Malestar cultural

Por: Jesus Ferro Bayona
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El deseo que expreso no significa conformismo con el estado actual de los espacios culturales, al que se añade el cierre que desde 2016 lleva el Teatro Amira de la Rosa, cuya reapertura se ha anunciado en la prensa para dentro de cinco años. Confiando en la labor de recuperación que adelanta el Banco de la República, esperemos que la ciudad vuelva a tener su teatro emblemático.

En un artículo publicado en la edición sobre Colombia del periódico El País de España, Juan Pablo Calvás describe la situación en que se encuentran hoy los espacios artísticos y culturales de Barranquilla. La impresión con la que uno queda, terminada la lectura, es de malestar, si no de vergüenza. 

Nosotros lo sabemos, pero no lo decimos en voz alta, quizás por temor a ser tachados de aguafiestas en nuestro propio patio. Aquí se han producido cambios de impacto en los espacios públicos, como son los parques, la siembra de árboles, las calles y avenidas, el mejoramiento de la mayoría ‒aunque falte todavía mucho por hacer‒, de los llamados arroyos, y la maravilla del Malecón del Río que se ha convertido sin duda alguna en un zona de esparcimiento y disfrute para toda la ciudadanía sin distingos de clase que se congrega multitudinariamente los fines de semana, y más ahora con la llegada de los meses de verano, con sol y brisas, que hacen de la ciudad un lugar que hasta poetas han celebrado, como lo hizo Meira Delmar cuando aún no existía ese espacio urbano de reconciliación festiva con el río: “porque nació frente al alba y en el sitio de la brisa, le dieron un nombre claro de flor o de lluvia fina”, ¡Barranquilla!

Pero es justamente ese orgullo que sentimos por la imagen remozada y más hermosa ahora de la ciudad lo que debe motivarnos a ver el lado oscuro, particularmente cultural, lo cual no es menos grave que si se tratara de un deterioro urbanístico como el sufrido en años pasados. Se dice en el artículo al que me refiero que el Museo del Caribe y el Museo de Arte Moderno no son museos, sino edificios abandonados.

No hace mucho, subir y bajar por las rampas y escaleras del Museo del Caribe “era una experiencia fenomenal, educativa y refrescante”. Lo cierto es que era estimulante ver los innumerables grupos de jóvenes y estudiantes alegres de colegios y universidades entrando al Museo para vivir una experiencia cultural única de nuestra historia, experiencia que los visitantes de la ciudad, ahora más numerosos, han vivido para expresar cuánto ha cambiado para bien nuestra Barranquilla. 

Da pena leer en el artículo referido que al lado del Museo del Caribe está el “esqueleto sin vida del que iba a ser el Museo Moderno de Barranquilla”. La frase, construida en pretérito imperfecto, publicada en un medio de comunicación que leen extranjeros, potenciales visitantes de la ciudad, es deplorable y lastimosa, dada la impresión global de abandono que sobre los dos museos produce el solo leerla. Ojalá que esa apreciación no pese negativamente ante el cambio efectivo que presenta la ciudad en su renovación urbanística. 

El deseo que expreso no significa conformismo con el estado actual de los espacios culturales, al que se añade el cierre que desde 2016 lleva el Teatro Amira de la Rosa, cuya reapertura se ha anunciado en la prensa para dentro de cinco años. Confiando en la labor de recuperación que adelanta el Banco de la República, esperemos que la ciudad vuelva a tener su teatro emblemático.

Jesús Ferro Bayona

Enero, 2023

Publicado en El Heraldo (Barranquilla

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