Mi verdad (1)

Por: Carlos Torres
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48 millones de invisibles – Colombia violenta

A medida que pasa el tiempo se van aclarando los términos, objetivos y resultados del pacto de paz trabajado y acordado en La Habana y firmado en Cartagena y en el Teatro Colón. La realidad es que este acuerdo existe y está en pleno desarrollo. Ya no importa si pudo haber sido diferente o habérsele dedicado más recursos o si en su momento prometieron y explicaron un alcance y ahora resulta que el alcance era lo que los críticos afirmaban. Lo que importa es el futuro que ha comenzado a construirse 

A través de diferentes aspectos del pacto es claro que el supuesto básico es que hubo un conflicto entre un grupo insurgente, otro grupo paramilitar que quiso responder tomando la ley por su cuenta y el ejército colombiano que defendía la institucionalidad en el marco de la Constitución. Algunos miembros de las fuerzas legales ejecutaron actos de pura criminalidad, llamados eufemísticamente “falsos positivos”.  

A lo largo de 50 años (de hecho, fueron casi 70) alrededor de 100.000* colombianos trataron de imponerse por métodos que la ley y la historia consideran criminales, como asesinatos, secuestro, extorsión, abusos de niños, abusos de mujeres, contrabando, narcotráfico, destrucción de la infraestructura, o con golpes característicos del uso del terror como arma de guerra para ejercer el poder de facto en regiones de difícil acceso. El resultado fue una estela de víctimas de lado y lado que en diferentes contabilidades llegan a millones, la gran mayoría en las zonas más alejadas y pobres del país. 

Hace pocos años, en un proceso exitoso para algunos y criticado por otros, se desarticuló la horda paramilitar y sus principales jefes han estado pagando sus crímenes en cárceles norteamericanas en un esfuerzo por imitar los juicios de Nuremberg. En este caso, los principales jefes alemanes fueron condenados con sentencias de muerte o de prisión perpetua, ejemplarizantes con los considerados responsables del horror que destruyó y aniquiló a Europa.

En Colombia, el grupo de militares deshonrados ha sido condenado o es juzgado bajo la mirada atenta de organizaciones autoproclamadas como defensoras de los derechos humanos.

Finalmente, llegaron de La Habana los jefes que ordenaron a 7500** guerrilleros (según sus listados iniciales) a desarmarse e incorporarse a la vida civil en el marco de la Constitución y las leyes del país bajo la mirada complacida de toda la comunidad internacional. Para poner definitivamente punto final a esta trágica historia se diseñaron sistemas de verdad y reparación que, a diferencia del enfoque de Nuremberg, no incluyeron castigos reales para los guerrilleros y sus jefes: solo actos simbólicos junto con algunas prebendas para estimular la reincorporación. En la práctica los jefes guerrilleros ya están libres y actúan en la política. Los crímenes de los guerrilleros se calificaron como conexos con el conflicto. 

El noble objetivo que han transmitido los negociadores del gobierno y de los guerrilleros es que se logre un ambiente de reconciliación entre los antes enemigos. Lo anterior es la Colombia que conoce el mundo y que explica la violencia de las últimas décadas y le da sentido al acuerdo de paz

Carlos Torres Hurtado

* El Tiempo, en su edición del 12 de noviembre de 2020, menciona 75.731 personas que dejaron las armas en los últimos 20 años: https://www.eltiempo.com/politica/proceso-de-paz/cifras-de-desmovilizacion-en-el-pais-en-los-ultimos-20-anos-548540 000

** https://www.semana.com/nacion/articulo/farc-entrega-armas-a-la-onu/526663/ ; 

https://www.semana.com/nacion/articulo/farc-entregan-segundo-armamento/528459/

1 Comentario

Luis Alberto Restrepo 15 noviembre, 2020 - 11:14 am

Me parece una lectura razonable. Sólo señalaría que las naciones previstas no son meramente simbólicas. Están pendientes fallos de la Justicia Transicional, que preven penas ciertamente leves, hasta de ocho años, y deben imponer alguna forma de reparación. Si se les demuestra que no hubo verdad, pasan a la justicia ordinaria.

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