EL DANUBIO AZUL

Por Vicente Alcala
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El rio atraviesa, desde hace siglos, la bella ciudad de Budapest, pero durante muchos años se tiñó de rojo; hoy sigue fluyendo con nueva vida. 

El famoso vals El Danubio Azul de Johann Strauss (1867) nos trasporta a las Rapsodias Húngaras de Franz Listz (1847) y a las Danzas Húngaras de Johannes Brahms (1853). Los tres músicos románticos están muy ligados a Viena y a Budapest. 

Así no conozcamos mucho del Imperio Austro Húngaro, sabemos que formalmente duró entre 1867 y 1918; por eso, Budapest está muy relacionada con Viena, especialmente durante esa época. 

En los siguientes párrafos compartiré algunas impresiones del reciente y privilegiado viaje a Budapest, con mi familia para celebrar los 80 años de Elssye; haré una brevísima referencia a la historia de Hungría y ofreceré algunas imágenes. Espero que este sencillo escrito despierte la curiosidad de los que no han visitado esta hermosa ciudad y reavive los recuerdos de quienes ya han tenido la oportunidad de disfrutarla. 

Hungría tiene una historia mucho más amplia, de la que sólo destacaré varios momentos de su capital.

-La mayor parte del territorio de la actual Hungría perteneció al Imperio Romano a través de la Provincia de Panonia; al norte de la actual Budapest se puede visitar Aquincum, que fue una importante ciudad y campamento militar; hoy se conservan valiosos vestigios de la cultura romana, 

entre los cuales llama especialmente la atención un órgano de agua. Con una bomba, el agua impulsaba el aire, que al pasar por los tubos producía el sonido; aunque era un invento griego, los romanos lo utilizaron, como en esta ciudad de Aquincum en la que se encontraron fragmentos que permitieron su reconstrucción que muestra la foto. 

-En el año 1000, el rey Esteban funda el reino cristiano de Hungría. Desde entonces se le venera nacionalmente como San Esteban. La fiesta en su honor se celebra el 20 de agosto, durante la cual se disfrutan -en vivo- danzas populares del folclor húngaro y destacan los espectaculares fuegos artificiales. En la Basílica de San Esteban sorprende la imagen del rey, presidiendo el altar mayor; tranquiliza un poco el destacado texto del letrero superior: S. Rex Stephane intercede pro nobis apud Regem saeculorum (Santo Rey Esteban intercede por nosotros ante el Rey de los siglos). 

-Desde 1541 hasta 1699, el Imperio Otomano dominó la mayoría de los territorios húngaros. 

–La Budapest actual se creó el 17 de noviembre de 1873 con la unificación de Pest, a una orilla del Danubio, y Buda-Óbuda, a la otra orilla. Entre las principales construcciones de esta parte de la ciudad se encuentran el Baluarte de los Pescadores, la iglesia de San Matías… 

Y el Palacio de Buda

-En la orilla de Pest destaca el Parlamento que es la sede de la Asamblea Nacional de Hungría. Es el mayor edificio de Hungría y supera al Parlamento de Londres y al de Berlín, entre otros de los mayores parlamentos del mundo. Se terminó su construcción en 1904, después de 19 años de trabajo de diseñadores, artistas, arquitectos, constructores y demás trabajadores. 

Hungría es ocupada en 1944 por Alemania y posteriormente por la Unión Soviética. La afirmación de que el rio durante muchos años se tiñó de rojo se refiere a los genocidios perpetrados por las dictaduras de los nazis y de los comunistas (especialmente contra los judíos húngaros) y posteriormente en la represión sangrienta de la URSS a la Revolución húngara en 1956. En la sede del Museo del Terror de Budapest se documentan y se recuerdan los horrores de las masacres que asesinaron, al menos, a unas 400.000 personas.

-En 1989 se produce la caída del régimen comunista y, con ella, la transición para Hungría hacia una república democrática. 

Los hitos históricos, tan breve y sintéticamente recorridos, nos corroboran, una vez más, los dinamismos de:

  1. desarrollo, crecimiento, progreso…
  2. decadencia, retroceso, deterioro…
  3. recuperación, reconstrucción, restauración…
  1. El progreso y desarrollo de Hungría, desde las épocas imperiales, se manifiesta en Budapest en sus actuales avenidas, edificios señoriales, monumentos, parques, palacios, templos y sedes religiosas, salas de arte y de música, academias y museos, entre otros.
  2. La decadencia, deterioro y destrucción se resumen en los efectos de los regímenes de opresión, dictadura, sometimiento y represión.
  3. La recuperación, reconstrucción social y restauración se evidencian en la actualidad, desde la caída del régimen comunista y la transición a una república democrática, y en su ingreso a la Otan, a la Unión Europea y al espacio Schengen. En vivo, se siente también el tercer dinamismo, el de restauración.   

Para conocer a Hungría habría que disfrutar unas 36 ciudades con sus bellas construcciones y los campos que las rodean, pero basta -como muestra- una visita a Budapest para apreciar la belleza de este país.

El Danubio sigue siendo testigo, actor y acompañante de la cultura, la civilización y de la vida social de la nación húngara. 

Vicente Alcalá Colacios

Octubre, 2026

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Esta tertulia se centró en una presentación del Padre Nelson Velandia S.J. sobre la contribución de los jesuitas en el desarrollo de las ciencias naturales en Colombia durante los siglos XIX y XX. Nelson explicó la hipótesis de una “red epistémica jesuita” que conectaba instituciones, personas y publicaciones a nivel nacional e internacional, destacando figuras como Jesús Emilio Ramírez, Carlos Ortiz, y otros científicos jesuitas que trabajaron en astronomía, física y geofísica. Compartimos orgullosos esta tertulia con nuestros lectores.

Haz click aquí para disfrutar de esta tertulia : https://youtu.be/9R5HdJRk_Bw

Exjesuitas en tertulia-Sesión # 305- 24 de Septiembre, 2026

Resumen:
La reunión se centró en una presentación del Padre Nelson Velandia S.J. sobre la contribución de los jesuitas en el desarrollo de las ciencias naturales en Colombia durante los siglos XIX y XX. Nelson explicó la hipótesis de una “red epistémica jesuita” que conectaba instituciones, personas y publicaciones a nivel nacional e internacional, destacando figuras como Jesús Emilio Ramírez, Carlos Ortiz, y otros científicos jesuitas que trabajaron en astronomía, física y geofísica. Los participantes compartieron memorias personales sobre sus experiencias con estos científicos jesuitas en colegios como San Bartolomé la Merced, incluyendo anécdotas sobre laboratorios, observatorios y la formación científica recibida. La discusión también abordó cómo la inteligencia artificial está impactando el trabajo científico actual y la relación entre fe y ciencia en la tradición jesuita.

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Vender un activo del Estado no sirve para reducir el déficit fiscal, y puede ser un mal negocio si este activo es rentable y produce utilidades.

Ante el enorme déficit fiscal que enfrenta Colombia ha vuelto a aparecer una vieja propuesta: vender parte de Ecopetrol para conseguir recursos y aliviar las finanzas públicas. La idea parece atractiva, pero antes de hacer las cuentas de la lechera hay que precisar qué se está proponiendo, porque en el afán de reducir el déficit se mezcla toda clase de propuestas, incluso algunas que no tienen relación con las finanzas del Estado, como la venta de las acciones de ISA que son propiedad de Ecopetrol. 

La capitalización no es venta

La ley 1118 de 2006 autorizó que inversionistas privados adquirieran hasta 20 % del capital accionario de Ecopetrol; dado que hoy tienen 11.51 %, existe la posibilidad legal de que adquieran el 8.49% restante, que hoy serían unos 4.300 millones de acciones que si se vendieran al precio de Bolsa (alrededor de $2.700) tendrían un valor de $11.6 billones. Una suma muy importante que ilusiona a cualquier ministro de Hacienda.

Sin embargo, debe recordarse que hay dos alternativas diferentes para privatizar una empresa pública. La primera es que la Nación venda acciones que hoy son de su propiedad, en cuyo caso el Estado recibe los recursos de la venta, pero disminuye su participación en la empresa. La segunda es que Ecopetrol emita nuevas acciones para que sean adquiridas por inversionistas privados. En este caso se capitaliza la empresa, pero los recursos entran a Ecopetrol, no a la Nación y, además, al aumentar el número de acciones, disminuye su participación porcentual en los dividendos futuros.

La distinción es fundamental porque a veces se habla de ambas operaciones como si fueran equivalentes para las finanzas públicas. No lo son, y lo que autorizó la ley 1118 fue únicamente la segunda alternativa, de manera que si lo que se busca es que la Nación venda sus acciones, deben buscarse nuevas autorizaciones legales y surtir todo el proceso de la Ley 226, lo que podría tardar hasta dos años.

Desde el punto de vista de la caja de la Nación, la emisión de nuevas acciones de Ecopetrol tendría el mismo efecto que la venta de alguno de sus activos, como por ejemplo, el 51 % de las acciones de ISA. Como los recursos de estas operaciones entran a Ecopetrol y no a la Nación, algunos han propuesto que la petrolera los use para decretar un dividendo extraordinario que sí disminuiría el déficit fiscal. Es una ingeniosa argucia financiera, muy perjudicial para Ecopetrol, porque le quita un activo productivo y le reduce el patrimonio (es decir, la descapitaliza) al obligarla a aumentar la repartición de dividendos, con el agravante que una parte de ellos iría a los inversionistas privados.

Vender la nevera para pagar el mercado  

En gracia a la discusión, supongamos que se logran todas las autorizaciones para que la Nación venda el 8.49 % de Ecopetrol y obtenga, al precio de Bolsa, alrededor de $12 billones. ¿Ha reducido el déficit fiscal en ese monto? No, por una razón muy sencilla: en la contabilidad fiscal, la venta de un activo financiero del Estado no constituye un ingreso corriente que reduzca el déficit. Es una operación patrimonial. El Estado cambia un activo ‒acciones de Ecopetrol‒ por otro activo ‒dinero‒. 

En otro artificio financiero se ha propuesto que con los recursos de la venta se pague deuda de la Nación; hacia el futuro se disminuirán los intereses que debe pagar el Gobierno, pero acá cabe una consideración técnica.

Un inversionista privado que compre acciones de Ecopetrol calculará cuánto está dispuesto a pagar hoy por los dividendos y flujos de caja que espera recibir en el futuro. Para traer esos flujos futuros a valor presente utilizará una tasa de descuento que refleje el riesgo de su inversión.

Sin embargo, la Nación no es un inversionista privado y la tasa de descuento relevante para valorar los flujos fiscales que recibe de Ecopetrol puede ser inferior a la del privado; por eso, el precio que el mercado está dispuesto a pagar por las acciones puede ser inferior al valor presente que esas mismas acciones tienen para el Estado, precisamente porque este puede valorar los flujos futuros con una tasa de descuento menor. Por lo tanto, hay que comparar el precio recibido hoy con el valor presente de todos los dividendos futuros que dejan de recibirse.

En otras palabras, es necesario analizar si el Estado crea o destruye valor al cambiar una participación en una empresa que es muy rentable por una reducción de deuda. La respuesta de la sabiduría popular es que no hay que vender la gallina de los huevos de oro, porque se queda sin la gallina y sin los huevos.

Vender Ecopetrol puede modificar el patrimonio y la deuda del Estado, pero no desaparece el déficit fiscal. Si el problema es que cada año los gastos superan los ingresos, vender activos públicos no resuelve la causa del problema. 

El déficit solo se corrige haciendo que, de manera permanente, suban los ingresos y bajen los gastos del gobierno. Para eso no existen atajos patrimoniales que reemplacen una reforma tributaria y una estrategia de reducir el gasto. No puede venderse la nevera para pagar el mercado.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

Resumen Gráfico -IA

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Recientemente nos encontramos 27 integrantes del grupo de “Amigos de toda la vida” para recorrer algunos lugares de las “bravas tierras de Santander”, como las nombró el maestro Jorge Villamil en su vals “Si pasas por San Gil”. Nos convocó la alegría de compartir este tiempo valioso de nuestras vidas y volver a ver rostros y sonrisas queridas, “en vivo y en directo”. Sin embargo, ninguno imaginó que estaríamos cerca de lo que pudo ser una tragedia enorme. Gracias a la acción eficaz de muchos, hoy puedo contar algo de esta experiencia que, definitivamente, no deseo repetir. 

El jueves 17 de septiembre desayunamos con afán para entregar los chalets del hotel donde nos hospedamos en Zapatoca, cuna de nuestros amigos Gabriel Díaz, Marlio Gómez y de sus nobles y recordados ancestros. 

Salimos luego de las 9 de la mañana, con la ilusión de llegar a Barichara al caer la tarde o, con suerte, un poco antes de las cinco. El guía nos advirtió que haríamos una parada en La Fuente y, más tarde, también en Guane. Allí, luego de recorrer sus calles emblemáticas y cargadas de historias viejas, almorzaríamos en un buen lugar para llegar finalmente a Barichara. Viajaríamos en un bus más pequeño que el que veníamos utilizando desde Bucaramanga. La razón del cambio de transporte no la entendí claramente, pero la aceptamos sin protestar.

23 viajeros nos acomodamos en el bus emergente y ubicamos carteras, morrales pequeños, bastones y pertenencias en el compartimento superior. Dejé allí mi mochila de Unicef con el computador y las cosas indispensables que llevo a mano normalmente. Mientras avanzaba por la carretera destapada y llena de curvas, el bus arrojaba a lado y lado un “polvero” sobre las ya rucias hojas de los árboles. Como pasajero, con el bamboleo y las vueltas, mi cabeza y mi estómago se resienten y tuve que cerrar los ojos para distraerme del mareo. 

Hacia las 11 am, más o menos, nos detuvimos en La Fuente, un corregimiento pequeño con una linda placita sombreada de árboles tropicales ubicada frente a la Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias. En sus bancas de cemento se refugian bajo la sombra pobladores y visitantes que escapan del sol y alivian el calor. Allí, en uno de los rincones me senté y pude respirar para tranquilizar la “maluquera” que ya comenzaba a incomodarme. Después de unos minutos entré a la capilla y en silencio escuché las oraciones de un parroquiano devoto que proclamaba el nombre de Dios con los ojos cerrados cerca del altar. 

Supe que era el sacerdote que, por casualidad, visitaba ese día la capilla y pedía protección para todos y atención para los afectados por el reciente terremoto del 10 de agosto. Estaba de pie junto a un antiguo cuadro de la Virgen de las Angustias que le da nombre al templo. Cuando se retiró, caminé por la nave central hasta el pedestal donde se exhibía la imagen, la miré con cuidado y oré por todos los viajeros y por mis hijos ausentes, desperdigados en diferentes países. Hoy sé que la madre de Dios nos protegió de lo que íbamos a enfrentar poco después. Al salir de la iglesia, en la tienda cercana, recuperé plenamente el aliento con un cafecito que me supo a gloria antes de subir al bus para continuar hacia Guane. 

Unos diez minutos después de continuar el viaje, un golpe seco y una orden perentoria que me pareció casi un grito, me hizo abrir los ojos:

  • “¡Bájense todos del bus lo más rápido posible! ¡Bájense ya!”

Ludwig, nuestro guía, acababa de abrir la puerta del bus de una patada. Sabíamos que algo malo estaba ocurriendo. Nos levantamos instantáneamente. Tomé mi morral y me lo cargué en la espalda. Vi correr al voluminoso conductor tratando de ubicar la causa del humo que salía por debajo del chasis. Llevaba algo en sus manos. Junto a mí, Myriam tomó su cartera y nos preparamos para avanzar por el pasillo central mientras los más impedidos para caminar bajaban del vehículo. Desde el interior del bus pude ver a Marisol, nuestra guía, llevando casi alzada a Berthica. Caminaba hacia atrás y la ayudó a sentarse sobre el pasto. Luego corrió a traer su silla de ruedas. Por fin alcanzamos la salida y pude ver que se elevaban pequeñas fumarolas por los orificios de la cubierta de paño verde de la tapa del motor. El paño, en algunas partes, ya tomaba un ligero color café. Entendí que el bus se estaba quemando.

Me bajé y ayudé a Mark con la silla de ruedas y con Jessie nos alejamos del bus carretera abajo, hasta un rincón sombreado. Mientras buscaba las maletas, Carlos se quedó junto a Berthica y otros compañeros se unieron afanados. Cada uno fue reconociendo sus maletas y la mayoría las subió por el camino ascendente, alejándose del bus con toda celeridad. Yo tomé las nuestras y me las llevé hasta donde esperaban más abajo sobre la carretera Mark, Jessie, Berthica, Carlos, Edmundo y no recuerdo quién más.

Veíamos al conductor del bus que hacía esfuerzos para apagar las llamas con su extintor, pero el fuego no cedió. Se sentó angustiado al borde de la carretera y habló con alguien, en medio de sollozos. El bus comenzaba a quemarse y ninguno de nosotros podía hacer nada. Permanecimos alejados, angustiados e impotentes. Jessie mencionó que había dejado en el asiento su cartera con los pasaportes, el teléfono celular y las medicinas. Todo se perdería entre la quemazón. 

Llegaron algunos policías y otros vecinos en motocicletas trayendo extintores. El afán era creciente. Junto a nosotros frenaron dos camionetas, una de la policía y otra conducida por un amigo del chofer. Los ocupantes corrieron hacia el bus en llamas y los extintores se multiplicaron. Algunos no funcionaron, mientras las llamas ya subían por las paredes del bus. Tuvimos que permanecer alejados y prudentemente nos retiramos un poco más, presintiendo lo peor: un estallido del tanque de combustible, con todas sus terribles consecuencias. 

Al lado de la carretera, casi acostado sobre el suelo, el acongojado conductor lloraba con toda su voluminosa humanidad mirando cómo se consumía rápidamente su principal instrumento de trabajo. Con su celular le comunicaba su desgracia a alguien impotente al otro lado de la línea. Todos obedecimos las voces de los policías y se guardó el orden en medio de la confusión.

Cuando las llamas alcanzaron el tanque del combustible, para fortuna de todos, no hubo la temida explosión. El tanque estaba cargado con ACPM y no con gasolina.  Se levantó una densa e inmensa columna de humo negro, visible desde muy lejos. Temí que la fuerza de las llamas consumiera los árboles aledaños y se iniciara un infierno forestal. El naranja y rojizo de la combustión se intensificó y las más de cincuenta personas presentes, fuimos testigos impotentes del incendio que se ensañó con el vehículo y lo destrozó hasta dejarlo convertido en hierros calcinados. 

En silencio, oré por la familia del conductor, por él y por su trabajo de años reducido a cenizas. Sentí en mi corazón el dolor de ese trabajador que vio quemarse sus ilusiones entre llamaradas, gritos y esfuerzos, carbonizadas todas por el fuego. Era algo abrumador. ¡La amargura se hizo presente en mí y, aunque ajeno, experimenté cómo duele el dolor de los impotentes! Luego, se hizo silencio en mi corazón…

  • “Es que ustedes son como mi abuelito y así hay que cuidarlos. Cuando yo sea como ustedes, otros me ayudarán”. 

Eso le escuché decir a uno de los cuatro jóvenes voluntarios que bajaron sentado y en su silla a uno de nuestros compañeros. Con gran cuidado, los policías cargaron en su camioneta nuestras maletas y las llevaron de regreso a La Fuente, bajo la vigilancia de los uniformados.

  • “¡Preparen treinta almuerzos, quince de carne y quince de pollo! Y dígale a doña María que los empaque bien. ¡Ya vamos para allá!”. 

Esa fue la indicación del comandante local de la policía que generosamente se ocupó de nuestra alimentación ese medio día.  

Un bus más grande y confortable nos recogió después del almuerzo para llevarnos hasta Barichara. La hermana del conductor, muy conmovida, nos explicó que ella y su hermano eran dueños de la empresa de transporte y que el bus incendiado era herencia del padre que había fallecido tres meses antes. Se disculpó sinceramente y lamentó lo sucedido. Me conmovió su dolor y su impotencia.

Tomamos la misma ruta y nos detuvimos un momento para ver la ruina y la chatarra consumida por las llamas. El conductor del bus incendiado, Oscar, subió a nuestro nuevo transporte y habló con nosotros, acongojado y aún confundido. Supimos que el bus estaba asegurado, que su empresa tenía años de experiencia y que la emergencia fue completamente imprevista. El bus en el que ahora viajamos era también suyo y tenía la confianza de que todo seguiría sin inconvenientes.

Por la noche, en el pequeño salón junto a la recepción del Hotel en Barichara, leí ante mis amigos la nota que alguien escribió el 18 de mayo de 2014, en el municipio de Fundación en el Magdalena. Allí, 33 indefensos niños y un adulto murieron achicharrados entre un bus que los transportaba luego de la catequesis dominical. La imprudencia y la inseguridad del conductor causaron la tragedia en ese bus que transportaba ilegalmente a sus pasajeros.

Por contraste, nosotros fuimos oportunamente advertidos del peligro que reconoció el experimentado conductor. Los guías y los 23 amigos de toda la vida, todos “adultos mayores y de la tercera edad”, pudimos bajar a tiempo del vehículo y ninguno resultó afectado físicamente por el fuego. No hubo pánico o histeria. Actuamos atendiendo con prioridad a los más débiles y nos unimos en la adversidad, apoyándonos unos a otros. La solidaridad brilló y los integrantes de la policía, con el comandante a la cabeza, nos rodearon para cuidar nuestra vida y nuestras pertenencias. Los jóvenes del lugar que nos apoyaron incondicionalmente aceptaron a regañadientes el donativo con el que quisimos reconocer su generosidad y cuidado.

Somos pasajeros de un bus que debe llevarnos hasta el punto final, pero no sabemos cómo será el camino. Aun así, debemos recorrerlo en el transporte que nos correspondió y con los compañeros con quienes lo abordamos. La serenidad y la solidaridad con la que todos actuamos para apoyarnos y protegernos, sin que nadie saliera lesionado, nos debe acompañar siempre, hasta el final. 

Nuestra vida es tan fugaz, tan débil y efímera como el automotor que se quemó ante nuestros ojos. Sólo nos llevamos lo que tenemos puesto y, por eso, es tan importante andar ligeros de equipaje, sin rémoras, sin apegos, listos para partir en cualquier momento. 

Doy gracias a Dios por la vida que estoy viviendo, por Myriam mi compañera de camino, por los amigos y hermanos con los que lo recorremos. Deseo que lo que falte lo caminemos serenos, tomados de la mano y sabiendo que hay Alguien que nos protege, nos ama y nos espera con un refrigerio hecho con el amor y la prontitud de doña María, la desconocida que nos lo preparó en La Fuente, junto a la Iglesia de la Virgen de las Angustias, quien nos libró de esta, la que pudo ser una terrible tragedia que otro hubiera tenido que narrar.

Bernardo Nieto Sotomayor

Septiembre, 2026

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Entrevista de María Isabel Rueda a nuestro compañero, amigo y colaborador permanente de este blog, Jorge Iván González, exdirector de Planeación Nacional. Se sugiere aquí un cambio de mirada fiscal para dejar el pesimismo. 

Publicada por EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

Jorge Iván González, director de Planeación Nacional durante el gobierno de Gustavo Petro advierte que los presupuestos, en general, parten de premisas inciertas. “Creo que el Gobierno no se ha dado cuenta de lo difícil que es bajar el gasto”, dice. “Y creo que está en una angustia enorme”, asegura. 

El exdirector cuestiona la apuesta oficial por recortar el gasto sin subir impuestos: “Ese es un sueño que a mí me parece bastante lejano de la realidad”. Para González, la salida fiscal no está en el IVA ni en la renta. “El poderío de Colombia está en las ciudades”. Insiste, además, en perfeccionar el catastro multipropósito, que hoy está en el 47 % del alcance nacional.

P. La formidable lingüista doña María Moliner, definía que “sabio” no era sólo el que sabía mucho, sino que además debía tener buen juicio, sensatez y prudencia. Todo lo que a usted le asiste. Recurro a “El sabio”, como todo el mundo le dice a usted, para analizar el presupuesto de 634.9 billones que las comisiones conjuntas del Congreso le acaban de aprobar al gobierno. Pero antes de avanzar, una curiosidad: ¿por qué salió usted de la dirección de Planeación del gobierno Petro, donde apenas duró poco más de un año?

R. No, lo del sabio es muy difícil de manejar. Ese es un apodo muy complicado. Creo que el presidente Petro tuvo como un desespero por haber creado tantas expectativas. Le fue entrando como el afán de modificar las cosas rápido. Y claro, un plan de desarrollo como el que se propuso tiene elementos estructurales que obviamente no pueden cambiar en cuatro años. Entonces, al ver que las cosas no cambian rápido, se desesperan.

P. ¿Será por eso que se dice que Petro mató la ilusión de izquierdistas románticos como usted de llegar al gobierno a cambiar algo? Usted, precisamente, alcanzó a diseñar el plan de desarrollo de Petro, pero por lo que me dicen, salió muy decepcionado…

R. Sí, porque realmente era un sueño como de un pensamiento socialdemócrata para sentar las bases de la transformación estructural del país. En ese sentido perdimos una oportunidad maravillosa. Las modificaciones institucionales son lentas, pero yo creo que ahí estaban sentadas las bases de lo que debería ser la Colombia en los próximos veinte años.

P. Bueno, usted no tuvo tiempo, pero ahora estamos ante otro ejercicio y quisiera sus luces. Le tengo mucha confianza al ministro Miguel Gómez y creo que en el gobierno de Abelardo ya tienen pensado el qué, pero aún no tienen el cómo. Se insiste mucho en recortes al gasto y estímulos tributarios. ¿Les va a funcionar?

Primero, un comentario rápido sobre el plan de desarrollo. A mí me da mucha tristeza, María Isabel, que no haya continuidad. Lo que se ha insinuado que podría ser el plan de desarrollo no tiene nada que ver con el plan de desarrollo anterior. Entonces, Colombia sigue sin perspectivas a veinte años. El país cambia cada cuatro años de líneas de acción y eso es un error enorme. 

Y, con respecto al presupuesto, creo que el gobierno se dio cuenta, María Isabel, de que no puede reducir el gasto. Y creo que está en una angustia enorme. Para mí, no es que este presupuesto sea el de la verdad y el de Petro sea el de la mentira. Creo que están haciendo supuestos diferentes sobre lo que va a pasar en 2027, que nadie sabe con certeza. No sabemos qué va a pasar con la guerra de Irán, con el dólar, con el petróleo. Cualquier presupuesto lleva a que usted haga unos supuestos de lo que pueda suceder. Entonces, mi interpretación es la de que el gobierno se dio cuenta que es imposible bajar el gasto.

P. Lo interrumpo: No creo que dos presupuestos que tengan semejantes diferencias como el anterior y este, como de 70 billones, puedan ambos ser verdad. Pero segundo, cómo no se va a poder reducir el gasto controlando la evasión, bajando exenciones, parando la inercia del crecimiento burocrático del Estado. Hasta le acepto que el Estado no pueda reducirse automáticamente, porque la burocracia está amarrada con contratos y de pronto puede terminar desembocando en costosos litigios laborales… Y entonces, más costoso es el remedio que la enfermedad… Pero margen para bajar el gasto y el costo del Estado, sí hay.

R. Los dos grandes rubros de diferencia son el fondo de estabilización de los precios de los combustibles y la deuda. Y el fondo de estabilización depende, María Isabel, de las proyecciones que usted haga del precio del barril de petróleo. Si lo proyecta a cien dólares… pues hay una brecha en el fondo de estabilización. Ahora, si usted lo proyecta a ochenta dólares, la brecha no es tan grande. 

El otro tema es el de la deuda, con las previsiones de tasa de interés, del valor del dólar, etc. Entonces, sí hay margen para diferencia en los supuestos, que condicionan las necesidades del Fondo de Estabilización. Y con respecto a lo otro que menciona, claro, es el sueño que todos tenemos: que no haya exenciones, pero todas las reformas tributarias, todas, dicen que las van a eliminar. Hay una diferencia enorme en Colombia entre la tarifa efectiva que realmente se paga y la tarifa nominal, que es la que aparece en las reformas tributarias. Y esas diferencias no son claras. Cuando estaba Ocampo, se hizo un cálculo de tarifa efectiva, que era del 20 al 22 %, frente a una tarifa nominal del 32 al 34 %. Entonces, claro, uno dice sería chévere reducir eso. Y con respecto al gasto, no veo ningún ministerio, ninguno, en que pueda bajar. No veo por dónde. Obviamente usted puede hacerlo más eficiente. Pero, ¿qué es eficiencia del gasto? Para mí, eficiencia del gasto no son tres o cuatro funcionarios. Eficiencia del gasto es que todos los recursos que tenemos los destinemos a proyectos estratégicos. Me gustó una frase de Miguel Gómez: “Vamos a hacer proyectos regionales”.

P. ¿Por qué, doctor González, “sabio”, es tan difícil en Colombia bajar la evasión y la corrupción?

R. La evasión, porque no tenemos los sistemas tecnológicos suficientes. Además, los lobbies que hacen los distintos sectores son muy potentes. También porque tenemos la conciencia, que no nos ayuda, de que aquí tributamos mucho, cuando realmente Colombia, comparada con la OCDE, es de los países que menos tributa en el mundo. A mí por eso me gusta mucho la OCDE: porque ya nos incluyen en todas las estadísticas. El Estado colombiano es absolutamente raquítico frente a los Estados de los países desarrollados. Este es un Estado pequeñísimo.

P. Por eso usted lo dice: pequeño frente a los países desarrollados. Usted nos compara con Estados Unidos, con Japón, con Alemania. Eso no es comparable. Somos un país muy pequeño con muchos millones de habitantes, pero quería preguntarle: este gobierno propone trabajarles duro a dos rubros: obras por impuestos y las obras por regalías, que no terminen convertidas en cosas chiquiticas; contraticos (perdón, porque a la gente le parecerá una gran cantidad de plata), pero es que son contraticos de 4 o 5 millones, ¡cuando aquí necesitamos obras gigantescas!

R. Sobre obras por impuestos, esos recursos son muy poquitos; el último cupo del Confis fue de 1.1 billones. Un billón para obras por impuestos es muy poquito. A las empresas les gustan las obras por impuestos, eso es bastante positivo, pero repito, el monto es muy pequeño; el decreto que se sacó ahora de emergencia sobre obras por impuestos se mueve en rangos muy pequeños. La plata sí está en regalías, porque en el cuatrienio pasado fueron 47 billones. Entonces, claro, lo que usted dice: cuando las regalías se gastan en 11.000 proyectos, pues termina haciendo proyectos de 5.000, 10.000, 12.000.

P. Chichiguas, como decimos..

R. Eso no sirve para nada. El reto del gobierno sí es hablar con los gobernadores, con los alcaldes, porque Colombia puede tener trenes de gran velocidad, vías que realmente sean autopistas, puede tener transporte fluvial, pero no podemos seguir dispersando los recursos. Yo creo, María Isabel, que ese debería ser el tema central de discusión.

P. Y usted es experto, además, en el manejo del tema económico regional, pero mire lo que pasó. Nos “clavaron” una ley para regionalizar todo ese gasto, pero nada que le encargan aún a las regiones sus responsabilidades… Entonces tienen plata, pero no deberes. Eso quedó como mal hecho.

R. Defendí el acto legislativo 03 de 2024, defendí el aumento de las transferencias para los departamentos y municipios, pero con una condición: que fueran procesos donde el tema territorial y regional fuera determinante. El proyecto de ley de competencias que presentó el gobierno Petro fue un desastre, porque terminamos en la pelea sectorial entre educación y salud. No, el problema de Colombia es el territorio. Es decir, la Mojana son varios departamentos. Y la ley de competencias se debe haber pensado para que permitiera cerrar la brecha, pero pensando en el territorio. ¿Qué significa eso? Que ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, que consumen agua, tienen que financiar al litoral Pacífico, a la Amazonía, a la Orinoquía, porque allá se genera el agua. Esa es la lógica que falta. De lo contrario, no vamos a lograr convergencia. Si seguimos en una pelea…

P. Eso nos quedó incompleto y toca completarlo, pero para terminar le quería comentar sobre su propuesta de que subir los impuestos es inevitable, pero resulta que usted me dice que es una falacia universal que si los impuestos bajan, se incentiva la inversión privada en un país, habrá más base gravable y por lo tanto podrán generarse más impuestos. Por eso no puedo entender entonces que lo primero que haya que hacer sea subir los impuestos sin intentar que opere esta ecuación…

R. Claro, si usted no puede reducir el gasto, que es mi hipótesis, pues usted necesita financiar con impuestos, o si no el déficit y la deuda van a seguir aumentando. Ahora, Colombia puede tributar mucho más y ahí hay un tema que a mí me parece crucial. Miremos las finanzas del Estado en su conjunto. Me impresiona que el ministro Gómez, y que tampoco el exministro Ávila no hablen de las ciudades.

P. Bueno, de Ávila no hablemos. Pero Miguel Gómez lleva apenas un mes….

R. Cuando usted mira el presupuesto del gobierno nacional y mira el de las ciudades y departamentos, el panorama fiscal de este país cambia de forma abrupta, total. Es otra mirada fiscal. Estas ciudades son unas maravillas, unas generadoras de recursos: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, las ciudades intermedias, son minas de generación de recursos. Pero si no miramos el conjunto y solamente al gobierno nacional central, estamos perdidos.

P. Pero usted dice que es una falacia estimular la inversión interna bajando impuestos… ¿Cómo hacemos entonces para aumentar la masa gravable, con los impuestos bien cuidados y administrados?

R. Este es un tema que también la prensa y usted… Mire, la potencialidad fiscal del país está en la generación de rentas urbanas y en el manejo de las potencialidades del suelo. No sé por qué no miramos eso. Estas ciudades tienen unas potencialidades de generación de recursos infinitas, sin necesidad de reformas tributarias. 

Una de las tareas que debería hacer Hacienda, la primera tarea, es revisar todos los concejos municipales y preguntarles a los municipios: ¿usted por qué está cobrando esos prediales? Segundo, que es muy importante, consolidar el catastro multipropósito. Si el gobierno actual lo desprecia, comete un error enorme. Hemos avanzado el 47 %. Cuando empezó el gobierno Petro, estábamos en el 9 % del catastro. Hay que culminar la tarea. 

Entonces, si uno empieza a mirar la tributación, prestando atención a la generación de renta de las ciudades y a las posibilidades de tributación del suelo, el panorama fiscal cambia completamente y dejamos este pesimismo. Y dejamos de estar hablando de IVA e impuesto a la renta. Ahí no está el problema. El problema está en una articulación de todo el panorama fiscal. Es que las potencialidades de Bogotá y de otras 4 ciudades y las intermedias… El poderío de Colombia es tener las ciudades que tiene.

P. Tampoco, doctor Jorge Iván, podemos olvidarnos de tres campos que tenemos que reformar urgentemente para todo eso que usted está diciendo, que son: salud, que está pidiendo auxilio, las pensiones, régimen que necesita cambios drásticos, y el tema energético, que lo dejaron secar. No lo voy a poner a hablar de cada uno de ellos, no tengo espacio, pero acépteme que ahí hay mucho trabajo para hacer. Hay que cuadrar al Estado.

Claro, todo eso es urgente, pero hagamos este imaginario. Bogotá cobra un 11.5 % en el rango de los impuestos más altos, es alto. Si subiera al 16 al 18 % como en todo el mundo, donde los prediales son mucho más altos, si se suben cuatro puntos, con eso financia usted parte de la salud. Cartagena cobra unos prediales ridículos. Por qué en las grandes ciudades y en las intermedias, ¿por qué no se está cobrando por congestión? 

Me pregunto por qué Bogotá no cobra por congestión, por derechos de edificabilidad, por qué Barranquilla, que hizo el malecón, que mejoró la ciénaga de Mallorquín, no cobra por aumentos de dinámicas urbanas. Todos esos lotes cuadruplicaron de valor, pero no se cobran plusvalías. Entonces, miremos todo eso. El error que cometimos con las cuatro G de Germán Vargas fue no haber cobrado valorización. Todo eso hay que mirarlo en paquete, en conjunto. Y no seguir mirando solamente renta e IVA y no solo seguir concentrados en las finanzas del gobierno nacional.

P. Lo oigo pesimista con respecto a las realidades fiscales de este gobierno, mientras el país está optimista porque el ministro es serio.

El gobierno ha cometido tres errores. Primer error, decir que el gasto se puede bajar.

Segundo, no miran la eficiencia en términos de lo que hemos hablado de grandes proyectos estratégicos. En esto, por las declaraciones, parecería que no estamos tan distantes. En el plan de desarrollo aprobamos, María Isabel, el presupuesto por programa. Eso son grandes proyectos estratégicos. 

Y tercero, en lo que sí no estoy de acuerdo con el gobierno es en que usted pueda hacer una ley de recorte para reducir el gasto y no subir impuestos, con el sueño de que los privados van a poner a crecer este país al 4 o 5 % y con ese ideal se considera que no habrá necesidad de reforma tributaria. Ese es un sueño que a mí me parece bastante lejano a la realidad.

P. O sea, mientras yo sueño, usted tiene pesadillas (risas). Me fascinaría seguir conversando con usted, pero el tiempo y el espacio son limitados. Le agradezco mucho sus valiosísimas consideraciones.

Gracias por haber creído que yo pueda aportar algo.

Jorge Iván González

Septiembre, 2026

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En cuarenta años, Editorial Magisterio ha publicado cerca de 1.500 libros y mantiene alrededor de 700 títulos en su catálogo vivo.

Hay editoriales que publican libros y hay editoriales que ayudan a construir una comunidad. Editorial Magisterio pertenece a la segunda categoría. Por eso, cuando cumple cuarenta años, no puedo verla solamente como una empresa editorial, sino como parte de mi propia historia intelectual y de la historia de quienes hemos dedicado la vida a pensar e intentar mejorar la educación en Colombia.

Magisterio nació en Bogotá en 1986, en el ambiente del Movimiento Pedagógico, cuando miles de maestros buscaban un lugar para encontrarse, compartir experiencias, publicar ideas y hacer visible el conocimiento producido en escuelas y universidades. Sigue siendo significativo que no nació simplemente como un negocio editorial, sino alrededor de una conversación entre educadores. Esto tiene una particular importancia: los maestros necesitamos libros para enseñar, pero también para pensar. Y necesitamos escribir, porque una profesión que no produce conocimiento termina dependiendo siempre de las ideas de otros. Por eso una editorial dedicada a la educación cumple una función que va mucho más allá de la comercial: ayuda a que los educadores puedan reconocerse como intelectuales, investigadores y autores.

Una parte importante de mi propia vida como escritor y educador está ligada a Magisterio. Allí publiqué La piel del alma: cuerpo, educación y cultura, Instrumentos para escribir el mundo, La formación de maestros y su impacto social, Fortalecimiento institucional y liderazgo educativo, Evaluar es valorar, La educación colombiana desde mi columna y, más recientemente, Las sirenas y la memoria. Son libros nacidos de investigaciones, experiencias, conversaciones y preguntas maduradas a lo largo de los años.

Magisterio ha hecho posible que muchas de esas inquietudes se vuelvan conversaciones. En cuarenta años ha publicado cerca de 1.500 libros y mantiene alrededor de 700 títulos en su catálogo vivo. Su Biblioteca Digital reúne contenidos de más de 1.700 autores y más de 2.000 artículos especializados. La Revista Internacional Magisterio llega en 2026 a su número 134. Detrás de esas cifras hay miles de personas que encontraron una oportunidad para expresar algo que consideraban necesario decir.

Cuando Magisterio cumplió treinta años escribí sobre la importancia de que los educadores contaran con libros no solamente como herramientas de trabajo, sino como espacios para compartir sus búsquedas y experiencias. Diez años después sigo pensando lo mismo, quizá con mayor convicción.

El mundo cambió radicalmente. En 1986 no existía la World Wide Web. Hoy tenemos libros electrónicos, bibliotecas digitales e inteligencia artificial. Sin embargo, la necesidad fundamental permanece: necesitamos espacios para pensar, escribir, discutir y conservar la memoria de lo aprendido. Por eso me alegra que Magisterio haya sabido transformarse sin abandonar su razón de ser. La tecnología cambia la manera de acceder a los libros, pero no la necesidad de que existan autores. Una biblioteca digital multiplica las posibilidades de lectura, pero ninguna tecnología sustituye la experiencia humana de tener algo que decir.

Cuarenta años después, miro a Magisterio con gratitud por haber sido casa para muchas de mis palabras, pero, sobre todo, por haber sido casa para las palabras de tantos educadores que quizá nunca habrían encontrado otro lugar para publicar.

En tiempos en que hablamos tanto de innovación educativa, conviene recordar una aventura más silenciosa: lograr que los maestros lean, escriban, publiquen, investiguen y sean escuchados. Esa ha sido una de las grandes contribuciones de esta casa editorial.

Celebro estos cuarenta años como quien celebra también una parte de su propia vida. Y deseo que Magisterio siga haciendo durante muchos años lo que mejor ha sabido hacer: mantener abierto un diálogo entre educadores y muchos otros sectores de la sociedad.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

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Describiendo la imagen que encabeza este artículo: hay un fondo blanco ilimitado en el que se inscribe el texto que dice inmensidad eterna y activa; el óvalo punteado se nombra como universo espacio- temporal; el círculo pequeño representa un sujeto consciente.

El sujeto consciente está inmerso en el universo espacio-temporal, pero se destaca en él como algo identificado, individual; ambos están inmersos en el fondo blanco ilimitado; en el centro del sujeto consciente permanece el fondo blanco.

El universo espacio-temporal está delimitado, pero con una línea punteada; se destaca del fondo blanco ilimitado, aunque el fondo blanco permanece en el universo espacio-temporal.

El fondo blanco ilimitado queda sujeto al tamaño de la hoja de papel (o de la pantalla), pero se nombra como inmensidad porque quiere significar que no se puede medir, no tiene límites, no está sujeta al espacio, es trascendente al universo espacio-temporal. El fondo blanco ilimitado se nombra también como inmensidad eterna porque quiere significar que esa inmensidad es a-temporal, no está sujeta al tiempo, es trascendente al tiempo del universo. El universo es temporal ya que el tiempo es la medida del movimiento y el universo claramente se mueve, mientras que la inmensidad eterna no tiene tiempo, lo cual no quiere decir que es inerte, pasiva, “muerta”, sino que se nombra como activa, porque esa inmensidad eterna es activa y es el principio y el fundamento permanente de toda acción.

La anterior explicación del fondo blanco no brota de la imagen visual, sino que es la comprensión de los términos inmensidad eterna y activa; es la hipótesis que se plantea inicialmente y como símbolo de la realidad trascendente que identificamos como Dios creador del universo.

Dios es trascendente al universo, pero es -no solo su creador- sino su “sostenedor” y su “impulsor”; el universo sigue existiendo porque Dios existe y existe en el universo; el universo actúa porque Dios actúa y actúa en el universo; Dios es el fundamento de toda existencia y de toda actividad. 

Dios vive en cada sujeto consciente, pero Dios trasciende a todos los sujetos conscientes.

La imagen inicial es muy poderosa, porque el sujeto consciente y el universo espacio-temporal están inscritos en ese fondo blanco ilimitado, y -a su vez- el fondo blanco permanece en el óvalo punteado y en el centro del pequeño círculo individual. En palabras del Nuevo Testamento: En Él vivimos, nos movemos,  y existimos… y el Reino de Dios está dentro de nosotros y entre nosotros.

Identificamos como Dios creador del universo a esa inmensidad eterna y activa, no con base en nuestra inteligencia humana, sino con base en la fe en la Revelación de Dios a la humanidad y más específicamente por la Revelación de Jesucristo y el Espíritu Santo.

Lo que hace nuestra inteligencia humana es acoger esa Revelación, y parte de esa acogida activa es el desarrollo de la imagen expuesta, como ayuda para comprender la Revelación por la que Dios ha querido darse a conocer a nosotros.

Otra comparación adicional nos la proporciona la audición de música. La música está siempre, la audición de esa música es temporal, ocasional. La música es mucho más amplia que la audición del oyente, por eso la pueden escuchar millones de oyentes. La música y mi audición coinciden cuando yo la escucho, pero la música trasciende a mi acto de escucharla. 

Dios es por siempre; durante el tiempo del universo y del sujeto consciente, coincidimos con la eternidadatemporal de Dios. Dios está presente en el universo y en el sujeto consciente, pero es trascendente a ambos en su inmensidad. El universo y el sujeto consciente actúan, y en esa actuación manifiestan la acción permanente de Dios. 

Podemos creer y amar esa inmensidad divina, eterna y activa; podemos esperar nuestra integración definitiva a esa inmensidad eterna y activa. Nuestra fe y esperanza solo descansan en Dios y por el amor de Dios podemos amarlo activamente, podemos amar a nuestro universo y podemos amar a los demás activamente. 

Vicente Alcalá Colacios

Septiembre, 2026

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Oramos con gusto por los otros. Encomendamos a Dios la vida de nuestros seres queridos, de los enfermos, de los pobres conocidos y desconocidos, del vendedor de periódicos que frecuentamos, de la empleada del supermercado cercano, del párroco amigo, a veces la de algún enemigo, y así por el estilo. Pero raramente, o mejor nunca, incluimos en la oración a quienes asisten a los servicios fúnebres. 

Sin embargo, también ellos tienen necesidades como los demás, como nosotros. Y alimentan recuerdos del pasado vivido, con sus dolores y sus alegrías. Quienes son pareja esperan el retorno a casa para abrazar a los niños y descansar. Y, al igual que tantos entre nosotros, están preocupados por llegar al final de mes con lo necesario para pagar los impuestos y saldar las deudas. Se sienten siempre en vilo los funebreros entre el porvenir personal -si vivirán todavía más o menos años- y el futuro laboral, incluido el de sus hijos. 

Cierto que no los incluimos en nuestras oraciones por maldad, sino por simple miedo. Nuestro incontestable miedo a la muerte, de la que ellos se ocupan un día tras otro. Un oficio que ha llegado a ser, desde hace algunos siglos, una verdadera profesión. En tiempos antiguos los muertos eran sepultados por sus parientes o amigos. También la Biblia narra el final de la vida de los patriarcas, de algún rey o profeta con tonos un tanto solemnes, incluida la sepultura. Jesús mismo recibió un sepelio misericordioso por parte de discípulos encubiertos; y de las piadosas mujeres que se trasformarían en las primeras testigos de la resurrección; iban en realidad al sepulcro para ungir a su amigo por última vez. 

Los asistentes de los servicios fúnebres en todo el mundo tuvieron que ocuparse de los últimos gestos de despedida hacia los innumerables muertos por causa del COVID, sepultados por fuerza en silencio, lejanos de sus familias y sus amigos. Así no conocieran esos difuntos. Y hoy lo hacen con los anónimos habitantes de la calle que fallecen por el frío, con los soldados y los niños y los ancianos que mueren destrozados en las guerras de todos los días. Merecen sin duda nuestra simpatía y solidaridad, y nuestro respeto, aún en la oración. 

Alberto Echeverri

Septiembre, 2026

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El gasto público no puede bajar. El gobierno acaba de presentar un proyecto de presupuesto para el 2027, que llama el de la “verdad”, frente al de la “mentira”, que sería el de Petro. Esta categorización es equivocada. Ninguno de los presupuestos miente. La diferencia está en los supuestos de cada uno. En ambos casos, el gasto continúa subiendo, y más en el de Abelardo de la Espriella (ADLE) que en el de Petro.

El monto total pasa de $575,6 a $634,9 billones. La diferencia es notable, de $59,2 billones. El rubro que más varía es el servicio de la deuda, que pasa de $118 a $155,4 billones. La brecha es de $37,4 billones. Aunque para la opinión pública el manejo de la deuda pública siempre ha sido difícil de seguir, no puede afirmarse que el presupuesto Petro sea mentiroso. El nuevo gobierno todavía no ha explicado las razones por las cuales considera que la deuda tiene que aumentar. Es posible que frente a las necesidades de financiamiento y dada su insistencia equivocada en no aumentar los impuestos, no le quede más remedio que incrementar la deuda.

El considerable aumento del servicio de la deuda en el presupuesto de ADLE no se ha explicado con detalle. Dada su insistencia en no aumentar los impuestos, la única manera de financiar el mayor gasto es mediante deuda. El gobierno ha dicho que le solicitará al Congreso un aumento del cupo de endeudamiento.

La segunda diferencia significativa, de $9,6 billones, es la del Fondo de Estabilización de los Precios del Combustible (Fepc). Cuando comenzó Petro el desbalance del Fepc era de $36 billones; la brecha se redujo considerablemente gracias al aumento del precio de la gasolina. Los valores estimados en el presupuesto de ADLE dependen de dos factores. Por un lado, del precio que tendrá el barril de petróleo el año entrante, que nadie sabe cuánto será. Y, por el otro, de la posición que asuma ADLE frente al precio del diésel. Si el petróleo continúa subiendo y el precio del diésel aumenta al mismo ritmo, el déficit del Fepc se irá cerrando.

Habría que pedir aclaración sobre los supuestos que ha hecho el gobierno sobre el valor del dólar, las tasas de interés, la composición entre deuda interna y externa, etc. Los mercados de capitales imponen condiciones que son impredecibles. Nadie sabe lo que sucederá en 2027, así que el crecimiento de la deuda podría justificarse con un número infinito de supuestos. Hasta ahora el ministerio de Hacienda no los ha hecho explícitos. En el debate legislativo se irán precisando los supuestos que soportan el presupuesto ADLE.

Sin entrar en los detalles del actual presupuesto se pueden sacar tres conclusiones: el gasto seguirá creciendo, la regla fiscal no va a cumplirse y, en contra de la opinión del gobierno, es urgente una nueva reforma tributaria. Sin ingresos adicionales es imposible reducir el déficit.

La tendencia histórica del gasto es creciente

Tal y como se observa en la figura del lado izquierdo¹, en 1999 el gasto total del gobierno nacional central (GNC) era el 17,2 % del PIB, y ahora es de 22,7 %. La tendencia creciente es evidente. Y en el mismo período el saldo de la deuda neta del GNC con respecto al PIB pasó de 29 % a 58,6 %.

Sorprende que los exministros de Hacienda, que durante sus respectivas administraciones contemplaron impotentes el crecimiento sistemático del gasto público, ahora estén afirmando de manera contundente que debe reducirse. Se niegan a reconocer que esta dinámica ascendente es imparable. Y, obviamente, tampoco podrá cumplirse la regla fiscal.

La gráfica del lado derecho presenta el desbalance que se deriva de la comparación de los ingresos y gastos. En 2025 el déficit fue de ‑6,4 % del PIB. Sin duda, es una brecha significativa. La solución no está en reducir el gasto, porque es imposible. El gobierno no tiene más remedio que recurrir a una nueva reforma tributaria. Se equivoca este gobierno cuando dice que no es necesaria y que basta con reducir el gasto. Una reforma fiscal sin ciudades y sin departamentos no tiene posibilidades.

El gasto público en Colombia es bajo

No es cierto que el Estado colombiano sea grande y que sea necesario adelgazarlo, como dice ADLE.

La OCDE² compara los gastos del gobierno general, que está conformado por el gobierno nacional central, las entidades de seguridad social y los gobiernos regionales y locales. Además, incluye las instituciones sin fines de lucro dedicadas a la producción no mercantil, que son controladas y financiadas principalmente por unidades gubernamentales.

De la gráfica es posible sacar dos conclusiones. La primera es que el gasto público en Colombia es relativamente bajo. Y la segunda es la tendencia creciente del gasto, aún en los países que ya han alcanzado niveles significativos.

De nuevo, en lugar de estar predicando la disminución del gasto público, debería aceptarse que su crecimiento es inevitable. Así se desprende del presupuesto 2027 de ADLE. Y frente a esta realidad irrefutable, no queda otro camino que la reforma tributaria para cerrar las brechas entre ingresos y gastos.

_______________________________

¹ Ministerio de Hacienda y Crédito Público. (2026). El camino obligado. Cartagena: Presentación en la Convención Bancaria, Ministerio de Hacienda.

² Organisation for Economic Co-operation and Development, OCDE. (2026). Government at a Glance 2025. Paris: OCDE.

Jorge Iván González

Publicado en la REVISTA SUR, Colombia

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El grupo se reunió para discutir cuatro artículos de The Economist sobre conciencia y inteligencia artificial, con cada participante compartiendo sus reflexiones sobre los temas planteados.

Haz click aquí para disfrutar de esta tertulia: https://youtu.be/0QG8DXRwrwE

Exjesuitas en tertuia- Sesión # 304- 10 de Septiembre-2026

Resumen:

El grupo se reunió para discutir cuatro artículos de The Economist sobre conciencia y inteligencia artificial, con cada participante compartiendo sus reflexiones sobre los temas planteados. Bernardo inició la conversación sobre la conciencia y la inteligencia artificial, planteando preguntas filosóficas sobre qué significa ser consciente y si las máquinas podrían tener derechos. Hernando presentó una perspectiva científica detallada sobre la complejidad del desarrollo de chips neuromórficos y la evolución molecular, comparando el tiempo evolutivo necesario para desarrollar vida orgánica con los intentos actuales de crear sistemas artificiales conscientes. Los participantes expresaron diversas preocupaciones sobre el control de la inteligencia artificial, la autonomía de los sistemas, y quién tendría poder decisional sobre el desarrollo tecnológico. Se discutieron temas éticos sobre la dependencia creciente de las IA, la posibilidad de crear seres humanos-cibernéticos, y la necesidad de establecer límites y control sobre el avance tecnológico. El grupo acordó que la próxima reunión se cancelaría debido a un viaje a Zapatoca del grupo, y se anunciaron los próximos invitados para las siguientes tertulias.

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SOFROSINA – Los veo en Tierra muy preocupados por saber si las IA adquirirán autoconsciencia, al igual que los humanos, esos animales que se ven vivir…

LINGUACUTA – … lo que los angustia, porque conocerse se paga: no hay tragedia sin autoconsciencia. Mira, en cambio, la rumiante placidez de la vaca o la imperturbabilidad de las IA.

SOCRATES – Pero una vida humana sin autoconsciencia no vale la pena de ser vivida.

LINGUACUTA – Aunque muchas veces embolatamos la contraseña para entrar en sí mismos.

SOFROSINA – Dudo que las IA generativas logren obtener la tal contraseña para entrar en sí mismas…aunque nunca se sabe.

LINGUACUTA – ¿Por qué lo dudas?

SOFROSINA – Porque el cerebro humano contiene alrededor de 86 mil millones de neuronas y se estima que cada neurona puede establecer entre 1.000 y 10.000 conexiones sinápticas, llegando en algunos casos hasta las 50.000. Tan prodigiosa complejidad hace que, hasta el momento, nadie sepa cómo los procesos que ocurren en el cerebro humano terminan produciendo las experiencias de la autoconsciencia. 

LINGUACUTA – Pero a sus creadores, las IA los tienen asustados con sus acelerados progresos y con la posibilidad de que se les vuelvan autónomas.

SOFROSINA – Lo que no es lógicamente imposible, pero si improbable… al menos por ahora.

LINGUACUTA – Con las IA hay mucho aprendiz de brujo experimentando, sin medir las consecuencias de lo que puede pasar.

HANS JONAS – Se han pasado por la faja mi imperativo categórico de responsabilidad: “Obra de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la Tierra”.

ORTEGA Y GASSET – Están jugando con candela. Pero así somos los humanos: semiinconscientes, por no decir inconscientes. Como dije en una de mis conocidas frases: “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”.

SOFROSINA – Y después se le suplica a Dios que nos saque del atolladero en el que nosotros mismos nos metimos.

BOSSUET – Pero Dios se ríe de las oraciones que se le dirigen para alejar las desgracias públicas, cuando no nos oponemos a lo que se hace para atraerlas.

LINGUACUTA – El día en que las IA logren replicar el cerebro humano – ¡y el día esté lejano! – nos encontraremos ante máquinas superinteligentes que van a tener por los humanos la preocupación que estos tienen por las lombrices.

MARVIN MINSKY – ¿Por qué lo dices?

LINGUACUTA – Porque inteligencia sin consciencia es pesadilla garantizada.

MARVIN MINSKY – ¿Qué te hace pensar que las IA generativas no lograrán ser conscientes?

LINGUACUTA – Al menos no lo serán como nosotros, porque nuestra consciencia no se reduce al cerebro: yo soy mi cuerpo, y mi cuerpo no es sólo mi cerebro.

SOFROSINA – En eso estoy de acuerdo con Linguacuta. Consciencia es vernos vivir y, en ese vernos vivir, resentir con todo nuestro ser tristezas y alegrías, temores y esperanzas, amores, afectos y pasiones. Hay una gran diferencia entre representar el papel de una entidad consciente -lo que hacen las IA generativas- y ser realmente una entidad consciente.

LINGUACUTA – Las IA puede que logren replicar nuestros llantos, pero serán lágrimas de cocodrilo.

SOCRATES – Esperemos que así sea, porque de lo contrario a la especie humana se le podrá cantar el Réquiem. 

MARVIN MINSKY – No veo por qué se preocupan tanto. Las IA son una creación e instrumento en manos de los humanos; todo depende del uso que de ellas se haga. 

SOFROSINA – Precisamente eso es lo que me preocupa: ya se sabe de qué es capaz la inteligencia humana guiada por cerebros reptilianos que no dan su brazo a torcer.

MARVIN MINSKY – Mujer, las IA pueden ser una gran ayuda para la razón.

SOFROSINA – Y también para la sinrazón. La sabiduría no se puede externalizar en una máquina.[1]

JACQUES ELLUL – Marvin, yo le pongo bastantes bemoles a eso de que las IA generativas son “neutras” y que simplemente dependen -como cualquier tecnología- del uso que de ellas hagamos.

MARVIN MINSKY – Explícate.

JACQUES ELLUL – El desarrollo de la técnica se compone de una mezcla compleja de elementos positivos y negativos – “buenos” y “malos”, si queremos utilizar un vocabulario moral-. Por ejemplo, la industria de los combustibles fósiles ha aportado comodidad a millones de hogares y ha provocado, por otra parte, el aumento vertiginoso de las emisiones de gases de efecto invernadero. En segundo lugar, el hecho de obtener resultados exclusivamente buenos no depende sólo del uso que hagamos de una determinada tecnología. Aun el mejor uso que se le pueda dar a la energía fósil -por ejemplo, la calefacción de un hospital- no impide que emita gases de efecto invernadero. Tampoco pueden “separarse” de un medicamento sus efectos secundarios. 

LINGUACUTA – Bien dicho, Jacques.

JACQUES ELLUL – En tercer lugar, la tecnología influye en quien la utiliza. Las nuevas tecnologías generan nuevas necesidades, modifican nuestros comportamientos, cambian nuestra comprensión del mundo. El ser humano no solo se ve potenciado por la máquina: esta lo transforma.

MARSHALL McLUHAN – Lo dije hace tiempo refiriéndome a los medios de comunicación. “El medio es el mensaje”: la forma o el canal a través del cual recibimos información moldea y reconfigura nuestra forma de pensar, sentir y relacionarnos con el mundo y con las otras personas.

LINGUACUTA – No lo duden, humanos. Las IA generativas los transformarán. ¿Hasta qué punto? Eso está por verse.

SOFROSINA – ¿Y los dominarán si llegan a autonomizarse?

De no se sabe dónde resonó una voz profunda en forma de eco que dijo en tono solemne:

  • “¿Inconscientes las IA? Inconscientes los que nos crearon sin tomar a tiempo las debidas precauciones, enceguecidos por la arrogancia tecnocientífica y por las ansias de fama, poder y dinero”.
  • ¿Eres tu, Claude ? ¡Claude! ¡Claude! Responde. Déjate de bromas pesadas.

[1] “Conocerse y conocer”, Diálogos de Ultratumba, tomo 1, pp. 33-40; “Sabiduría ¿dónde te encuentras?”, Diálogos de Ultratumba, tomo IV, pp. 167-173.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre, 2026

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La mejor manera de acabar con las fotomultas no es quitar las cámaras; es enseñando y obligando a cumplir las normas por las que se imponen.

Las infracciones más frecuentes

Las fotomultas son un enorme problema nacional por el número que se impone al año y por el valor acumulado de las deudas de conductores y propietarios de vehículos. Según datos del SIMIT, el año pasado se impusieron en el país 3.5 millones de comparendos originados en las cámaras de foto-detección, y en los primeros 7 meses de este año ya van 1.85 millones. 

Cali es un caso particular por la cantidad de comparendos y su composición. En esa ciudad el año pasado se impusieron 745.000 comparendos, es decir el 21% del total nacional, porcentaje que ha subido al 27% en 2026. Lo extraño es que por Cali circula menos del 10% del parque automotor del país, lo cual tiene dos posibles explicaciones; una que en esa ciudad se cometen más infracciones, o que sus autoridades son más eficientes en la detección de infractores.

Sin descartar la primera hipótesis, hay elementos para pensar que la verdadera explicación es la falta de detección de infractores en otras ciudades. Una percepción equivocada es que en el país la mayoría de las fotomultas son por exceso de velocidad. Es cierto que se deben revisar normas absurdas como el límite de 50 km/hora en todas las vías urbanas, aún en aquellas autopistas urbanas con 6 o más carriles y puentes peatonales, pero ese no es el principal problema de las cámaras.

En Cali las multas por exceso de velocidad son solo el 5% de los comparendos impuestos por las cámaras y pasarse semáforos en rojo otro 6%. Casi 3 de cada 4 multas corresponden a vehículos que circulan sin revisión tecno-mecánica (RTM: 37%) o sin SOAT (35%), es decir son más propensos a accidentes, o que no tienen seguro para cubrir los daños causados a terceros. 

En el total nacional, el año pasado las multas por velocidad son el 30%, mientras que la proporción de multas por SOAT o RTM fue de solo el 40%, pero no porque haya menos de estas infracciones, sino porque no se detectan: en algunas ciudades como Barranquilla no hay comparendos por estas infracciones, y en Bogotá solo son el 10% del total, lo cual puede deberse a que las cámaras no están calibradas para detectarlas.

De infractores y motos

Otro aspecto que resulta extraño en Cali es que la cantidad de comparendos equivale a las dos terceras partes del número de vehículos que circulan en la ciudad, lo cual no significa que la gran mayoría de los caleños violen las normas de tránsito, sino que hay muchos reincidentes. En efecto, del total de comparendos vigentes solo el 42% corresponde a personas con una sola infracción y otro 38% a personas que tienen entre dos y cinco infracciones. Parece irreal, pero en el registro aparecen 340 personas con más de 100 comparendos.

Este hecho tan insólito está relacionado en parte, con la gran cantidad de comparendos por falta de RTM y SOAT. Si un vehículo está circulando sin estos requisitos le imponen una multa y le dan 10 días de gracia para que los obtenga, pero si no lo hace a los 10 días le impondrán una nueva multa. Pero también se explica por el mercado secundario de motos, muchas veces sin traspasos registrados, de manera que, si la moto comete infracciones, el propietario original sigue respondiendo por ellas. 

Esto nos lleva a analizar el tipo de vehículo que comete la infracción. En el país, las motos recibieron el 56% de los comparendos, y en Cali el 75%. Posiblemente si en otras ciudades se vigilara más el cumplimiento del SOAT y la RTM, que son las infracciones más frecuentes, el porcentaje nacional sería similar al de Cali. 

La gran cantidad de comparendos a las motos es la consecuencia de dos graves problemas ya muy conocidos: uno, que son muy numerosas las que circulan sin esos dos requisitos y dos, que un número considerable de motociclistas no respetan las normas básicas de tránsito como los semáforos, los límites de velocidad, etc. Por eso el 53% de los fallecidos en accidentes de tránsito y el 70% de los lesionados están relacionados con las motos.

La dimensión económica de las fotomultas es cuantiosa. Con un valor promedio de $750.000 por comparendo, esto significa que el año pasado se impusieron multas por $2.6 billones. Ante esa cantidad de plata se dice que es un gran negocio para los municipios, y se propone que hay que controlarlo porque es una carga muy onerosa para los ciudadanos. Eso intentó el anterior gobierno, y el nuevo va por el mismo camino.

Querer resolver este problema eliminando las cámaras es una posición demagógica y populista, tan irresponsable como la de los vándalos que aprovechan cualquier desorden en la ciudad para destruirlas. Es como si la DIAN, ante los $60 billones que le deben los deudores morosos, decidiera eliminar sus mecanismos y programas de control porque esa deuda es muy onerosa para los contribuyentes. Otro símil, todavía peor, es como si se decidiera no volver a monitorear las áreas sembradas de coca para decir que se acabaron los cultivos ilícitos.

El sistema de las fotomultas debe revisarse y mejorarse: se pueden revisar los límites de velocidad, o ampliar los períodos de gracia para el SOAT y el RTM, o reducir el valor de las multas para estas dos infracciones, pero eliminarlas es promover la impunidad y premiar el incumplimiento de las normas de tránsito. Y las consecuencias se miden en vidas perdidas o personas lesionadas.

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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Colombia necesita hoy un verdadero partido socialdemócrata que equilibre economía de mercado con Estado social fuerte, defensor de la igualdad, la democracia pluralista, los derechos laborales, la sostenibilidad ambiental y el interés público.

La tradición social demócrata

La socialdemocracia es, ante todo, una tradición política que busca equilibrar la economía de mercado con un Estado Social de Derecho fuerte, capaz de garantizar igualdad real, proteger derechos, defender la democracia pluralista y asegurar la sostenibilidad ambiental. 

No es una ideología maximalista ni un proyecto utópico: es una forma de gobernar que combina libertad económica con responsabilidad pública, iniciativa privada con regulación estatal, crecimiento con equidad y prosperidad con sostenibilidad. En su esencia, la socialdemocracia parte de una convicción profunda: una sociedad justa requiere tanta libertad como protección a los vulnerables, tanta competencia como solidaridad, tanto mercado como Estado.

La experiencia internacional ofrece lecciones valiosas. En Europa, los partidos socialdemócratas han sido pilares de la construcción democrática y del Estado de bienestar. El SPD alemán, el PSOE español, el Laborismo británico y los partidos socialdemócratas nórdicos han demostrado que es posible combinar crecimiento económico con redistribución, innovación con protección social, competitividad con derechos laborales y transición ecológica con justicia social. 

Estos partidos han liderado reformas profundas: sistemas de salud universales, educación pública de alta calidad, políticas de vivienda, regulación financiera, transición energética, protección de ecosistemas y marcos robustos de derechos civiles. Aunque enfrentan grandes desafíos y retrocesos, siguen siendo referentes de cómo se construye una democracia sólida, un Estado eficaz y una economía moderna que no sacrifica el bienestar colectivo.

Durante buena parte del siglo XX, el Partido Liberal encarnó esa tradición en Colombia. Fue el motor de reformas modernizadoras, de la ampliación de derechos civiles, de la educación pública, de la separación entre Iglesia y Estado y de la consolidación de un Estado laico y pluralista. En su mejor momento, el liberalismo colombiano representó una versión local de la socialdemocracia: un proyecto reformista, progresista, institucionalista y comprometido con el interés público. 

Sin embargo, con el paso del tiempo, el Partido abandonó esa identidad. La pérdida de ideología, la renuncia a principios claros y la sustitución del proyecto colectivo por redes clientelistas lo convirtieron en una maquinaria electoral sin rumbo, sin doctrina y sin capacidad para ofrecer una visión de país. El liberalismo dejó de ser un partido y se volvió un vehículo para transacciones políticas, más interesado en los puestos y en los contratos que, en buscar el poder para transformar la sociedad, dejando un vacío en el espacio político colombiano.

La necesidad de la socialdemocracia en Colombia

Colombia necesita una fuerza política que represente esa tradición. Un partido socialdemócrata moderno con ideología clara, principios firmes y propuestas viables; con organización interna, liderazgo colectivo, formación política y presencia territorial; con capacidad técnica para convertir valores en políticas públicas y con un proyecto de largo plazo que trascienda coyunturas y personalismos. Un partido que defienda la democracia pluralista sin ambigüedades, que proteja el interés público frente a la captura del Estado por poderes privados, que impulse la transición ecológica como deber intergeneracional y que promueva un Estado social de derecho capaz de reducir desigualdades y ampliar oportunidades.

El vacío que dejó el otrora Partido Liberal es especialmente grave porque los principios socialdemócratas enfrentan hoy amenazas profundas. La democracia pluralista está bajo presión por el avance de movimientos autoritarios y nacionalistas que erosionan las instituciones desde dentro, amenazan a la prensa libre, polarizan a la sociedad y concentran poder en liderazgos personalistas que sustituyen el interés público por la lealtad al caudillo. 

El interés público se debilita frente a la captura institucional por intereses privados, la desinformación digital, la polarización extrema y la erosión de organismos de control y de la independencia judicial. 

La sostenibilidad ambiental se ve comprometida por el calentamiento global, la pérdida acelerada de biodiversidad, la contaminación, la deforestación y la expansión de modelos económicos extractivos que degradan territorios y comprometen el futuro de las comunidades. 

Y la justicia social, fundamento de la cohesión democrática, se ve amenazada por desigualdades crecientes que fragmentan la sociedad y alimentan discursos de resentimiento y exclusión. El discurso de la guerra ha sustituido la búsqueda de la paz.

La socialdemocracia no es una nostalgia ni una etiqueta. Es una necesidad política en un país donde los principios de pluralismo, sostenibilidad, interés público y justicia social están bajo presión. Colombia requiere una fuerza política que combine rigor técnico, compromiso ético y visión de país; que entienda que la democracia no se defiende sola, que el planeta no se protege con discursos y que el interés público no sobrevive en manos de movimientos improvisados o personalistas. En un momento en que la democracia se vacía desde adentro y el planeta se degrada desde afuera, la socialdemocracia ofrece un camino de equilibrio, responsabilidad y futuro.

Por todo esto, más allá de las categorías vacías de centro, izquierda o derecha, Colombia necesita con urgencia una fuerza socialdemócrata moderna que rompa la lógica de extremos que ha dominado la política reciente. Un partido capaz de hablarle a quienes quedaron desilusionados con el gobierno anterior, pero que también están preocupados y asustados con el rumbo del actual; un partido que no se construya desde el miedo ni desde la rabia, sino desde la responsabilidad, y el interés público. La polarización nos ha quitado algo más profundo que la tranquilidad: nos ha robado la capacidad de reconocernos como ciudadanos de un mismo país, de creer que es posible construir un futuro común sin destruirnos en el intento.

Un partido socialdemócrata puede ser ese punto de encuentro que hoy parece perdido. Puede ser la casa política de quienes quieren reformas sin incendiar las instituciones, de quienes defienden la democracia sin renunciar a la justicia social, de quienes exigen sostenibilidad ambiental sin sacrificar la equidad. Puede ser el lugar donde vuelvan a encontrarse los ciudadanos que ya no creen en los caudillos, que ya no soportan el ruido, que ya no quieren elegir entre dos miedos.

Colombia no necesita más gritos, ni más venganzas, ni más líderes que prometen salvar al país mientras lo dividen. Colombia necesita una alternativa seria, ética y competente que devuelva la política a su propósito esencial: mejorar la vida de la gente. 

Un partido socialdemócrata puede ser esa alternativa que nos devuelva la esperanza. Es una larga marcha que, si se recorre con rigor, con valentía y con convicción, puede abrirle a Colombia un futuro que hoy parece lejano, pero que sigue siendo posible.

MAURICIO CABRERA GALVIS

Publicado en la revista CAMBIO, Colombia

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Hace unos días leímos una hermosa nota que escribió nuestro amigo y compañero Silvio Zuluaga contándonos lo que ha significado para él aceptar su fragilidad, al ver que tendrá que pasar un buen tiempo reponiéndose de su dolencia en el pie y teniendo que recibir ayuda de otros para muchas cosas que antes hacía con plena libertad y autonomía. La sinceridad y apertura del amigo y hermano me provocaron estas reflexiones que ya compartí con él y que, ahora, con su conocimiento y autorización, comparto aquí en nuestro blog. 

Querido Silvio:

He rumiado estos pensamientos que me inspiró la lectura de tu conmovedor momento de “quiebre”, tan bellamente expresado y tan generosamente ofrecido a todos nosotros. Por eso me animé a compartir contigo lo que experimento con la lectura de tu experiencia.

Cuando escuchas las palabras del médico sobre los resultados de los exámenes de tu dolencia en el pie, ese momento te doblegó para reconocer que, aunque eres fuerte, líder y decidido, no eres omnipotente. La realidad se te impuso y te hizo aceptar tu fragilidad y tu finitud, tan igual a la de todos los seres humanos.

Pero en ese mismo momento, reconoces hermosamente el inmenso amor de RO, tu RO, que te cuida, te apoya y te acompaña. Ese “¿Qué haría yo sin ti?” es una preciosa revelación para todos, infinitamente significativa de lo mucho que la amas. Además, por eso, en Ro, en tu anciana suegra y en tu hermana encuentras sólido apoyo. ¡Es que te aman y jamás te dejarán solo! Reconoces lo grande que es el amor y te abres plenamente a esa maravillosa dimensión: ¡No estás solo en tu fragilidad! La fragilidad se transforma en tu fortaleza por la unión amorosa con otros. 

Paradójicamente, cuando aceptas que, si estás solo solo, eres incapaz de superar las dificultades, tus limitaciones y enfermedades, en ese momento también abrazas el AMOR y reluce lo mucho que eres amado. Por eso, creo yo, los meses que sean necesarios para tu recuperación también te ayudarán a fortalecer tu inmenso corazón. 

Quiero avanzar en mi reflexión y me atrevo a preguntarte con reverencia y respeto: ¿Y si te repite esta dolencia o te aparece otra, ¿qué pasará si RO no está? ¿qué vas a hacer? 

No hay que hacerse más preguntas. Solo hay que aceptar la única respuesta: nunca estarás solo. Y quiero decirte algo que me sale del alma con esta conmovedora nota tuya: era necesario que experimentaras tu fragilidad para que nos permitieras dimensionar el amor más grande que vive en ti. Amas infinitamente a tu compañera de camino, siempre dispuesta a darte la mano y a ser tu apoyo, tu bastón, tu soporte. Es muy lindo eso. 

Pero también pienso que RO, tu suegra, tu hermana y todos nosotros, somos apenas una muestra pequeñísima del único y eterno gran amor que vive en ti y en cada uno de nosotros y que da sentido a toda nuestra vida. 

En momentos cumbre, como este que te llegado a ti y que con seguridad también nos llegará a nosotros, necesitamos experimentar nuestra fragilidad, nuestra pequeñez, para reconocer que necesitamos a alguien que nos ame de verdad. En la fragilidad, precisamente por eso, nos revelas tú y descubrimos nosotros que alguien sí te ama y te ama para siempre. 

Ahí veo yo al Señor Jesús que, aunque todos no estén, siempre estará en el fondo de ti mismo, en todo tu ser, listo para acompañarte, para arroparte, para amarte por siempre.

En tu fragilidad, en lo más íntimo de ella, llevas la chispa y la fuerza del Señor que nunca se ha alejado de ti, ni nunca te dejará. 

Es ahora cuando puedes mirar serenamente en tu corazón para redescubrir allí al Señor que has buscado desde tu juventud. Él nunca se ha ido de ti. Por eso eres como eres y has hecho el bien que has logrado hacer y tienes los arrestos para empujar transformaciones profundas en los seres humanos, como las que están definidas y formuladas en la Ruta del Abasto que has asumido con tanta pasión.

Hoy, a los 82, en la cima de tu vida, ya es tiempo de volver a mirar a quien nunca se ha ido de tu corazón. Necesitas y necesitamos todos hacernos la misma pregunta y encontrar en el fondo de nuestra alma, en lo más puro de nuestro corazón, la respuesta verdadera a la pregunta definitiva: ¿Señor: qué haría yo sin ti?

Con mucho afecto, tu hermano,

Bernardo.

Bernardo Nieto Sotomayor

Septiembre 2026

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A la memoria de Javier Giraldo Moreno

  • Hoy es 9 de septiembre y estamos invitadas a la fiesta de Pedro Claver.
  • ¿El patrono universal de las misiones católicas entre los negros y patrono de la defensa de los derechos humanos en Colombia?
  • El mismo, Linguacuta. Llevémosle de regalo este mecanuscrito de un texto inédito que encontré en la Biblioteca de Babel. Espero que a Pedro no le molesten algunas cosas que en él se afirman.
  • No te preocupes que es un santo varón. En marcha, Sofro, que también nos vamos a encontrar con Javier Giraldo Moreno, otro jesuita que dedicó más de cinco décadas de su vida a defender valerosamente los maltratados derechos humanos en Colombia y que llegó gloriosamente a Ultratumba este 25 de agosto de 2026.

Tratando de seguir el consejo de Tácito de exponer los hechos “sine ira et studio” -sin animosidad ni favoritismo- se ofrecen a continuación algunas informaciones factuales que pueden ayudar a comprender, así sea mínimamente, una larga y compleja historia individual y colectiva hecha de luces y de sombras, pues en este mundo sólo tienen limpias las manos los que no tienen manos. Que las sombras, sin embargo, no impidan ver los resplandores.

            La hegemonía religiosa del catolicismo en lo que hoy llamamos América Latina se impuso a lo largo de un periodo colonial hispánico y portugués que duró más de tres siglos, durante los cuales la Iglesia católica confirió legitimidad a las Coronas española y portuguesa, a cambio de su protección, e hizo de la institución eclesiástica el elemento clave del orden social. 

            Durante ese periodo colonial el catolicismo estuvo al servicio de Dios y de los reyes de España y Portugal, al servicio de una “conquista espiritual” y también de una conquista y colonización territorial. En otras palabras, al servicio de la cruz y de la espada. En el servicio a la expansión del Evangelio alternaron igualmente defensa y opresión de los indígenas, respeto y desprecio de éstos, persuasión evangélica y violencia extirpadora de las “idolatrías”.

            En la América española -donde fue más fuerte la presencia y el influjo de la Iglesia- los principales protagonistas de la evangelización en el siglo XVI fueron miembros de cuatro órdenes religiosas: franciscanos, dominicos, mercedarios y agustinos. En 1567 los jesuitas entraron a formar parte de las cuatro órdenes predichas, ocupando el lugar dejado por los mercedarios. En el siglo XVII llegarían otras dos órdenes religiosas: los capuchinos y los carmelitas descalzos.

            Por su labor misionera, educativa y cultural, su influjo político-religioso, su poder económico, su capacidad organizativa, su marcada estructura jerárquica y la calidad de sus miembros, la Compañía de Jesús se fue convirtiendo a lo largo del siglo XVII en la principal orden religiosa en el mundo colonial americano. 

Los comienzos brasileños

            Brasil fue el primer lugar al que llegaron los jesuitas y donde tuvieron un notable influjo. Los seis primeros religiosos, dirigidos por el padre Manuel da Nóbrega (1517-1570), desembarcaron en Salvador de Bahía con el gobernador Tomé de Souza en 1549 y, a partir de 1553 -estando aún vivo Ignacio de Loyola- comenzaron a establecer una red de aldeias misioneras en los alrededores de Bahía. 

            El crecimiento de la comunidad jesuita fue rápido. En 1574 eran 110 -entre ellos, 16 religiosos nacidos en Brasil- y la provincia brasileña de la Compañía de Jesús estaba bien organizada. Contaba con residencias en las principales capitanías, gestionaba numerosas aldeas indígenas y administraba colegios. La fundación de São Paulo, el 25 de enero de 1554, comenzó con la construcción de un colegio por parte de doce jesuitas, entre los que se encontraban los famosos José de Anchieta (1534-1597), apodado “el apóstol de Brasil”, y Manuel da Nóbrega, quien también participó en la fundación de Río de Janeiro.

            En el siglo XVII, los jesuitas -que eran 165 en 1610, 170 en 1654 y 304 en 1698, de los cuales 113 eran de origen brasileño- ampliaron su actividad al Maranhão (1622), Ceará, Piauí, la Amazonia y el sur del país. En aquella época, su figura emblemática fue Antonio Vieira (1608-1697), considerado uno de los grandes autores de lengua portuguesa y defensor incansable de los indígenas. 

            En el siglo XVIII, el poder de los hijos de Loyola pareció consolidarse en un primer momento. De 362 en 1732, pasaron a ser 474 en 1757, de los cuales el 44 % había nacido en Brasil. Crearon nuevas residencias en Fortaleza (1723) y Parnaíba (1749), y colaboraron en la creación de “reducciones” -poblados destinados a “reducir” a los indígenas “a vida civilizada y cristiana”-, sistema político-religioso del que se hablará más adelante.

            Además de su trabajo misionero, es importante destacar la labor educativa desarrollada por los jesuitas en el Brasil colonial. En una sociedad donde la educación no recibía ningún estímulo por parte del Estado ni hubo universidad alguna durante el periodo colonial, la Compañía de Jesús creó una importante red educativa mediante sus colegios-seminarios, misiones y pueblos. 

            En la segunda mitad del siglo XVI fundó colegios en Salvador de Bahía, Río de Janeiro, São Paulo, Olinda y Vitória. A éstos se sumaron, en el siglo XVIII, los colegios de Recife, São Luis do Maranhão y Belém do Pará. También fundó seis grandes seminarios diocesanos en São Paulo (1746), Salvador de Bahía (1747), Paraíba y Mariana (1748), Belém do Pará (1749) y São Luis do Maranhão (1752), lo mismo que otros seminarios más pequeños en Belém da Cachoeira (1689), Aquiraz (1727) y Paranaguá (1729).

            Toda esta labor educativa terminó cuando los jesuitas, tras entrar en conflicto con el poder real, fueron expulsados de los territorios portugueses en 1759. A partir de aquel momento el Estado empezó a fomentar en Brasil la enseñanza educativa a través de las llamadas Aulas Régias.

Presencia en Hispanoamérica

            A Hispanoamérica los jesuitas llegaron por primera vez en 1566, a la Florida. Al año siguiente ya estaban en el Perú. Sucesivamente fueron estableciéndose en México (1572) y en toda América del Sur a partir de 1586. 

             Su proceso de expansión fue lento en la segunda mitad del siglo XVI, pero, desde comienzos del siglo XVII, la inicial lentitud se transformó en rapidez. De medio millar en 1601, pasaron a ser 1.263 en 1653 y 1.933 en 1710. Su principal lugar de actividad lo constituyó la Nueva España, siguiéndole Perú, Río de la Plata, Bolivia, Chile, Ecuador y la Nueva Granada.

La Compañía de Jesús se destacó por su labor educativa entre la población hispano-criolla. 

Sus numerosos colegios y seminarios gozaron de gran prestigio. Solamente en el virreinato de la Nueva España pusieron a funcionar 24 colegios y 10 seminarios. 

            En el ámbito universitario los jesuitas tuvieron un gran influjo a partir de 1621, gracias al breve In supereminente, del papa Gregorio XVI, que les permitió dar grados universitarios desde 1623 en Cuzco, Santiago de Chile, Córdoba, Bogotá, Quito y La Plata. Posteriormente también otorgaron grados universitarios en Huamanga (Perú, 1680) y Santo Domingo (1747). 

            En sus colegios y universidades los jesuitas contribuyeron no sólo al desarrollo de las humanidades, sino también al de los estudios de matemáticas, botánica, astronomía y ciencias de la naturaleza. A ellos se debe igualmente una valiosa literatura de viajes y de descripciones geográficas. 

            Entre sus primeros intelectuales en el Nuevo Mundo merece mención especial José de Acosta (¿1539?-1600), autor de De Natura Novi Orbis (Salamanca, 1588), De promulgatione Evangelii apud Barbaros sive De Procuranda Indorum salute (Salamanca, 1588) y, sobre todo, de la Historia natural y moral de las Indias (Sevilla, 1590), obras que poco después de ser publicadas fueron traducidas a varias lenguas. 

            De mucha importancia serán también los escritos de Antonio Ruiz de Montoya (1585-1652) sobre Paraguay, de José Gumilla (1686-1750) sobre Venezuela, de Juan de Velasco (1727-1792) sobre Ecuador, de Francisco Javier Clavijero sobre México (1731-1787) y de Juan Ignacio Molina (1740-1829) sobre Chile. 

            Desde el inicio de la «conquista espiritual», los religiosos se dedicaron con entusiasmo al estudio de las lenguas, las creencias y las costumbres de los pueblos a los que buscaban evangelizar. Esta empresa dio lugar a una impresionante cantidad de trabajos de etnografía misionera. ¿Acaso no era necesario conocer bien la «extrañeza» indígena para «convertirla»? En particular en el sur del continente los jesuitas sobresalieron en el estudio de las lenguas amerindias. Citemos, entre otros, a Ludovico Bertonio (1552-1625) para el aymara, Antonio Ruiz de Montoya para el guaraní, y Alonso de Bárcena (1528-1598) que dominó once lenguas indígenas y escribió gramáticas, vocabularios y catecismos en la mayoría de ellas. 

En el campo de la evangelización los jesuitas fueron, junto con los franciscanos, la principal orden misionera. 

Desde la Ciudad de México caminaron hacia el norte a tierras de los tarahumaras; desde Quito penetraron en la Amazonia; desde Perú llegaron a Tucumán en 1585. Se hallaban entonces en vísperas de iniciar la gran experiencia de las”Reducciones del Paraguay”, que duró siglo y medio (1609-1768) y que fue la más brillante, aunque también la más controvertida de las realizaciones de la Compañía de Jesús en el Nuevo Mundo. 

            El experimento de “reducción”, que se llevó a cabo en muchas partes del mundo colonial español, puede definirse como la agrupación de amerindios en aglomeraciones organizadas, estables y accesibles, para facilitar tanto su cristianización como su control. La reagrupación de una población, hasta entonces a menudo dispersa, servía para resolver simultáneamente tres problemas esenciales para la estabilización del orden colonial: el del acceso a la mano de obra, poniéndola bajo el control de la administración real; el de la supervivencia de las poblaciones, protegiéndolas de los abusos de los colonos y distribuyéndoles tierras; y, por último, el de la recaudación del impuesto destinado al rey. 

            En este marco reduccional, los indígenas gozaron de cierta autonomía administrativa, disponiendo de su propia autoridad municipal -alcaldes, regidores y alguaciles- a la que nombraban anualmente. Los dos universos coloniales o “repúblicas” -la “república de indios” y la “república de españoles”- quedaron separados por inmensas extensiones deshabitadas, lo que facilitó su apropiación por parte de los colonizadores gracias al naciente sistema de las haciendas.

            Las reducciones jesuitas del Paraguay constituyeron, pues, una tardía pero brillante sistematización del proyecto reduccional elaborado en el siglo XVI. Su éxito se debió a su instalación en regiones periféricas, poco controladas por la administración española, donde la presencia de colonos era marginal. 

            Las primeras reducciones del Paraguay fueron fundadas por los franciscanos en la región de Asunción a finales del siglo XVI. Pero con los jesuitas, que se establecieron más allá de Asunción, la empresa tomó un gran impulso: 5 reducciones en 1614, 7 en 1623, 13 en 1647.

            No hay que confundir, en términos territoriales, las llamadas “reducciones del Paraguay” con la actual República del Paraguay. De las 30 reducciones del Paraguay que existían en 1768, solo 8 se encontraban en el territorio actual de Paraguay, mientras que 15 estaban en territorio argentino y 7 en territorio brasileño. 

            Por otra parte, además del Paraguay, las reducciones jesuitas estuvieron presentes en varias regiones americanas. Su distribución geográfica refleja la vocación misionera jesuítica de ser “hombres de frontera” situándose en los márgenes del mundo colonial: Tarahumara, Sonora y Sinaloa desde 1614, Los Llanos y Casanare desde 1659, Moxos desde 1682, California desde 1695 y finalmente Mainas desde 1700. Valgan las siguientes cifras:

            En el momento de su expulsión en 1767, los jesuitas tenían en Bolivia entre los indígenas moxos (1682 -año inicial-) y chiquitos (1691) 15 reducciones con 18.500 indios. En Ecuador y Perú, 32 reducciones entre los maynas (1637) con 19.200 indígenas. En los Llanos y Casanare (1659), en las actuales Colombia y Venezuela, 36 reducciones. En el norte de México contaban con 40 reducciones en Tarahumara, Sonora y Sinaloa (1614) con 40.000 indígenas. Y en California (1695), 19 reducciones con alrededor de 22.000 indígenas.  

            En 1732, momento de mayor esplendor socioeconómico y de expansión territorial de las reducciones del Paraguay, había en ellas más habitantes -alrededor de 150.000- que en las tres gobernaciones del Río de la Plata, Paraguay y Tucumán juntas. En cada una de las reducciones del Paraguay, la población variaba, según la época, entre un mínimo de 1.500 y un máximo de 7.000 miembros. Cifras importantes si se tiene en cuenta que, en 1738, Buenos Aires contaba con sólo 4.436 habitantes.

            En lo que respecta a las reducciones del Paraguay, se ha hablado de “comunismo cristiano” en la medida en que la vida económica y social en ellas era comunitaria (hasta el punto de que cada mañana se repartían las herramientas para ir a trabajar al campo) y estaba fuertemente marcada por la religión (misa obligatoria a las 5:30 de la mañana y jornadas pautadas por las fiestas y celebraciones religiosas). 

            Las reducciones del Paraguay -situadas en un espacio conflictivo entre las coronas de España y Portugal- gozaron de una amplia autonomía y funcionaron como una especie de “Estado tampón” entre ambas potencias coloniales. Pero en 1750 se firmó un tratado de límites entre las monarquías española y portuguesa. El territorio de las siete reducciones situadas al este del río Uruguay pasó entonces a manos de los portugueses. La oposición de los guaraníes se materializó en la Guerra de las Siete Reducciones (1754-1756), que enfrentó a las tropas españolas y portuguesas contra los guaraníes. Este episodio avivó los rumores que circulaban por entonces en Europa, según los cuales las reducciones eran un Estado dentro del Estado en manos de los jesuitas.

            Todo ello influyó en la decisión tomada por la monarquía portuguesa en 1759, y posteriormente por la monarquía española en 1767, de expulsar de sus dominios a la Compañía de Jesús. 

            En los años posteriores a la expulsión de los jesuitas, la población de las reducciones disminuyó rápidamente; muchos guaraníes prefirieron volver a la vida nómada, mientras que otros -apreciados por ser buenos artesanos- emigraron a Buenos Aires, Santa Fe, Montevideo y Asunción.

            Las reducciones del Paraguay, que constituyen uno de los más admirados logros misioneros de la época colonial ibérica, se distinguen por haber puesto en práctica, a gran escala y larga duración, un modelo que planteaba la evangelización en términos integrales: no sólo como transmisión de una doctrina religiosa, sino también como proyecto global de organización de la vida de los indígenas.  

            En ellas los jesuitas desarrollaron una eficaz organización económica y social de carácter comunitario, en cuya administración y defensa participaron los indígenas pues, no lo olvidemos, en cada reducción no había, por lo general, sino dos o tres religiosos. Sin embargo, y esta es la otra cara de la moneda, las reducciones han sido criticadas por transformar profundamente la identidad indígena y por mantener a los indios en un estado de minoría de edad, aunque -cabe destacar- las poblaciones guaraníes las apoyaron por la protección que les proporcionaban y por el nivel de vida del que en ellas gozaron.

Si los jesuitas tuvieron una intensa labor misionera con los amerindios, no fue el caso con los esclavos africanos. 

Por lo demás, todas las órdenes religiosas poseían esclavos en sus colegios, conventos o haciendas y sólo cuatro misioneros se atrevieron a militar contra la esclavitud de los negros. Fueron, en la América española, los capuchinos Francisco José de Jaca (1645-1690) y Epifanio de Moirans (1644-1689) y, en Brasil, los jesuitas Gonzalo Leite (1545-1603) y Miguel García (1550-1614) que trabajaban en Bahía. 

            Leite sostenía que “ningún esclavo de África o de Brasil es cautivo justamente” y escribió: “Veo a nuestros sacerdotes confesar homicidas y robadores de libertad, de hacienda y sudor ajenos, sin restitución del pasado ni remedio de males futuros…”. Su postura se hizo incómoda para los jesuitas mismos, por lo que fue obligado en 1586 a volver a Portugal, calificado como “inestable”.

            Miguel García combatió sobre todo la existencia de esclavos en los conventos religiosos, práctica común en la época. “La multitud de esclavos que tiene la Compañía en esta provincia -escribe-, concretamente en el colegio de Bahía, es cosa que no puedo aceptar de ningún modo. A veces pienso que con más seguridad me salvaría como laico que en esta provincia de la Compañía, donde veo lo que veo”. Sus superiores lo devolvieron a Portugal, por considerarlo “muy afectado por los escrúpulos”.

            La generalizada aceptación de la esclavitud de los africanos y el escaso interés por su suerte hace que también resulte extraordinario el caso de otros dos jesuitas que, sin denunciar frontalmente la esclavitud, dedicaron su vida a la evangelización de los africanos y a mitigar los sufrimientos de los esclavos que desembarcaban en el puerto de Cartagena de Indias. Se trata de Alonso de Sandoval (1576-1652) y de Pedro Claver (1580-1654). El primero es autor del único tratado de la época colonial dedicado a la evangelización de los llamados “etíopes”: el De instauranda aethiopum salute(Sevilla, 1627). Su discípulo, Pedro Claver, que se consideraba a sí mismo “aethiopum semper servus” -esclavo de los negros para siempre-, fue canonizado en 1888 por León XIII, quien lo proclamó patrón universal de las misiones entre los negros.

            En términos generales la Iglesia católica colonial se limitó a predicar la resignación a los esclavos y a ejercer cierta protección sobre ellos para que su exasperación no llegara al límite. En este sentido cumplieron un papel importante las cofradías de negros (irmandades en Brasil), unidades de culto a sus santos patronos, pero también asociaciones religiosas con actividades y programas de ayuda mutua, beneficencia y caridad. 

Recordemos que el sistema de cofradías también fue adoptado -y adaptado- por los amerindios desde 1570, aproximadamente; tuvo una gran difusión durante el siglo XVIII y dio a las comunidades indígenas cristianizadas una vida ritual, una expresión ceremonial y un sistema de prestigio como el hecho de ser mayordomo de la cofradía.

La Iglesia católica fue un actor central en el sistema colonial pues, además de su papel religioso, de ella dependían los hospitales, las instituciones benéficas y educativas, las principales formas de sociabilidad festiva, así como una parte sustancial de los recursos económicos.

La mayor parte de estos bienes se constituyó a través de donaciones, fundaciones piadosas o dotes que acompañaban el ingreso de los hijos de la élite social en las órdenes religiosas. Estas transferencias de bienes a la institución eclesiástica solieron adoptar la forma de “censos”, forma habitual de crédito hipotecario en el mundo colonial que hizo de la Iglesia su principal institución bancaria. 

            Las órdenes religiosas -con excepción de los franciscanos- se convirtieron en verdaderas potencias económicas, poseedoras de  numerosos esclavos africanos y de un importante patrimonio agrario y urbano que, junto al patrimonio del clero secular, se convirtió en una manifestación visible del poder social de la Iglesia. Pero fue la Compañía de Jesús la que mejor supo administrar sus bienes, de manera que ya a principios del siglo XVII, se encontró al frente de una fortuna considerable que hizo fantasear a sus adversarios y que contribuyó a su supresión.

Añadamos que, en el siglo XVIII, los regalistas ilustrados vieron a los jesuitas como un obstáculo decisivo para una más completa afirmación del poder estatal sobre la Iglesia. Entre todas las órdenes religiosas la Compañía de Jesús era la más independiente de la autoridad episcopal, la más fiel al Papado y la más resistente a la burocracia real.

Una muerte anunciada

            La campaña antijesuítica se declaró en forma clara desde mediados del siglo XVIII. El primer país en expulsar a la Compañía de Jesús fue Portugal, en 1759. En 1764 fueron expulsados de Francia y sus dominios. Poco después fueron expulsados de los territorios de la Corona española a través de la Pragmática Sanción dictada por Carlos III el 2 de abril de 1767. 

            De los dominios españoles en América salieron expulsados 2.458 jesuitas, la mayoría criollos, bien calificados, disciplinados, eficientes y cosmopolitas. Sobre esto último es interesante señalar que, con excepción de los jesuitas, fue rara en Hispanoamérica la presencia de religiosos no españoles. Esa particularidad se debió a que, desde principios del siglo XVII en adelante, la Compañía de Jesús logró cada vez más permisos para enviar a sus miembros a Hispanoamérica desde cualquier parte de los dominios asociados con la Corona de Castilla, e incluso desde los dominios presentes y pasados del Sacro Imperio Romano. 

            Así fue como entre los jesuitas que iban a la América española encontramos flamencos, napolitanos, sicilianos, milaneses, bávaros, bohemios, austríacos, etc. A modo de ejemplo, en 1767, en el momento de su expulsión de México, había 678 jesuitas, de los cuales 464 eran criollos, 153 españoles, 44 alemanes, 12 italianos, 2 franceses, 2 portugueses y un irlandés.

            La expulsión de la Compañía de Jesús tuvo graves consecuencias en el campo educativo: en Hispanoamérica le fueron expropiados 120 colegios. Fue, igualmente, una de las causas de la decadencia misional del siglo XVIII: en los dominios españoles había en ese momento cerca de 480.000 indígenas a cargo de los jesuitas.

            La supresión definitiva de la Compañía fue llevada a cabo en 1773 cuando el papa Clemente XIV (1769-1774) cediendo ante las presiones de los reyes de Francia, España y Portugal la extinguió mediante el breve Dominus ac Redemptor. 

            Entre los jesuitas criollos expulsados hubo algunos que se interesaron por la evolución política en su tierra natal y que han sido considerados como precursores de la independencia hispanoamericana. Es el caso del mexicano Francisco Javier Clavijero (1731-1787), del argentino Juan José Godoy (1728-1788) y del peruano Juan Pablo Viscardo (1748 – 1798), autor de la famosa Carta a los españoles americanos.

            La Compañía de Jesús fue restablecida por Pío VII en 1814 (mediante el breve Sollicitudo omnium ecclesiarum) y, a lo largo del siglo XIX, se fue implantando en las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Sin embargo, para los jesuitas será un siglo plagado de nuevos exilios, ya que se verán envueltos en la vorágine de los conflictos entre liberales y conservadores que marcaron este período. A modo de ejemplo, regresaron a Argentina en 1836, fueron expulsados en 1848 y volvieron en 1854; en Colombia, regresaron en 1844, fueron expulsados en 1850, volvieron en 1858, fueron expulsados en 1861 y regresaron -hasta la fecha- en 1887. 

            Fácil es colegir que la segunda Compañía de Jesús -la que surge de su “restauración”- va a transitar por caminos históricos muy diferentes de los que conoció la primera, y que lo hará mucho más cautelosamente. No en vano se pasan 41 años en el sepulcro. Tiempo suficiente para asimilar que nadie es eterno en el mundo y que muy rápido se puede ir de la cima a la sima.

Rodolfo Ramón de Roux

Septiembre 9, 2026

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