La transición: una vez allí, ¿qué sigue? (4 de 4)

Por: Reynaldo Pareja
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Terminada la vida física, el alma se desasocia del cuerpo y vuelve a Dios, fuente de su origen. Sin embargo, esta llegada no es, en términos humanos, instantánea. Requiere un proceso que implica varios pasos develados en la nueva Revelación de la Fe Bahá’i.    

“Inmediatamente” el alma-consciencia hace la transición se enfrenta a sí misma en una revisión radical de su vida terrenal. En esta dimensión el “tiempo terrenal” no se experimenta; por lo tanto, los vocablos que utilizaré son los que ahora usamos para poder hacer algo inteligible esa otra realidad no-temporal. 

El juicio personal ocurre en dos momentos: primero acá, en la vida en la Tierra, descrito así por Bahá’u’lláh:

“Pídete cuentas a ti mismo cada día antes de que seas llamado a rendirlas, pues la muerte te llegará sin aviso y habrás de responder por tus hechos” (Palabras Ocultas)

El segundo “momento” se durante la transición. En él, mente, personalidad, psicología, carácter, la memoria de todo lo hecho, la autoconsciencia y el espíritu se han integrado en una unidad indisoluble. La base para afirmarlo la dio ‘Abud’l-Bahá cuando confirmó lo que los filósofos antiguos habían dicho que era la característica esencial del alma humana. En sus palabras:

“El espíritu humano, que distingue al hombre del animal, es el alma racional. Las dos expresiones ‒espíritu humano y alma racional‒ designan una misma realidad.”                                                   (‘Abud’l-Bahá, Respuestas a algunas preguntas, no. 55)

Esta frase permite pensar que si el alma humana es racional, esto significa que tiene consciencia, pues dos elementos esenciales de dicha racionalidad son la capacidad de ser consciente de ser consciente y afirmar que dicha experiencia interna es real e inmediatamente perceptible por todo individuo. Por ello, en ese instante cada uno puede “ver” y “recordar” cada acto en favor de alguien y cada acto en contra de alguien, pues todos los recuerdos de lo vivido estarán presentes en la memoria con la claridad de una potencia que no estará limitada por la temporalidad. 

En ese ‘momento’ entenderemos, en forma directa y sin ambigüedades, el estadio de desarrollo espiritual que alcanzamos mientras vivimos la etapa temporal. Ese grado de desarrollo lo determina cómo vivió cada uno en servicio de los demás. Esta clara consciencia nos permitirá entender en qué nivel de mérito estamos y cuánto debemos trabajar espiritualmente para desarrollar los atributos divinos impresos en el alma, pero que aún se encuentran en potencia porque no nos preocupamos por ejercitarlos o desaprovechamos las ocasiones de practicarlos. 

Algunos ejemplos lo hacen patente: no haber perdonado a quien nos ofendió; haber juzgado a los demás sin fundamento o información correcta; no haber compartido algo con quien lo necesitaba y que yo podía sacrificar; no acompañar al que estaba deprimido por la transición de un ser querido; no haber dado un consejo a tiempo para que un conocido no cometiera un error que lo hundiría; no haber tenido paciencia con el compañero cuando reaccionaba agresivamente; no haberse abstenido de pegarle a los hijos en un arranque de ira… La lista es enorme. Cada uno hará el inventario con total lucidez, pues no habrá cómo engañarse. Reconocer el estadio de subdesarrollo espiritual permitirá juzgarnos y aceptar, sin engaños, dónde estamos frente al ideal de desarrollo espiritual que nos queda por alcanzar. Este trabajo ‒entenderemos en qué consiste‒, nos permitirá acercarnos paulatinamente a la presencia de Dios a medida que vayamos desarrollando esos atributos por medio del trabajo espiritual pertinente.

Ese estado y forma de progreso no lo detalló Bahá’u’lláh. Por ello, es infructuoso declarar qué es y cómo se llevará a cabo. Lo que sí puede afirmarse es que habrá la oportunidad de tener un crecimiento espiritual interminable.

Tanto ‘Abud’l-Bahá como Bahá’u’lláh afirman que la existencia no temporal del alma es una jornada infinita por los mundos espirituales de Dios hasta alcanzar su presencia. En ese estadio estará el gozo del verdadero Paraíso. En palabras de Bahá’u’lláh:

“Respecto de tu pregunta sobre los mundos de Dios sabe, en verdad, que los mundos de Dios son incontables en su número e infinitos en su extensión. Nadie puede contarlos ni comprenderlos, salvo Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente”.                              (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, LXXIX)                                                             

Bahá’u’lláh lo describe así, enfatizando el carácter de inmortalidad que el alma gozará:

“Y ahora, referente a tu pregunta acerca del alma del hombre y su supervivencia después de la muerte, sabe tú ciertamente que el alma después de su separación del cuerpo continuará progresando hasta que alcance la presencia de Dios, en un estado y condición que ni la revolución de las edades y siglos, ni los cambios o azares de este mundo pueden alterar. Perdurará tanto como el Reino de Dios, su soberanía, su dominio y fuerza perduren. Manifestará los signos de Dios y sus atributos y revelará su amorosa bondad y generosidad” (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, LXXXI). 

En ese momento, el alma-consciente entenderá la descripción del verdadero Paraíso que Bahá’u’lláh plasmó cuando dijo:

“Tu Paraíso es Mi amor; tu morada celestial, la reunión conmigo. Entra, no tardes. Esto es lo que ha sido destinado para ti en nuestro reino de lo alto y nuestro exaltado dominio” (Palabras ocultas, 6. Resaltado del autor).

Al analizar lo que dice Bahá’u’lláh, el cielo o paraíso celestial consiste en estar inmersos en forma excelsa en su Amor, en su Presencia. Si la verdadera meta y dicha de existir es estar en la cercanía de Dios, lo opuesto ‒estar alejado de Él‒ es un verdadero sufrimiento espiritual que, en términos humanos equivale estar en un “infierno”. Es el resultado de ser claramente consciente de estar distante de la fuente de nuestra existencia, Dios mismo. Este sufrimiento es espiritual; nada que ver con el infierno físico de interpretaciones o descripciones pasadas. 

Bahá’u’lláh afirma que en el otro nivel de existencia tendremos la dicha de reconocer a nuestros seres queridos, amigos y aun a las Manifestaciones, con quienes podremos dialogar íntimamente:

“Ahora, referente a tu pregunta sobre si las almas humanas siguen siendo conscientes unas de las otras después de su separación del cuerpo, sabe que las almas del pueblo de Bahá, que han entrado y están establecidas dentro del Arca Carmesí, se asociarán y comulgarán íntimamente unas con otras, y estarán tan profundamente ligadas en sus vidas, aspiraciones, fines y anhelos, que serán como una sola alma”.                                        (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, LXXXVI).

La partida y separación de los seres queridos no es absoluta y definitiva. ‘Abdu’l-Bahá consignó una poderosa relación de continuidad con ellos. Dijo que podemos interceder por los seres queridos que han partido, con oraciones en su nombre y por su progreso espiritual:

“Por tanto, es permisible rogar por la prosperidad, el perdón, la misericordia, el cuidado y las bendiciones de los difuntos, ya que la existencia es capaz de progresar. Esa es la razón por la cual, en las oraciones de Bahá’u’lláh, se pide el perdón y la remisión de los pecados de los difuntos. Por otra parte, así como la gente en este mundo está necesitada de Dios, también lo estará en el otro mundo”.                                                                    (‘Abdu’l-Bahá, Contestación a algunas preguntas, no. 62).

La meta suprema de la jornada espiritual después de nuestra transición es llegar a la presencia de Dios en el nivel de desarrollo espiritual que le corresponde a cada uno. En ese ‘momento’ se experimentará una interminable felicidad por haber llegado al origen de nuestra existencia y a la plenitud de nuestro desarrollo espiritual. Experiencia sin fin, característica de la inmortalidad con la que nuestra alma fue creada desde el inicio, que refleja la eternidad de Dios dentro de los límites que impone nuestra condición de seres creados.

La condición y existencia continuada del alma en el reino del Espíritu es imposible de imaginar, pues su exaltada condición está muy por encima de la capacidad del hombre de captar, entender o asimilar mientras se encuentre en este estado de temporalidad. Por tanto, no nos conviene que se nos revele todo su carácter, como lo advierte Bahá’u’lláh: 

“La naturaleza del alma después de la muerte nunca podrá ser descrita; no es conveniente, ni permisible revelar todo su carácter a los ojos de los hombres”.                                                                       (Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh).

Nuestra limitación de creaturas que viven en la dimensión temporal nos impide en forma esencial atisbar esta insondable realidad, mucho menos entenderla con nuestra limitada capacidad espiritual, que además se encuentra limitada porque le falta un desarrollo consciente. Sin una perspectiva espiritual como la expuesta es fácil caer en el desasosiego, en la incertidumbre y en la angustia existencial generada por la consciencia de que tarde o temprano, sin saber en qué circunstancias, ni en qué edad o etapa de nuestro desarrollo físico, psíquico, intelectual y espiritual nos ha de llegar la visita ineludible de las circunstancias que han de llevarnos a la otra rivera de la existencia. Para mitigar esa incertidumbre, Bahá’u’lláh dejó una alegre perspectiva de cómo podemos contemplar la transición para no temerla sino, más bien, abrazarla con gozo:  
                                                                                                                                                      

“Tú eres mi dominio y mi dominio no perece, ¿por qué temes perecer? Tú eres mi luz y mi luz no se extinguirá jamás, ¿por qué temes la extinción? Tú eres mi gloria y mi gloria no se disipa, tú eres mi manto y mi manto no se gastará nunca. Mantente entonces firme en tu amor hacia mí para que me encuentres en el reino de gloria”.

“He hecho de la muerte una mensajera de alegría para ti. ¿Por qué te afliges? He hecho que la luz resplandezca sobre ti. ¿Por qué te ocultas de ella?  

(Palabras Ocultas)

Reynaldo Pareja

Junio, 2021

1 Comentario

Hernando Bernal A. 8 junio, 2021 - 7:56 am

Reybaldo: gracias por ese escrito tan profundo. Es un atisbo muy claro y esperanzador de lo que está por venir para nosotros, los que aún nos encontramos en el aquí material y temporal. Cordial saludo. Hernando Bernal A.

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