¿Manejo mi mente?

Por: Ramiro Valencia Cossio
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question, quiz, think

Nunca dejo de plantearme por qué el hombre, si es capaz de prolongar su sentido de la vista con potentísimos telescopios para escrutar el universo profundo, no ha sido capaz de conquistar su propio corazón. ¿Por qué, si con microscopios electrónicos observa partículas ínfimas de nuestras células y átomos para comprender el funcionamiento de nuestro organismo, le cuesta tanto vivir en armonía y en paz en su hogar, en su lugar de trabajo, en la sociedad…?

Hace apenas unos meses, el hombre fue capaz de fotografiar, por primera vez, un agujero negro tres millones de veces más grande que La Tierra ‒imagen captada por el Event Horizon Telescope, “un absoluto monstruo”‒. Sin embargo, le cuesta ser tolerante con el otro y aceptar la diferencia.

Permítanme distraerlos un poco en el agujero negro para saber que su masa es 6500 millones de veces superior a la del Sol y que el horizonte de sucesos a su alrededor tiene 40.000 millones de kilómetros, es decir, resulta ocho veces más grande que el sistema solar. Y algo más: se encuentra a 55 millones de años luz de nosotros (recordemos que la luz viaja a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo). ¿Sí seremos tanto, como a veces nos creemos?

Al mismo tiempo, este hombre se debate entre egos y en la creencia de que es superior al otro y, por tanto, debe dominarlo, desata una guerra mundial y logra proezas científicas y tecnológicas increíbles. Hace poco leí que en los chips ya se encuentran transistores de diez nanómetros ‒el virus de la influenza mide 64 nanómetros‒. Un nanómetro es una millonésima parte de un milímetro, o sea, la milmillonésima parte de un metro.

Pero este Homo sapiens, primate que tuvo conciencia y, aún más, conciencia de tener conciencia, se ve muchas veces tiranizado por una mente incapaz de controlar entre pensamientos, emociones, sentimientos, creencias, intenciones, decisiones, deseos, intereses y… ego: la imagen de mí mismo.

Por supuesto,resulta imposible no tener ego. Pero nadie es solo su propia historia.

Solo para ilustrar, les comparto un breve cuento zen:

Después de ganar varios concursos de arquería, el joven y jactancioso campeón, retó a un maestro zen reconocido por su destreza. El joven demostró una notable técnica cuando le dio en el ojo a un lejano toro en el primer intento y luego partió esa flecha con el segundo tiro. 

‒A ver si puedes igualar eso, le dijo al viejo. 

Inmutable, el maestro no desenfundó su arco, pero invitó al joven arquero a que lo siguiera hacia lo alto de la montaña. Curioso, el campeón lo siguió hasta un profundo abismo atravesado por un frágil y tembloroso tronco. Parado en el medio del inestable tronco, el viejo eligió como blanco un lejano árbol, desenfundó su arco y disparó un tiro limpio y directo.

‒ Ahora es su turno, afirmó, mientras se paraba graciosamente en tierra firme.

Contemplando con terror el abismo aparentemente sin fondo, el joven no pudo subir al tronco y, menos, hacer el tiro. 

‒ Eres diestro con el arco ‒dijo el maestro‒, pero poco hábil con la mente, que te hace errar el tiro.

Entonces, vale la pena preguntarse: ¿manejo mi mente? 

Ramiro Valencia Cossio

Noviembre, 2020

2 Comentarios

César Augusto Torres Hurtado 28 noviembre, 2020 - 7:24 am

Triste realidad. Lo tenemos todo y no tenemos nada. Podemos ser felices y somos infelices. Tenemos el sentido común y es el
menor común de los sentidos. Al que es buena gente lo tildamos de tonto y al que es mala gente lo tildamos de sagas y hábil. Y a este es al que queremos imitar.

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César Augusto Torres Hurtado 28 noviembre, 2020 - 7:24 am

Triste realidad. Lo tenemos todo y no tenemos nada. Podemos ser felices y somos infelices. Tenemos el sentido común y es el
menor común de los sentidos. Al que es buena gente lo tildamos de tonto y al que es mala gente lo tildamos de sagas y hábil. Y a este es al que queremos imitar.

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