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LA VIDA ES MUY RARA

A mí, la vida me parece rara, muy rara. “La vida es un ratico”, como nos canta Juan Esteban Aristizábal, “Juanes” por más señas.

A mí, la vida me parece rara, muy rara. “La vida es un ratico”, como nos canta Juan Esteban Aristizábal, “Juanes” por más señas.

Y mi ratico lo lleno, entre otras ocupaciones, leyendo, escribiendo, viendo noticieros, películas de Netflix, barriendo el apartamento, y -¿cómo no?- comiendo y durmiendo, para no mencionar otras actividades más personales e intransferibles. Aunque, sin darme cuenta, llegué a cucho (que no a chuchumeco), no me puedo quejar. Estoy bien. Soy flaco, más flaco que un palillo, pero aguanto, salgo a caminar por la mañana y repito por la tarde con mi mujer, que no perdona su caminadita.

Sin embargo, con frecuencia me pregunto: ¿qué o quién nos puso aquí? ¿para qué? Por lo que recuerdo, al comienzo de la Ciencia de la Lógica, Hegel parte del Ser (“Das Sein”). El Ser -tomado así, en general- es algo indeterminado, vago, imposible de comprender. Es todo y es nada al mismo tiempo. Por eso, en un segundo paso, el Ser se autolimita y se define como el Ser-ahí (“Da-sein”). 

No se preocupen por entender. Lo que quiero decir es que en esa expresión, libremente interpretada, encuentro una muy ajustada descripción de mi experiencia. Un “ser-ahí” es alguien arrojado, tirado a las sinuosas y misteriosas calles de la vida, que en ocasiones se convierten en oscuros callejones sin salida o en bosques y selvas impenetrables, y a veces se muestran como las aguas transparentes y azul-verdosas de un mar Caribe en calma. Por mi parte, no me puedo quejar. Por donde se le mire, soy afortunado, o al menos así me siento. 

Pero volvamos al “Ser-ahí”, tirado al surco de unas fuerzas arrasadoras que van destruyendo el mundo a su paso. Y si no, pensemos en los terribles fenómenos que está produciendo el cambio climático, tanto en Quetame como en Japón, China, España, Grecia y en el occidente de Estados Unidos, por no mencionar otros municipios. Los incendios y el calor nos abruman. 

Parece que el mundo nos quiere ahogar en barro y lodo o cocinar a fuego vivo de más de 40 grados Celsius. Con esa guerra climática, ¡qué Putin ni qué carajos! Aunque es una guerra injusta, terrible y cruel, vista en el contexto global del clima y sus desastres, podría uno decir que esa es una guerra con totes y papeletas, frente al Armagedón arrasador del clima que por lo visto, está a un paso de llegar al punto de no retorno, si no es que ya estamos en él. ¿Y si no hay regreso, qué podrá pasar? No me lo imagino ni he encontrado a nadie que me lo explique. Quién sabe si los alienígenas se estén preparando para invadirnos. Espero la sesión del Congreso de los Estados Unidos para que nos digan de una vez si tenemos unos vecinos extraños o no… Aunque lo extraño es que en China no afirmen también que han visto OVNIS. ¿O será que los OVNIS y los tales alienígenas son unos chinos malcriados que andan pasiándose por los cielos y echando ojo a Washington, al Pentágono y sus alrededores?

En fin, no me hagan caso. Mi principal virtud no es el optimismo, pero estoy de acuerdo que el pesimista es un optimista bien informado. Yo no es que esté muy al tanto de lo que acontece pero, entre gallos y media noche, algo me pillo.

¿Quién me puso aquí? ¿para qué? Este podría ser el estribillo de la canción de la vida, de la mía y de la tuya, querida-o amiga-o y enemiga-o, correligionarios, agnósticos, ateos (militantes anticlericales) o indiferentes, de izquierda o de derecha, santos o criminales, puros y castos o lo contrario, sexi-adictos, libidinosos, lúbricos y desenfrenados, para no mencionar a los esclavos de la cocaína y el terrible fentanilo. Ni hablar de los que trafican drogas, condenan y echan al surco miles y millones de vidas ajenas totalmente enajenadas. Me parece difícil que se acomoden en la paz total.

Y, por hoy, dejemos aquí este canto al desconcierto y a la simple expectativa. Así, pues, que con tantos temas y problemas globales tan graves, dejemos quieto a Petro, al menos por hoy.

Luis Alberto Restrepo

Publicado en su cuenta de Facebook

Por Luis Alberto Restrepo

Jesuita 1953-1982, primeros dos años de estudios de filosofía y teología en Bogotá, y luego otros dos en Frankfurt a.M. (Alemania), en el teologado de los jesuitas. Regresa a Colombia en 1974, trabaja en Cinep, da clases de filosofía política en las universidades Javeriana, Andes y Nacional. Participa en la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos (CSSP). En esa condición, es invitado a Europa para denunciar las violaciones de los DDHH. Los fines de semana da cursos a maestros rurales y campesinos. Detenido en la BIM y en el Colegio San Bartolomé La Merced durante cuatro meses en medio del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Retirado de la Orden en 1982, tres años después forma pareja con Socorro Ramírez, feminista, líder sindical y política. Desde entonces ambos comparten intensa actividad nacional e internacional, real y virtual.

8 respuestas a «LA VIDA ES MUY RARA»

Querido Luis Alberto, excelente artículo, sentido, aterrizado, representativo… lo único que me extraña es que un tipo tan inteligente como tu no llegue más allá. ¿Dónde queda la Historia? Yo soy privilegiado y optimista (utópico, diría Hermando) pero mi convicción es “Pantopia”

Felicitaciones, Luis Alberto, por ese texto. Inspirador al tiempo que simpático. Y muy bien escrito: ojalá en la prensa y en la televisión encontráramos una lengua tan ágil y tan correcta. Mi esposa, italiana maestra de latín y griego e italiano, se sorprende de oír mi español, (y aun de mi italiano, y de verlo escrito (conoce el español bastante bien) porque también sus estudiantes (liceo, nuestro bachillerato solo que de 9 años y no de 6) sufren de analfabetismo en ese sentido. Un abrazo grande, y un saludo para Socorro, Alberto Echeverri

De verdad tenemos que lleagar a estas alturas del partido para coincidir en esta conclusión, que todo este negocio es muy raro. Y coincido tambiencon las caminaditas diarias…Un Abrazo

Luis Alberto, muchas gracias por compartirnos tus inquietudes con tu escrito. Te hemos extrañado. Es un buen resumen de lo que nos preocupa a todos, desde lo ontológico y trascendental hasta lo existencial del diario vivir, descrito con una picaresca digna de quién lo escribe. Gracias de nuevo y no dejes de escribir.

Qué buen artículo, LARpo. Creo que todos somos unos eternos buscadores de significados. Cuando buscamos sobre “el más allá”, solo podemos referirnos a él con palabras y comparaciones sacadas “del más acá” y, por lo tanto, necesariamente limitadas, inaplicables a lo que creemos infinito e inefable. Intentar imaginarlo seria contaminarlo con nuestras esenciales limitaciones, convertirlo en una caricatura a nuestra imagen y semejanza. Por mi parte, sigo empeñado en que sí debe haber un “más allá”. Pero no me atrevo a contaminarlo imaginándolo, pues, por ese mismo hecho, le aplicaría, necesariamdente, términos limitados del “más acá”.
Amanecerá y veremos. Y si al fin sí vemos, estupendo, qué alegría, “eureka”, lo logramos, sí era cierto.. Y si no vemos, pues no pasa nada.

Estupendo artículo, Luis Alberto, yo apaciguo mis inesperadas angustias leyendo buena poesía y escuchando clásicos del piano. Y siguiendo los análisis de buenos amigos como tú. Un abrazo.

Luis Alberto, gracias por compartir con humor, inteligencia y modestia tu experiencia del “ser ahí “, de cuyas incertidumbres muchos (¿todos?) somos partícipes.

Luis Alberto: comparto contigo la flacura, las caminatas, y la inquietud por el sentido de la vida. No cabe duda que las religiones a través de la historia “ayudan al hombre a acomodarse a su destino” como decía Hawking, y son “una respuesta al silencio del universo” como afirmaba .Saramango. Personalmente me reconforta tener un padre en el cielo y, aunque con muchas limitaciones, perseguir el ideal cristiano de amar a los demás hasta el fin, como nos enseñó Jesús.

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