La política, ¿eso pa’ qué?

Por: Santiago Londoño Uribe
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Hace algunos días un buen amigo, rapero y agricultor, me invitó a dictar un taller en un colegio de la Comuna 13 en Medellín. “Es la semana de la memoria”, me dijo, “entonces, háblales de tu vida y experiencia y de por qué la memoria es importante”.

Con muchas inquietudes emprendí la construcción de un taller para estudiantes de la comuna 13 de Medellín. Más que echarles un cuento sobre quién era yo y qué había hecho, me pareció interesante retar a los estudiantes con una pregunta, relacionada con mi vida y con mis andanzas, pero sobre todo con la vida de ellos, con su memoria y, especialmente, con su futuro. 

El día señalado nos encontramos en el patio central del colegio localizado en una de las laderas del centro occidente de la ciudad, cerca de la tristemente célebre escombrera. Los estudiantes en fila tras su profesor o profesora y nosotros, los invitados (sociólogos, abogados, diseñadores, periodistas, administradores), esperando la presentación inicial y la asignación de grupo.  Me tocó en suerte un grupo de sexto (yo creía que hablaría con los de 11 que estaban a punto de graduarse). 22 jóvenes de 12 años con esa mezcla de energía y apatía que define la adolescencia y que se potencia al máximo los viernes durante las últimas dos horas de la jornada escolar, cuando ya el proyecto único de la vida es abandonar el colegio y lanzarse al fin de semana. 

“La política, ¿eso pa’ qué?” es la pregunta que les suelto a mis 22 alumnos de ocasión como impulso del taller.  Sus caras pasan de la expectativa a la duda y, en muchos, a la desconfianza. Yo conozco bien esa reacción. Difícil encontrar un concepto y una actividad más deslegitimada y señalada que la política.  Aun así, o precisamente por eso, siempre he considerado que es necesario abogar por entenderla mejor, así como sus nefastos o esperanzadores resultados. La política, a diferencia de otras actividades humanas, se alimenta y se fortalece con la apatía, la inacción y el repudio de los seres humanos. Ignorar sus estructuras, actores y alcances, nos hace absolutamente vulnerables. “El que ignora la política permite que se cuele en su domicilio, en su bolsillo y en su cuerpo”, les digo para incomodarlos. 

Estas reflexiones, que suelen enganchar a muchos públicos, no funcionaron con el grupo de sexto y tuve que empezar a compartir ejemplos concretos sobre la relación entre la política y sus vidas.  Empecé con la educación pública.  Esa es una decisión política. Hubo algunas miradas de aprobación, pero nada de interés. Pasé por los servicios públicos domiciliarios. Poco los movió.  Les pregunté si sabían que en ese preciso momento un tribunal de nueve personas decidía si el aborto seguiría siendo un delito en Colombia.  Inmediatamente las primeras tres filas de la clase, ocupadas por mujeres, me miraron con atención. “¿Es delito?” preguntó una. “¿Y los tres casos qué?” agregó otra. Conversamos sobre los derechos de las mujeres. Sobre sus madres y abuelas y sobre el mundo que vivieron.  Les pregunté si creían que los derechos logrados por las mujeres eran resultado de un arranque de amabilidad de los machos. Se rieron mientras miraban desafiantes a los hombres que permanecían en silencio en el fondo del salón.  Recordé entonces a la novelista Laura Restrepo quien dice que la única revolución triunfante del siglo XX fue la de las mujeres. En el grado sexto de la I.E Eduardo Santos de Medellín, estamos de acuerdo.

Finalizando el taller le pregunté a una de las chicas qué quería estudiar. Me contestó con una voz suave y acompasada que le gustaba la programación de computadores.  Reconocí su acento y me dirigí a la clase: “¿Por qué es importante la política?” les repetí la pregunta.  “Hablemos de Venezuela. Nuestro vecino”. Los ojos de la chica se aguaron y en sus compañeros noté algo que podría parecerse a la solidaridad. Al final del proceso conversé con ella. Su llegada a la Comuna 13. Sus padres y 5 hermanos. El esfuerzo por reconstruir sus vidas. Su abuela enferma en el Estado Lara. La falta de medicamentos. El desarraigo y el nuevo comienzo lleno de preguntas e inseguridades. Martín Caparrós dice en su ensayo Ñamérica: “La inmigración es la forma más terminante de decir que no hay futuro: que en ese sitio no hay futuro”.  ¡Claro que la política importa! 

A las etapas más oscuras del último siglo las precedió un hastío de la población por la política y una desilusión profunda de la democracia liberal. A pesar de algunos avances reales en ciertos campos en los últimos años, nada está ganado. Todo puede empeorar o, quizás y con mucho trabajo, podemos dar uno a varios pasos en el camino de la mejora.  

La democracia es un taller continuo.    

Santiago Londoño Uribe

Mayo, 2022

1 Comentario

EDUARDO JIMENEZ 15 mayo, 2022 - 6:00 am

Muy interesante el artículo de Santiago. Y muy de actualidad su conversación con la chica venezolana. Aunque la respuesta era obvia, faltó talvez preguntarle a la joven y a su famila, y más aún, más importante faltó que todos respondiérmos a la pregunta: “Por qué los venezolanos están aqui?”. Un Abrazo

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