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Son historias recogidas en los libros, en la calle, en Internet, en el hogar. Son historias que enseñan, que ponen a reflexionar. Positivas, didácticas, impactantes. No es posible identificar a todos los autores, así que en este sentido hay que dar excusas. Pero las historias valen la pena. 

Continúan…

10. El Ángel 

El noticiero de las siete de la noche abrió su espacio con una impresionante imagen de una mujer que colgaba de un balcón de un octavo piso. Según el locutor, durante tres horas esa mujer de unos treinta años de edad estuvo a punto de lanzarse al vacío. La posible suicida había asesinado horas antes a su pequeña hija de sólo cuatro años. 

Las imágenes mostraron cuando un policía se acercó a ella poco a poco y, con un rápido movimiento la tomó del brazo y evitó que se lanzara. Al día siguiente, la fotografía de todos los periódicos mostraba en primera página a la mujer en el balcón al momento de ser rescatada. No había aún una clara razón que la motivara a efectuar semejante crueldad. La noticia me impactó, como a todos en la ciudad, pero pronto me vi inmerso en el denso trajín de un trabajo agobiador. A la mitad de la mañana, la secretaria me informó que había una llamada telefónica para mí, con carácter personal. Tomé la bocina y respondí: 

  • Aló, ¿hablo con el Cónsul de Colombia? 
  • Sí señor, en qué puedo servirle,  
  • Señor Cónsul, ¿vio usted la noticia de una mujer que asesinó a su niña y que luego intentó suicidarse? 
  • Sí, claro, impresionante y dolorosa. 
  • Señor Cónsul, esa mujer se llama Alicia, está en la cárcel central, es colombiana y necesita su ayuda. 
  • ¿Puedo saber quién habla?, indagué. 
  • No importa, por favor ayúdela. 

Durante varios minutos me quedé mirando la ciudad que se dominaba desde mi ventana. Varios sentimientos encontrados se atropellaron en mi mente. Caía una suave nevada.  

Al día siguiente, en la cárcel central, pabellón femenino, me encontré con una joven abogada de oficio que le había sido asignada a Alicia. Nos sentamos en una de las pequeñas salas de visita de la prisión y ella me narró la historia completa. Me alertó que Alicia estaba muy trastornada, a ratos incoherente. Que había aceptado verme pero que a lo mejor no se daba cuenta de lo que decía o hacía. Que entendiera las circunstancias. 

Cruzamos las rejas que nos separaban del cubículo para visitas especiales. La abogada entró primero, luego yo. Lo que vi, no se me ha podido borrar de la mente. Una pequeña mujer, con los pies montados en el estrecho taburete, vestida con una bata antisuicidio, me miraba desde el fondo de su ser con pánico. Temblaba como un pajarillo recién capturado. Sus ojos verdes, vidriosos, eran una mezcla extraña de enajenación y realidad. No pude hablar. Me senté a su lado en otra silla y simplemente le tomé la mano. Así estuvimos, mirándonos a los ojos, varios eternos minutos. Poco a poco me percaté de ella. Medía un poco más de metro y medio. Blanca, pálida, cerosa, menuda. Un pelo rubio y encrespado, enloquecido, rodeaba su cabeza. Unas manos muy finas que me causaron escalofrío. Las imaginé apretando la almohada contra el rostro de la niña. 

Seguíamos callados los tres. Al fin, irreverente, rompí el sagrado silencio: 

  • Alicia, no tema. Sólo quiero ayudarla, si usted acepta. 

Nuevamente nos miramos despacio a los ojos. Su temblor era ahora más suave. Empezó a balbucir frases cortas: 

  • Mi niña era un ángel. Yo la adoro. Soy un monstruo. Lo hice para ayudarle, ahora está a salvo. Ella era un ángel. Me van a matar. No quiero que sepan en Colombia. No hagan escándalo. Mi niña era bella. Mi niña, mi niña, mi niña, mi niña… Yo solo atinaba a balbucir también algunas palabras. No tema. Amor es lo único que sana. Confíe en Dios, en la gente buena. 

La abogada miraba sin comprender las pocas frases que nos decíamos, ella no hablaba español. Alicia entró como en letargo y se quedó con la vista fija en mí. No volvió a modular. La abogada hizo una señal y la guardiana que había permanecido en la puerta entró para llevársela. 

Le prometí a Alicia que volvería al día siguiente, si ella quería. Dijo sí con la cabeza y nos abrazamos. Sentí, cuando caminó alejándose de mí, que parte de mi alma también quedaba presa. 

Le pedí a la abogada que era urgente la asistencia profesional de un sicólogo. Ella estuvo de acuerdo y de hecho ya había pedido esa ayuda. Nos citamos al otro día, a las 10 de la mañana. Sería una larga espera. 

Esta vez Alicia estaba sola. Entró a la pequeña sala donde yo la esperaba arrastrando su tragedia. Ojos brotados y brillantes, caminar lento y pesado, cabeza agachada. La abracé y nos sentamos frente a frente. Ahora hablaba hilvanando bien las ideas, siempre y cuando no se refiriera a su Ángel. Cuando nombraba a la niña entraba como en trance y sólo decía palabras entrecortadas. No le volví a mencionar a la niña. Hablamos sobre el proceso que se venía. Sobre la abogada a quien ella le había tomado confianza. Sobre su aislamiento de las demás reclusas, por temor a que la asesinaran. Una hora escuché sus historias de la cárcel. Cuando salí, tenía clara una conclusión: Se iba a suicidar, no tenía más opción. 

Pasaron los días, los meses. Continué hablando con ella, la mayoría de las veces por teléfono. Murmuraba horas enteras y casi ni le entendía lo que me decía. Hablaba bajito, como susurrando. Al final, colgaba tranquila. Ahora Alicia se ha dedicado a la oración y a servir a las demás reclusas. Empiezan a estimarla. El juicio se orienta a declararla enferma mental y por lo tanto, más que prisión, requiere tratamiento. 

Mientras tanto, no para de taladrar mi mente la dura realidad. La cruel y despiadada historia detrás de Alicia. Su esposo, un europeo, era un ser depravado y monstruoso. Bebía y les pegaba a ella y a la niña. Trató de abusar sexualmente de su angelito y ella lo abandonó. Luego se inició la lucha legal por la custodia de la hija. Varios meses de angustia. Alicia no permitiría que el ángel cayera en manos de un demonio. Haría hasta lo imposible. Pero un desgraciado hecho la desquició. Perdió su trabajo. En esas condiciones no podría garantizarle al Angel las condiciones exigidas. Por eso, tomó la almohada cuando el Angel dormía y la ahogó. Luego ella se tomó todas las píldoras para los nervios y para dormir que tenía para morir al lado de la niña. Todo había terminado. El monstruo no tendría al Ángel. 

De pronto, unos golpes la despertaron. Ella contempló aterrorizada el cuerpecito frío que yacía a su lado. Miró por la mirilla de la puerta y vio al agente de la policía que tocaba el timbre. Corrió hacia el balcón, para tirarse del octavo piso. Abajo, empezó a arremolinarse la gente. La puerta sonaba con los golpes de los policías que la llamaban. No era capaz de brincar. Al fin, cayó la puerta, el agente se le acercó y trató de calmarla. No se tire, la ayudaremos, confíe. Ella no era capaz de lanzarse. La atraparon bruscamente. 

Al abrazarla para impedirle el movimiento, un papel que el policía llevaba en la mano, se arrugó. Era la orden del juez que le concedía la custodia de la niña a la mamá. 

Samuel Arango M.

Mayo, 2024


[1] Recopilación y foto: José Samuel Arango.

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En el baúl encontré esta nota, que describe mi despedida de mamá Clarisa, cuando viajé caminando desde nuestra parcela en Horizontes, hasta Sopetrán, para luego presentarme en la casa de San Ignacio en Medellín como postulante a jesuita. 

Ayer, un día laaaargo, la ciudad en siesta a la espera de una noche donde Bogotá duerme sin roncar de carros, y el desvelo acelera mi cerebro. 

Imágenes atropellándose con sensaciones ya vividas me empujan de nuevo hasta La Quiebra. Mamá de pie, igual que el último poste del corredor frente a la cocina. El delantal a esa hora aún está limpio. Su cabello recogido con un trapo anudado a su frente señala su mal sueño y el dolor de cabeza. Me bendice. Usa la fórmula más larga donde caben todos sus santos y buenos deseos. Entonces le doy ese abrazo que uno no quisiera soltar, pero no lloramos. Es la hora de partir. Ese camino en espiral que lleva a Horizontes me espera. 

Pero hoy no lo recorro sino hasta el tanque del acueducto que papá construyó aplicando una guía tomada del semanario “El Campesino”. Sigo la trocha paralela a la acequia y me dirijo hasta la “toma” de agua en la cañada para cruzar a Yarumito. Mamá sigue pegada al poste. Adivino sus ojos llorosos y sus plegarias protectoras. Decidido, avanzo cuidadoso pues el camino es estrecho hasta llegar a casa de Álvaro Marín. Nadie me ve pasar. Sólo mamá vigila aún mis pasos cuando cruzo todo el potrero de esa finca hasta llegar al recodo desde donde ya no veré más la casa de mis nostalgias. Me detengo. Es hora de comer media arepa e hidratarme con “aguapanela”. Sentado observo todo lo que dejo atrás. Mamá apenas es una rayita pegada al poste. No se movió durante mi caminata de una hora.  

Entonces dejo que corran las lágrimas y se desahoguen en gritos que nadie oye. Ni siquiera la bruja del monte de la finca de Daniel Echeverry que recorrió esas trochas años atrás. Luego llega la calma. Tengo prisa. Me espera en la Ceja el noviciado de los jesuitas. 

Miro hacia Llanadas donde Lucila Álvarez seguramente ya leyó mi carta de despedida. Retomo el camino y a un cuarto de hora estoy en casa de Socorro Vahos, donde también encuentro a mi querido amigo y compañero Juan Quintero quien visita a sus bellas primas, las hijas de Socorro. Se enteran de mi viaje. Todos me alientan, menos Juan, quien siempre fue un poco escéptico y crítico. Además, me conoce bien. 

Esta caminata terminará en Sopetrán tres horas más tarde, si mantengo el paso vigoroso de quien piensa que vale la pena sacrificar cosas y hasta corazones por seguir una vocación. Juan tendrá razón siete años después. No serví para cura como su primo, ni como el hijo de Pachito Olarte. Esa caminata de despedida me la recuerdan los Chachaleros cada que cantan “Mama Vieja” y para qué. Me hacen llorar. 

Luis Arturo Vahos

Día de las Madres, Mayo, 2024

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En una tertulia impactante por lo novedoso del tema, nuestros invitados nos explicaron paso a paso lo que se hace actualmente en este tema de tanta trascendencia por el momento actual en esta Institución Educativa y las repercusiones en el futuro de nuestra juventud y de nuestro país. Compartimos con nuestros lectores este interesantísima tertulia.

Exjesuitas en tertulia- 2 de Mayo, 2024
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Es tiempo de preguntarse qué formación democrática se debe ofrecer en colegios y universidades. La posición del Gobierno frente a la designación del rector de la Universidad Nacional cuestiona seriamente la autonomía de las universidades públicas.

En ejercicio de esa autonomía, la Constitución y la ley les otorgan la potestad de hacer sus propios estatutos que incluyen los procedimientos para designar a sus autoridades, de acuerdo con unos criterios orientados a garantizar el cumplimiento de sus fines esenciales, centrados en el cultivo del conocimiento a través de la investigación y la formación de alta calidad de los jóvenes, cuyo talento asegura el progreso colectivo.

La autonomía se convierte en una condición fundamental para el cumplimiento de su misión, evitando cualquier subordinación ideológica o política que pueda poner trabas a la libertad de pensamiento.

Desde luego, las normas no son inmutables y pueden cambiarse cuando no respondan de manera adecuada a los fines que persiguen, pero lo que no es aceptable en una sociedad democrática es que se cuestionen a posteriori, cuando los resultados de las decisiones legítimas de las instituciones no agradan a quien ostenta el poder presidencial.

Si se quería cambiar el procedimiento de elección del rector, tendría que haberse hecho antes por los canales previstos en el mismo estatuto. Lo que no luce bien es que el Consejo Superior, presidido por una ministra de Estado y dos representantes del Presidente, tome una decisión habiendo consensuado el procedimiento y luego se declaren indignados por el resultado y cuestionen lo actuado. Eso es hacer trampa. El poder no puede usarse de ese modo. Es una mala lección de democracia en una institución educativa.

Cada día se hace más evidente que el Presidente y sus colaboradores consideran que las decisiones que no son de su agrado por definición no son democráticas. No les gustan las decisiones del Congreso de la República que no se pliegan a su capricho. No les gusta, por supuesto, que haya asociaciones gremiales que elijan a candidatos diferentes a los propuestos por el Gobierno, como en el caso de los cafeteros, o fallos de la justicia que cuestionen la ineptitud o la corrupción de sus funcionarios, que ya están lejos de ser excepcionales, porque los Olmedos se multiplican.

La Constitución de 1991 incluyó mecanismos de participación e inclusión que defendió con seriedad y compromiso el grupo político al que decía pertenecer Gustavo Petro, y gracias a eso ha podido disfrutar del poder y los privilegios que otorgan los cargos a los que ha llegado por elección popular, así algunos los haya desempeñado con pobres resultados, tanto para sus creyentes como para los sectores más vulnerables. En los últimos días, sin embargo, ha hecho saber que esa Constitución ya no le sirve y tampoco los procedimientos para cambiarla.

Es tiempo de preguntarse qué formación democrática se debe ofrecer a niños, niñas y jóvenes en colegios y universidades. El Presidente prometió a los estudiantes de la U. N. algo que no podía ofrecer sin brincarse la autonomía del Consejo Superior, y ahí están en paro. La lección de democracia es: si no te gustan los resultados, arma un tumulto. Si alguna agremiación no favorece tus deseos, puedes usar recursos públicos para inventar una paralela. Si alguien hace lo que tú no lograste, trata de que fracase, sin importar que sea respaldado por el voto popular.

¿Valdrá la pena enseñar a los niños que los manuales de convivencia deben respetarse? ¿Se dará facultad a los rectores de los colegios para que cambien a los personeros que no sean obsecuentes y destierren a los maestros que no estén de acuerdo con ellos? ¿Será posible enseñar que la palabra empeñada es suficiente para confiar en la autoridad? ¿Se avecina el tiempo en que quienes hoy invierten en las campañas políticas comiencen a invertir en las campañas para rectores de las universidades públicas? La formación democrática va más allá de los currículos.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá.

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El Dane acaba de publicar los datos sobre la incidencia de la pobreza multidimensional en 2023.  

Es una medida que incluye 15 variables incorporadas en 5 dimensiones: condiciones educativas, situación de la niñez y juventud, trabajo (informalidad y desempleo), acceso a la salud y características de la vivienda. No incluye ninguna medida de ingreso, y por esta razón no es un indicador de las fluctuaciones de las condiciones de vida en el corto plazo. Refleja, más bien, tendencias de tipo estructural. 

La pobreza se está reduciendo de manera continua desde 2010, cuando era 29,7%, hasta 2023 cuando llegó a 12,1%. Durante estos años, el número de personas en condiciones de pobreza pasó de 12,9 a 6,3 millones. Entre 2022 y 2023 salieron de la pobreza 338.000 personas. 

Con excepción de 2020, la tendencia descendente se ha mantenido. Por razones de la pandemia, entre 2019 y 2020, la incidencia de la pobreza subió de 17,5% a 18,1%. La principal causa de este aumento fue la inasistencia escolar, que pasó de 2,7% de los hogares a 16,4%. En 2021, una vez que se fue superando la pandemia, la inasistencia escolar se redujo a 5,5%. Y en 2023 bajó a 2,3%. Además de los indicadores relacionados con la educación, durante los meses de covid también se deterioraron las condiciones de trabajo. Aumentó la informalidad y el desempleo de larga duración. 

La tendencia decreciente de la pobreza multidimensional muestra que en el país se ha ido construyendo una institucionalidad que ha contribuido al mejoramiento de las 15 variables que componen la pobreza multidimensional. Esta dinámica se ha mantenido en el mediano plazo (2010-2023), independientemente de que en estos años se hayan presentado importantes cambios en el ritmo de la economía y en la orientación política de los gobernantes. La pobreza disminuye independientemente de los ciclos, y este es un logro relevante de la política pública. 

Pero frente a este hecho positivo que abre las puertas al optimismo, también se presentan dos brechas que son preocupantes. La urbano/rural y la regional. En 2023 la incidencia de la pobreza rural fue de 25,1%, y la urbana de 8,3%. Esta diferencia de 16,8 puntos es inaceptable. Las condiciones de vida en el campo son considerablemente inferiores a las de las ciudades. 

Y las diferencias entre regiones es escandalosa. Mientras que en 2023 la pobreza en Bogotá fue de 3,6% en la región Caribe era de 20,1%, y en la Pacífica (sin el Valle del Cauca) 19,4%. El panorama se complica si se tiene presente que al interior de cada región son evidentes las desigualdades entre las áreas urbanas y las rurales. 

Las divergencias entre regiones no son justificables. Más aún, es censurable que una sola persona viva en condiciones de pobreza. Pero mientras se logra el ideal lejano de pobreza cero, por lo menos se debería presentar convergencia alrededor de la región con menor pobreza. Así que la incidencia de la pobreza multidimensional debería estar alrededor de 3,5%-4%, que es nivel alcanzado por Bogotá. 

Desde el punto de vista de la política pública, las dimensiones y las variables que se incluyen en la pobreza multidimensional, permiten dirigir las decisiones de los gobiernos hacia los sectores que requieren más atención para ir reduciendo las brechas. Es posible, entonces, hacer una asignación eficiente de la inversión pública de tal forma que se reduzcan las brechas. 

Jorge Ivan González

Publicado en La República, Bogotá. 

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Todo ser humano nació para ser libre, sabio, amoroso y creador. Pero Dios le da a cada persona unos talentos especiales para ser especialmente sabio o servidor de los demás o creador de desarrollo. 

Dios tiene un plan creador sobre el mundo y cada hombre tiene un papel específico que desempeñar en él. Dios, a través de las cualidades de cada uno y de los acontecimientos, le va mostrando esa misión especial en la vida. Dios no hace las personas en serie, sino que cada persona tiene una misión específica que realizar. 

Descubrir esa misión específica es necesario para convertirla en propósito de vida. Y este propósito debe concretarse con una estrategia de realización; es decir, convertirse en un proyecto de vida. No solo hay que descubrir qué quiere Dios de mí, sino también dónde, cuándo y cómo debo desarrollar esa misión. Con su razón y el conocimiento de la fe, el hombre descubre a Dios y el plan creador de Dios en la historia, porque Dios es el Señor de la historia que lo invita a realizar su voluntad en el aquí y en el ahora. Con la razón y la fe podemos discernir la llamada concreta de Dios para realizar su plan divino. 

¿Cuál es la vida que estamos destinados a vivir según el proyecto de Dios? Esta vocación te muestra el sentido de tu vida que debe concretarse como propósito de vida y ejecutarse como un proyecto de vida. Cuando se enfoca la vida al encuentro con Dios y a la realización de su plan de salvación para el mundo la persona tiene un punto de apoyo firme para enfrentar los retos de la vida. ¿Cómo puede haber personas tan ciegas que no ven el plan de Dios en su existencia? Ante todo, uno tiene que saber quién es y qué representa. La pregunta clave es qué clase de persona quiero ser y no qué ocupación deseo ejercer en el futuro. Descubrir el orden secreto de la realidad es introducirnos en la mente creadora de Dios. 

El propósito de la vida debe estar alineado con el plan de Dios, para que se obtenga toda la energía del universo en su realización. Así como la clave de la intervención de una empresa en lo social es que esté alineada con el objeto del negocio, mi propósito debe estar alineado con el plan de Dios. La espiritualidad actual se fundamenta en la fe que ve a Dios como el Señor de la Historia que está presente y actuando en ella. Alinear la vida con el plan de Dios según su vocación da a la vida una simplicidad y plenitud extraordinarias. Uno debe ir confiadamente por la vida realizando la misión que le confirió Dios. De los detalles se encarga su providencia. Y él no dejará de sorprendernos y maravillarnos. Esta es una fuente profunda de nuestra alegría.

El propósito de la vida espiritual de un cristiano podría formularse como traslucir la presencia amorosa de Dios al mundo. No soy yo el que sirve amorosamente a los demás, sino Dios a través de mí. Eso implica que el “yo” debe desaparecer para que brille Dios que se comunica al mundo a través de mí. Uno debe con su vida hacer visible a Dios. Dios es una presencia unificadora de cada momento de mi vida. El carácter integral y sintético de la espiritualidad actual exige una elucidación permanente de nuestra respuesta a Dios en el momento presente. Por eso, es necesario educar nuestra mirada sobre los acontecimientos para ver los imperativos que desde ellos nos hace Dios. La espiritualidad más que un “programa” es una luz y una energía para vivir. La espiritualidad cristiana nos da un ideal grandioso para vivir. 

Todo cristiano debe ser un místico inmanente, que por un lado se interesa por todos los valores y sucesos intramundanos y por otro busca descubrir la presencia de Dios en el mundo para ser un instrumento dócil de su providencia y manifestar en el mundo su bondad, su sabiduría y su belleza. Todo teólogo debería ser un ingeniero de las energías espirituales del mundo creado por Dios y recreado por Cristo a través de su Iglesia. 

Horacio Martínez Herrera

Mayo, 2024

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“Non omnis moriar multaque pars mei vitabit Libitinam (Od. III, 30, 6-7), era el grito triunfal de Horacio ante la inexorable Libitina, la Muerte. Jorge Robledo Ortiz -el poeta de la raza- en cambio, se dolía del olvido: “Cuando nos resignamos a vivir con su ausencia / es porque ha envejecido por dentro, el corazón / y entonces ya la vida / no vale una canción”. 

Mis recuerdos todavía no se han resignado “a vivir con su ausencia” y se aferran a la convicción de Horacio que bien le cabe en plenitud a mi personaje inolvidable Alberto Alvarado Acevedo.

El primer contacto con Alberto fue a mediados de diciembre de 1954, pocos días después de mi arribo al Noviciado en Santa Rosa de Viterbo, en Boyacá. Cercano a la fecha del registro que señala mi ingreso “oficial” a la Compañía de Jesús, en condición de “Postulante a Novicio”, debí pasar a manos del “novicio-peluquero” designado para empezar a manifestar, con signos visibles, el abandono de las vanidades “del mundanal ruido”; debía dejar atrás mi un tanto descuidada cabellera juvenil y reducirla a su mínima expresión mediante el proceso denominado “corte militar”; esto es, muy al límite por todo el contorno de la cabeza.

Mi “peluquero oficial” que empezaría a despojarme del “hombre viejo” fue el Hermano Alvarado quien según me enteré después y lo experimenté, gozaba de amplio prestigio como maestro en ese arte tonsorio. No era el momento propicio para evaluar al personaje; eso vendría después y de momento, sólo me llamó la atención la alegría desbordante, la picaresca hilarante de su conversación al realizar la tarea de cortar el cabello de los novicios quienes se peleaban el turno de acudir a su tijera, proceso que terminaba siempre con la orden perentoria: “¡Saque pecho”! Al conjuro del mandato, el “cliente” debía llevar el mentón lo más próximo posible al pecho para que la parte posterior de la cabeza sobresaliera un poco y permitiera un acabado más perfecto.

Luego de la “peluquiada”, el H. Alvarado realizaba el ritual higiénico de sacudir los restos del corte de cabello que se habían resistido a terminar en el piso y preferían permanecer en la cabeza o anidarse en hombros, orejas y cuello. Todo el proceso de peluquería, en esos tiempos, se adelantaba en silencio reverente por aquello de la “separación de clases” obligada en tiempos del postulantado; quizás también por la tristeza no manifiesta de abandonar las cabelleras más o menos cultivadas con vanidad incipiente. 

Diez minutos, a lo sumo 15, duraba ese diálogo mudo entre el “peluquero” y el “postulante”; jamás había tenido “comunicación informal” tan estrecha, tan íntima y tan silenciosa como durante el primer paso a peluquería para caer en la inclemencia de las tijeras y pulidoras del Hermano Alberto Alvarado, silencio que se tornaría animado durante los años posteriores de aquella experiencia.

El 16 de diciembre, Novicios y Postulantes rezamos en común la Novena de Navidad con los elementos necesarios para contrarrestar la “murria” que nos embargaba al pasar la primera Navidad en la nueva familia. Según la Real Academia murria es una “Especie de tristeza y cargazón de cabeza que hace andar cabizbajo y melancólico a quien la padece”. 

La Novena de Navidad se realizaba en ambiente de profundo recogimiento durante la ceremonia y al final venían los villancicos acompañados de acordeón, panderetas y maraca y en el orden del “manual” que recogía lo más granado del repertorio tradicional. En medio del alegre bullicio posterior al rezo de Novena, busqué con cierta paciencia y recato interior a “mi peluquero” y no paré de observarlo; desbordaba alegría y entusiasmo notabilísimos.

A lo largo de mi “espionaje” empecé a notar que el H. Alvarado utilizaba con frecuencia la expresión “esa vaina” en distintas modalidades: “qué vaina”, “por qué vainas”, “envainado”, expresión completamente ajena a mi cultura paisa y por lo demás también ausente en el vocabulario de los demás Novicios autóctonos. El asunto quedó ahí hasta la llegada de mis primeros y sucesivos “Ejercicios de Humildad” de todos los lunes al final de la mañana; aquello era como el juego de “el banquillo de los acusados”; en ese ambiente volvió a surgir la figura del H. Alvarado. 

La Composición de Lugar para el “Ejercicio de Humildad” es el “salón de pláticas”; ingreso de Novicios un tanto ansiosos como quien marcha a  “patíbulo ominoso”; el Padre el P. Cándido Gavilla, S.J., cerraba el desfile con rostro grave y luego de breve oración, nos iba llamando uno a uno; pasábamos al frente, besábamos el suelo y juntas las manos a la altura del pecho empezábamos a escuchar el ritornelo de los improperios: “me parece que el hermano camina agachado”; “se duerme en meditación de reglas”; “lleva mal el fajín de la sotana”; “no se le oye tomar la disciplina”. Al llegar el turno para el H. Alvarado, la casi unanimidad de voces era “me parece que el Hermano dice mucho ¡“Esa vaina”!

Los 25 de diciembre se reunía toda la Comunidad en el “Teatro” todavía en construcción, ubicado en la planta baja del edificio central, en forma de “ocho”; allí convergíamos todos para asistir a dos actos centrales: la zarzuela y el espectáculo más esperado “Que llegó Papá Noel”. En el diciembre de 1955, quizás en 1956, el H. Agustín Lombana salió al escenario vestido con el atavío propio del viejo bonachón y su costal repleto de “regalos navideños”.

¿Qué regalos venían en el costal de sorpresas navideñas? Todos aludían a “defectos”, “embarradas” o “proyectos frustrados” de algún miembro de la comunidad. Muchos regalos en ese “talego navideño” pero el momento culminante se presentó cuando Papá Noel sacó con ostentosa solemnidad la funda en cuero de un machete que mostró a todo el “respetable”; como se prolongaba el silencio mientras tratábamos de “interpretar” el significado del extraño regalo, no le quedó más remedio a Papá Noel que exclamar con aire de triunfo: ¡“Pero miren esa vaina”!

Dicen los eruditos que “gobernar es prever” y el P. Cándido Gaviña, S.J. lo aplicaba en la vida espiritual tanto como en lo material. El H. Alvarado iba a terminar sus años de noviciado con fama merecida de excelente peluquero a tal punto que era necesario “apartar turno” con anterioridad. Me llamó la atención el oficio de corte de cabello y con “permiso del P. Maestro”, empecé el currículo de peluquero con la guía experta de la estrella del momento: el Hermano Alberto Alvarado Acevedo.

Lo más “duro” del entrenamiento no era el manejo de la pulidora que antes como hora, deben avanzar en línea recta y a la misma altura de corte; dos condiciones indispensables en el corte del cabello. El método del H. Alvarado consistía en llevar al “discípulo” a accionar la pulidora manual sobre vidrio sostenido en la mano izquierda y desde abajo para arriba llevar la maquinita en línea recta y a la misma altura. El maestro Alvarado era en extremo exigente y no “graduaba” hasta que no demostráramos las competencias adquiridas en el entrenamiento. A lo largo de tres o cuatro desempeños “en campo” la supervisión era estricta, acompañada de consejos prudentes y sabios. Me gradué de peluquero en el Noviciado.

La dieta diaria de la comunidad, estaba dominada por harinas en distintas formas y la proteína animal solía brillar por su ausencia. Unos años antes de yo ingresar a la Compañía, era legendario el H. Anaya Erauskin, S.J. un fornido hermano coadjutor vasco, habilísimo en el “puntillazo” y posterior tasajo de ganado en pie; ya en mi época, la carne para comunidad tan numerosa en ese momento era suministrada por proveedores externos. Con alguna regularidad, nos servíamos hígado a la plancha; cuando llegaba la bandeja al puesto del H. Alvarado, su comentario usual era: “¡Uf empezamos otra vaca”.

Agustín Lombana y Alberto Alvarado se hicieron muy amigos durante el juniorado; compartieron intereses por el teatro que estudiaron hasta donde fue posible en las bibliotecas de profesores y de juniorado. Durante la visita canónica del P. Provincial, muchos le manifestaban al superior el campo en que le gustaría prepararse para el “apostolado futuro”. Años después Alvarado recordaría con emoción agradecida que a la semana de haber terminado la visita del Provincial, recibieron dos cajas de libros sobre teatro.

Alberto prestó valiosa colaboración a la Arquidiócesis de Bogotá y el movimiento mundial de apostolado familiar “Los Equipos de N. Señora” al que colaboró no solamente con sus luces de sociólogo, sino también con servicios de dirección que le obligaba a viajar con frecuencia a Francia, casa matriz del movimiento. La biografía del fundador del Movimiento es obra de este laico que al parecer nunca dejó de ser ferviente religioso de la Compañía de Jesús.

Me actualiza sobre la vida y milagros de Alberto su amigo de muchos años Hernando Bernal y quien estuvo cerca de él hasta pocos días anteriores al encuentro de Alberto con Nuestra Señora a la que sirvió en sus “Equipos”. Alvarado regresó de su doctorado en Francia con el respaldo y prestigio académico de la École des Hautes Études en Sciences Sociales, título que le permitió ser Decano de Sociología, colaborador en la creación de COLCIENCIAS, además de consultor en estudios de factibilidad social en grandes obras de ingeniería y muy diversos trabajos profesionales relacionados con su especialización; todo un personaje.

A veces, Alberto asistía a los almuerzos de compañeros en el Club del Comercio que durante tanto tiempo impulsó Jürgen Jolberg y organizó con maestría Goyo Vélez. Ese Alvarado ya maduro, moldeado por su andar académico y de asesorías, opinaba con sosegada emotividad sobre los temas que también adobaban los platos elegidos en el restaurante. Sospecho que para entonces ya experimentaba la intimidación “Damoclea” de la enfermedad que lo llevaría a la tumba; en aquellos esporádicos encuentros me venía a la memoria Virgilio y su reacción a la “sombra” de Néstor: “Ei mihi, qualis erat, quantum mutatus ab illo” (En. II, 274).

Jaime Escobar Fernández

Chía, 24 de abril del 2024

* Doctor en Sociología de la Universidad Université René Descartes, Sciences Humaines, Sorbonne. Licenciado en Sociología de la Universidad Pontificia Javeriana. Profesor Universidad de La Sabana. Experto en Responsabilidad Social.

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Son historias recogidas en los libros, en la calle, en Internet, en el hogar. Son historias que enseñan, que ponen a reflexionar. Positivas, didácticas, impactantes. No es posible identificar a todos los autores, así que en este sentido hay que dar excusas. Pero las historias valen la pena.

Continúan…

4. Quizás sí

El soldado regresaba a casa después de un día de intenso trabajo en Londres, durante la Segunda Guerra Mundial. Las calles estaban desiertas y las ruinas se veían por todas partes. Un frío intenso se metía al cuerpo por todos lados. El soldado entró a la panadería a comprar unos pedazos de pan. Cuando ya iba a pagar, observó a través de la vitrina, que en la calle un niño miraba lelo los panes exhibidos. El soldado entonces llamó al niño y le regaló un pedazo de pan y una bolsa con otras porciones para que llevara a casa. Cuando salían juntos de la panadería escuchó la tierna voz infantil que preguntaba:

– Oiga señor, ¿usted es Dios?

(Anónimo)

5. Imaginación

El niño emergió del agua y exclamó emocionado:

– Mamá, vi un pescado adentro de la piscina.

La madre, para seguirle el juego, se sumerge y al salir exclama:

– Hijo, no vi nada allá adentro.

– Pero mami, ¡tienes que cerrar los ojos!

(Samuel Arango M.)

6. La verdad

Cuatro ciegos se encontraron por primera vez con un elefante. Uno de ellos palpó el enorme objeto y exclamó:

– ¡Un elefante es como una enorme pared!

Otro que tomó la trompa dijo:

– ¡Un elefante es como una inmensa culebra!

El tercero palpó las patas y aseguró:

– ¡El elefante es como una columna ancha!

El cuarto tocaba una oreja y afirmó:

– No, están equivocados, ¡el elefante es como una tela gruesa!

El elefante continuó su camino asustado.

(Enciclopedia juvenil)

7. Autoconocimiento

Un pato pide una cerveza en un bar.

El camarero le dice, “Usted es un pato”

“No, padece de la vista,” le responde el pato.

“Sí, pero lo que quiero decir es que puede hablar” le dice el camarero. “Tampoco, padece de los oídos,” le responde el pato. “¿Ahora, me hace el favor de darme una cerveza?

El camarero le da una cerveza y le pregunta lo que está haciendo por allí…

“Bueno,” le dice el pato, “soy carpintero y voy a estar trabajando en la casa de enfrente durante unas semanas y por lo tanto cada día vendré a tomarme una cerveza.”

Y cada día el pato cruza la carretera al bar a tomarse una cerveza a la hora de comer.

Durante la siguiente semana, un circo llega al pueblo. El dueño del circo llega al mismo bar y pide una cerveza. El camarero le cuenta del pato. “¿Por qué no lo usa en su circo?” le dice. “Un pato que habla sí que le haría mucho dinero. Le hablaré de esto la próxima vez que lo vea.” El próximo día, el pato llega al bar y el camarero le dice, “Sabe, el circo ha llegado al pueblo y ayer estaba hablando con el dueño y está muy interesado en hablar con usted.” “¿De veras? dice el pato.

“Sí. Podría ganarse mucho dinero y yo puedo organizarle todo fácilmente.” “Espere un minuto,” le dice el pato. “Ha dicho un CIRCO ¿No?

“Eso es. Le puedo conseguir un trabajo empezando mañana si quiere.” El pato lo piensa un poco y luego dice, “Pero ¿Qué quiere un circo con un carpintero?”

(Anónimo)

8. Una pregunta importante

En la universidad, el profesor nos pidió sacar papel y lápiz para un quiz rápido. La última pregunta decía: ¿Cuál es el nombre de la señora que hace el aseo en este salón? Parecía un chiste, era una señora de unos 60 años, gordita, pero cómo se llamaba era un misterio. Dejé la respuesta en blanco. Al terminar la clase, un estudiante preguntó: Profesor, ¿la última pregunta será tenida en cuenta? Claro, dijo el profesor. En su profesión, ustedes van a conocer mucha gente y todos son importantes así lo único que hagan sea saludarse. Nunca olvido esa lección. La señora se llamaba Eugenia.

(Samuel Arango M.)

9. Una noche de lluvia

Una señora negra, de edad avanzada, echaba dedo a la orilla de una carretera, llovía copiosamente. Su carro estaba varado. Un humilde granjero pasaba en su destartalada camioneta por el lugar y la recogió.

El la arrimó a la ciudad y la dejó al lado de un taxi; ella parecía estar de afán y anotó la dirección del samaritano. A la semana, un mensajero con un inmenso televisor tocó a la puerta del amable conductor.

El televisor llevaba una nota: “Gracias por ayudarme. La lluvia empapó no solo mis vestidos, sino mi alma. Gracias a su ayuda pude llegar al lecho de mi esposo enfermo que falleció a los pocos minutos.

Dios lo bendiga, sinceramente: La señora Nat King Cole”

Samuel Arango

Mayo, 2024

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No se puede creer cómo el pueblo en cuanto es sometido, cae en un olvido tan grande de la libertad sirviendo de tan buena gana que diríase que no perdió su libertad, sino que ganó su servidumbre.

Étienne de La Boétie

Con menos de dieciocho años de edad, La Boétie -cual Mozart de la filosofía política-, escribió su apasionado y brillante “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, texto radical sobre la libertad. Con gran virtuosismo retórico, La Boétie la emprende contra toda forma de dominación política, allí donde quiera que se dé. Para él, todo poder concentrado en una sola persona es, por naturaleza, abusivo. Sus reflexiones continúan interrogándonos a la luz de los totalitarismos del siglo XX, que llevaron tan alto el culto a la personalidad y la sumisión de todos a los delirios de grandeza y de poder del Uno, llámese “Duce”, “Führer”, “Conducator”, “Caudillo”, “Vozhd”, “Guía supremo” o “Gran Timonel”. Por lo demás, los autócratas no se han extinguido ni se extinguirán. La lucha continúa.

Acompañado por mis hijas fui en “peregrinación” a Sarlat -bella ciudad medieval del suroeste de Francia- donde nació La Boétie un 1 de noviembre de 1530. Mientras visitábamos su casa natal, situada frente a la catedral, tuve un arrobamiento -¿embobamiento?- donde vi claramente, como en un mediodía soleado, la figura del joven magistrado que viajó a Ultratumba a la temprana edad de 33 años, dejando en la más profunda desolación a su amigo del alma, Michel de Montaigne.

— Tu Discurso sobre la servidumbre voluntaria sigue siendo muy actual. 

LA BOÉTIE.- Me asombra la repercusión de ese escrito juvenil que no fue publicado sino después de mi muerte.

— De lo contrario te hubiera traído no pocos problemas.

LA BOÉTIE.- No lo dudo. La primera utilización política del Discurso fue la de servir a los protestantes de arma contra la monarquía francesa, muy particularmente después de la terrible “Masacre de San Bartolomé”, cuando miles de ellos fueron asesinados en 1572 en el contexto de las guerras de religión en Francia. Poco después también lo utilizaron los ultracatólicos, que tildaban de tiranos a los Valois por sus políticas moderadas, especialmente cuando en 1595 Enrique de Navarra, un protestante convertido al catolicismo, fue nombrado rey con el nombre de Enrique IV.

— No es de extrañar que con el triunfo de la monarquía absoluta tu escrito haya prácticamente desaparecido en el siglo XVII. 

LA BOÉTIE.- Pero con el advenimiento del Siglo de las Luces y de la Revolución francesa volvió a circular ampliamente.

— Me consta que de ahí en adelante han abundado las ediciones de tu Discurso y que sigue siendo utilizado por todos los que predican sacudirse el yugo de una tiranía. 

LA BOÉTIE.- Comprendo que así sea pues mi preocupación fue “entender cómo puede ser que tantos hombres, tantos pueblos, tantas ciudades, tantas naciones soporten a veces a un tirano solo, que no tiene más poder que el que ellos le dan, que no tiene el poder de hacerles daño, sino en tanto que ellos tienen la voluntad de soportarlo, que no podría hacerles ningún mal, sino en la medida en que ellos prefieren sufrirlo antes que contradecirlo”. 

— El supuesto tradicional era que el poder contrariaba la voluntad de los sometidos. Y tú nos dices que el poder es querido por los que somete. Inviertes así la perspectiva al señalar que el arcanum del poder, su secreto, no debe buscarse en los que lo ejercen, sino en quienes lo soportan.

LA BOÉTIE.- Así es. El tirano no tiene por sí mismo poder alguno, no tiene otro que el que le proporcionan los que a él se someten. El poder viene siempre de abajo, de esos que aparentemente no lo tienen. Los de abajo no lo ejercen, se ejerce sobre ellos; sin embargo, ellos son los que lo generan. 

— Mejor dicho, si hay poder de dominación es porque el dominado está dispuesto a que lo haya. 

LA BOÉTIE.- Resuelve no servir más y serás inmediatamente libre. No digo que levantes tu mano contra el tirano para derribarlo, sino simplemente que no lo apoyes más; luego verás cómo, igual que un gran Coloso cuyo pedestal ha desaparecido, cae por su propio peso y se rompe en pedazos.

— Afirmas que el sometimiento a un gobernante arbitrario y con poder ilimitado no se debe tanto al empleo de una gran fuerza, sino a que las gentes lo aceptan engañadas o seducidas. Por lo que dices, los tiranos son expertos en convertir a sus vasallos en su propia cárcel.

LA BOÉTIE.- De alguna manera, los tiranos hipnotizan a su pueblo. Es un espectáculo desolador ver a un millón de hombres sirviendo miserablemente con el cuello bajo el yugo, no obligados por una fuerza mayor, sino de algún modo encantados y seducidos por la simple mención de uno cuyo poder no habrían debido amar, ya que se mostraba salvaje e inhumano con ellos. 

— Que el carisma de un tirano puede funcionar como el hechizo de una poción amorosa es algo que han demostrado muchos autócratas hasta épocas recientes. ¡Basta ver las larguísimas filas de devotos llorando mientras desfilaban ante el féretro de Stalin!

LA BOÉTIE.- No niego que nuestra debilidad hace que frecuentemente tengamos que obedecer a la fuerza. Pero la originalidad de mi Discurso consiste en explicar cómo es posible la servidumbre voluntaria. 

— Ilumina mis entendederas.

LA BOÉTIE.- El tirano está de suyo derrotado solo con que el país no consienta en su servidumbre; no es preciso que se le quite nada, basta con no darle nada. No le entreguemos nada y se vendrá abajo, no hagamos lo que espera, mantengámonos pasivos al respecto. Y si ni siquiera esto somos capaces de hacer, entonces solo cabe decir que servimos voluntariamente. 

— Lo que sugieres te enlaza con la cultura de la desobediencia civil, de Henry David Thoreau en adelante. Se trata del antiguo non serviam -no serviré-.

LA BOÉTIE.- Son los pueblos mismos quienes se dejan o se hacen maltratar, ya que rehusando servir se librarían de ello. Es el pueblo el que se somete, quien se corta el cuello, quien teniendo la opción de ser siervo o ser libre abandona la libertad y se pone el yugo, quien consiente en su mal o aun lo persigue.

— Por eso abundan las marionetas con cadenas en lugar de hilos.

LA BOÉTIE.- Si el cuerpo del tirano tiene muchos ojos para espiarnos y numerosas manos para golpearnos, no es sino porque le damos nuestros ojos y manos. 

— Pero no todos los tiranos son iguales. Por eso existen “dictablandas” y “dictaduras”.

LA BOÉTIE.- No te engañes. Servidumbre es servidumbre. Hay tres clases de tiranos y se distinguen por su origen: los que acceden al poder por la fuerza, los que lo reciben en herencia, y los que son elegidos. Todos acaban comportándose del mismo modo opresivo. Los primeros tratan a sus súbditos como gente conquistada; los segundos no son por lo general apenas mejores, toda vez que, acostumbrados como están a dominar, toman a los regidos como «siervos hereditarios»; y en cuanto a los terceros, los elegidos por el pueblo, de los que se esperaría una conducta distinta, y puede que en efecto sea así al principio, una vez que son alzados sobre los demás, adulados y se acostumbran al ejercicio del poder, tratan de dejar a los propios hijos como herederos, caen en la corrupción moral y terminan superando en vicios e incluso crueldad a los demás tiranos. 

— Todavía no me has explicado cómo es posible la servidumbre voluntaria.

LA BOÉTIE.- La primera razón de la servidumbre voluntaria es la costumbre. Una vez dada la desgracia bien de la coacción o bien del engaño, lo primero que pierde el humano es el deseo natural de la libertad, y con él se pierden el valor en la lucha y la honestidad, puesto que se facilita la corrupción. El paso del tiempo no hará sino consolidar la dominación. E incluso los tiranos intentarán apoyarse en ese largo pasado de dominación para acreditar la legitimidad de su poder. 

— Si el tiempo arraiga las costumbres de servidumbre ¿no hay ya nada qué hacer?

LA BOÉTIE.- No todo lo puede la tiranía. Piensa que siempre hay algunos que sienten el peso del yugo y que no pueden evitar sacudírselo, que no se amansan nunca con el sometimiento. Es gente que ha sabido educar sus capacidades naturales y nunca se acostumbrará a la tiranía.

— Observo con satisfacción que relacionas educación y libertad. Lo mismo hizo Paulo Freire, eximio pedagogo brasilero, en su notable libro “La educación como práctica de la libertad”.

LA BOÉTIE.- ¡Que buena noticia! Hay que educar para la libertad, para que dé frutos su semilla. Como dije en mi Discurso: “La naturaleza del hombre es ser libre y querer serlo, pero también su naturaleza es tal que espontáneamente adopta el pliegue que la educación le da”. 

— Recuerdo que también dijiste que cuando unos pocos individuos se liberan, a menudo es porque sus ojos se han abierto mediante el estudio de la historia. Aprendiendo de tiranías pasadas similares, reconocen el modelo en su propia sociedad. 

LA BOÉTIE.- La tiranía no desconoce la capacidad crítica de esos ilustrados y sabe que si evita el intercambio de ideas, si impide la publicación de libros, dificultará el entendimiento de reconocerse en tiranía y de odiarla.  

— Admito que las ideas saltan como piojos de persona a persona, el problema es que no suelen morder a todas, como me dijo Jerzy Lec. 

LA BOÉTIE.- Te añado que no basta el entendimiento ilustrado y la libre circulación de ideas para sacudirse el yugo de la opresión. También es preciso tener valor. Sin él, la sabiduría queda inerme.  

— Pero la falta de libertad corrompe el carácter de la gente, y su valor. 

LA BOÉTIE.-  Es una circularidad trágica: la cobardía y la debilidad conducen al sometimiento y este a aquellas. 

— También Maquiavelo señala que fácilmente las personas se vuelven cobardes y débiles bajo los tiranos. Ellos saben perfectamente cómo utilizar el miedo para gobernar.

LA BOÉTIE.- El miedo y las prebendas. Con la distribución de cargos, ganancias y privilegios, al final ocurre que hay casi tantos de aquellos a los que la tiranía parece ser provechosa como de aquellos a los que la libertad sería agradable. 

— Multiplicando favores los tiranos acostumbran al pueblo no solamente a la obediencia y a la servidumbre, sino incluso a la devoción. 

LA BOÉTIE.- Desde el momento en que un gobernante se vuelve déspota y regala favores, todos los que tienen una ardiente ambición y una notable avaricia se amontonan a su alrededor y lo sostienen para tener parte en el botín y ser, bajo el gran tirano, tiranuelos ellos mismos. 

— ¡Que tristeza!

LA BOÉTIE.- Viendo a quienes se ponen a disposición del tirano para hacerle los trabajos sucios, a menudo soy presa de asombro ante su maldad, y a veces de compasión ante su estupidez. Pues, a decir verdad, ¿qué otra cosa es aproximarse al tirano, sino alejarse más de la libertad y, por decirlo así, abrazar y estrechar con las dos manos la servidumbre? 

— Sacudido por la vehemencia de mi interlocutor, volví a mis cabales. La Boétie seguía allí, interpelándome.

Rodolfo Ramón de Roux

Abril de 2024

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Invitado por nosotros para conversar sobre nuestro encuentro con el P. General de los Jesuítas, el P. Hermann se refirió también a nuestras reacciones e intenciones de co-laborar con las prioridades de los Jesuítas en Colombia y nos propuso alternativas concretas con un grupo de invitados suyos Jesuítas, que lideran algunos frentes importantes de actividad apostólica en nuestro país. Compartimos esta tertulia con nuestros lectores con una invitación también para unirse, en la capacidad que cada uno tenga, con estos desafíos comunes para todos, independientemente de nuestras creencias diversas.

Exjesuitas en tertulia- 25 de Abril, 2024
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Imagino una campaña para elegir rector liderada por estos grupos que actúan sin mostrar la cara.

Lo sucedido en la Universidad Nacional, a raíz del nombramiento del rector, es una campanada de alerta para toda la educación superior, sobre todo cuando avanza el trámite de la Ley Estatutaria y se anuncia un nuevo proyecto para reemplazar la Ley 30 que ha regulado el sistema durante tres décadas.

Es bueno que se abran nuevas oportunidades de acceso a estudios superiores para quienes concluyen su bachillerato. En un artículo publicado en la revista Cambio, Edna Bonilla hace un recuento de los enormes beneficios que trae para el país y para cada región el desarrollo de las capacidades intelectuales, profesionales y técnicas de sus jóvenes y el impacto que eso tiene en la economía, la cultura y la política. 

Pero nada de eso se consigue con la expedición de una ley, si no se dan condiciones esenciales como la efectiva mejora de la calidad en la educación básica, la garantía de que los niños que van a los colegios públicos reciban el tiempo de atención escolar necesario para su desarrollo, el apoyo en salud para superar las dificultades que suelen presentarse en los años de primaria y la garantía de que la educación superior pública tendrá las condiciones de independencia que le permitan desarrollar en los estudiantes la capacidad crítica, el espíritu investigativo y el compromiso ético que conlleva la permanente búsqueda de la verdad. 

No conozco el texto aprobado por la Cámara, pero ojalá haya recogido un concepto de la Corte Constitucional que señala el carácter de derecho-deber, es decir que el derecho a la educación superior no es incondicional, por cuanto quienes acceden a ella están sujetos al cumplimiento de requisitos académicos esenciales para certificar su idoneidad para ejercer una profesión u oficio en beneficio de la comunidad. Esto concuerda con otros pronunciamientos de la misma Corte sobre la obligación del Estado de garantizar la calidad de la educación superior y la autonomía universitaria.

Es indispensable ahondar en el principio de autonomía, entendiendo sus profundas raíces en la vida política y el desarrollo científico y económico del país. Algunos de los que hoy paralizan la universidad usando la violencia para desconocer los reglamentos autónomos de la institución son los que en otros momentos han vociferado reclamando una autonomía que entienden como extraterritorialidad para rechazar que dentro del campus puedan ingresar actores del Estado como la Policía, con el fin de proteger la vida, honra y bienes de estudiantes, profesores y funcionarios.

Imagino una campaña para elegir rector liderada por estos grupos que actúan sin mostrar la cara, amenazando a quienes no los secundan y bloqueando la libertad de expresión. No se puede saber si son estudiantes regulares o traficantes encapuchados. ¿Quién da cuenta de sus financiadores? ¿Puede una comunidad amedrentada elegir libremente a quien asegure los ideales académicos, éticos y sociales que pretende garantizar un derecho fundamental? No se entiende que un gobierno que se dice progresista ponga en riesgo la independencia de las instituciones que aseguran el progreso, que forman a quienes deben enfrentar los enormes retos de las próximas generaciones frente al cambio climático, la alimentación, la energía, la salud, las relaciones internacionales, la industria…

No es declarando días cívicos como se resuelven los problemas del país y tampoco haciendo grandes manifestaciones. Una y otra cosa pueden ser expresiones legítimas de confrontación ideológica o política, pero no consiguen lo que históricamente se ha producido en los centros donde el pensamiento riguroso, el debate libre y la investigación científica son las herramientas que se entregan a la juventud para que transforme la realidad usando la razón. 

Si de algo debe mantenerse independiente la universidad es de quienes ostentan el poder, pues, así como deben ser sus grandes defensores pueden ser sus peores enemigos.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá.

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“Mitigar el riesgo de extinción (de la humanidad) derivado de la Inteligencia Artificial (IA)  debe ser una prioridad mundial, junto con la mitigación de otros riesgos que amenazan a la sociedad como las pandemias o la guerra nuclear”. 

Afirmar que la IA es tan peligrosa para el futuro de la humanidad como una guerra nuclear parece una exageración dicha por algunos ambientalistas radicales o por nostálgicos de un pasado pastoril que se oponen a las nuevas tecnologías. Lo sorprendente es que se trata de una declaración firmada por más de 600 de los expertos que han desarrollado la IA o la conocen muy bien, incluyendo a Bill Gates, al creador del famoso ChatGPT y a los presidentes de las tres compañías líderes en IA, OpenAI, DeepMind y Anthropic. 

Estos expertos señalan cuatro grupos de riesgos catastróficos que tiene la IA: Su uso con fines malintencionados, la velocidad de su desarrollo que hace casi imposible controlarla, que se prioricen las utilidades sobre la seguridad y que la autonomía de la IA la lleve a tomar decisiones equivocadas. Estos riesgos están interconectados y “pueden amplificar otros riesgos existenciales como la creación de pandemias, guerras nucleares, totalitarismo o ciberataques a infraestructura crítica”. 

Hace unas semanas analicé la amenaza que puede representar la IA para los empleos y los ingresos de millones de personas, pero el peligro va mucho más allá del mercado laboral, impactando el funcionamiento de la sociedades tanto en sus sistemas democráticos, como en las relaciones sociales por los cambios en la distribución de la riqueza. 

Las amenazas para la democracia 

Muchos analistas creen que la IA puede debilitar el tejido social y socavar los sistemas democráticos que aún existen en el mundo, imponiendo una especie de “algocracia”, que sería la forma de gobierno donde los algoritmos son los que toman las decisiones. 

Le pregunté a los tres chats de IA más usados (Chat GPT, Gemini 1.5 y Copilot), que dirían de ellos mismos, sobre los riesgos que puede representar la IA para la democracia. Esta fue su respuesta con los principales riesgos que identificaron: 

  1. Aumento de la Desigualdad Digital: La adopción desigual de la IA puede ampliar la brecha digital, dejando a algunos grupos socioeconómicos marginados y sin acceso equitativo a la participación política en línea. 
  1. Manipulación de la Opinión Pública: Los algoritmos de IA pueden ser utilizados para manipular la opinión pública y difundir propaganda política, socavando la integridad de los procesos democráticos. 
  1. Concentración del Poder: el desarrollo y la difusión de la IA pueden concentrarse en las manos de muy pocas corporaciones y gobiernos, lo que puede conducir a una nueva forma de tiranía. 
  1. Vulnerabilidad a Ataques Cibernéticos: Los sistemas de IA en la infraestructura electoral pueden ser vulnerables a ataques cibernéticos, comprometiendo la seguridad y la legitimidad de los resultados electorales. 
  1. Pérdida de Privacidad: El uso extendido de la IA en la política puede implicar una mayor vigilancia y recopilación de datos personales, erosionando la privacidad de los ciudadanos y generando preocupaciones éticas. 
  1. Barreras Éticas y Sesgos Algorítmicos: Los sistemas de IA pueden estar sujetos a sesgos algorítmicos y decisiones éticamente cuestionables, lo que puede conducir a la discriminación y a la injusticia en los procesos políticos y democráticos. 

Una mayor concentración de la riqueza. 

Según el estudio del FMI (Gen-AI: Artificial Intelligence and the Future of Work) la IA puede generar un importante aumento de la productividad y de la producción, pero un cambio mucho más pequeño en la distribución de los ingresos provenientes del trabajo: un aumento del Gini de los ingresos menor al 1% en los países donde hay una gran complementariedad de la IA con la mayoría de los empleos.  

Por el contrario, el impacto sobre la distribución de la riqueza sí es significativo: en todos los escenarios, el Gini de la riqueza tiene un impresionante aumento de alrededor de 7 puntos porcentuales, porque las mayores utilidades provenientes de su uso se concentran en unos pocos -en los propietarios de las empresas desarrolladoras de IA, o de las que la usan con mayor intensidad, así como en los altos ejecutivos de las mismas. Con razón señala el estudio del FMI que este efecto puede ser aún mayor en países donde ya hay una alta concentración de la riqueza, como sería el caso de Colombia. 

El otro impacto que no se puede menospreciar es el de los cambios en la distribución del ingreso y la riqueza entre países, ya bastante desigual. Con la IA es posible que una parte de la producción de bienes que se había desplazado a países en desarrollo, vuelva a los países industrializados (reshoring), lo cual impulsará el retorno de capitales y empleos a estos últimos. El caso más citado es el de los call centers

En una nota final del estudio del FMI que sorprende porque usualmente es poco atento a los aspectos políticos de sus recomendaciones, se alerta por las implicaciones de política económica: “La historia muestra que las presiones económicas pueden conducir a conflictos sociales y exigencias de cambios políticos. Garantizar la cohesión social es prioritario. Las políticas oficiales deben promover la integración ética y equitativa de la IA…” 

* * * 

La conclusión no puede ser impedir el desarrollo de la IA, lo cual no solo es imposible, sino que implicaría prescindir de sus aportes positivos a la sociedad, a la economía y a la misma democracia. El objetivo debe ser fortalecer la gobernanza mundial de la IA, creando instituciones públicas que la orienten al bien común. 

Para ello se requiere una estrecha cooperación internacional que desarrolle marcos regulatorios apropiados, para que las nuevas tecnologías funcionen con apertura y neutralidad, como sucede con Internet, se controlen los monopolios y los riesgos de seguridad y se asegure que las innovaciones sean éticas, transparentes y reguladas para que las máquinas no terminen controlando nuestras vidas y para que no aumenten las desigualdades sociales.. 

Mauricio Cabrera Galvis

Publicado en  Revista CAMBIO 

Abril, 2024

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Tener un sentido espiritual de la existencia es tener un sentido de lo fundamental que está detrás de la apariencia de lo físico y mental. Ver en todas las cosas su dimensión espiritual: esto es ser místico.

Un místico lee la mente de Dios en los acontecimientos. Un místico no está en ninguna parte, porque está en Dios. Un místico inserto en la vida del siglo XXI busca a Dios en la familia, en el trabajo profesional, en la vida en comunidad, en el compromiso sociopolítico, en la investigación científica.

Todo cristiano debe ser un místico inmanente que por un lado se interesa en todos los valores y sucesos intramundanos y por otro busca descubrir la presencia de Dios en el mundo para ser un instrumento dócil de su providencia y manifestar en el mundo su bondad, su sabiduría y su belleza.

Hoy en día buscamos integrar lo real en la vida humana sobre todo en lo espiritual. Es un error confundir idealismo con vida espiritual. Este peligro es inoculado por numerosos libros idealistas espirituales que confunden el perfeccionismo angelical con la condición humana. El idealista-perfeccionista se hace impermeable a la vivencia de lo real, se hace inconsciente a “lo que es”. El idealismo perfeccionista crea un angelismo muy peligroso, porque el hombre es un espíritu corporalizado, es decir, una materia espiritualizada.

Lo real-espiritual, la realidad de la vida espiritual, para quien se hace consciente de ella, supera todo sueño idealista. Aceptarse a sí mismo como se es, encontrar la plenitud interior en “lo que es” realmente la vida espiritual; no sueño místico etéreo sino lucha continua, es poseer el sentido de lo real-espiritual. Se trata de ver al hombre como es e inmerso en su situación concreta.

Una visión de todas las realidades del hombre (fisiológicas, psicológicas y espirituales) se tiene en cuenta en la vida espiritual. Sin un estado somático y un equilibrio psicológico adecuados es imposible una vida de plenitud espiritual, salvo el caso de una especial gracia de Dios. El desequilibrio proviene de un desarrollo no armónico de todo el hombre. Algunos exageran el factor intelectual, convirtiéndose en “intelectuales puros” con olvido y detrimento de lo emocional y del desarrollo de lo práctico.

Actualmente existe también el peligro de que lo virtual robe a las personas su vida real. Estas personas se refugian en un mundo mental casi esquizofrénico y que no lleva a entablar relaciones con los demás, verdaderamente ricas en humanidad. El desequilibrio es causado también por una formación ascética no armónica: se les da una preponderancia a las virtudes teologales y se deja en la sombra el desarrollo de las virtudes morales.

En el enfoque de muchos libros de espiritualidad hay un desequilibrio de la “espiritualidad humana”. Históricamente esto se debe al influjo de corrientes no cristianas, como el estoicismo y el platonismo. Se considera el cuerpo como la cárcel del alma y se desprecia la sexualidad.

Cuando se vive en una espiritualidad de estructura idealista-perfeccionista y se choca con la realidad cotidiana imperfecta, viene el peligro de desilusionarse y sentirse defraudado.

Para lograr el sentido de lo real debe haber un equilibrio entre introversión y extroversión, entre subjetivismo y realismo objetivo, entre pensar y obrar. Conocer los diversos factores psicológicos y socioculturales que condicionan la vida humana y tenerlos en cuenta; por ejemplo, la educación, el ambiente, la alimentación, las experiencias.

Sé un hombre-espiritual y no un niño-angelical. Para ser hombre-espiritual hay que haber llegado a la plena madurez humana, cuyo meollo es lo propiamente espiritual.

Horacio Martínez Herrera

Mayo, 2024

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Con razón la frase “la revolución ha terminado” se volvió la expresión común del nuevo estado de cosas, que a su vez Bonaparte mencionaba para no dejar ninguna duda sobre la moderna era que él inauguraba. 

En la historia de los golpes de Estado, el que dio Napoleón Bonaparte el 9 de noviembre de 1799 ha quedado para la posteridad de los amigos de fechas memorables, como un referente. Se conoce como el golpe de Estado del 18 Brumario, nombre este último con el que la Revolución francesa bautizó el mes de brumas otoñales, que es noviembre, en los países con cambios estacionales. Para borrar los vestigios del cristianismo, los revolucionarios cambiaron los nombres de los meses con los que el papa Gregorio XIII había cristianizado el calendario romano de Julio César. 

Pero Napoleón Bonaparte, que se hallaba en un momento crítico de su trayectoria política, necesitaba una constitución que legitimara la toma del poder y fortaleciera su imparable carrera hacia los poderes omnímodos. En poco menos de un mes, una comisión nombrada por él preparó un proyecto de constitución conocido como la constitución del año VIII según el conteo de los años de la Revolución.  

Una vez aprobado el proyecto por Bonaparte, se llamó a plebiscito a la población con derecho a voto, de los cuales 3.011.077 electores votaron por el  sí  contra 1.562 que votaron por el  no. Fue aprobada la nueva constitución a la medida de Napoleón.  

Empleando una figura de la antigua Roma, el plebiscito aprobó que el poder ejecutivo quedara en manos de tres cónsules, de los cuales Napoleón era el primero en dignidad y gobierno. Con ello, Bonaparte se adueñó del poder resultante del golpe de Estado de Brumario, asegurándose la legitimidad del golpe, evitando aventuras electorales futuras y teniendo para su beneficio una constitución de 95 artículos que, por donde se la mire, lo convertía en el titular de la legalidad y de paso daba entierro a la Revolución de 1789 y los principios que la sostenían.  

Con razón la frase “la Revolución ha terminado” se volvió la expresión común del nuevo estado de cosas, que a su vez Bonaparte mencionaba para no dejar ninguna duda sobre la moderna era que él inauguraba. 

El control sobre el poder legislativo del Estado quedó establecido en un Senado con miembros que eran cooptados de listas elaboradas por Bonaparte, cuya misión era velar por la constitucionalidad de las leyes y designar a los miembros de dos órganos: el tribunado y el cuerpo legislativo. Los tribunos discutían los proyectos de ley y los enviaban al cuerpo legislativo que votaba los proyectos enviados por el tribunado, sin derecho a discutirlos. Una pirámide perfecta para un dictador astuto que soñaba con ir más lejos:  su perpetuación en el poder cuando fue elegido cónsul vitalicio. 

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla 

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Años atrás, el Club Metropolitano de Bogotá organizó una “Semana Griega”; en ese entonces me invitaron a participar y a conversar con los asistentes sobre el tema.

Contra todos mis cálculos, la asistencia fue numerosa a lo largo de toda la semana y para sorpresa mía, tuve mucho público aquella noche. Mi exposición en ese entonces fue tal como encabezo el escrito; por razones de espacio y algo de actualización, tanto como para no aburrir, resumo cuanto en aquella ocasión expuse ante un público muy diverso.

“El encanto encantador”; título extraño, si se quiere, pero es que Grecia y “lo griego”, la Hélade y los Helenos han ejercido sobre Occidente el extraño encanto de gustar siempre aunque por distintos motivos. La cultura europea y nosotros sus herederos, fue gestada en las a veces extravagantes preguntas e inquietudes de los intelectuales, las veleidades de los políticos o la sensibilidad exorbitada de los artistas; como la mantequilla, surge a la manera del largo “revuelto” de aquella crema exquisita que nuestras abuelas recogían con amor en la leche ordeñada de cada día.

¿Qué hay detrás del mágico vocablo de “Grecia” para que a su conjuro todavía hoy se reúnan entendidos, profanos, columnistas, “opinólogos”, curiosos diletantes -que nunca faltan- y profanos en los centenares de páginas de la Internet que reúnen a incontables “gomosos” de todo el mundo para conversar sobre esta cultura milenaria, su lengua, literatura, arquitectura, mitología y hasta religión? ¿Cómo es posible que todavía no hayamos podido agotar en conferencias, artículos, libros y conversaciones esa “Fuente Castalia” que no termina de suministrarnos lo mejor de sí en generosas cuotas a través de asociaciones, ¿centros de investigación, artículos eruditos y profanos, conferencias, encuentros, congresos y eventos de todo tipo?

Al parecer y sin darnos cuenta, vivimos inmersos en los restos de una civilización que a pesar de todo, se resiste a desaparecer. Escribió Thomas Kahill que nuestros conciudadanos viven “Como peces que no saben que nadan en agua, nosotros apenas tenemos conciencia de la atmósfera de los tiempos por donde nos movemos, de lo extraños y singulares que son”. Desde el notable historiador Thomas Cahill hasta el ciudadano educado, nos movemos por la vida como el pez: ciegos a cualquier realidad que no sea nuestro propio aquí y ahora.

El intelectual brasileño Carlos de Laet, de quien dijo Gilberto Amado que “Ningún brasileño de su tiempo era más grande”, escribía en el Journal do Brasil

hace casi cien años: “Admitir a la educación superior jóvenes que no están debidamente preparados en la literatura clásica griega y romana sería como formar no ya médicos, sino curanderos y cuando mucho, peritos; no ya jurisconsultos sino rábulas; no ya ingenieros o arquitectos sino simples maestros de obra”; tal entusiasmo no puede brotar sino de una mente perdidamente enamorada, ciega a ninguna otra atracción que pudiera ser objeto de su amor. Si como dicen algunos que hasta un reloj parado tiene razón dos veces al día, quizás también la tenga Carlos de Laet.

A pesar de los pesares, los ciudadanos que hemos alcanzado altos grados de educación superior -mucho más los que no- vamos por la vida como los peces de Cahill: incapaces de ver que nos movemos entre la exuberante raigambre de ese roble majestuoso y prolífico que la tradición llama “cultura griega”.

Desde finales del siglo XIX, los otrora florecientes estudios de lenguas y literatura llamadas clásicas han sido desplazados sistemáticamente de todos los programas universitarios y por supuesto, los nuevos profesionales se mueven en ambientes ricos en vestigios del pasado que no pueden reconocer por la ceguera cultural congénita que les dejan los años dedicados al aprendizaje de “lo que sirve para conseguir dinero, mucho dinero”.

A los peces les conviene, de vez en cuando, breve estadía por fuera del agua que no es más que aquella que necesita el pescador responsable para decidir si el fruto de su paciente búsqueda deba regresarlo al agua o llevarse a casa. ¿Por qué siguen importando los griegos? Cuanto acá les comparto sería el testimonio y el recuento de la experiencia de un modesto pescador artesanal empeñado en mostrar a sus contemporáneos y especialmente a los jóvenes admitidos a la educación superior, por qué razones después de más de dos mil años, los griegos siguen importando.

Por relato de algún veterano docente de fisiología me pregunto si yo habré sido ese Profesor del 5% que él describe de esta manera: “En todos estos años observé que de cada cien alumnos, apenas cinco son realmente aquellos que hacen diferencia en el futuro; apenas 5% se vuelven profesionales brillantes que contribuyen de forma significativa a mejorar la calidad de vida de las personas; el otro 95 % sirve sólo para hacer volumen; son mediocres y pasan por la vida sin dejar nada útil.

[…] Es una pena muy grande no tener cómo separar este 5 % del resto pues si eso fuera posible, dejaría apenas los alumnos especiales de este salón y mandaría a los demás afuera; entonces tendría […] una buena clase y dormiría tranquilo sabiendo que he invertido en los mejores, pero desgraciadamente no hay cómo saber cuáles de ustedes son esos alumnos y sólo el tiempo es capaz de mostrar eso; por lo tanto, tendré que conformarme e intentar dar una buena clase”.

Creo haber dado a conocer a mis alumnos la cultura griega con el auxilio del dialecto ático que traté de enseñar con empeño, dedicación y cariño, pero debo resignarme a ignorar si fui parte de ese 5% de profesores que marcaron la diferencia y consiguieron que el 5% de sus estudiantes fueran especiales y hayan llegado al grupo de ese otro 5% de personas especiales que nadaron como los peces de Kahill en las aguas no siempre claras en que traté de convertir el aula de clase.

Tucídides afirmaba que nada era tan oculto que el tiempo no sacara a flote; me iré de este mundo con la esperanza de que algún día el tiempo saque a flote la disciplina y el tesón que marcaron mi personalidad los años de formación como jesuita y que apliqué en mis años de docencia del dialecto Ático.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 16 de abril del 2024

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