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La “brava fiesta” por el fin de la fiesta brava – Manifiesto de un neotaurófilo – 

 La cabeza de toro que ilustra el escrito no es del reproductor legendario que pastara en la dehesa de “Las Ventas del Espíritu Santo”, de César Rincón; tampoco es de  “Islero”, el Miura de 495 kilos entrepelado de negro y quinto de la tarde que empitonó a Manolete aquella tarde de luces y sombras en la arena de “Santa Margarita” en Linares, Jaén, España.

Para nuestro blog es una satisfacción enorme reproducir estas comunicaciones internas que se dan entre nuestros colaboradores y sus lectores. Este es el caso de Monseñor Rodrigo Mejía, S.J. Misionero Jesuíta Colombiano en el África, quien desde allá le escribe a Jaime Escobar, refiriéndose a su artículo publicado hace poco, titulado “Magia por las veredas”.

¡Hay que leer!

Andrés López 

-Humorista-

 La cabeza de toro que ilustra el escrito no es del reproductor legendario que pastara en la dehesa de “Las Ventas del Espíritu Santo”, de César Rincón; tampoco es de  “Islero”, el Miura de 495 kilos entrepelado de negro y quinto de la tarde que empitonó a Manolete aquella tarde de luces y sombras en la arena de “Santa Margarita” en Linares, Jaén, España.

Sir Arthur Evans, al explorar aquello que sería el palacio de Minos en Creta y en excavaciones posteriores de otros arqueólogos, encontraría múltiples pinturas y esculturas de toros en distintos materiales imperecederos. El toro, emblema del Arte Minoico, tiene el respaldo de más de 40 siglos de resistencia a la desaparición forzosa por inclemencias de la guerra, desastres naturales, familiaridad del contacto diario con los objetos valiosos que por lo general, conlleva desprecio y olvido y por supuesto, la decisión del Congreso de Colombia.

Admiro en esa testa magnífica de “El Toro de Minos” el balance de las proporciones en la figura y esa dinámica evidente en la orientación de los cuernos un poco abiertos al final de su enhiesto recorrido “por la luz arriba” como “la palmera” que diría el Maestro Carranza. El Toro de Minos infunde respeto y cualquier narrador taurino actual diría que es “toro bragao, astifino, de pitón a pitón la distancia conveniente”. ¿Qué significó el toro en esa civilización capaz de reproducirlo con tal maestría que bien merece la suerte de Pigmalión y su proyecto de escultura femenina perfecta?

Fui tele-espectador atónito de la “Brava celebración” de esa hueste de ninfas, sátiros, centauros y coribantes a la manera de León de Greiff: “[…] gente mísera de tropa / los egoístas fatuos y perversos / de alma de trapo y corazón de estopa” que a manera de “neo-cacheteros”, dieron el puntillazo de gracia a la Fiesta Brava. Los “honorables” de turno armaron bochornoso espectáculo de gritos, aplausos y “¡Olé!”.

En tan popular bochinche de agasajo por esa victoria pírrica en lucha de años, cómo no sentir el contraste al “hacer la composición de lugar” sobre cualquier plaza de tarde soleada y público de pie. ¡Nada de pañuelos blancos en los tendidos durante el arrastre del ejemplar caído con honor en la arena; tampoco el tributo a la bravura en la lidia simbolizados en “orejas y rabo” llevadas a lo alto por las manos del torero, como tributo póstumo al efímero Rey del Ruedo. 

La agonía en la Cruz de la Víctima Sagrada secó su garganta; yo también sentí que la mía no reclamaba la hiel y el vinagre ofrecidos, sino el lento fluir reconfortante de la manzanilla que resbalando generosa desde esa redoma de suave piel llevada desde el cielo llegaba a mi pecho mil veces herido; en las soleadas tardes de fiesta brava también se rinde tributo a ignotos inventores de ese bálsamo de fierabrás para los duelos y alegrías que acompañan nuestras vidas.  

Me dieron tristeza los argumentos maestros de aquel “toricidio”; animalistas que gimen de dolor por el maltrato animal pero claman energúmenos por el derecho al aborto de un ser humano incapaz de reaccionar en contra. El argumento más admirable es el convencimiento de contribuir a la paz aniquilando los festivales de la muerte instalados en los redondeles de las plazas de toros. La unión de “animalistas”, “irenistas” y “progres” gozan de ese carácter dulzón de los cocteles que uno tras otro enlagunan a féminas liberadas. 

La Ilíada tanto como la Odisea huelen a carne asada de toros y muslos de cabros; Abel sacrificaba ovejas, menguando la reproducción, los héroes de Homero menguaron a los machos. Sacrificios de toros y cabros aliñan los escritos de Homero. No más en los inicios del Canto I de esa gesta de guerra se recoge la súplica: “Oh Esminteo! Si alguna vez adorné tu gracioso templo o quemé en tu honor pingües muslos de toros o de cabros, cúmpleme este voto” (Can. I).

39. Σμινθεῦ εἴ ποτέ τοι χαρίεντʼ ἐπὶ νηὸν ἔρεψα, 

40. εἰ δή ποτέ τοι κατὰ πίονα μηρίʼ ἔκηα

41. ταύρων ἠδʼ αγν, τὸ δέ μοι κρήηνον ἐέλδωρ· para más adelante iterar que “No está el dios quejoso con motivo de algún voto o hecatombe, (ἑκατόμβης) (Can. I, 65)

La evolución natural o la manipulación genética dotaron al toro de lidia con pecho más amplio para almacenar oxígeno suficiente y necesario a lo largo de la faena; patas delanteras más cortas para “humillar”, así llamada la inclinación de cabeza y cuello cuando van al capote, la muleta o la espada en el clímax del espectáculo; todo ello desaparce en virtud de la “estupidez humana”, ilustrada con maestría por de Roux en un “Diálogo de Ultratumba”; acabar con las corridas es nervio de la sinrazón de salvar las especies en peligro, a la vez que se extingue aquella que jamás había sido condenada a desaparecer. 

El toro es figura central de la cultura mediterránea antigua. Egipto adoró su Buey Apis. En toro se llevó Zeus -alias “Toro Blanco”- a Europa cuando la secuestró. En cárcel de Máxima Seguridad e incomunicado, el Minotauro esperó a su verdugo Teseo. Cien Toros sacrificó -hecatombe- el Rey de Creta, como respaldo garante en el gobierno sabio de  su pueblo. 

National Geographic publicó, hace ya varios años, un documental sobre la pervivencia en Creta del culto al toro; cada año en desfile solemne, el mejor ejemplar de la majada es llevado en procesión, coronado con guirnaldas multicolores, música y regocijo popular en ambiente innegable de “costumbre ancestral” que es la forma más usual de renombrar tradiciones no muy envidiables. La procesión con el toro llega hasta el ara del sacrificio donde es inmolado. Durante poquísimos segundos la cámara de la National Geographic, quizás para evitar complicaciones de opinión pública, muestra cómo el “verdugo” bebe un sorbo de la sangre caliente del sacrificio; beberla, daba prosperidad, fortaleza, fecundidad y sabiduría a quien llevaba en ese momento la representación de sus conciudadanos.

Sir Arthur durante sus excavaciones en Creta sacó a la luz paredes decoradas con figuras de jóvenes de ambos sexos con vestidos y peinados llamativos; sorprende  una de esas escenas en las que se observan jóvenes en el juego siempre peligroso de enfrentar al toro que con la cabeza gacha los agrede y ellos lo evitan saltando por encima del animal; hoy serían las Compañías ya desaparecidas de “toreros bufos” que perduraron hasta hace poco, aunque parecieran prolongarse en las corralejas de la Costa Caribe colombiana.

La hipótesis plausible sobre la llegada del toro de lidia a España, cuna de la tauromaquia actual, parece ser fruto de las migraciones griegas, a lo largo de las costas mediterráneas. Creta era cruce de rutas para navegantes griegos, fenicios y egipcios quienes, en sus viajes, junto con las mercancías, transportaban también costumbres, rituales y esa manera particular de divulgar la historia en la cultura oral de los pueblos: la mitología.

Andrés López en uno de sus trabajos de humor es categórico: ¡“Hay que leer”! Quien no lee ni los textos y por ende, los acontecimientos allí consignados, cae en una de dos categorías de analfabetismo: el puro como la incapacidad de descifrar escritos y el funcional, no utilizarlos para adquirir o incrementar sabiduría por eso, “¡Hay que leer!”

A manera de “parágrafo” la agudeza crítica de Jordí Poncela, colega humorista de López, afirma de modo categórico: “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político” y de forma siniestra engrosa esa “gente mísera de tropa”; como si fuera poco va también el sablazo para los “pacifistas”: “los cobardes que prefieren la paz a la victoria”.

Al parecer, ningún defensor de los derechos de los animales y los profetas de ese falaz irenismo además de convencidos de que contribuyen a la paz convirtiendo las plazas de toros en templos de cultura y no de muerte, quizás sean del alguna de las categorías establecidas por Jordi; pareciera no se les ocurrió ni siquiera por curiosidad, investigar las raíces de la fiesta brava, los toros de lidia y sus prácticas, elevadas a la categoría de mitos y leyendas, “La tauromaquia es fruto de una cultura ancestral cuando la derecha o la izquierda ni siquiera habían nacido” afirmó Andrés Rodríguez, editor y Director de Forbes, el 3 de abril del 2023. 

A los exaltados triunfalistas por la abolición de la fiesta brava, poco les importó la opinión ajena, rebosante de testimonios que merecían ser tenidos en cuenta. 

Plagiando a la periodista María Isabel Rueda y su ¿“Qué estará pensando María Isabel”? ¿Qué estarán pensando taurófilos como Joaquín Sabina, Mario Vargas Llosa, Joan Manuel Serrat, Picasso, García Lorca, Hemingway, Agustín Lara, Orson Wells, Gabriel García Márquez y el resto de personalidades que defienden o defendían la Fiesta Brava, cuya extinción se ha celebrado con “Brava Fiesta”? ¡Hay que leer!

Jaime Escobar Fernández

Chía, 18 de junio de 2024

Por Jaime Escobar Fernandez

Jesuíta de 1954 a 1974. Se ha desempeñado desde entonces en todos los niveles de la Educación formal y no formal, además de Educación de adultos durante 20 años, excepción hecha de Educación Especial y Doctorados. Docente de Griego antiguo y Latín en las universidades Externado, Rosario y Javeriana. Hoy relee, escribe y, de jueves a domingo, cuida de la huerta familiar en el campo y de unos arbustos de café que le evitan comprarlo en los super mercados. Igual que el personaje del cuento es un "hombre feliz que no tiene camisa".

6 respuestas a «La “brava fiesta” por el fin de la fiesta brava – Manifiesto de un neotaurófilo – »

Jaime, no importa que se sea partidario o detractor de la “Fiesta Brava”, la erudición y el brillante estilo de tu escrito merecen la “vuelta al ruedo” con orejas y rabo incluidos.

Jaime, además de esa película de cultura antigua, me hiciste recordar el comentario de un colombiano-gringo que asistió a una corrida de toros en Andalucía y no le cabía en la cabeza que a la mitad de la fiesta, se interrumpiera el espectáculo para dar tiempo a la merienda de los espectadores. Tu artículo me trajo a la memoria la muerte de un ser querido que, tomando café con su esposa y un amigo médico, se fue en paz de un infarto fulminante que no advirtieron ni ellos ni él. ¿No será así la muerte del toro en la plaza, menos dolorosa que tantos sacrificios de todo tipo?… y ni hablemos de las atrocidades terroristas de humanos en tantas circunstancias.

Jaime: Me entusiasmó el escrito sobre los toros, la tauromaquia y la fiesta brava. Comenzando por la bella carta de carácter histórico de nuestro compañero, gran y respetado amigo Monseñor Rodrigo Mejía de muy grata recordación. Ahora que estamos en ese proceso de DECONSTRUCCION de la realidad a manos de los ideólogos de turno, un artículo como el tuyo toca los más profundos detalles de nuestra historia occidental, al resucitar y confirmar la presencia de la lucha entre el hombre riesgoso y la fuerza bruta pero hermosa de la bestia, allá en Creta cuna de la civilización griega y origen de la cultura de occidente. Pasarán los embelecos ideológicos, pero las raíces y fuerza de la sabiduría del hombre civilizado no pasarán, a pesar de los embates perversos y mal intencionados de quienes quieren lo contrario. Saludos. Hernando

Aquí en Córdoba también quedan prohibidas las corralejas…, un verdadero carnaval de alcohol, prostitución y despilfarro. El carnaval de todas formas continuará bajo cualquier pretexto.

Sin lugar a dudas es un texto literario notorio, pero a mi entender comete algunos errores.

El primero es descalificar: “Fui tele-espectador atónito de la “Brava celebración” de esa hueste de ninfas, sátiros, …“[…] gente mísera de tropa / los egoístas fatuos y perversos …dieron el puntillazo de gracia a la Fiesta Brava”.

El segundo es defender la tauromaquia con premisas históricas: “La Ilíada tanto como la Odisea huelen a carne asada de toros…”. ¿Podríamos justificar la pena de muerte basándonos en la Bíblia, doctores de la iglesia, etc. por ceñirnos sólo a nuestros referentes culturales”?. No sólo encontramos aras de sacrificios de animales, sino también humanos.

El tercero es mencionar artistas y literatos conocidos: “¿Qué estarán pensando taurófilos como Joaquín Sabina, Mario Vargas Llosa, Joan Manuel Serrat, Picasso …?. ¿No es un error descalificar una obra de arte en función de la conducta moral del artista? o al contrario, ¿está justificada una conducta u opinión inmoral de una persona por la calidad de su obra?.

El cuarto es obviar lo que defiende el Congreso de Colombia: “Con 93 votos a favor y 2 en contra, la Cámara de Representantes … prohíbe también otros tipos “entretenimiento cruel con animales”, como el rejoneo (toreo que se hace montado a caballo), las novilladas y las becerradas. ¿No es un salto a nivel de conciencia defender el derecho a una vida digna de todos los seres vivos?.

Y por último, el peor argumento de todos, es identificar a los que defienden una ley de aborto con los animalistas para criminalizar a los 93 congresistas que aprobaron la prohibición de las corridas de toros.

Aunque no comparto el contenido de este artículo, te muestro todo mi respeto y te felicito por tantos otros con los que me siento identificado.

Estimado Sr. Falcón Castro. Muchísimas gracias por su comentario al escrito de nuestro compañero Jaime Escobar. Desde la parte editorial de nuestro blog, reconocemos que usted tiene razón al indicar el error del autor al “descalificar a otras personas” en su artículo, lo cual no fué identificado oportunamente por nuestro equipo editorial . Nuestro blog, desde su comienzo hace casi 4 años, se ha propuesto brindar siempre “un trato digno, sin insultos ni descalificaciones dañinas al honor de otros”, como podrá constatar en la sección “Sobre nosotros” de este blog. De nuevo, nuestro agradecimiento por sus siempre valiosos comentarios y por honrarnos con su lectura contínua. El autor de este artículo ha sido informado de esto e igualmente ofrece sus disculpas por esta razón.

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