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La distracción de los nuevos contratos de exploración

Por Mauricio Cabrera Galvis
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Es muy probable que, en unos años, sí se necesite adjudicar nuevos contratos de exploración, pero, en el corto y mediano plazo, al país no le va a pasar nada si en dos o tres años no se firma ninguno porque hay suficiente actividad exploratoria en marcha y porque el resultado de los nuevos contratos toma tiempo en materializarse.

El debate sobre la política petrolera del país se ha centrado en la discusión sobre si se autorizan o no nuevos contratos de exploración. Es una discusión improductiva, extemporánea y que distrae de los verdaderos problemas de la producción de hidrocarburos y de la transición energética.

Además, es una discusión que tiene mucha carga ideológica y política. De hecho, entre el 2014 y el 2020 solo se realizó una ronda de adjudicación en el 2016, pero en esa ocasión no se firmaron nuevos contratos. Es decir, cinco años sin nuevos contratos y nunca se generó ningún debate.

Es muy probable que, en unos años, sí se necesite adjudicar nuevos contratos de exploración, pero, en el corto y mediano plazo, al país no le va a pasar nada si en dos o tres años no se firma ninguno, porque hay suficiente actividad exploratoria en marcha y porque el resultado de los nuevos contratos toma tiempo en materializarse.

Nuevos contratos de exploración solo producirán petróleo en la próxima década

En el imaginario colectivo se ha creado el mito de que los nuevos contratos de exploración nos van a permitir aumentar las reservas de petróleo en unos pocos años, y que van a eliminar el riesgo de una escasez de gas en el 2026. Es solo un mito, alejado de la realidad y alimentado por intereses políticos. 

Si se empezara a preparar ya mismo una nueva ronda de ofrecimiento de áreas para explorar, con mucha suerte los primeros pozos podrían empezar a producir hacia el año 2030 y lo más probable es que se demoren en promedio unos 10 años o más. 

Por ejemplo, el anuncio que hicieron Ecopetrol y Repsol de pozos productivos en el bloque CPO 09 en el piedemonte llanero, corresponde a un contrato de la ronda de 2008. Así mismo, los grandes descubrimientos de gas costa afuera de la Guajira, corresponden a contratos de la ronda de 2010 y faltan por lo menos 3 años para que entren en producción.

Explorar hidrocarburos no es soplar y hacer botellas. Por el contrario, es un proceso largo y riesgoso. Todo comienza con lo que se conoce como una “Ronda Colombia” que es una especie de licitación organizada por la ANH en la que se ofrecen áreas (llamadas bloques) con existencia potencial de hidrocarburos y las compañías interesadas hacen sus ofertas; ese proceso puede tomar hasta un año, como sucedió en la Ronda 2021 que se empezó a preparar desde el comienzo de ese año y se asignaron las áreas en diciembre. A esto se suman unos 3 meses para la negociación y suscripción de los contratos respectivos

Una vez firmado el contrato empieza una fase preliminar en la que se realizan actividades de verificación, confirmación y/o certificación de posibles grupos o comunidades étnicas en la zona de influencia y después se procede a solicitar la licencia ambiental, requisito indispensable para iniciar la exploración propiamente dicha, para la que los contratos establecen un plazo de 6 años prorrogables, o 9 años cuando son bloques costa afuera.

Como se aprecia en el cuadro, la fase de exploración puede durar un mínimo de 105 meses (8.1 años), y un máximo de 180 meses (15 años), después de los cuales hay que gestionar una nueva licencia ambiental para la explotación, que toma por lo menos un año más antes de que empiece la producción y comercialización. 

La conclusión clara es que nuevos contratos de exploración solo producirán petróleo o gas en la próxima década. Por supuesto, con suerte también se pueden dar unos casos excepcionales de éxitos tempranos, pero en el pasado el mínimo plazo requerido ha sido de seis años desde la firma del contrato hasta la sacada del primer barril. 

El potencial de los contratos de exploración vigentes

Lo anterior no significa que nos vamos a quedar sin petróleo en 7.5 años, o sin gas en 8.2 años, que es la cifra real de la duración de las Reservas Probadas (1P) de estos combustibles. La buena noticia es que, con los contratos de explotación vigentes, el país cuenta con un volumen muy importante de recursos de petróleo y gas ya identificados, que, con más actividades de exploración y la aplicación de nuevas tecnologías, con toda seguridad van a aumentar las reservas de hidrocarburos.

Un primer grupo de recursos son las Reservas Probables y Posibles que son yacimientos en los que todavía hay incertidumbres técnicas, regulatorias o ambientales sobre la posibilidad de explotarlos. En el caso del petróleo son 1.425 MBP, y en el del gas 1.394 GPC, que equivalen respectivamente al 69% y 50% de las reservas probadas. 

Después vienen los recursos contingentes que son aquellos que se encuentran en áreas exploradas o en desarrollo y están respaldados por evidencia geológica y datos preliminares, pero que aún no se consideran lo suficientemente maduros para el desarrollo comercial debido a una o más contingencias. Los de petróleo son el 114% de las reservas probadas, y los de gas el 180%. Por ejemplo, así se clasifican los yacimientos de gas de Gorgon y Purple Angel, porque todavía no existe la infraestructura para el transporte. 

También hay otros recursos identificados en las primeras etapas de la exploración como los ya descubiertos por verificar y delimitar mediante nuevos pozos y los Prospectivos que requieren, por ejemplo, más estudios de sísmica. En total estas dos categorías podrían duplicar las reservas de petróleo y multiplicar por 8 las de gas. Por supuesto no todo ese volumen se va a convertir en Reservas Probadas, pero la conclusión es que hay un gran potencial de aumentarlas con actividades de exploración ya contratadas.

La gran dificultad para tener más petróleo o gas no es la falta de nuevos contratos, sino las dificultades para realizar la exploración, que son principalmente de tres tipos: uno, las sociales por la negociación y, a veces, el chantaje de las comunidades de las zonas potenciales; dos, las ambientales, por la complejidad de obtener las licencias respectivas; y tres, las de orden público, por las amenazas de los grupos armados ilegales. 

Estos son los verdaderos problemas de la política petrolera y superarlos debe ser la prioridad del gobierno para garantizar la continuidad de la producción de hidrocarburos.

Mauricio Cabrera Galvis

Junio, 2023

Artículo para la revista CAMBIO, Colombia

2 Comentarios
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2 Comentarios

EDUARDO JIMENEZ 20 junio, 2023 - 5:18 am

Como de costumbre, Mauricio tiene muchísima razón, y cito “Entre el 2014 y el 2020 solo se realizó una ronda de adjudicación en el 2016, pero en esa ocasión no se firmaron nuevos contratos. Es decir, cinco años sin nuevos contratos y nunca se generó ningún debate.”
Es decir, todo el problema lo causaron las inoportunas y torpes declaraciones de la señora ministra, que eran totalmemente innecesarias. Afortunadamente ultimamente solo habla de por qué usa tenis blancos y no ha vuelto a opinar sobre otros temas.

Respuesta
Mauricio Cabrera 20 junio, 2023 - 9:38 am

Eduardo, tienes razón en señalar que las declaraciones iniciales de la ministra fueron inoportunas, pero también hay que decir que alanos medios han contribuido a confundir y agudizar el debate pues declaraciones posteriores de la ministra han sido mucho más moderadas, y a estas no le han dado la difusión y titulares de las primeras. Mira por ejemplo este artículo de la ministra que es una posición más realista.
https://www.elespectador.com/politica/hidrocarburos-en-tiempos-de-transicion-analisis-de-la-ministra-de-minas-irene-velez/

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