientemente temprano qué potenciales candidatos adolecen de algún rasgo de pedófilo o pederasta. Una vez identificados esos rasgos psicosexuales, la mano firme consiste en no ordenarlos, retirarlos del camino sacerdotal y hacerles caer en cuenta de la necesidad que tienen de tratamiento profesional médico. Este es un camino más seguro para reducir enormemente los futuros casos de abuso sexual de los niños por parte de sacerdotes regulares, así como de los de las órdenes religiosas. ¡Cuánto dolor evitarían a las potenciales víctimas y cuánto bien le haría a la Iglesia tener un clero que acepta su celibato con alegría y sin traumas que terminen hiriendo a niños indefensos por el resto de su vida!


[i] Finkelhor, D. (1994). The international epidemiology of child sexual abuse. Child Abuse & Neglect. 18, 409–417.

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/8032971/
[ii] Almendro Marín, María Teresa, Belén Eimil Ortiz, Raquel García Baró y Pilar Sánchez del Hoyo (2013). Abuso sexual en la infancia: consecuencias psicopatológicas a largo plazo. Revista de Psicopatología y salud mental del niño y del adolescente, 22, 51-63. 
https://www.fundacioorienta.com/wp-content/uploads/2019/02/Almendro-Maria-22.pdf

[iii] El Tiempo (2020), Francia calcula 3.000 casos de abuso sexual en la Iglesia desde 1950. Junio 17.  

https://www.eltiempo.com/mundo/europa/pederastia-en-la-iglesia-francia-calcula-al-menos-3-000-casos-de-abuso-sexual-desde-1950-507920

[iv] La Gaceta de la Iberoesfera (2014). ONU-Vaticano: las cifras reales. Febrero 5.

[v] Piccardo, Diego Rafael (2014). Breve historia de los últimos cincuenta años de la Iglesia Católica (1964-2014). Ciencia y Cultura, 18(32), 9-63.

http://www.scielo.org.bo/pdf/rcc/v18n32/v18n32_a02.pdf

[vi] Wikipedia. Casos de abuso sexual infantil cometidos por miembros de la Iglesia católica.

https://es.wikipedia.org/wiki/Casos_de_abuso_sexual_infantil_cometidos_por_miembros_de_la_Iglesia_cat%C3%B3lica

[vii] Rodríguez, Pepe (1995). La vida sexual del clero. Barcelona: Ediciones B.

[viii] Wikipedia, o. c.

[ix] Ibid.

[x] El Mostrador (2019). Caso Karadima: finalmente Arzobispado de Santiago pagó a víctimas millonaria indemnización ordenada por la justicia. Junio 12.                                                       https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2019/06/12/arzobispado-de-santiago-paga-a-victimas-del-caso-karadima-millonaria-indemnizacion-ordenada-por-la-corte-de-apelaciones/  

[xi] Wikipedia, o. c.

[xii] Ibid.

[xiii] Ibid.

[xiv] Ibid.

[xv] Ibid.

[xvi] Cullinane, Susannah (2019). Cronología: las denuncias de abuso sexual en la Iglesia católica en las últimas décadas. CNN, marzo 19
https://cnnespanol.cnn.com/2019/03/19/linea-de-tiempo-las-denuncias-de-abuso-sexual-en-la-iglesia-catolica-en-las-ultimas-decadas/

[xvii] Wikipedia, o. c.

[xviii] El caso de Cadavid y de otros sacerdotes ha sido detallado por Juan Pablo Barrientos (2019) en Dejad que los niños vengan a mí. Pederastia en la Iglesia católica de Colombia. Bogotá: Planeta.

[xix] El Tiempo (2019). Pederastia, la vergüenza de la Iglesia que se va develando en Colombia. Mayo 14.

https://www.eltiempo.com/vida/religion/casos-de-pederastia-de-la-iglesia-catolica-en-colombia-361196

Reynaldo Pareja

Mayo, 2021

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¡Por supuesto! Es posible y fascinante viajar a través de las historias mientras podemos empacar maletas y poner sellos en el pasaporte. Por eso, vale la pena recordar algunos de esos momentos sublimes, casi inefables, de nuestros viajes. Ya no es tan significativo el cómo fueron sino más bien cómo los recordamos, qué recordamos y por qué son tan fuertes y vívidas esas imágenes. 

No es nada fácil decidirse por un país, un recorrido, un lugar específico o una emoción particular. Con los textos pasa algo similar a lo que sucede con los amores: hay que decidirse por uno para entregarle la atención y cuidado, para ordenar los sentimientos, las ideas y, de esa manera, disfrutarlo debidamente y con todos los sentidos. Por eso, intentaré narrar mis recuerdos de lo vivido en los ghats de Varanasi, India, uniendo las experiencias de dos ocasiones en las que pude estar allí: en 2009, junto a la Academia Cultural Yurupary, y con la Facultad de Artes de la Universidad de Antioquia en 2016. 

Los viajes, sabemos, se parecen mucho a los libros porque, cuando se revisitan, esta vez en la imaginación, se ven, sienten y gozan de muy distinta manera. La maravilla está en que tanto relatos como lugares siguen siendo los mismos, pero nosotros cambiamos no solo de edad, sino también de experiencia interpretativa, de sensaciones, de emociones, de entendimientos. Esos lugares, al igual que los libros y los amores, parecen cada vez nuevos, diferentes y, por eso mismo, fascinantes, atractivos, adictivos. Todo vuelve a ser, si lo permitimos y deseamos, novedoso, seductor, interesante. 

Varanasi es el nombre oficial de la ciudad tradicionalmente conocida como Benarés, la de los templos, la sagrada, la de la luz. Con una población de cuatro millones de habitantes, irradia vida, bullicio y alegría. Pero, además, podría decirse que es la ciudad de la muerte. De acuerdo con la promesa del Dios Shiva, quien muera en Varanasi será liberado del ciclo de las reencarnaciones y, por lo tanto, su alma disfrutará de la luz divina, del Nirvana. Es debido a esto que muchos ancianos y enfermos de la madre India eligen pasar allí la última etapa de sus vidas. 

En la parte central de la ciudad hay una larga serie de imponentes edificios sobre la rivera del Ganges. Son templos y palacios que se conectan con el río a través de amplias escalinatas, los ghats. Cada vez que se llega a la experiencia fuerte y potente de Varanasi, parece que todo vuelve a moverse en una especie de circularidad, muy propia de la filosofía hinduista. El amanecer y el anochecer, como momentos del reiterado inicio y final del día, son los horarios más recomendables para vivir la experiencia de los gaths del Ganges, con su magia y ritualidad. 

La diosa Ganga 

Al sumergirse en el río Ganges, los hinduistas están ante su Diosa Ganga. De ninguna otra manera se entendería que todos, sin distinción alguna, se sumerjan en actitud de veneración. No se están mojando en un charco de agua, están ante el más sagrado de sus templos. Teóricamente, hay diferentes ghats para diferentes actividades: los de cremación, los de aseo y oración, las lavanderías. Aun así, los límites entre uno y otro no son claros y se confunden, lo que equivale a hacer todo en el mismo río, desde lavarse los dientes, asear el cuerpo y lavar la ropa, hasta orar y limpiar de todos los pecados de vidas pasadas a los seres queridos, entregando las cenizas de la cremación de sus cuerpos al río. 

El Ganges, hermoso, amplio y generoso recibe a todos sin distinción para purificarlos y permitirles el paso a otra forma de vida que dependerá de cómo se haya procedido en la anterior. Los niños menores de un año, las mujeres embarazadas, los sacerdotes, los leprosos y los muertos por picadura de serpiente no son cremados. Ellos ya están purificados. Asimismo, los cuerpos de las vacas, animales sagrados y dadores de vida también flotan río abajo. 

Las mortajas para los cuerpos humanos son una fiesta y se ven desfilar los cadáveres por muchos lugares rumbo al río, ataviados con prendas rojas, amarillas, naranjas. Es definitivamente conmovedor acompañar al hijo mayor del difunto, siempre de pie cerca al sacerdote, porque será quien inicie el encendido de la pira funeraria. Él rasurará completamente su cabeza como manifestación de luto y emprenderá una larga caminata. Para asegurarse de que la ceremonia transcurra en silencio, las mujeres no asisten a los ghats de cremación porque se cree que les es más difícil contener las lágrimas. Es tranquilizante que a las 5:00 de la mañana, en pleno y bello amanecer en el Ganges, el olor no nos recuerde para nada que es un cuerpo humano el que se está incinerando, porque prevalece el olor de la madera elegida: teca, mango o sándalo, según el presupuesto familiar. 

Según dicen, cada día se incineran unos 150 cuerpos. El cadáver se sumerge en el río antes de la incineración. Concluido el ritual, las cenizas se depositan en las aguas sagradas. Mientras tanto, en los ghats de oración, los fieles miran y rezan devotamente la salida del sol como ejercicio diario de lo que ha sido antes y será otra vez, y otra vez. Se trata de que cada uno se renueve diariamente, igual que el sol, el cual es sagrado, por supuesto, como casi todo lo demás; los millones de dioses en India tienen, todos y cada uno, su motivo y razón de ser. Estamos siendo testigos de honor allí porque es el círculo infinito de la vida que se renueva, de manera constante e infinita. En ese ciclo entramos todos, hombres, dioses, elementos de la naturaleza. 

Se encuentra uno allí, en los ghats, dramáticamente solo entre la multitud y los amigos viajeros, lleno de un maravilloso no se qué, pero en cualquier caso, sereno, emocionado, conmovido. Nadie tiene que indicar que nuestras cámaras fotográficas, sedientas de imágenes, permanezcan en reposo. La indicación se siente y se obedece de manera casi natural. No estamos ante ningún espectáculo, sino ante un sentido ritual de fe. Se nos permite presenciar una ceremonia ancestral que, por los siglos de los siglos, se ha realizado allí, en la hasta hace poco llamada Benarés, una de las ciudades más antiguas del mundo. 

Aparece, de manera natural, la oración privada por nuestros difuntos amados y por la hermosa vida. Es inexplicable por qué en pocos minutos se pasa de la extrañeza, la lejanía y el temor a ver este momento y sus personajes como si fueran hermanos, amigos de siempre y del alma. Nosotros, los viajeros extranjeros, lloramos en silencio para no alterar la conmovedora experiencia mientras reflexionamos sobre la pequeñez humana. Entra uno en una rara especie de comunión intercultural. Lo mismo que le sucede a Anita Delgado cuando, en Pasión India, entrega a su hijo para que sea bendecido por los hijras. Allí uno siente que el río es nuestro templo sagrado, sin distinciones religiosas o culturales, y que cada uno puede tener un encuentro directo con su idea de divinidad o con lo más profundo de su ser, si profesa el hermoso humanismo de Spinoza. Imposible dejar de preguntarse ante semejante celebración, más de vida que de muerte, cómo quiere uno ser recordado. 

Sería triste alcanzar a ver solo un río sucio y una gente extraña en los ghats de Varanasi. Esta experiencia puede ser tan devastadora como la vivida por Jorge Zalamea en El sueño de las escalinatas, quien vio en esas escenas el más desgarrador espectáculo de la miseria humana. O puede pasar, como fue mi caso, que dejé el alma cargada de una dulce sensación mística, como una especie de paz interior. 

Sospechar de la propia mirada 

Si en algo nos alerta Varanasi es respecto a nuestros prejuicios y miradas reduccionistas, porque cuando viajamos lo que se ensancha es nuestro criterio. Por eso los viajes son entrenamientos en interculturalidad, tolerancia, entendimiento, interreligiosidad, diversidad, respeto. Si viajamos para confirmar exclusivamente nuestra pobre y limitada verdad, determinados por la educación, religión, política y economía que llevamos puestas, no lograremos nunca afinar el oído y la mirada para que aquello diferente, contradictorio, confuso, incierto, que también nos constituye, sea valorado y considerado. 

Por el resto de mi vida tendré ante mí la imagen de un perrito en los gaths robándose un hueso humano que todavía tenía algo de carne y le sirvió para saciar su hambre. A ninguno de los nativos de India en el rito de cremación le pareció extraño aquello y a mí se me movieron las entrañas. Por un momento sentí aquella imagen como el más tremendo irrespeto al cuerpo sagrado de un ser humano. En pocos minutos logré reaccionar y comprender que estaba leyendo aquello con la torpeza de mi religiosidad, mas no espiritualidad. Por ejemplo, en muchas culturas, como la etíope o la tibetana, es costumbre dejar los cuerpos humanos a la intemperie para que los animales se alimenten. Esto es lo considerado como bueno y noble con la naturaleza. Nada tiene que ver, en absoluto, con faltas de respeto, veneración o dignidad. 

El problema fundamental está en creer que nuestra mirada es la única buena, válida, digna, salvadora y que lo que se aparta de ese entendimiento es malo, pecaminoso, peligroso o supremamente sospechoso. Es allí donde nacen tantos fundamentalismos y maltratos de todo orden. Vale la pena recordar que el mundo no es en blanco y negro. Tiene la inestimable riqueza de la diversidad, de las abundantes tonalidades del gris cuando va del blanco blanco al negro negro. Para lecciones de ese tipo es que vale la pena ir por el mundo intentando ser un mejor ser humano y manteniendo bajo control el cinismo de la simplificación y la arrogancia de sentirse el ombligo del universo. 

Gracias a lo aprendido en la Fundación Gandhi y a las conversaciones largas con mis amigos, indios e hinduistas, Harivadan y Hasita Shah, la mirada y el oído se me han ido afinando para descubrir la belleza y profundidad de la cultura de la India.

Luz Gabriela Gómez Restrepo

Fotos: Carlos Arturo Fernández Uribe

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Durante mis estudios en Alemania caí en la cuenta de lo más obvio: que Jesús no pudo haber fundado la Iglesia. Jesús de Nazaret fue un fiel judío, galileo rural, que conocía muy bien las Escrituras, visitaba con frecuencia el Templo, sacrificaba el cordero de Pascua y pugnó por devolver su sentido originario a la fe de su pueblo. Y si fue un judío fiel, mal podría haber querido dar origen a una fe diferente. 

Aunque se enfrentó con escribas y fariseos, no aparece en parte alguna que Jesús haya pretendido romper con el judaísmo ni crear su propia secta judía, llámese Sinagoga o Iglesia. Fueron más bien las autoridades religioso-políticas de Israel las que rompieron brutalmente con Jesús y sus seguidores, a los que persiguieron, encarcelaron o incluso condenaron a muerte, obligándolos a organizarse al margen de la Sinagoga. 

La persecución y muerte de Jesús y de sus seguidores emprendida por autoridades de la Sinagoga judía, la rápida expansión de la fe en Cristo en provincias no judías e incluso en la misma Roma, sede imperial, fueron haciendo que las nuevas comunidades creyentes perdieran sus vínculos con la tradición judía y comenzaran a concebirse como una comunidad distinta o incluso opuesta a la Sinagoga, como Iglesia de Cristo. Con base en esas circunstancias, Pablo de Tarso consumaría esta ruptura desde su propia experiencia y comprensión de la fe.

A este propósito, tan sensible para la Iglesia católica, resumo aquí los acontecimientos que se narran en los Hechos de los Apóstoles, texto escrito al parecer por Lucas, médico sirio que acompañó a Pablo en su viaje a Roma y presunto autor de uno de los Evangelios. Estas explicaciones quizás resulten demasiado largas para algún lector, pero asimismo demasiado cortas para la importancia del asunto en cuestión.

Hacia el año 36, Pablo y Bernabé explicaban su fe en Antioquía, una ciudad siria. Allí residían muchos judíos. Numerosos sirios (“paganos”) querían participar en sus reuniones y enseñanzas (Hechos 11,19-21, y sobre todo 11, 24-26). Sin embargo, algunos judíos alegaban que antes sería necesario circuncidarlos según el rito de Moisés; de lo contrario, no podrían salvarse (Hechos 15,1-2). 

El interrogante quedaba, pues, planteado: ¿era necesario someter a los ritos del judaísmo a los no judíos como condición previa para su admisión en la nueva comunidad creyente? Dicho de otro modo, ¿era la adhesión a Jesús una mera forma renovada de la fe judía? ¿O se trataba de una fe completamente nueva y diferente, en clara ruptura con la Sinagoga? La respuesta a esta pregunta crucial estaba todavía pendiente en el año 36 y seguiría aún sin resolverse por bastantes años más. Extraña y fundamental pregunta, que solo sería respondida por la fuerza de los hechos. 

Trece años después, en el año 49, Pablo viajó a Jerusalén. Se convocó entonces una asamblea (Gal 2,3-5) en la que se generó una fuerte discusión entre los dos bandos: los que consideraban el seguimiento de Jesús como prolongación de una fe judía purificada y renovada, y los que pensaban que se trataba de una fe radicalmente nueva. Para poner fin a la discusión y no dividir a la comunidad, Pedro, Santiago y Juan, dirigentes del grupo de Jerusalén, se dieron la mano con Pablo y Bernabé, y optaron por una solución ‘salomónica’ ‒es decir, pragmática‒, renunciando así a un acuerdo en los principios: mientras Pablo y Bernabé se encargarían de los paganos, Santiago, Pedro y Juan trabajarían con los judíos (Gal 2,9).

Como es evidente, esta solución expedita no resolvió las diferencias de fondo, que darían pie a nuevas controversias. Más tarde, Pedro viajó de visita hasta Antioquía y, tras vivir un tiempo allí, terminó por abandonar las costumbres judías: la observancia del sábado, los alimentos prohibidos, etc. Escandalizados, algunos judíos enviados desde Jerusalén al parecer por Santiago, el “hermano del Señor”, lo criticaron fuertemente. Entonces Pedro se acobardó una vez más, volvió a transformarse en judío fundamentalista e impuso a todos las leyes judías (Gal 2,12-13). Pablo no podía creerlo, y mucho menos después del acuerdo al que habían llegado trece años antes. En un duro discurso lo recriminó (Gal 2,11-21, sobre todo Gal 2, 21) y le increpó delante de todos los creyentes: “Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas a los paganos a que vivan como los judíos?” (Gal 2,14). 

Pedro –más cabeciduro que una piedra‒ no cedió. Quien quisiese ser cristiano debía convertirse antes en fiel judío. Para Pedro, así como para Santiago, Juan y los creyentes de Jerusalén, el seguimiento de Jesús era apenas una forma renovada de la fe judía. No les resultaba claro que Jesús fuese el Hijo único de Dios, ‘enviado por el Padre’ para salvar a toda la humanidad. Era, a lo más, el Mesías (el Ungido, el Elegido), cuya misión en la vida había sido purificar la fe de Israel. Crucial e incomprensible malentendido si Jesús se hubiera atribuido a sí mismo la condición de Hijo único de Dios. Además, posición incomprensible en Pedro, a quien la Iglesia católica considera como su piedra angular. 

De la discusión, Pablo salió derrotado. Decidió entonces abandonar Antioquía después de doce años de trabajo en la ciudad, y se lanzó como misionero ‘independiente’ por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina, enfatizando siempre la ruptura radical del cristianismo con la fe judía. “Si la salvación viene por la Ley (por el acatamiento de las instituciones y autoridades judías y el cumplimiento de sus prescripciones rituales y morales), la muerte de Jesús fue inútil” (Gal 2,21). La única Ley de Cristo es el amor como Jesús lo practicó. Finalmente, después de la muerte de Pablo, esta versión universalista y no meramente judía de la fe cristiana se fue imponiendo como norma general de la nueva Iglesia, incluyendo en ella al mismo Pedro. En beneficio de la Iglesia católica y del supuesto primado de Pedro, podríamos añadir que, con el transcurrir de los días, todos los seguidores de Jesús fueron admitiendo el liderazgo que ejercía Pedro en el grupo o “comunidad” inicial. 

La disputa entre Pedro y Pablo sobre algo tan central y decisivo como el alcance de la misión de Jesús es una buena muestra de cómo se fue gestando la fe. Me permitió comprender que la fe no había sido el producto de una ‘revelación’ puntual y milagrosa de Dios a través de unos personajes iluminados –así se llamaran Moisés, Ezequiel o incluso Jesús–, sino el resultado de una lenta e inspirada construcción colectiva de numerosas y dispersas comunidades creyentes. De hecho, según la mayoría de los expertos, los evangelios fueron escritos entre los años 65 y 100 d. C., esto es, entre unos 30 y 65 años después de la muerte de Jesús, y en cada uno de ellos se refleja el énfasis específico de la comunidad en la que se gestó. Por esta razón no es extraño que contengan notables diferencias e incluso contradicciones entre sí. 

Esta construcción comunitaria se basó seguramente en una fuerte inspiración de fe, que puede considerarse como de origen divino. Pero no fue una revelación tal como se la suele concebir, como si ‘Dios’ hablara al oído de voceros individuales. En su evolución posterior, sobre todo después del siglo IV, la fe se siguió definiendo a través de intensas disputas entre los llamados Padres de la Iglesia y mediante Concilios (del verbo conciliar o llegar a acuerdos entre quienes discrepan), controversias con frecuencia resueltas mediante mecanismos de poder, como acontece todavía hoy.

Poco se conoce sobre la evolución de las comunidades cristianas entre fines del siglo I y el IV. Lo cierto es que, durante aquellos años, esta floreciente red de comunidades se resistía, como Jesús, a toda religión que –como la judía o la romana– pretendiera amparar bajo el nombre de sus dioses los abusos de los poderosos contra los débiles. Por esa razón era perseguida. Su actitud, sumada a su rápido crecimiento, le valió la persecución tanto por parte de la Sinagoga judía en Israel como de Roma en su gran Imperio. 

Hacia el año 62, el sumo sacerdote judío hizo arrestar y dar muerte a Santiago, hijo del Zebedeo. Se cree que Pablo fue decapitado y Pedro murió crucificado boca abajo en Roma durante la persecución de Nerón. Al final del siglo I, de los apóstoles vivía tan solo Juan, que se había refugiado en Éfeso. La tortura y muerte de los cristianos en el circo romano fue la expresión de una persecución por razones religioso-políticas y no por “simples cuestiones de fe”, consideradas como las entendemos hoy, como asuntos privados.

Pero la crisis del Imperio y de sus tradicionales legitimaciones religiosas era profunda. En ese contexto, y a pesar del violento acoso, para el siglo IV el cristianismo se había difundido ampliamente, se había dotado de una vasta organización y había adquirido un gran poder social. Con la intención de exterminarlo, Nerón (64 d.C.), Domiciano (95), Trajano (107), Marco Aurelio (167), Septimio Severo (202), Maximino Trax (236), Decio (250) y Valeriano (258) adelantaron sendas persecuciones de mayor o menor intensidad. Diocleciano (245-316) la intensificó, pero su política anticristiana fracasó y terminó siendo eliminada por su sucesor, Constantino (285-337). 

La helenización del cristianismo

Al ingresar en el medio cultural del imperio, la fe en Jesús se “helenizó”, produciendo una profunda desviación de su mensaje. 

En el siglo IV, la sofisticada ciudad griega de Bizancio ejercía un vasto predominio cultural. Era tan profunda su influencia que el mismo Constantino consideró conveniente trasladar allí la sede del Imperio, cambiarle el nombre por el de Constantinopla (Constantino-polis, ciudad de Constantino, en griego antiguo), y legarle la ciudad de Roma, antigua sede imperial, a las autoridades cristianas. La Iglesia, por su parte, ya sumergida en la cultura helénica se hallaba fuertemente dividida por las controversias sobre la divinidad de Jesucristo, su relación con Dios Padre y la naturaleza de la Trinidad, problemas que solo podían tener significación para una sociedad intelectualmente encuadrada en la cultura griega. 

En lo que sigue, me limitaré a destacar algunas de las numerosas y profundas deformaciones inducidas por esa helenización de la fe cristiana que extravió los destinos de la Iglesia y siguen gravitando poderosamente en ella todavía hoy.

Una diferente concepción de la verdad 

Para la cultura judía y para el mismo Jesús la verdad no es una construcción intelectual ni radica en enunciados verbales. Es una práctica de vida, algo que se realiza en ella, una vida vivida en la verdad, es decir, con amor solidario. Así lo sintetiza Juan en las palabras que atribuye a Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6-14). Jesús es la verdad gracias al camino que recorrió en su vida, un camino de amor y entrega incondicional a su Padre en los demás, en particular en los más débiles. Y ese tipo de amor no traza fronteras, no discrimina ni excluye a nadie y admite infinitos grados y formas de expresión. 

Para la filosofía clásica griega, en cambio,  ‒y en particular para Aristóteles‒ ‘verdad’ es la perfecta adecuación de los conceptos intelectuales y los enunciados verbales a la realidad de las “cosas mismas”. Una sentencia que no se ajuste a la realidad de la cosa es para los griegos un error y se contrapone radicalmente a la verdad. Entre verdad y error no hay coexistencia posible. Esta concepción intelectualista y dualista tendría dramáticas consecuencias en la Iglesia. 

Por el contrario, Jesús no pide de sus seguidores ningún tipo de ortodoxia doctrinal. Su único mandamiento y el verdadero sello de identidad de sus seguidores ha de ser el amor generoso y solidario: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13,35). A su vez, rechaza con energía las prácticas egoístas, hipócritas y abusivas de sacerdotes, escribas y fariseos, que discriminan y oprimen a los más débiles. 

Sin embargo, al entrar en la cultura helénica, la fe en Jesús se transformó rápidamente en un apasionado campo de batalla doctrinal, muy ligado al ejercicio del poder. En el siglo IV los cristianos se hallaban públicamente enfrascados en encendidos debates intelectuales. Arrio, sacerdote y obispo libio, negaba la divinidad de Jesús, discutía su relación con Dios Padre y la existencia de la Trinidad. Las pugnas entre uno y otro bando derivaban a veces en violencia, amenazando así la paz y la unidad del imperio. Con el ánimo de ponerles fin, Constantino mismo convocó el Concilio de Nicea (325) y los 300 obispos allí reunidos, casi todos griegos, se esforzaron por traducir la fe en Jesucristo a los moldes culturales en los que la sociedad culta y ellos mismos comprendían el mundo.

Luis Alberto Restrepo M.

Mayo, 2021

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En el paro nacional que comenzó el 28 de abril, Cali fue la ciudad más afectada. Y los disturbios continuaron los días siguientes. La pregunta es por qué sucede esto en una ciudad que en el pasado se caracterizó por su civismo. Cualquiera que sea la causa, debe haber una fuerte reacción ciudadana contra toda clase de violencia.

Millones de personas participaron en el paro nacional del pasado 28 de abril y cientos de miles que salieron a las calles en todo el país para protestar contra el gobierno lo hicieron de manera pacífica. Pero en algunas ciudades, sobre todo en Cali, se desataron actos de violencia y vandalismo sin justificación ni relación alguna con las causas de la legítima protesta. ¿Por qué sucede esto en Cali?

Hay razones muy válidas para la protesta ciudadana: hambre, desempleo, encierro por la pandemia y mucha desigualdad. Basta ver los reportes entregados por el Dane esta semana, sobre el impresionante aumento de la pobreza, la miseria y el desempleo, para constatar que la situación social es una bomba de tiempo. El proyecto de reforma tributaria fue la chispa que la hizo estallar.

Dicho esto, hay que repetir la pregunta: si las marchas y manifestaciones fueron pacíficas en la inmensa mayoría de los 600 municipios del país en donde se realizaron, ¿por qué en Cali se desató la violencia? ¿Por qué continúa a pesar de los llamados de los organizadores del paro a que no haya más actos públicos?

No es fácil la respuesta y requiere un profundo análisis sociológico, pero se pueden plantear algunas hipótesis, a partir del hecho de que la mayoría de saqueos, bloqueos y actos de vandalismo son protagonizados por jóvenes. Una es el rápido y desordenado crecimiento de la ciudad generado por migraciones masivas de poblaciones del Pacífico y el Cauca, desplazados a su vez por la violencia o la falta de oportunidades, aumentado en los últimos años con los migrantes venezolanos.

Esto ha generado una urbe segmentada y segregada, con muchos habitantes sin sentido de pertenencia ni el reconocido sentido cívico de los caleños. Además, con niveles de desempleo muchísimo más altos que el promedio nacional, los jóvenes de esas comunas no ven futuro ni razones para cuidar o defender una ciudad que no les ofrece alternativas y frente a la cual solo sienten rabia y rencor.

Este contexto es propicio para que grupos criminales, narcotraficantes y otras especies recluten a estos jóvenes para quienes unos pesos ganados fácilmente son el camino de la supervivencia y el ascenso social. En medio de las protestas estos mismos jóvenes son convocados, y responden con celeridad, para el saqueo, los bloqueos y el enfrentamiento a la Fuerza Pública que en lugar de prevenir responde con la misma violencia insensata.

¿Quiénes se benefician de esta violencia? No son los organizadores del paro nacional que tienen objetivos políticos bien definidos: tumbar la reforma tributaria, oponerse al gobierno y ganar en las elecciones del año entrante. Para esos objetivos los desmanes son contraproducentes porque deslegitiman la protesta y generan una reacción contraria en muchos votantes, sobre todo de clase media, que les hace perder apoyo político.

Sí se benefician de una parte los delincuentes, y de otra los grupos de extrema derecha que encuentran argumentos populares para la represión, las políticas de mano dura, para sustentar sus propuestas de entregar armas a la población civil y lograr réditos electorales para sus candidatos que las promueven. Por eso no son absurdas las hipótesis de que por lo menos parte de los actos violentos y los desmanes son provocados por infiltrados de esas tendencias.

Cualquiera que sea la causa, debe haber una fuerte reacción ciudadana contra toda clase de violencia.

Mauricio Cabrera Galvis

Mayo, 2021

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La vida no está hecha de lo que ocurre, sino de la posibilidad de transformar eso en palabras.

El 23 de abril se celebra el día de nuestra lengua, conmemorando la muerte de Miguel de Cervantes en 1616. En esta ocasión quiero destacar el esfuerzo de las secretarías de Cultura y Educación de Bogotá para avanzar en las propuestas de estímulo a la lectura, la escritura y la oralidad que hace más de una década vienen impulsándose en la ciudad.

Nicolás Montero, secretario de Cultura, dice que “leer es soñar universos posibles, leer es atreverse a construir nuevas sendas de pensamiento, leer es extender la mano para encontrar la mano de los demás y tejer las redes que nos permiten crecer como comunidad, como sociedad, como ciudad. Leer es leer para la vida”.

Podría añadirse que la vida humana no está hecha de lo que ocurre, sino de la posibilidad de transformar en palabras lo que ocurre, para que la experiencia pueda irse desplegando en los relatos de un abuelo, en las cartas que alguna vez se enviaron por barco o por avión sobre mares y montañas, en los mensajes que se disparan de manera misteriosa e instantánea mezclando letras con voces y dibujos con canciones por WhatsApp. Las palabras, los textos en que las palabras mutan sus significados, los gestos que acompañan una conversación o los signos de puntuación que organizan el pensamiento son la vida misma de las personas.

Esta herramienta fantástica, cuya aparición requirió muchos miles de años de evolución, nos convirtió en una especie hecha de signos. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos como otros animales, pero no vivimos como ellos, porque tenemos la manera de viajar por el tiempo poniendo nombre a los recuerdos y describiendo con palabras mundos que todavía no han sido construidos. Podemos lanzar nuestras ideas, nuestros sueños y nuestros miedos dibujándolos en piedras, papiros, pergaminos, papeles y secuencias de ceros y unos para que vaguen por la historia dejando huellas y cayendo en la mente de quienes pueden leerlos.

Las palabras que los seres humanos hilamos para narrar nuestras vidas y denunciar los horrores que amenazan la existencia de comunidades, naciones y hasta del planeta pueden burlar todas las talanqueras y las censuras. Ellas salieron en papelitos minúsculos de los campos de concentración, han saltado los cercos de las dictaduras en radiodifusoras clandestinas, se cuelan en canciones y poemas en miles de lenguas. Pero las palabras también tienen su historia negra: han destruido vidas, estigmatizado pueblos, facilitado masacres, ensalzado criminales o dulcificado tragedias con eufemismos insólitos.

Nuestra lengua es un delicado instrumento que podemos usar de mil maneras: en buenas manos y conociéndola a fondo es fuente esperanzadora de grandes proyectos colectivos. Pero su pobreza también nos empobrece y nos aísla. Es triste no tener palabras suficientes para compartir la vida. Por eso, lo más importante en la educación de los niños es ayudarles a apropiarse de esta riqueza con la cual podrán vivir, amar, crear y perdurar. Enamorar a los niños desde su primera infancia de los libros es el mejor acto educativo. No es a través de sesudas teorías y planes como aprendemos a leer. Desde luego, hacen falta, pero el libro que se atesora, la historia que se lee a la hora de dormir una y otra vez como si siempre fuera nueva tienen una magia que nunca muere si además en la escuela se ofrecen los libros como alimento cotidiano, siempre disponibles, siempre llenos de cosas por descubrir. Enseñar a leer y escribir es un acto sublime de generosidad y una semilla perdurable de libertad.

Al pensar en la lectura y la ciudad viene a la mente Tamara, una de las ciudades invisibles de Italo Calvino: “La mirada recorre las calles como páginas escritas: la ciudad dice todo lo que debes pensar, te hace repetir su discurso, y mientras crees que visitas Tamara, no haces sino registrar los nombres con los cuales se define a sí misma”.

Francisco Cajiao

Mayo, 2021

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Continuando su tertulia inicial, Hernando Bernal nos hizo reflexionar sobre las etapas del  transhumanismo y poshumanismo a la luz de las implicaciones éticas de asuntos como la creación de los cyborgs, los implantes de órganos, las medicinas antiedad hasta llegar a la posibilidad de la inmortalidad. Planteó dilemas como conservacion vs transformación, imposición o no de  límites al desarrollo científico, potenciación y transformación para qué y cómo responder a temas como dignidad, libertad, autonomía y equidad en cada una de las alternativas del futuro.

Presentacion / tertulia con nuestro grupo el 15 de Abril, 2021
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En los países desarrollados los ricos pagan impuestos, y no reciben subsidios. Y los pobres reciben subsidios y no pagan impuestos. Entre nosotros, los ricos reciben subsidios y los pobres pagan impuestos. El dinero que se le entrega al hogar a través de programas como Familias en Acción, se le quita con IVA o prediales.

Es una novedad que en la exposición de motivos del proyecto de reforma tributaria se comience con la presentación del resultado neto que tiene la política fiscal en el Gini. Se retoman las comparaciones internacionales en las que se muestra el impacto distributivo de la conjunción de impuestos y transferencias. Se compara el Gini del ingreso inicial con el Gini del ingreso disponible, que es el resultado de la acción de la política fiscal (impuestos y transferencias).

El contraste entre los países es significativo. Colombia tiene dos características. El Gini del ingreso inicial es relativamente alto y, además, la política fiscal no lo baja. En los países desarrollados la situación es completamente distinta. El Gini final es considerablemente inferior al inicial. En Austria, por ejemplo, baja de 0,42 a 0,28. La explicación es sencilla. En los países desarrollados los ricos pagan impuestos, y no reciben subsidios. Y los pobres reciben subsidios y no pagan impuestos. Entre nosotros, los ricos reciben subsidios y los pobres pagan impuestos. El dinero que se le entrega al hogar a través de programas como Familias en Acción, se le quita con IVA o prediales.

Es un avance que en el proyecto de reforma tributaria se muestre al impacto de la política fiscal sobre la distribución. Y que se considere, de manera conjunta, la relación entre impuestos y transferencias. Esta mirada amplia facilita las discusiones sobre la equidad de la política fiscal.

El Ministerio de Hacienda es optimista. Compara un escenario “inercial”, en el que no se hace nada, con otro llamado “proyecto de ley”, que muestra los impactos que tendría la reforma tributaria, siempre y cuando se cumplan los supuestos macroeconómicos. En el 2025, los Gini en ambos escenarios serían de 0,546 y 0,467. Y en el 2030 de 0,532 y 0,437. Es decir, si se hacen las cosas como piensa el gobierno, y si el mundo se comporta como imagina el Ministro, la distribución del ingreso mejoraría de manera sustantiva.

El sueño de Hacienda difícilmente se logrará. Primero, porque a lo largo del proyecto se crea la falsa sensación de que un porcentaje importante de las rentas tendrá destinación específica, e irá para las transferencias sociales. La distribución de este gasto se hace explícita en el art. 18. Pero este supuesto es una ilusión. Los recursos no son de destinación específica. Una vez que la reforma se apruebe el gobierno bien puede destinar el dinero a comprar aviones de guerra.

Segundo, porque el número de hogares pobres todavía no es claro. Próximamente, el Dane publicará la cifra de pobreza correspondientes al 2020. Así que las estimaciones de Hacienda tendrán que cambiar.

Tercero, porque los supuestos macroeconómicos, como ha sucedido siempre, no se cumplirán. Basta comparar las proyecciones de todos los marcos fiscales de mediano plazo con lo que sucedió después, para concluir que las estimaciones fallaron. Siempre que se hacen estos ejercicios se olvida que el mundo es incierto.

Cuarto, porque para Hacienda el único Gini que importa es el de ingresos laborales, que resulta de las encuestas de hogares. Y en esta contabilidad no están los ricos. El Gini de ingresos labores puede disminuir, sencillamente porque la clase media tributa más. Una reforma que realmente busque la equidad tendría que crear los mecanismos que lleven a disminuir el Gini de la riqueza.

Jorge Iván González

Mayo, 2021

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Un análisis completo de la reforma tributaria que está en marcha debe responder tres preguntas: una, ¿se necesita?; dos, ¿qué debe incluir? Y, tres, ¿cuándo debe hacerse?

Con respecto a la pregunta de si es necesaria una reforma tributaria, no hay discusión: la coyuntura de la pandemia ha agrandado el hueco fiscal y se necesita recaudar ingresos adicionales para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Eso sí, no puede decirse que se requiere para financiar los programas contra la pobreza y la desigualdad, porque estos no pueden ser la cenicienta del gasto público y si no hay impuestos nuevos hay que recortar gastos inútiles del Estado.

En cuanto a su contenido, desde hace muchos años hay un amplio consenso de que el país necesita una reforma estructural que simplifique el régimen tributario y lo modifique para que cumpla los criterios constitucionales de equidad, progresividad y eficiencia. Esto quiere decir que se eliminen exenciones, que las rentas de capital de las personas naturales paguen más impuestos y que se disminuyan la evasión y la elusión.

La tercera pregunta es más complicada, porque el gobierno enfrenta la presión de los mercados financieros nacionales e internacionales para reducir el déficit fiscal pero, por otro lado, el mismo presidente Duque dijo hace unos meses que hacer una reforma tributaria en medio de la pandemia era suicida, porque subir impuestos reduce la demanda agregada y, por lo tanto, el empleo y el crecimiento.

El presidente tiene razón, salvo en un caso específico, que en los textos de economía se conoce como el “multiplicador del presupuesto balanceado”. Es “balanceado” porque ocurre cuando el gobierno sube los impuestos en una cierta cantidad, pero aumenta el gasto en la misma cuantía, y no se disminuye la demanda agregada. Por el contrario, se aumenta, porque para pagar los impuestos los particulares disminuyen su consumo, pero también sus ahorros, de manera que el aumento del gasto público es mayor que la disminución del consumo privado. Por eso hay un multiplicador que estimula el crecimiento y el empleo.

La mala noticia es que ese no es el caso con el proyecto de reforma presentado por el gobierno y, por lo tanto, sí va a producirse el suicidio pronosticado por el presidente. En efecto, según las cifras del Ministerio de Hacienda, la reforma aspira a recaudar $23.4 billones, pero el aumento del gasto será solo de $7.2 billones: $4.6 billones para el Ingreso Solidario, $1.8 billones para devolución del IVA y $0.8 billones para otros programas y subsidios.

El resto del nuevo recaudo se dedicará a reducir el déficit fiscal y la deuda pública, objetivos necesarios, pero no en medio de la aguda recesión económica que ha generado la pandemia y su manejo. Tal como está planteada, esta reforma frenará la recuperación y aumentará el desempleo; por eso, es inoportuna y debe aplazarse, sin que eso implique que deba aplazarse un programa de ingreso mínimo garantizado para los pobres y vulnerables.

De todas maneras es urgente aumentar ya los ingresos del fisco, pero afortunadamente hay otras alternativas para hacerlo que afectan mucho menos la demanda y el empleo, como la propuesta del presidente de la Andi de suspender los beneficios tributarios creados en la reforma de 2019, el Iva a las transacciones de finca raíz, el aumento de las regalías al oro y otras que analizaré posteriormente.

Mauricio Cabrera Galvis

Abril, 2021

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El agente topo, de la chilena Maite Alberdi (37 años) es la única película latinoamericana que compite en los premios Óscar este 2021. Su obra es una valiente docuficción que, cual espejo, nos devuelve la imagen de las consecuencias de ser viejo en nuestras “modernas sociedades”.

“… Los residentes se sienten solos…, no los vienen a visitar y a algunos ya los abandonaron. La soledad es lo más grave de este lugar…” escribe en su diario Sergio, el agente topo de 84 años, casi al final de la película.

Lo que él narra es lo que se vive en las casas de retiro para ancianos, en las residencias para la tercera edad, en las casas de reposo, en los centros de retiro para mayores, eufemismos todos de una cruda realidad: depósitos de viejos. La sociedad de las innovadoras tecnologías no sabe qué hacer con ellos. Ya no son productivos, estorban, se los arrincona, se los jubila y se los abandona, lo que acelera el deterioro de su calidad de vida, haciéndolos totalmente dependientes. Temas de los que nos cuesta hablar, pero que debemos hacerlo.

Y, como siempre, surge el negocio: “¿Están ustedes listos para dejar su hogar y unirse a una casa de retiro? ¿Reducir las responsabilidades es importante para ustedes? ¿Se ven viviendo en un porvenir en ambientes de amistad y respeto, y en compañía de otros adultos mayores? ¿Necesitan de servicios médicos cercanos?¿Se imaginan recibiendo ayuda extra a futuro con actividades cotidianas, como vestirse y bañarse? (…) Contáctennos, ya sea a través de este sitio web o en nuestras instalaciones. Les atenderemos con cordialidad y profesionalismo. Recuerden que la mejor casa de retiro la encontrarán en Lúmina Senior Care. ¡Gracias por su visita!”[1].

En España, el impacto del coronavirus en las residencias de mayores ha sido de 29.457 muertes desde el inicio de la pandemia[2] donde, además, se encontraron condiciones fatales: casi ninguna contaba con la atención médica especializada para el tratamiento del covid-19. Carecían de equipos de protección y los profesionales y técnicos que los atendían comenzaron a caer por el contagio. Pasaron a veces días y semanas en que los cadáveres “compartieron espacios” con los vivos porque había otras prioridades…

Pero lo peor de todo fue la decisión de las autoridades de Madrid: impidieron que muchos de los residentes pudieran recibir la atención médica en los hospitales colapsados y… dieron prioridad a otros segmentos de la población, excluyendo así a las personas mayores.

Surgen, entonces, las preguntas claves: ¿cómo deseamos envejecer? ¿Cómo queremos que nuestra población envejezca dignamente? El futuro está en juego. Los chilenos están poniendo este tema sobre la mesa para la preparación de una nueva Constitución. 

No puedo dejar de referirme a una de nuestras recientes tertulias cuando hablábamos con Hernando Bernal del transhumanismo y del futuro cercano de los ciborgs: es duro constatar que el ritmo vertiginoso de las nuevas tecnologías tarde tanto para convertirse en políticas en favor del bienestar cotidiano de la población porque, además, todo esto, incluidas las residencias en cuestión, es directamente proporcional a la capacidad adquisitiva. 

El debate queda abierto…

Jorge Luis Puerta

Abril, 2021


[1] http://luminaseniorcare.com/casas-de-retiro-para-adultos-mayores/

[2] https://www.rtve.es/noticias/20210322/radiografia-del-coronavirus-residencias-ancianos-espana/2011609.shtml

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Pedofilia y pederastia son términos que suelen confundirse y utilizarse en forma intercambiable, cuando cada uno tiene su definición precisa. Una puede tolerarse (pero tratarse) y la otra debe perseguirse y castigarse. Es necesario evitar esta confusión

El diccionario de la Real Academia define pedofilia como atracción erótica o sexual que un adulto siente hacia niños o adolescentes. A su vez, pederastia es definida como abuso sexual cometido con niños. Esta distinción es necesaria, pues de inmediato indica dos niveles diferentes de su expresión en la acción: el pedófilo tiene solo atracción sexual; el pederasta llega al abuso sexual. 

Internet ofrece información que aclara la diferencia y apunta a las implicaciones de ambos términos.  Pedofilia proviene del griego páis, un sustantivo que se aplicaba exclusivamente a los varones de 13 a 19 años, es decir, entre la nubilidad ‒el inicio de la edad reproductiva‒ y el final de la adolescencia. A este término se añade filia, que significa amistad, amor y protección o afecto espiritual. En la antigua Grecia era una práctica común que los púberes tuvieran relaciones sexuales consentidas con sus docentes para promover lazos entre ambos: esto se denominaba pedofilia. Los pedófilos o paidófilos, según algunos helenistas, eran aquellos varones que gustaban anímicamente de jóvenes y se sentían atraídos por personas de mucha menos edad. 

Pederastia proviene de paídes (plural de páis) y eráo (amar con pasión). Hace referencia a los hombres que desean sexualmente a niños y adolescentes masculinos. La principal diferencia que se ha ido remarcando durante los últimos años es que un pedófilo siente una atracción por muchachos jóvenes, pero no necesariamente desemboca en una acción concreta o consumación de dichos deseos, mientras que un pederasta siente la misma atracción que el pedófilo, pero su atracción desemboca en un abuso sexual.

Mientras que la pedofilia se define como una parafilia (un tipo de trastorno sexual caracterizado por fantasías recurrentes), la pederastia es, además de parafilia, una práctica delictiva derivada de ella, que provoca graves repercusiones en el desarrollo psicológico, social y sexual de la víctima. Por norma general, todos los pederastas son pedófilos, pero no todos los pedófilos son pederastas.

Según la evidencia científica, la mayoría de las personas con pedofilia reprimen este tipo de deseo y no actúan sobre jóvenes por razones morales y no suelen buscar tratamiento de un especialista. No hacerlo puede conducir a que un pedófilo pase de la simple atracción (que no es mala en sí misma) a la agresión sexual a niños y jóvenes, pues no ha aprendido a manejar dicha atracción para no convertirla en forzamiento de niños indefensos[i]

El pederasta comete un delito sexual y un grave error moral. “Si el objetivo es proteger a los niños del daño, como debería ser, entonces deberíamos dejar de estigmatizar la pedofilia per se y comenzar a estigmatizar (o seguir estigmatizando) a aquellos que realmente abusan sexualmente de los niños por cualquier razón, ya sean pedófilos o no“, escribía Brian D. Earp, investigador de ética y política de la Universidad de Oxford, en el blog Medical Ethics[ii].

En otras palabras, los pedófilos no infractores no deberían ser estigmatizados, siempre que no ofendan, ni se confundan con agresores sexuales, pero debería alentárseles a buscar tratamiento para su estado, antes de que provoquen daño a los niños al convertirse en pederastas.

Pasemos, entonces, a los pederastas. Existen dos grandes tipos de pederastas: el situacional y el preferencial. El primero es un tipo de abusador sexual que no tiene una sexualidad restringida a los menores. Con frecuencia tiene una pareja femenina con la que puede establecer relaciones hasta cierto punto normales. No tiene preferencia concreta por un tipo de víctima, sino que aprovecha las oportunidades que encuentra para cometer abuso. No es infrecuente que los pederastas de este tipo hayan sufrido abusos en su infancia. Es la clase más frecuente de pederasta ‒que aprovecha las situaciones que se le presentan, sin estar buscándolas‒ y el que más tiende a agredir a integrantes de su misma familia. Por su parte, el pederasta preferencial acostumbra atacar a un mayor número de víctimas y tener una vida más ligada a la búsqueda de su objeto de deseo. No suele contar con una pareja estable o, de tenerla, la utiliza como tapadera. Por lo general, tiende a localizarse cerca de lugares que donde haya acceso a menores. Suele tener un comportamiento más compulsivo que el situacional.

Si bien las circunstancias que rodean cada caso de pederastia son particulares y no todas las características son aplicables a todas las situaciones, existe una serie de elementos comunes a los diversos tipos de pederastas. Oscar Castilleo Mimenzapsicólogo de la Universidad de Barcelona, categoriza ocho rasgos y actitudes que los pederastas tienen en común: sexo y edad, rasgos de personalidad, falta de empatía, vínculo o relaciones de parentesco con las víctimas, búsqueda de contacto con menores, experiencias traumáticas previas, ausencia de violencia y tendencia a la autojustificación[iii].

Por lo general, el perfil típico de pederasta es el de un sujeto pedófilo de edad media o avanzada. Son varones de entre 30 y 50 años, si bien en muchos casos la conducta delictiva aparece desde la adolescencia. A pesar de que en su mayoría se trata de hombres, existe un cierto porcentaje de casos ‒que varía entre 10 y 25 %‒ en que las abusadoras son mujeres. En su mayoría, los perpetradores varones tienden a agredir a víctimas de entre 8 y 13 años. En agresiones sexuales efectuadas por mujeres se ha detectado que las víctimas tienden a ser menores de cinco años o adolescentes.

Tal y como ocurre en el caso de los violadores, por norma general los pederastas no tienden a presentar comportamientos extraños. Su conducta es típica y habitual en la mayoría de los ámbitos vitales. Sin embargo, sí es posible observar, especialmente en pederastas preferenciales, la existencia de algunos patrones de personalidad relativamente consistentes, como muy baja autoestima y poca tolerancia al estrés. En muchos casos la conducta se lleva a cabo de manera impulsiva, como manera de deshacerse de un estrés psicosocial. Además, muchos también presentan sentimientos de inferioridad, dificultades en sus relaciones interpersonales y un cierto nivel de inmadurez. Suelen ser reservados y retraídos.

Por norma general, los pederastas carecen de empatía, en el sentido en que son incapaces de conectar con el sufrimiento que su actuación genera en el menor atacado o eligen voluntariamente ignorar este hecho. Esta falta de empatía suele expresarse solo en algunos casos, no en todos los tipos de relaciones sociales que mantienen. De algún modo, dejan de tener empatía con ciertas personas a conveniencia, dependiendo de sus propósitos y motivaciones.

En la gran mayoría de los casos abusador y abusado mantienen algún tipo de vinculación, usualmente familiar, laboral o vecinal, siendo infrecuente que el acto de pederastia lo lleve a cabo un desconocido. Esto permite crear algún tipo de pacto que comprometa a ambas partes y que aporte cierta seguridad al agresor, una protección gracias a la cual será más difícil que se den las alarmas a tiempo y que las autoridades puedan averiguar qué está ocurriendo.

Es frecuente que pedófilos y pederastas tiendan a buscar el contacto frecuente con su objeto de deseo, los menores. Por ello, en muchos casos se vinculan al mundo de la educación o buscan residencia en lugares con fácil acceso a menores. De hecho, los pederastas son capaces de invertir meses o incluso años de contacto casi diario con niños y niñas antes de cometer un crimen. Crean una coartada a ojos de conocidos y vecinos de modo que al principio no parezca extraño que se rodeen de menores. Durante esta etapa minimizan el riesgo de que se les pueda detectar. Gracias a esta estrategia cada vez van ganando mayores posibilidades de estar a solas con los pequeños, pues cuentan con la confianza de terceros, y la aprovechan.

Aunque no es un hecho que define la pederastia, no es infrecuente que aquellos sujetos que llevan a cabo conductas de este tipo hayan sido a su vez maltratados y abusados en la infancia. Esto puede provocar que se dé un aprendizaje de la situación en que el niño acaba asociando sexualidad a situación abusiva y ya mayor replica la misma situación en la adultez.

Si bien en algunos casos ha habido elementos sádicos y crueles en la práctica de las actividades sexuales, normalmente resultado de experiencias traumáticas previas o producto de otras alteraciones mentales, por norma general los pederastas no suelen emplear la violencia. Su modus operandi suele basarse en el acercamiento y el establecimiento de una relación de confianza con la víctima por abusar, cosa especialmente evidente cuando tenemos en cuenta que la gran mayoría de casos conocidos se han dado entre individuos que se conocían de antemano. Ganan acceso a los menores por su trabajo, vínculos consanguíneos o a través de las redes sociales, fingiendo comprender las circunstancias vitales del menor y produciendo en ellos curiosidad y afecto, intentando aproximarse poco a poco. En muchos casos las propias víctimas no viven inicialmente el abuso como tal, siendo manipulados de manera que llegan a pensar que se trata de una especie de juego o una manera de relacionarse con el adulto en cuestión.

En muchos casos los pederastas manifiestan cierto alivio al ser detenidos, en especial aquellos casos en que presentan sensación de culpabilidad, pero por norma general los pederastas tienden a minimizar la importancia del acto o los daños causados a la víctima. Con frecuencia indican que la relación no es dañina para el menor, fue aceptada y/o deseada por este o que existe una vinculación afectiva que legitima el acto, lo que no genera remordimiento por el abuso cometido.

Por otro lado, aunque los estudios pueden diferir en sus conclusiones, diversos impactos en los menores abusados sexualmente suelen ser comunes[iv]. Es muy común que las víctimas de abuso sexual infantil o juvenil tengan trastornos depresivos y bipolares, con manifestaciones de ansiedad y depresión, así como baja autoestima, todo lo cual puede llevarlos a conductas autodestructivas, con ideas suicidas o intentos de suicidio.

Las relaciones interpersonales son las que suelen quedar más afectadas, tanto inicialmente como a largo plazo. Sus manifestaciones son un mayor aislamiento y ansiedad social, menor cantidad de amigos y de interacciones sociales y bajos niveles de participación en actividades comunitarias. También se da un desajuste en las relaciones de pareja ‒cuando las tienen‒ y el modo como aplican castigo físico a los hijos y/o las formas de expresar un rol maternal depreciado. Algunos optan por huir del hogar, con los peligros inherentes del medio ambiente que puede llevarlos a delinquir.

Otro problema que afecta con mayor frecuencia a estas víctimas son los dolores físicos sin razón médica que los justifique: cefaleas, fibromialgias y trastornos gastrointestinales causados por trastornos de la conducta alimentaria, especialmente de bulimia nerviosa. También se detectan crisis convulsivas no epilépticas, que cambian brevemente el comportamiento de una persona y parecen crisis epilépticas. Además, las víctimas de abuso sexual pueden presentar síntomas y trastornos por una alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno.

Finalmente, Browning y Lauman (2001) defienden que la sexualidad desadaptada es la consecuencia más extendida del abuso sexual infantil, que se manifiesta como una sexualidad insatisfecha y disfuncional, con conductas de riesgo sexual (como relaciones sexuales sin protección y mayor número de parejas) que los llevan a contraer enfermedades de transmisión sexual y sida. Expresiones límites son la prostitución y la maternidad temprana[v].


[i] Romero, Sarah y Daniel Delgado (2020). ¿Qué diferencia hay entre pedófilo y pederasta? Muy interesante, abril 29.   https://www.muyinteresante.es/cultura/arte-cultura/articulo/ique-diferencia-hay-entre-pedofilo-y-pederasta

[ii] Earp, Brian (2017), Pedophilia and Child Sexual Abuse Are Two Different Things — Confusing Them is Harmful to Children. Journal of Medical Ethics blog, November 11. 

[iii] Castillero Mimenza, Óscar (s.f.). Perfil psicológico del pederasta: 8 rasgos en común. https://psicologiaymente.com/forense/perfil-psicologico-pederasta

[iv] Beltrán Pereda, Noemí (2010). Consecuencias psicológicas a largo plazo del abuso sexual infantil. Papeles del Psicólogo, 2010, 31(2), 191-201.

http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/1846.pdf

[v] Ibíd.

Reynaldo Pareja

Abril, 2021

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El ingenio de los pájaros, escrito por Jennifer Ackerman, está lleno de anécdotas que muestran que las aves tienen capacidades cognitivas asombrosas. Cuando se las somete a pruebas de inteligencia, todavía no se sabe si lo que se está midiendo son sus habilidades para resolver problemas, su afán de probar novedades o su grado de atrevimiento.

Una de las anécdotas de El ingenio de los pájaros expone cómo un grupo de cuervos descubrió una estrategia para acceder al fruto de las nueces, que, si dejaban caer al piso, no siempre se rompían. Las ponían en el paso de peatones y al cambiar el semáforo los automóviles pasaban y las trituraban. Entonces, los cuervos bajaban a recoger el fruto obtenido ¡gracias a su ingenio! Encontré muchas otras historias en el libro que señalan las asombrosas capacidades cognitivas de las aves.

Las aves conforman la única fauna presente, prácticamente, en todo el planeta en el que están hace más de cien millones de años. Hay cerca de diez mil cuatrocientas especies de aves y son más numerosas que las de mamíferos. A fines del siglo XX había más de treinta pájaros vivos por persona. Sus antepasados fueron los dinosaurios, los pocos dinosaurios afortunados y flexibles que sobrevivieron al cataclismo que los acabó.

Los pájaros son animales con una inteligencia fascinante. Algunas especies muestran formas de inteligencia semejantes a las de los primates e incluso a las de los seres humanos; por ejemplo, su gran habilidad social: engañan y manipulan, escuchan a escondidas, hacen regalos, se besan para consolarse, chantajean a sus parejas, se alertan mutuamente del peligro, convocan a testigos para presenciar la muerte de otra ave e incluso hacen duelo.

Normalmente se mide la inteligencia por el tamaño del cerebro. Decimos ‘cabeza de chorlito’ (a quien es alocado o atolondrado), porque creemos que los pájaros son meros autómatas, voladores y picoteadores, que no pueden pensar con cerebros tan pequeños. Pero no es así: investigaciones in situ y en laboratorios, han ubicado especies de aves capaces de hazañas mentales comparables a las detectadas en primates. Para ser inteligente necesariamente no hay que tener una corteza cerebral dispuesta en capas, como las de nuestro cerebro. Se ha encontrado que el cerebro de los pájaros está organizado de manera distinta: sus neuronas están colocadas como cabezas de ajo, mientras el nuestro está ordenado más como una lasaña.

Es difícil medir la inteligencia en los animales y faltan pruebas estandarizadas de cociente intelectual en ellos. Lo que hoy se hace es diseñar rompecabezas para detectar su grado de cognición, medir la tardanza en resolver el problema y la rapidez para adquirir nuevas tácticas de resolución, pero todavía no sabemos con seguridad qué se está midiendo: si las habilidades del ave para resolver problemas, si su afán de probar novedades o su grado de atrevimiento.

Se ha encontrado una especie que crea diseños coloridos con bayas, fragmentos de vidrio y flores para atraer a las hembras y otra que esconde hasta treinta y tres mil semillas esparcidas por docenas de kilómetros cuadrados y meses más tarde todavía recuerda dónde las ocultó. Otra especie resuelve un rompecabezas clásico a la velocidad de un niño de cinco años, y otra es experta en abrir cerraduras. Algunos pájaros son capaces de contar y realizar cálculos matemáticos simples, de fabricar sus propias herramientas, de moverse al ritmo de la música, de entender principios básicos de física, de recordar el pasado y de hacer planes para el futuro.

Se empieza ya a descubrir que las aves manifiestan sentimientos de tristeza o alegría. Las que viajan en pareja durante varias temporadas, forman vínculos de apego, pero si pierden a su compañero evidencian un duelo. Pareciera ser una emoción real que indica una pérdida. Y hay un pájaro fantástico, llamado kea, que parece tener sentido del humor. Es un chistoso: interactúa con la gente y busca cómo hacerse más molesto (un humor de tipo circense).

Los pájaros también muestran aptitudes estéticas o que poseen sentido de lo bello o lo feo; por ejemplo, los pergoleros machos de Australia y Nueva Guinea construyen arcos con ramitas, las decoran con objetos brillantes y coloridos para impresionar y para seducir a las hembras, lo cual muestra un desarrollado sentido estético. En el refugio cantan y bailan para conquistar, pero allí no anidan. Solo arman “teatros de seducción” para cantar y danzar a fin de conquistar su hembra. Y ellas prefieren a los machos que construyen pérgolas simétricas y bien hechas, para lo cual, el macho necesita mucha habilidad. 

Además de volar, otra ventaja de las aves es su habilidad para modular su sueño profundo: abren un solo ojo, ubican el sueño de ondas lentas en una mitad del cerebro y conservan la otra mitad alerta. Vuelan dormidas y permanecen atentas a los depredadores.

La autora nos invita a adoptar una nueva mirada sobre los pájaros: ellos hablan, trabajan, juegan, son padres y piensan; hay mucho que apreciar sobre cortejo, amistad y sobre sus cantos. Disfrutemos viendo cómo juegan. Una de las cosas que me gusta hacer en estos tiempos de cuarentena es sentarme en mi balcón y observar las interacciones de los pájaros. Descubro sus interesantes dinámicas sociales, aprecio que tienen habilidades técnicas y empiezo a notar cosas. Y todo esto con la ayuda del libro El ingenio de los pájaros escrito por Jennifer Ackerman.

Carlos A. Posada S. 

Abril, 2021

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Einstein dijo: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.

Hasta este momento la gente mayor ha vivido más. No han fallecido de muerte prematura ni repentina, tampoco de un cáncer terminal o en un accidente. Tienen por delante menos tiempo de vida que los más jóvenes, y lo saben, esa es su certeza, pero ya no tienen encima las incertidumbres que se padecen en la juventud sobre tantas cosas. Sin dejarse mortificar, ojalá que no, con la frase triste del filósofo que definió al humano como “un ser para la muerte”, los adultos mayores, grupo al que pertenecemos quienes ya superamos la barrera de los sesenta y tantos años, no buscamos aventuras sin rumbo, pero sí las de un mundo mejor que este, en lo que nos queda por vivir.

Sobrevivientes hasta ahora del naufragio, somos, eso sí, seres vulnerables que podemos morir más pronto que tarde del Covid-19 si nos contagiamos. Por eso nos clasifican entre quienes van a recibir de primeros la vacuna, lo cual puede ser visto como una ventaja. Ese es el balance provisional que nos arroja el presente. Pero cargamos con un dolor punzante cuando miramos a nuestros hijos, a los nietos y sobrinos, a los estudiantes jóvenes, a quienes les enseñamos algo sobre la vida, porque a ellos les aguarda un futuro aún incierto a mediano y largo plazo. Es verdad que el porvenir siempre ha sido un desconocido que, paradójicamente, es la semilla de la esperanza. Me han surgido estos pensamientos tras leer las noticias sobre los bachilleres de distintas regiones del país que batieron el récord al obtener el máximo puntaje, 500 sobre 500, en las pruebas Saber del Icfes. Lo que supone que en el año 2020, cuando todos se encontraban en el mayor encierro inimaginable por causa de la pandemia, sin asistir a clases presenciales, estudiando en sus casas frente a un computador, se sobrepusieron a las circunstancias adversas, contrariando al miedo, la angustia, el desespero, que esta insólita situación producida por el virus nos ha causado. No tienen el futuro asegurado, es cierto, pero sí cuentan con su propia voluntad de superación, con la voluntad de poder, en el mejor sentido en que Nietzsche la entendió, para labrar un mundo diferente, quizás completamente nuevo.

Lo que se anuncia es un mañana de mayores conflictos regionales, de calentamiento global, de desempleo, de pobreza. Pero lo que estamos presenciando, al tiempo, es que la ciencia y los conocimientos avanzan enormemente. Hay cientos de miles de científicos investigando problemas concretos y encontrando soluciones, si no perfectas al menos deseables, como es el caso de la vacuna contra el coronavirus, las propuestas económicas para lograr un mundo con un enfoque que alivie la pobreza global como lo hicieron los Premio Nobel de Economía 2019, las acciones colectivas crecientes para enfrentar el deterioro del medio ambiente como lo promueven Greta Thunberg y las nuevas medidas del presidente Biden. Como si hablara a través de los jóvenes de los mejores puntajes del Icfes,  Einstein había dicho: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”

Jesús Ferro Bayona

Abril, 2021

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