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Malas lecciones de democracia

Por Francisco Cajiao
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Es tiempo de preguntarse qué formación democrática se debe ofrecer en colegios y universidades. La posición del Gobierno frente a la designación del rector de la Universidad Nacional cuestiona seriamente la autonomía de las universidades públicas.

En ejercicio de esa autonomía, la Constitución y la ley les otorgan la potestad de hacer sus propios estatutos que incluyen los procedimientos para designar a sus autoridades, de acuerdo con unos criterios orientados a garantizar el cumplimiento de sus fines esenciales, centrados en el cultivo del conocimiento a través de la investigación y la formación de alta calidad de los jóvenes, cuyo talento asegura el progreso colectivo.

La autonomía se convierte en una condición fundamental para el cumplimiento de su misión, evitando cualquier subordinación ideológica o política que pueda poner trabas a la libertad de pensamiento.

Desde luego, las normas no son inmutables y pueden cambiarse cuando no respondan de manera adecuada a los fines que persiguen, pero lo que no es aceptable en una sociedad democrática es que se cuestionen a posteriori, cuando los resultados de las decisiones legítimas de las instituciones no agradan a quien ostenta el poder presidencial.

Si se quería cambiar el procedimiento de elección del rector, tendría que haberse hecho antes por los canales previstos en el mismo estatuto. Lo que no luce bien es que el Consejo Superior, presidido por una ministra de Estado y dos representantes del Presidente, tome una decisión habiendo consensuado el procedimiento y luego se declaren indignados por el resultado y cuestionen lo actuado. Eso es hacer trampa. El poder no puede usarse de ese modo. Es una mala lección de democracia en una institución educativa.

Cada día se hace más evidente que el Presidente y sus colaboradores consideran que las decisiones que no son de su agrado por definición no son democráticas. No les gustan las decisiones del Congreso de la República que no se pliegan a su capricho. No les gusta, por supuesto, que haya asociaciones gremiales que elijan a candidatos diferentes a los propuestos por el Gobierno, como en el caso de los cafeteros, o fallos de la justicia que cuestionen la ineptitud o la corrupción de sus funcionarios, que ya están lejos de ser excepcionales, porque los Olmedos se multiplican.

La Constitución de 1991 incluyó mecanismos de participación e inclusión que defendió con seriedad y compromiso el grupo político al que decía pertenecer Gustavo Petro, y gracias a eso ha podido disfrutar del poder y los privilegios que otorgan los cargos a los que ha llegado por elección popular, así algunos los haya desempeñado con pobres resultados, tanto para sus creyentes como para los sectores más vulnerables. En los últimos días, sin embargo, ha hecho saber que esa Constitución ya no le sirve y tampoco los procedimientos para cambiarla.

Es tiempo de preguntarse qué formación democrática se debe ofrecer a niños, niñas y jóvenes en colegios y universidades. El Presidente prometió a los estudiantes de la U. N. algo que no podía ofrecer sin brincarse la autonomía del Consejo Superior, y ahí están en paro. La lección de democracia es: si no te gustan los resultados, arma un tumulto. Si alguna agremiación no favorece tus deseos, puedes usar recursos públicos para inventar una paralela. Si alguien hace lo que tú no lograste, trata de que fracase, sin importar que sea respaldado por el voto popular.

¿Valdrá la pena enseñar a los niños que los manuales de convivencia deben respetarse? ¿Se dará facultad a los rectores de los colegios para que cambien a los personeros que no sean obsecuentes y destierren a los maestros que no estén de acuerdo con ellos? ¿Será posible enseñar que la palabra empeñada es suficiente para confiar en la autoridad? ¿Se avecina el tiempo en que quienes hoy invierten en las campañas políticas comiencen a invertir en las campañas para rectores de las universidades públicas? La formación democrática va más allá de los currículos.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá.

4 Comentarios
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4 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 10 mayo, 2024 - 7:40 am

Muy cierto lo que indica Francisco. Hay una nueva definición de democracia: “Democracia es lo que Yo opino, porque soy el único que sabe lo que es mejor para todos”…

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Humberto Sánchez Asseff 10 mayo, 2024 - 3:50 pm

Muy claro y contundente artículo de Francisco Cajiao. No sé si me equivoco, pero me parece que Pacho, ante el análisis de las situaciones que padecemos en el país por causa del desgobierno de Petro, ha tomado con valentía la decisión de denunciar los intentos de gobierno despótico. Muy valiente Francisco. Un buen ejemplo para todos aquellos que siguen a Petro ciegamente.

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vicente alcalá 10 mayo, 2024 - 3:53 pm

Hacen falta lecciones de democracia, de anticorrupción y de antiestupidez… Pacho, sigue escogiendo ejemplos.

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Julio Hidalgo 11 mayo, 2024 - 8:35 am

Gracias por tu artículo; es, como siempre, actual. La democracia debe buscarse siempre, pero, como en todo proceso es una utopía, lo importante es que demos cada vez más pasos para hacerla realidad. El gobierno (desgobierno) del presidente actual va en contra de nuestros principios democráticos así sean imperfectos, mas el “reyecito” no solamente en lo referente a la educación sino en la misma concepción ideológica que tiene para estar al frente de un país. Si no fue capaz con la alcaldía de Bogotá, qué decir de todo un país. La democracia es del pueblo y para el pueblo, para el bien común y no particular.

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