¡Lástima! Ganó la estabilidad

Por: Silvio Zuluaga
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Elecciones al Congreso de Colombia 2022

Cuando un enfermo grave sigue estable por mucho tiempo, no es una buena señal. Esa parece ser la situación del Congreso colombiano: es un enfermo que ha estado grave por muchos años y sigue ‘estable’. 

Hay tres signos vitales en nuestro Congreso que nos llenan de desesperanza: honestidad, respeto por la cosa pública e innovación.

Entonces, empecemos a analizar el estado de los signos vitales en los grupos políticos que pertenecen al establecimiento y a la oposición ‒que son idénticos‒, visibilizando los números de los congresistas que usualmente se le unen al ejecutivo de la estabilidad.

Honestidad

En las elecciones de legisladores del 13 de marzo pasado para el período 2022-2026 los partidos Conservador, Liberal, Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U nombraron 64 de los 108 senadores que conforman la Cámara Alta, es decir, que controlan el 61 % de los votos totales. Asimismo, estos cinco partidos políticos eligieron 104 de los 187 Representantes a la Cámara, lo que equivale a 56 % de los votos. 

Estas cifras son una mayoría suficiente, generosa y amplia para sentarse tranquilamente con cualquiera sea el presidente elegido, con el fin de negociar el pago de los gastos de las respectivas campañas al Congreso y a la Presidencia a través del nombramiento de ministros, embajadores, directores de organismos descentralizados o para aprobar legislaciones sesgadas (con micos que benefician a unos cuantos grupos de presión). Estas negociaciones es lo que se denomina en el argot popular como ‘mermelada’.

En la actual nómina de congresistas hay 63 que tienen procesos e imputaciones de carácter penal. Es decir, que de los 295 miembros del Congreso actual (senadores y representantes) 21 % puede estar en deudas con la justicia. Obviamente, sabemos que no todos serán condenados porque existen mecanismos para desviar, ralentizar y archivar los procesos:  la prescripción, compra y desaparición de testigos, la manipulación de jueces, los cambios de fiscales por la Fiscalía y un nutrido grupo de abogados hábiles y de los más granados del país. También podemos asumir que un porcentaje pequeño de estos serán absueltos porque no han cometido ningún delito, pero al final el saldo de congresistas corruptos, condenados o no, es alarmante. 

No es una manzana podrida la que toma asiento vorazmente en el Congreso; es un grupo respetable de corruptos, de ‘la izquierda y/o de la derecha’, diseminados en las diversas Comisiones del Congreso, lo que nos llena de desesperanza. ¡Lástima que hubiera ganado la estabilidad! 

Respeto por la cosa pública

Se nos ponen los pelos de punta cuando hay apropiación de los espacios públicos en andenes, parques o en lotes urbanizables y, por supuesto, criticamos con efervescencia estos robos, pues se trata de apropiación individual del patrimonio público; pero luego viene la calma: decidimos no hacer nada al respecto. 

En uno de los comentarios de La Pulla mencionaron, antes de elecciones, los nombres de algunos grupos familiares que han decidido apropiarse de los escaños del Congreso y tienen la habilidad para heredarlos a hermanos, cuñadas, esposos, primos… Los árboles genealógicos mencionados en dicho programa son la familia Barreto, en el Tolima; la familia Merheg, en Risaralda; las familias Aguilar y Villamizar, en Santander; las familias Torres e Ibargüen, en Chocó; las familias Char y Gerlein en Atlántico. La lista no es exhaustiva. 

Estas familias son reconocidas no solo por la habilidad para ‘escriturar’ las curules a sus parientes, sino que en el mismo programa mencionan los procesos e imputaciones que tienen pendientes por corrupción en relación con el erario público (valga la redundancia), tanto a nivel nacional como regional. ¡Más de los mismo, qué vaina! ¿Podremos esperar cambios en la gobernanza legislativa para el próximo cuatrienio? Probablemente, no. 

Innovación

La edad de los directores reales de los cinco partidos mencionados, que controlan el Congreso son, en orden de edad: Partido Conservador (O. Yepes, 85); Partido Liberal (C. Gaviria, 75); Centro Democrático (A. Uribe, 70); Cambio Radical (G. Vargas Lleras, 63) y Partido de la U (D. F. Toro, 60). Su promedio aritmético es de 71 años de edad y, por lo menos, 30 en política activa. 

No tengo nada contra la edad o la experiencia, sino que después de ‘tantos éxitos’ no pareciera que a estos personajes se les ocurra cambiar su modus operandi. Pero vale la pena hacernos algunas preguntas.  ¿Qué versatilidad y deseos de renovación existe entre estos dirigentes, que están convencidos de que han manejado el sistema bien, con estabilidad y progreso? ¿Tendrán la capacidad de plantear políticas emanadas de la 4ª.  revolución industrial, en donde la inteligencia artificial puede ser una fuente para el aumento de la eficiencia industrial, agrícola, comercial y administrativa que tanto necesita el país? ¿Tendrán estas mentes, que viven en el confort del ‘éxito’, la capacidad de aplicar el blockchain con el fin de controlar la intermediación voraz del sistema bancario y de los comerciantes? ¿Se les ocurrirá a estos personajes, con su ego de salvadores de la patria, que la robotización puede ser una oportunidad para aumentar sustantivamente la producción y llegar al pleno empleo digno, con nuevos esquemas laborales? Si el modelo les ha funcionado en los últimos treinta años, no parece que tuvieran el menor deseo de mover el catre. Como vamos, ¡vamos bien! Lástima que la ‘mejor’ alternativa fuera la continuidad.  

La estabilidad del sistema beneficia a un porcentaje relativamente bajo, digamos ‒siendo generosos‒ al 25 %, que se encuentra bien dentro de este modus operandi. Como consecuencia, los dados están cargados en contra de la inmensa mayoría ¿A quién beneficia la estabilidad!

Coletilla 1: comenzando el año 2026, seremos testigos de nuevo de lo que sucedió cuatro años atrás, en 2022. Tendremos a la gran mayoría de miembros del Congreso, recién elegido y a algunos nuevos herederos de curules, repitiendo los temas de superación de la corrupción que habremos vivido en el período 2022-2026; oiremos las desgastadas promesas de mejorar la educación, la salud, el acceso a la vivienda. Ah, ¡y la equidad! ‒se me olvidaba‒, será otro tema renovador. El Congreso, a partir de 2026, ¿seguirá más grave, pero estable? ¡Lástima!

Coletilla 2: para mí, existe una gran diferencia positiva entre los que sostienen el modelo estable y los que a pesar de las limitaciones de los signos vitales proponen cambios que favorecen más a las mayorías que están sufriendo las consecuencias de los dados cargados.

Silvio Zuluaga

Abril, 2022

5 Comentarios

Eduardo Pardo 12 abril, 2022 - 6:11 am

Totalmente de acuerdo Silvio. Resaltas las grandes fallas de los politicos Colombianos. Resalto tres : Como es posible que en las listas figuraran 63 con procesos judiciales pendientes, que fueron elegidos ? Que en el Congreso sea corriente que los puestos sen heredables? Y finalmente que todos esos “vejestorios” sigan dirigiendo los partidos e imponiendo a los “elegibles”?
Con todo esto como se pueden esperar los cambios necesarios para acabar con las roscas, los caciques, los corruptos ? No seran esos 63 los qu votaran a favor.
Y ahora la “sociedad honesta” se rasga las vestiduras ante la posibilidad de que Petro gane. El “pueblo”, al ver que durante 50 o mas años no se han hecho las reformas necesarias a causa de “los mismos”, se quieren arriesgar a elegir otro extremista.

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John Arbeláez Ochoa 12 abril, 2022 - 7:10 am

Excelente radiografía la que realizas, Silvio, sobre nuestra política y políticos colombianos que refleja, a la vez, la ignorancia política de nuestro pueblo elector. Es increíble cómo 40 millones de colombianos estamos empecinados en elegir cada 4 años a lo peor que ha dado nuestra nación (con algunas excepciones) para que dilapiden, roben y acaben con nuestras esperanzas.
Urge un cambio profundo, primero en la educación y luego en nuestros valores, si a lo que demostramos en la vida cívica cotidiana se les puede llamar valores.

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Reynaldo+Pareja 12 abril, 2022 - 7:56 am

Silvio, excelente analisis del conjunto del status quo, que poco o nada innovativo ofrece. Sin embargo, tu ultima frase me dejo en la duda. Cuando concluyes, “para mí, existe una gran diferencia positiva entre los que sostienen el modelo estable y los que a pesar de las limitaciones de los signos vitales proponen cambios que favorecen más a las mayorías que están sufriendo las consecuencias de los dados cargados.”. Sinceramente no me quedó claro si apoyas o no aquellos que sostienen el modelo estable, o si prefieres los que proponen cambios. Lo digo porque “la diferencia positiva” pareciera estar inclinada mas a los que sostienen el modelo estable. Cualquier aclaración es bienvenida.

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Silvio Zuluaga 12 abril, 2022 - 10:56 am

Reynaldo: Lastima que no quedó clara mi posición. No quiero mas de lo mismo sino que prefiero darle la oportunidad a quienes plantean mover el catre, a pesar de que los signos vitales en ellos coinciden con los del establecimiento. Obviamente, me queda claro el temor del 25 por ciento que prefieren el confort de que no se mueva el catre.
Silvio

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Eduardo Jimenez 12 abril, 2022 - 11:14 am

Excelente radiografía, no veo claro, sin embargo, cuál puede ser la solución. Seguimos eligiendo los mismos de siempre.

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