Hacia un modelo humanista de educación superior (2 de 2)

Por: Cesar Vallejo Mejia
942 Vistas
exam, student, graduation

En el artículo anterior, el autor expuso seis condiciones que requiere el profesional que necesita Colombia. Para lograr ese perfil de profesional se debe buscar un nuevo modelo, que desarrolla este texto, basado en siete premisas. 

La convicción de que es necesario hacer ajustes profundos en el modelo de educación superior en Colombia la comparten, desde hace mucho tiempo, personas interesadas o directamente vinculadas a la educación superior que, desde distintos escenarios han advertido sobre la importancia de una formación integral de los profesionales, han hecho propuestas concretas y han iniciado procesos innovadores dentro de las instituciones para lograrla. La formulación de un nuevo modelo en la educación superior debería empezar por recoger esas advertencias y aprovechar las experiencias que se han adelantado, en contenidos y metodologías. ASCUN parecería ser la institución más indicada para propiciar ese ejercicio y coordinar una propuesta seria y detallada de reforma, elaborada desde las universidades.

Lo que aquí se expone son solo ideas generales de lo que podría ser el marco de esa propuesta.

Premisas del concepto de educación superior

1. La educación superior es parte de un proceso de despliegue y crecimiento personal que inicia antes de los jardines escolares y que nunca termina. Es la última etapa escolarizada de ese proceso, después de la primaria y la educación media y, en consecuencia, debe estar estrechamente conectada con estas. En ese sentido, mirado desde el componente de su formación humana, el profesional se forma desde la niñez.  

2. En la formación profesional es fundamental buscar el dominio de una disciplina y el conocimiento de sus relaciones con las demás disciplinas; pero más importante que ese dominio, es la formación de la persona que la va a ejercer: su capacidad de aprender permanentemente, de analizar “situaciones” concretas, de decidir, de diseñar planes de acción, de prever efectos posibles sobre las personas, de actuar con otros, de evaluar y hacer ajustes. Quien actúa y genera resultados, para los individuos y para la sociedad, es el profesional, no su disciplina. Esta premisa se debe reflejar en la distribución del tiempo destinado a la formación universitaria y la intensidad que se otorga a los distintos temas, particularmente a los relacionados con las ciencias humanas, las ciencias básicas y las disciplinas técnicas.

3. La formación profesional no puede reducirse a un número limitado de años o semestres. Como tarea que no tiene término no debe pretenderse, durante la etapa universitaria, agotar todos los temas relacionados con ella. El período de permanencia en una universidad, que sí es limitado, debe destinarse a preparar al estudiante para que pueda continuar su aprendizaje después de su egreso y durante el ejercicio de su vida profesional.

4. Para quienes deciden formarse como profesionales, y menos para la sociedad como un todo, no tiene ningún sentido evaluar los resultados de esa decisión por su costo de oportunidad en términos de rentabilidad financiera, como es usual entre muchos economistas. Cuando esta se propone como objetivo principal de la formación profesional, sustituyendo el propósito de aportarle conocimiento a la sociedad y a su bienestar desde disciplinas particulares, se distorsiona el papel de la educación superior y su contribución al funcionamiento armónico de las dinámicas económicas, políticas y sociales. 

En cuanto a definir la duración del período de formación en la universidad tampoco tiene sentido convertir la evaluación financiera en el criterio de decisión, justamente porque el principal beneficio de la educación superior, su impacto sobre el individuo, sobre la comunidad y sobre las dinámicas mencionadas, contiene importantes elementos de subjetividad y forma parte de una situación teórica de “óptimo social”, que no es reducible a cifras financieras. En eso está aún lejos la evaluación social de proyectos.

Evaluar el proceso, los resultados y el impacto de la educación superior (y de la educación en cualquiera de sus etapas) con indicadores exclusivamente cuantitativos, que no logran agotar la compleja realidad que debe impactar la educación, o focalizar su objetivo en el logro de rendimientos financieros, equivale a reducir significativamente su ámbito de influencia en el país, aumentar la probabilidad de que se convierta más bien en un factor de distorsión en la vida de la nación, e invertir el sentido de la relación entre educación y sociedad: ya no sería la educación la fuente de inspiración de cómo debe organizarse la sociedad en lo económico, lo político y lo social, sino que sería la forma como ella está organizada la que inspira la forma como se hace la educación. La educación dejaría de ser un factor de cambio para convertirse en un factor que perpetúa el statu quo.

En ese sentido la educación superior debe considerarla el Estado como un bien público insustituible, objeto de políticas que respeten y tengan en cuenta las decisiones de los individuos en su deseo de aportarle a la sociedad desde el despliegue de su potencial y aptitudes diferentes; políticas que desestimulen la tendencia a escoger la carrera universitaria predominantemente por su rentabilidad y que neutralicen las inequidades generadas en la remuneración del ejercicio profesional.

5. La formación integral, principalmente en su componente de formación humana, debe ser resultado de ejercicios de reflexión y diálogo con participación activa del estudiante, que conduzcan a la construcción de un criterio propio que inspire y fundamente su comportamiento frente a sí mismo, frente a los demás, frente a la sociedad y frente a la naturaleza, y que armonice con la construcción de conocimiento disciplinar y con sus pautas de comportamiento en la actividad profesional. 

Con ese propósito se requiere que también en los componentes de formación disciplinar, los métodos propicien más la participación, el debate y la reflexión que la instrucción y transmisión de conocimientos y tengan en cuenta las diferencias individuales y la autonomía de los estudiantes, con reglamentos que hagan posible la aplicación de esquemas flexibles y más heterogeneidad que estandarización. 

6. Un componente indispensable de la formación profesional debe ser el contacto con las condiciones reales de la comunidad (su situación), sus problemas y oportunidades, su cultura, su racionalidad y modo de pensar. Con ese propósito puede resultar especialmente conveniente propiciar, con la orientación de la universidad, períodos desescolarizados de contacto con las comunidades. En Colombia ya hay experiencias exitosas que le permiten al estudiante hacer su último semestre, en grupos interdisciplinarios, viviendo en pequeñas poblaciones, desarrollando un trabajo conjunto con la gente de la zona rural o de la zona urbana del municipio, aprendiendo de ellas y transmitiéndoles el conocimiento que ya han adquirido en la Universidad. Aprenden los estudiantes, aprenden los profesores, aprende la Universidad y aprende la comunidad*. 

7. La formación universitaria, humana y disciplinar no requiere desarrollar todas sus actividades en las aulas, ni tratar todos los temas relacionados con ella. No debe agotarse en la transmisión de información, a costa de procesos de reflexión y de crecimiento personal. Hoy la tecnología ofrece la oportunidad de utilizar métodos eficientes no presenciales y dejar al trabajo personal del estudiante, con la orientación de sus profesores, la exploración y “construcción de conocimiento”.

Etapas en el proceso universitario de la formación profesional 

Teniendo en mente las premisas anteriores, convendría considerar los siguientes ajustes:

1. Focalizar el pregrado, con duración mínima de tres años, en la formación humana del estudiante, asociada a una visión general de la disciplina escogida por él. Dando énfasis a la primera, se debe mostrar su relación práctica con la segunda. Con la orientación de sus profesores, el estudiante puede cambiar su elección disciplinar durante el pregrado. El título de pregrado certificaría un conocimiento general de su disciplina y le permitiría trabajar como asistente o en responsabilidades menores, que no alcanzarían el nivel profesional.

2. El plan de estudios del pregrado tendría cuatro componentes: 

• Ciencias humanas y desarrollo de competencias ciudadanas cuyo objetivo, más que saber o conocer de ellas, es el de incorporarlas a la reflexión y a la formación de una actitud creativa y de una postura personal fundamentada, en relación consigo mismo, con los demás y con la naturaleza, en el contexto y “situación” del país (con ayuda de la filosofía, la sicología, la historia, la ciencia política, la economía, el arte y la literatura). 

• Herramientas de análisis y manejo de información (matemáticas, estadística, programación, bases de datos, recursos de comunicación).

• Visión general de la disciplina escogida por el estudiante (origen, temas centrales, alcance y limitaciones). 

• Experiencia de trabajo y aprendizaje con la comunidad.

3. Focalizar el posgrado en la formación disciplinar, con un nivel de maestría, con duración mínima de dos años, que daría un dominio importante de la disciplina y que sería condición necesaria para el ejercicio profesional. Hay que considerar, por supuesto, las diferencias entre las disciplinas o casos especiales como la música, cuyo dominio normalmente se obtiene con un trabajo de muchos años que, frecuentemente, empieza desde la niñez.

4. Opción de doctorado, con duración mínima de dos años adicionales a la maestría, para quienes deseen dedicarse a la investigación y a la docencia universitaria y desde allí aportarle a la sociedad desde el conocimiento, 

Así concebido el proceso de formación en la Educación Superior no se alargaría en su duración (los cinco años tradicionales), se perdería menos tiempo en introducciones y, lo más importante, se avanzaría significativamente hacia la meta de una formación integral como la que deben tener los profesionales que necesita la sociedad, para que ellos sean más felices en el ejercicio de su profesión y para que su aporte contribuya más eficazmente al desarrollo inclusivo del país y al bienestar de todos.

___________

* “Opción Colombia”, ideado y realizado a finales de la década de los 80 por estudiantes de universidades de Bogotá; “Semestre social” en la Universidad Javeriana; “Paz y Competitividad”; en la Universidad Autónoma de Manizales; “Paz y Región”, en la Universidad de Ibagué, y “Paz y Territorio”, en la Universidad Mariana de Pasto.

César Vallejo Mejía

Octubre, 2021

3 Comentarios

Hernando+Bernal+A. 28 octubre, 2021 - 8:01 am

Cesar: enormemente valioso tu artículo sobre la Universidad. Voy a darlo a conocer en Ascún. Me comunico personalmente contigo. Saludos. Hernando

Responder
Juan Gregorio Vélez 28 octubre, 2021 - 10:44 am

Excelente César. Espero que mis nietos puedan vivir esa manera de formarse en la educación superior. Y si en los años que me queden puedo aportar algo al tema, me encantaría hacerlo.

Responder
Vicente Alcalá 4 noviembre, 2021 - 9:47 am

César, me recuerda tu artículo a los Seminarios sobre la Universidad del P. Alfonso Borrero S.I. (q.e.p.d).
Tú mismo eres un ejemplo de una de las ideas que expones: un profesional destacado en la disciplina propia y, además, con una formación integral que te permite ver acertadamente la realidad de la educación superior y de la compleja situación del país.
No sólo planteas la “utopía” de una educación humanista, sino que la has convertido -dentro de lo posible- en “pantopía” en las instituciones que has dirigido. Ánimo para todo lo que falta !

Responder

Dejar un comentario