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Más allá de los delirios

El destino latinoamericano sigue siendo la integración continental, política y cultural, pero también lo es su integración a la democracia occidental, a sus valores, a su desarrollo.

El destino latinoamericano sigue siendo la integración continental, política y cultural, pero también lo es su integración a la democracia occidental, a sus valores, a su desarrollo.

Más allá de los delirios ideológicos, el destino latinoamericano del siglo XXI será más sólido con más cultura y democracia.

Los latinoamericanos nos hemos encontrado más en la cultura que en la política, concluí al terminar la lectura de la última novela de Vargas Llosa Le dedico mi silencio. Desde hace más de dos siglos, desde siempre, si nos miramos desde el acto fundacional de la independencia, la integración ha sido más un proyecto que una realidad. Simón Bolívar lo recordó con amargura al momento de morir. Pensó que había arado en el mar buscando que la Gran Colombia fuera un referente de unidad política, su gran edificación contra la corriente de las divisiones internas.

Fue la cultura la que mantuvo ese sueño que Carlos Granés en su libro Delirio americano, una amplia historia cultural y política de América Latina, atinó al llamarla “un continente en busca de sí mismo”.

El surgimiento del boom literario con García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar & cía. -en los años 60 del siglo pasado- encendió la llama de una segunda esperanza de integración iniciada en la encrucijada de los siglos XIX y XX con Martí, Rubén Darío, y por qué no, Vargas Vila.

La vieja guardia recordará -con discrepancias ideológicas sin resolver- que la revolución cubana, contemporánea del resurgimiento literario, avivó las ilusiones de integración latinoamericana. Solo que la politización de la cultura no ha sido la mejor compañera de la libertad que necesita la creación artística. Con la revolución cubana se venía abriendo paso la dictadura y con esta no hay lugar para la esperanza como se puede comprobar en la Nicaragua de Ortega con sus escritores expulsados o autoexiliados.

No obstante, la cultura, y mucho más la popular, resiste y el pueblo sabe esperar nuevas oportunidades. La música es un buen ejemplo de esa resistencia y con ella el arte, y lo sigue siendo la literatura en nuestros países. Da lástima que la política haya entorpecido tanto el proyecto integracionista latinoamericano y no porque la política sea en esencia perniciosa. Al contrario, es necesaria como lo habían pensado los griegos con la invención de la democracia. Carlos Granés lo señala al titular uno de los capítulos del libro que cito: Los delirios de la soberbia: revoluciones, dictaduras. Son los egos de los dirigentes que se han creído salvadores los que han entorpecido nuestras democracias.

El destino latinoamericano sigue siendo la integración continental, política y cultural, pero también lo es su integración a la democracia occidental, a sus valores, a su desarrollo. Más allá de los delirios ideológicos, el destino latinoamericano del siglo XXI será más sólido con más cultura y democracia.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

Por Jesús Ferro Bayona

Jesuíta de 1960 a 1977. Estudió Filosofía y Letras. Máster en Filosofía, Universidad de Lyon y de Teología, Instituto Sèvres de París. Estudios doctorales en la Escuela de Altos Estudios de París. Padre de Andrés, administrador de empresas, Juan Camilo, comunicador, y María Isabel, comunicadora, y abuelo de Dylan, de cinco años. Fue rector de la Universidad del Norte, Barranquilla, 1980-2018. Dedicado ahora a leer, escribir y dar un curso de Historia de las civilizaciones.

Una respuesta a «Más allá de los delirios»

Jesús Ferro, te escribe Jorge Salazar Isaza. Fuiste mi profesor de humanidades en el colegio san Ignacio de Medellín allá a inicios de los 70. Me place leer esta columna donde tocas temas que ya abordábamos en esa época cuando leíamos a García Márquez, discutíamos sobre el caso Padilla y nos asomábamos a Julio Cortazar… Quiero decirte que tu enseñanzas me acompañan y me gustaría visitarte algún día en Barranquilla. Gracia por tu presencia. Un abrazo.

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