¿Nuevas métricas? -Inquietudes de un viajero (2 de 2)

Por: Silvio Zuluaga
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Salimos de Zúrich con la mira de pueblear al sur de Alemania en la región de Baviera, a recorrer villas cargadas de preciosos recuerdos centenarios, senderear por los Alpes y disfrutar de la cocina original de los labradores bávaros con carnes especiadas, como la de ciervo y, obviamente, viandas acompañadas de una buena cerveza.

Al dejar atrás Zúrich, íbamos a toda marcha por una autopista de dos carriles en cada sentido. De pronto, la música fue interrumpida por un mensaje en alemán que advertía acerca de un accidente de tráfico más adelante. Poco a poco los automóviles se fueron orillando sobre las bermas de la autopista, dejando un gran espacio de circulación en la mitad. Poco después pasaron sin dificultad un carro de la policía, una ambulancia y una grúa remolcadora. Me pareció un reflejo natural de sana solidaridad dar preferencia automáticamente a la atención de las personas accidentadas sobre las necesidades de turistas, personas de negocios o transporte de bienes.

La solidaridad en acción permea muchos comportamientos de la organización suiza. En 2019, antes de la pandemia, el gasto público del gobierno central y los gobiernos de los cantones y municipalidades ascendió a US $271.602 millones, cifra que dividida por el número de ciudadanos (8.157.000), corresponde a un gasto público anual por persona de US$ 33.296 o 109 millones de pesos colombianos. En contraposición, el gobierno de Colombia en ese mismo año tuvo un presupuesto de 250.000 millones de pesos, equivalente a un gasto por persona de alrededor de $5.000.000. Esto significa que el gobierno suizo invierte anualmente en cada ciudadano 22 veces más que el gobierno colombiano.

El gasto público de los gobiernos central, cantonal y municipal suizos es un sistema solidario que tiene dos objetivos principales: el primero, proveer una infraestructura de confort para todos los ciudadanos; el segundo, brindar un sistema de redistribución para igualar los desequilibrios humanos: deficiencias de salud, malas rachas, discapacidades… 

En primer lugar, la infraestructura suiza cubre aspectos de telecomunicaciones; un sistema de carreteras y ferroviario de excelencia, en un país que es 60 % montañoso, con el túnel más largo del mundo ‒el Gotardo‒ de 57 kilómetros de longitud; seguridad personal en las áreas urbanas y rurales; un sistema educativo sin cargo para los ciudadanos; recolección de residuos; parques y senderos para caminar; bibliotecas públicas… Además, Suiza es el país del mundo que más invierte en investigación y desarrollo per cápita, con un componente significativo de fondos provenientes del patrimonio público. Un montaje institucional de lujo para beneficio de todos.

El segundo aspecto de la solidaridad del sistema suizo consiste en subsidiar aquellas necesidades particulares y familiares de ciudadanos que por diversas circunstancias no logran producir el mínimo vital social o tienen necesidades adicionales. Por eso, han creado un sinnúmero de subsidios para las familias con hijos; para sufragar gastos de salud y vivienda; para las eventualidades de desempleo y/o recapacitaciones con motivo de cambios de profesión, para un sistema de seguridad de vejez e invalidez… Un montaje institucional de lujo para aminorar las diferencias sociales.

Pues bien, el gobierno suizo no tiene recursos propios que le generen riqueza, como sucede en Arabia Saudita, Rusia o Noruega. Este mecanismo solidario de infraestructura y de subsidios se financia con los aportes de los ciudadanos y las empresas, en un sistema donde todos ponen. Y aunque en Suiza no hay salario mínimo, todas las personas ‒de acuerdo con sus ingresos‒ aportan en forma progresiva a sostener el modelo solidario. En la práctica, ni los individuos ni las empresas suizas se quiebran por pagar los impuestos necesarios para financiar el sistema solidario que provee la infraestructura de lujo y los subsidios que aplanan las diferencias socioeconómicas.

Un conjunto de nuevas métricas en Colombia consistiría en instaurar un sistema progresivo de impuestos, sin exenciones, en donde todos paguen, tanto a nivel personal como empresarial, con el fin de cubrir las necesidades de infraestructura y subsidios para que, en esa forma, todos los residentes del país gocen por lo menos no de un mínimo vital, sino de un medio vital. Las diferencias económicas extravagantes originan malestar, inseguridad, temores, tensiones, odios en todas las partes y no permiten disfrutar a plenitud los logros. Podríamos cambiar, por el momento, las métricas y mandamientos actuales y buscar la implementación de las métricas propuestas.

El modelo de Suiza, que funciona, es de salarios altos, baja diferenciación salarial e impuestos progresivos para todos los individuos y para todas las empresas. Podíamos decir que este modelo no es socialista, pues se respeta la libre empresa; no es capitalista de libre mercado, porque se regula y se autorregula por doquier, ni es religioso (ni cristiano, ni mahometano, ni budista, ni judío), pues de hecho el 86 % de la población considera que la religión no influye al tomar decisiones fundamentales y existe una separación real entre la Iglesia y el Estado.

A veces, nos enredamos en imaginarios rígidos, amenazantes, polarizantes, caprichosos y salvadores que nos prometen el cielo y la tierra, y nos quedamos empantanados en un modelo turbio repleto de incongruencias, confort y miseria porque le tenemos pánico a ser institucionalmente solidarios. 

Silvio Zuluaga

Diciembre, 2021

4 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 4 diciembre, 2021 - 6:07 am

Gracias a Silvio por su excelente explicación.
Sin embargo, a pesar que concuerdo con Silvio que el presupuesto público no es suficiente, debido a un inadecuado sistema de impuestos, algo que considero igualmente importante es cómo se gasta ese “exiguo” presupuesto.
En este momento en Santa Marta nos estamos enterando que se están pagando $2.500 millones en el alumbrado navideño, que aún no está instalado, y que no le quedará a la ciudad pues el municipio no lo está comprando sino que está “alquilando” al Niño Dios, la Virgen y los pastorcitos, o sea que el año entrante pagaremos una suma igual o mayor. En Medellín mientras tanto, el costo del alumbrado navideño, que es impresionante, es la mitad de esa suma.
Tenemos también el caso de la empresa Centros Poblados, que se suponía daría internet a los niños de Colombia, y que sin haber hecho nada costó $70.00 millones. El Presidente Duque indicó que la ministra responsable de este contrato era una persona “muy honorable”. No hay razones para dudar de lo que dice el presidente, pero lo cierto es que la exministra firmó un contrato con esta empresa sin revisar que las pólizas de seguro que presentaron para garantizar el buen uso de lo pagado eran “chimbas” y no van a servir para recuperar el dinero.
Sobre este tema, ayer una senadora mencionó a la exministra a cargo de este contrato como caso típico de corrupción de 2021. La respuesta de la exministra no fue dar una explicación sobre su actuación, sino decir que la congresista era “canalla, miserable y bandida”.
Es decir, con una maniobra muy propia de los políticos, no defendió lo indefendible de su actuación, sino que atacó a la congresista. Incluso si fueran ciertos estos epítetos sobre la congresista, no tenían nada que ver con lo que sucedió con Centros Poblados.
Repito, es importante lo que indica Silvio sobre aumentar el presupuesto del gasto público, pero poco haremos si no se gasta adecuadamente, y si cuando cuestionemos cómo se gasta el presupuesto somos tachados de canallas y miserables. Saludos.

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Hernando+Bernal+A. 4 diciembre, 2021 - 8:07 am

Excelente crónica de viaje y profunda reflexión sobre manejo de la sociedad, participación y solidaridad. Muchas gracias.

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Luis Alberto Restrepo 4 diciembre, 2021 - 8:39 am

Interesante, Silvio, y bien escrito. Desde luego, hay mucha solidaridad social, pero no hay que olvidar que a la banca suiza han ido a parar durante décadas los capitales oscuros de todo el mundo, de cuya rentabilidad se benefician sus ciudadanos. Lo mismo podríamos hacer en Colombia, si hubiera una sociedad y un Estado diferentes de los dineros envenenados del narcotráfico.

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Jorge+Luis+Puerta 4 diciembre, 2021 - 12:33 pm

Las comparaciones son odiosas…dice la gente. Y siempre hay disculpas para desecharlas: que son otras condiciones, que la historia es distinta, que las diferencias entre el mundo desarrollado y nosotros son abismales…creo que lo que hay que rescatar es el sentido de fondo: el respeto de los derechos humanos, la cultura de la solidaridad y el sentido final de cualquier política pública que no es otro que lograr la mejor calidad de vida para todos…

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