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Los desafíos de la paz

Por Francisco Cajiao
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La paz es el resultado de una paciente construcción de acuerdos entre individuos racionales.

En 1931 Aldous Huxley escribió Un mundo feliz, su conocida novela que anticipa de algún modo, el tipo de sociedad que se podría generar a partir de la tecnología genética, el control social a través de la hipnopedia y el manejo de las emociones por medio de drogas. En estos días encontré entre mis libros la Nueva visita a un mundo feliz, que ocurre treinta años después, cuando ha pasado la Segunda Guerra Mundial y el mundo intenta superar el fantasma del nazismo, a la vez que el crecimiento demográfico se convierte en la nueva amenaza para la humanidad.

Todo el texto resulta inquietante, pues ya en los años 60 el autor anticipa los grandes problemas que hoy vive la humanidad: concentración de la riqueza, agotamiento de recursos naturales, calentamiento global, déficit alimentario, deterioro de las democracias y propensión creciente hacia los populismos autoritarios.

Entre los muchos temas que trata Huxley, se refiere a los mecanismos contradictorios que se usan desde el poder para “vender” sus ideas a las masas populares. Dice, por ejemplo: “Casi todos desean la paz y la libertad, pero son muy pocos los que tienen un gran entusiasmo por las ideas, sentimientos y actos que hacen factibles esos ideales. Inversamente, casi nadie quiere la guerra o la tiranía, pero son muchos los que hallan un placer intenso en las ideas, sentimientos y actos que llevan a esas calamidades”.

Con respecto a esto, pone de relieve el hecho de que Hitler en sus discursos repitiera con insistencia palabras como “odio”, “fuerza”, “aniquilación” o “aplastamiento”, a la vez que gesticulaba violentamente, gritaba y su rostro se ponía violáceo, y añade: “Envenenado por el maligno frenesí del orador, el auditorio bramaba, sollozaba y gritaba en una orgía de pasión sin inhibiciones”.

Quizá el tema que más preocupa a este autor después de lo que fue capaz de hacer el régimen nazi y lo que han venido haciendo los caudillos populistas, sea el desarrollo de la propaganda que se dirige a la manipulación de las masas, en detrimento de la capacidad crítica de los individuos. Cuando escribe, siguen muy vivas la imagen de Hitler y su enorme habilidad para controlar a la población mediante eventos masivos cuidadosamente preparados, sobre los cuales comenta: “Como el alcohol, el veneno de rebaño es una droga activa. El individuo con embriaguez de multitud escapa de la responsabilidad, la inteligencia y la moral y entra en una especie de irracional animalidad frenética”.

Es indudable que seguir la monstruosa ruta de Hitler siempre es un riesgo, y es bueno volver la vista al pasado, pues en la distancia es más fácil hacer el análisis de lo que caracterizó una de las más grandes tragedias humanas. De una u otra forma, los líderes que por el camino confunden sus legítimos ideales altruistas con sus más oscuras pasiones, terminan llevándose de encuentro, todo lo que está en el camino. Frente a esto solo puede oponerse el riguroso ejercicio de la razón.

El último capítulo del ensayo de Huxley está dedicado a la educación. Esencialmente consiste en exponer y reconocer los hechos, que es el principio fundamental de la racionalidad. El hábito de la crítica sana desde la infancia, permite formar individuos independientes, dueños de su propio destino y responsables de sus decisiones y acciones, que es todo lo contrario a lo que persigue el propagandista que, en palabras de Hitler, debe abordar “una actitud sistemáticamente unilateral frente a cualquier problema que aborde” y en consecuencia, nunca debe admitir que pueda equivocarse o que haya opiniones mejores que las suyas.

La paz es el resultado de una paciente construcción de acuerdos y consensos entre individuos racionales, capaces de incorporar pensamientos, actitudes y acciones que faciliten la convivencia y siembren semillas de comprensión y benevolencia.

Francisco Cajiao

Mayo, 2023

4 Comentarios
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4 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 17 mayo, 2023 - 9:50 am

Muy ponderado y sereno artículo Francisco. ¡Gracias!

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Alberto Mario Bernal Vieira 17 mayo, 2023 - 9:55 am

Excelente artículo. Los seres humanos tenemos dos lados, uno de luz y otro oscuro, según las pasiones que motiven nuestras acciones. El lado claro es racional pero el lado oscuro nos lleva a cometer actos impensables, de ahí surge la palabra estupidez. Dice Francisco que la razón es la base del entendimiento y por tanto de la paz. Desde el acuerdo de paz vivimos en el lado oscuro, negociamos nuestros principios y valores fundamentales en un acto de absoluta estupidez.
Hoy seguimos en las mismas, los terroristas ponen las condiciones, ganan tiempo para fortalecerse y enriquecerse, la autoridad y el ejército no actúan y están sometidos a los resultados de unas negociaciones sin sentido. El país está lleno de coca por la decisión del gobierno de no combatirla, alimentando el negocio de los terroristas. ¡La paz es una falacia, así nunca tendremos paz!

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Dario Gamboa 18 mayo, 2023 - 11:22 am

Querido Alberto Mario! Que privilegio leer tu comentario y que felicidad saberte en nuestro blog. Me encantara volver a conversar contigo. Gamboadario66@gmail.com contactame cuando te quede facil. Abrazo grande.

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Luis Arturo Vahos 19 mayo, 2023 - 8:55 am

Después de escuchar durante cuatro días a Mancuso confesando el actuar del Estado y de los paramilitares para erradicar de Colombia cualquier atisbo de subversión. Me quedan claras tres cosas: La racionalidad de los dirigentes de esa época para justificar su actuar se parecía mucho a la de Hitler, pues todo era válido para conseguir un fin consensuado entre las clases dirigentes. Una nueva dirigencia con una racionalidad más humanista es necesaria para alcanzar esos consensos que nos permitan convivir en paz. Y por último, todo intento de alcanzar la convivencia debería motivar en nosotros una necesidad de colaborar positivamente, pues la racionalidad no es un ejercicio de abstracciones sin contexto y desapasionado. Requerimos una racionalidad comprometida, aterrizada. Gracias Francisco por tus luces.

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