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¿La cultura para qué?

En nuestra cultura pragmática, lo primero que se puede ocurrir es preguntarnos ¿Para qué sirve la cultura? ¿Qué nos aporta o qué beneficios nos trae la cultura? Pero, en nuestra “configuración intelectual de la experiencia” necesitamos preguntarnos primero ¿Qué es la cultura?

En nuestra cultura pragmática, lo primero que se puede ocurrir es preguntarnos ¿Para qué sirve la cultura? ¿Qué nos aporta o qué beneficios nos trae la cultura? Pero, en nuestra “configuración intelectual de la experiencia” necesitamos preguntarnos primero ¿Qué es la cultura?

En estos días, no me di cuenta que habían nombrado, como ministro de Cultura encargado, a un conocido mío. Esto refleja la poca importancia que a nivel social se le da a la cultura y lo poco que los medios de comunicación resaltan los valores culturales. Todos los días aparecen el ministro de Defensa, de Hacienda, de Salud… y muy poco el de Ambiente y menos el de Cultura. 

Antes de comenzar a escribir esta página, leo una noticia de la DIAN: “Se abren inscripciones para cursos de Cultura a Profesores…” Extrañado, leo con más atención “Cultura de la Contribución en la Escuela”. Ah, la DIAN quiere fomentar la cultura de pagar impuestos. 

En la obra “La Cultura: todo lo que hay que saber” de Dietrich Schwanitz, leemos que “El relato comienza con las dos fuentes más importantes de nuestra cultura: las divinidades olímpicas, el sitio de Troya y las aventuras de Ulises, por una parte, y la Biblia hebrea por otra”. Está hablando un europeo. ¿Dónde quedan las fuentes precolombinas de las culturas americanas? O ¿Qué hay de las milenarias culturas orientales, china, japonesa, india… o de las culturas africanas?

En el libro “Breve historia del saber, la cultura al alcance de todos”, la cultura tiene el sentido de saber, de conocimiento, y algunos de sus temas son: la sabiduría de la antigüedad; Egipto y Mesopotamia; los aztecas y los incas; la explosión griega; qué sabían los romanos; qué nació en el Renacimiento; el siglo XX: ciencia y tecnología, arte y medios de comunicación; los próximos cien años. Otra obra interesante se titula “Civilización y cultura a través de la música” y en casi todos los países encontramos numerosos Museos y Bibliotecas, que guardan multitud de muestras culturales. 

Todo lo anterior indica que se necesita una geografía y una historia de las culturas y de las artes, que irían paralelas a toda la historia de la humanidad. Observemos que la palabra cultura tiene relación con la palabra cultivar, y ésta con la agricultura… Hay que cultivar una buena cultura. 

Pero en Colombia, nos quejamos todos los días de la falta de cultura de nuestra gente: la forma de manejar de muchos conductores; la falta de respeto con las mujeres, los mayores o los niños; las trampas, desde colarse en las filas hasta no cumplir con los compromisos o la palabra empeñada; la falta de educación, urbanidad o cortesía… y peor aún, hablamos de una narcocultura. Un alcalde de Bogotá se esforzó, hace unos años, por fomentar la cultura ciudadana. 

También decimos que “esa señora es muy culta” y hay una emisora que se autodenomina “Una emisora de naturaleza culta”. Nos enorgullecemos de nuestras manifestaciones culturales como el baile folclórico, la música regional, la literatura colombiana, nuestros pintores, el arte, las artesanías…  

Hemos podido notar la variedad de acepciones que tiene la palabra “cultura”.  

La noción clásica de cultura era normativa: por lo menos, teóricamente, no había sino una cultura, a la vez universal y permanente; sus normas e ideales podían ser el objeto de las aspiraciones de las personas no-cultas o de las masas populares. Pero hay otra noción empírica de cultura: De manera globalizante, cultura es el conjunto de significaciones y valores que informan un determinado modo de vida; por lo tanto, habrá tantas culturas como grupos humanos existan y, más aún, tendríamos que hablar de sub-culturas dentro de un mismo país o población. 

Explicando lo anterior: decimos que cultura es un conjunto de “significaciones” y “valores” que le dan forma a un determinado “modo de vivir y actuar”. 

-Significaciones son las maneras de pensar, las ideas que se tienen sobre las cosas, la mentalidad generalizada o prevaleciente, los prejuicios o imaginarios colectivos… y todo eso se manifiesta, con frecuencia, en los “dichos” populares, los refranes, la forma de hablar, las creencias.

-Valores son las realidades que tienen más importancia para un grupo, lo que más se aprecia, lo que más gusta, a lo que se le da mayor atención o dedicación, los juicios que se hacen, y   

-El modo de vivir o actuar es el cúmulo de costumbres, tradiciones, manifestaciones o muestras materiales o conductuales que reflejan cada cultura, y son producto o resultado de esas significaciones y valores.

Por otra parte, o en otro sentido, cuando se habla de valores o de preferencias se puede distinguir una escala entre valores vitales, sociales, culturales, personales, religiosos. 

Para concentrarnos en los valores culturales, éstos no existen sin el apoyo de los valores vitales y sociales, pero no dejan de ser superiores a ellos. Por encima del simple hecho de vivir, subsistir y actuar, los seres humanos necesitamos encontrar una significación y un valor en el hecho de vivir y actuar. Una función de la cultura es descubrir, expresar, validar, criticar, corregir, desarrollar, mejorar esa significación y valor. Como vemos, la cultura también tiene, pues, un papel superior y orientador, en la vida personal y comunitaria.

Y no hemos hablado del origen biológico de la cultura: las conductas humanas constituyen una evolución de las conductas de los seres vivos. Entre las conductas animales tiene especial importancia la comunicación, que implica coordinación de acciones en un medio social, y los lenguajes son la forma de realizarse la comunicación. A nivel humano, lo social es la condición necesaria para su aparición y supervivencia, y el lenguaje es condición fundamental para la coordinación social y cultural; lo cultural es un fenómeno que se hace posible como un caso particular de conducta comunicativa y se entiende por conducta cultural la estabilidad, entre generaciones, de las formas de conducta adquiridas en la dinámica comunicativa dentro de un medio social. 

Después de este largo recorrido, regresamos a la pregunta inicial: ¿Para qué sirve la cultura? ¿Qué nos aporta o qué beneficios nos trae la cultura?

La cultura, no sólo nos sirve o nos beneficia, sino que es tan imprescindible -como el aire- para nuestra vida. La cultura nos rodea y nos condiciona como el ambiente social en que nacemos y nos desarrollamos. Pero, así como es crucial la calidad del aire para nuestro bienestar, así la calidad de nuestra cultura condiciona nuestra calidad de vida. Formamos parte de nuestra cultura, pero no somos objetos pasivos y manipulables de ella, sino que somos sujetos activos y determinantes de los significados, los valores y las formas de vida que constituyen nuestra cultura. En gran parte, de nosotros depende qué tipo y calidad de cultura nos cobija, en lo inmediato, lo más próximo, y en la influencia que podemos ejercer a niveles progresivamente más colectivos.  

Vicente Alcala C.

Abril, 2023

Por Vicente Alcala

Jesuita, 1958-1970. Estudió Filosofía y Letras, Teología, Ciencias de la Educación y Relaciones Industriales. Docente universitario. Director de Desarrollo Humano en la Caja Agraria y la Federación Nacional de Cafeteros. Casado con Elssye Morales, arquitecta; padres de Pilar, doctora en biología molecular, y Carlos, abogado, con maestría en derecho internacional.

3 respuestas a «¿La cultura para qué?»

Vicente: Gracias por el referente sobre el tema de la CULTURA, Tu bien señalas los factores que la configuran: valores, comportamientos y realizaciones materiales. Siguiendo el esquema inducido por Habermas sobre “acción comunicativa”, desde la educación de adultos hablamos de “acción cultural” como el proceso inteligente y voluntario de conservarla, recomponerla y modificarla. Un cordial saludo, Hernando

Gracias Vicente. Tu reflexión sobre la cultura me hizo revivir la tesis con la que obtuve el doctorado en la Gregoriana. “Culturas y métodos” Un ensayo de hermenéutica filosófica para la interpretación de las culturas.
Eso es historia patria, pero hoy me gustaría retomar ese diálogo con este tema, que ya hablamos en nuestras tertulias.
La noción de cultura que allí propuse tenía que ver con su origen en la vida cotidiana. Cada ser humano tiene deseos y necesidades. Nos la pasamos toda la vida buscando satisfacerlos. Cuando encontramos una respuesta adecuada a uno de esos requerimientos, la practicamos y memorizamos para usarla nuevamente en la vida. También es posible que la aprendan los que nos rodean. Con el tiempo sucede que un grupo humano tiene una respuesta determinada a un requerimiento de la vida y allí se genera una cultura. Por ejemplo: sentimos frio y buscamos diversos abrigos según los materiales que tenemos a mano. En mi región de origen y en otras del país una buena respuesta a ese requerimiento es la ruana. Hoy en día uso una todas las madrugadas en tierra fría. Hablamos entonces de la cultura de la ruana. Otros requerimientos como alegrar la vida, alimentarnos o saciar la sed, etc. tienen múltiples respuestas en los diversos grupos humanos dando origen a culturas musicales, gastronómicas, hidratantes, etc.
Las empresas humanas también tienen requerimientos para lograr sus objetivos y para que su personal trabaje de manera agradable. Allí hablamos de la cultura empresarial. Tuve la oportunidad de trabajar 20 años en una gran empresa del país, con una cultura empresarial muy particular. Pues bien, parte de mis funciones consistió en atender problemas de clima organizacional, dicho de otra forma “ruidos” en la cultura empresarial.
Entonces recordando los métodos aprendidos en la tesis, reunía a las personas de la dependencia con problemas y con base en preguntas lográbamos establecer los requerimientos que experimentaban, luego analizábamos las respuestas que estaban dando a dichos requerimientos, para concluir que había requerimientos sin respuestas adecuadas o que algunas respuestas ya no servían para el tipo de población actual. Con soluciones muy sencillas y baratas lográbamos mejorar muchísimo dicho clima laboral.
Ejemplo: Debían manifestar lo que querían decir en positivo, no se aceptaban quejas ni reclamos. Una empleada dijo: “A mí me gustaría que me llamaran la atención en privado, aunque me pueden felicitar en público”. Detrás de ese requerimiento había una descalificación de la manera como el jefe llamaba la atención en público, afectando la autoestima de las personas. Bastó corregir dicho comportamiento de jefatura para mejorar sustancialmente el clima laboral. En otra dependencia hubo este requerimiento: “A mi me gustaría poder salir un día a la semana, a una hora que pueda comprometerme para algún plan familiar”. Era un departamento de contabilidad en épocas donde no había tanta informática. Pues bien, en dicha reunión acordaron que todos podías salir dos días a la semana en el horario de la empresa. En distintos días claro está. Eso mejoró sustancialmente el clima laboral de ese departamento.
Invito a probar el método en esquemas familiares, sociales y laborales.

Gracias Hernando y Goyo; sus comentarios confirman, con la práctica, en ACPO y en el ámbito empresarial, la afirmación del artículo de que somos sujetos activos y determinantes del mejoramiento de nuestra cultura, desde lo inmediato y hasta niveles progresivamente más colectivos..

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