Los nietos de Keynes

Por: Jorge Ivan Gonzalez
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En 1930, hace casi un siglo, Keynes publicó “Las posibilidades económicas de nuestros nietos”. Se imaginaba que en 100 años “el problema económico podría resolverse”, y dejaría de ser la preocupación “permanente de la raza humana”. 

Si las dificultades económicas están resueltas, las prelaciones cambian de manera sustantiva. En este mundo ideal el ser humano se preguntará por “cómo ocupar su ocio ‒que la ciencia y el interés compuesto habrán ganado para él‒ para vivir sabia y agradablemente y bien”.

La estabilidad macroeconómica es la condición necesaria, pero no suficiente, para “vivir sabia y agradablemente bien”. Y la política social debería contribuir a este objetivo supremo. Faltan ocho años para que se cumpla la fecha soñada por Keynes. En sus cálculos fue optimista. La humanidad está lejos de alcanzar aquel ideal. Y en los últimos años las condiciones sociales se agravaron por la pandemia. Los millones de pobres que habitan el planeta no lograr satisfacer los requerimientos más elementales. Y de manera dramática, los últimos informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ponen en evidencia los peligros actuales de una crisis alimentaria.

Los instrumentos que ofrece la economía deben lograr el doble propósito, de resolver las necesidades básicas y facilitar las condiciones que permitan el ejercicio de la libertad. Si las necesidades básicas se resuelven, comienza a abrirse el abanico de las capacidades y, entonces, el individuo estará en mejores condiciones para desarrollar el proyecto de vida que considera valioso.

Con plena justificación después de los dolores de la pandemia, el eje central de la estrategia fiscal del Marco Fiscal de Mediano Plazo es “la política social de la mano del compromiso del gobierno con la estabilidad de las finanzas públicas hacia el futuro”.

Sin duda, el ideal es conjugar la política social con la estabilidad de las finanzas. La perspectiva del documento es optimista porque el covid se ha reducido de manera significativa, la economía está recuperándose y el precio de los hidrocarburos ha aumentado.

Está bien que el gobierno ponga en evidencia la importancia de lo social, pero para avanzar en esta dirección se requieren dos condiciones. Primero, que efectivamente lo social sea prioritario. Y, segundo, que los indicadores macro no se consideren un fin en sí mismos, sino el instrumento para avanzar en la política social. El objetivo último debería ser la buena vida.

El ideal keynesiano no se ha cumplido. Entre otras razones, porque las visiones no-keynesianas que han reiterado el llamado al sacrificio han tenido efectos perversos, sobre todo desde finales de los años ochenta, cuando se absolutizaron instrumentos como la regla fiscal. Se olvida que apenas es un medio y su pertinencia se tiene que juzgar en función del objetivo final que debería ser la búsqueda de la felicidad.

En el Marco Fiscal se supone, sin demostrarlo, que los instrumentos que se utilizan para conseguir la estabilidad macro son compatibles con una vida sabia y agradable. Ello no siempre es cierto. Basta con observar que la lucha contra la inflación, a través de aumentos de la tasa de interés, puede tener consecuencias perversas para el buen vivir de numerosas personas.

Es evidente que las finanzas públicas se deben manejar con cuidado, pero los instrumentos que se utilizan para hacerlo pueden ir en contra de la buena vida.

Jorge Iván González

Julio, 2022

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