Escuchando a Francisco de Roux (2 de 4)

Por: Francisco Jose De Roux S.J.
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En el blog de ayer, Francisco de Roux, el presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, expuso dos de los cuatro objetivos de esta Comisión y se extendió en el relato que hicieron las víctimas cuando fueron invitadas a las conversaciones de La Habana que estaban llevando a cabo el gobierno y las Farc. A continuación, desarrolla el tercer y cuarto objetivos.

El tercer objetivo que se nos pide es la reconciliación. Dificilísima, para una entidad a la que le dan tres años, en una tarea que, por supuesto, es de muy largo plazo y que nos ha llevado a acompañar algunos procesos en el país. Es una labor impresionante. En el país, en medio de todas estas cosas tan dolorosas, hemos estado conversando con más de 1000 iniciativas distintas. En medio del conflicto, los colombianos y colombianas en diversas formas, en diversas instancias, estaban haciendo museos de la memoria, estaban haciendo organización, estaban construyendo propuestas de paz, en organizaciones afro, en organizaciones indígenas, entre campesinos, entre universitarios, en empresas. La misma Constitución de 1991 fue un esfuerzo de los colombianos para tratar de encontrar salidas hacia la paz. 

Para nosotros, la reconciliación tiene tres elementos muy importantes. Entre otras cosas, la Compañía de Jesús hoy en día está trabajando la reconciliación como uno de los objetivos más profundos a nivel mundial. Las tres cosas son:

1. La coexistencia. Que no nos matemos. Que podamos coexistir sin agredirnos y sin destruir la vida entre nosotros por ningún motivo. 

2. La convivencia. En el sentido de que, bueno…, pensamos distinto, pero somos capaces de tolerarnos y capaces de aceptar que esto se construye desde puntos de vista distintos. A unos les gusta más Uribe o la señora Cabal, a otros les gusta más Petro, a otros les gusta más qué se yo…, Gaviria, a otros les gustan más los verdes; unos son indígenas, otros son negros, otros son mestizos, otros son blancos, otros tenemos distintas posiciones de género: mujeres, hombres, gays, lesbianas, distintas edades, distintas culturas… Entonces, construyamos, convivamos en esta maravilla. Y sabemos que es bonito, que esto nos enriquece. 

Entonces, primero coexistamos; segundo, convivamos y, tercero, 

3. Construyamos comunidad. Esto ya son palabras mayores, por supuesto, y tiene mucho que ver con el desarrollo territorial, regional. Hagamos de Popayán una ciudad feliz, de todo el Cauca. Hagámoslo de Antioquia, hagámoslo de Arauca, de Nariño, construyamos una comunidad colectiva entre el Huila y el Tolima; en fin, ese es el tercer objetivo nuestro. 

Y la última tarea, el cuarto objetivo, es presentar propuestas para la no repetición. En ello, por supuesto, me encantaría que ustedes nos ayudaran, en todos, pero particularmente en este. ¿Qué hacer? Hemos podido identificar dinámicas históricas, sociales, profundas, de muy diverso orden, que están en el origen del conflicto colombiano y se han ido prolongando, manteniendo a lo largo del tiempo en forma diferente, según los territorios, evolucionando, porque el país de hoy no es el país de 1960, 61, 62, cuando el Frente Nacional; es otra cosa. Sin embargo, muchas de esas dinámicas, transformadas, han permanecido en algunas formas. 

Podría decirles muchas cosas en este esfuerzo, empezando por comentarles la forma como nosotros fuimos escogidos, porque esa es una pregunta que, a veces, la gente se hace.

En La Habana, para tratar de conseguir la forma como habría de conformarse el grupo de magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz y el grupo de personas que iban a conformar los integrantes de la Comisión de la Verdad, se creó un comité de escogencia. Se trató de que ese comité no tuviera nada que ver ni con el gobierno de Santos ni con las Farc. Entonces, se escogieron tres especialistas de cortes internacionales, dos europeos y un argentino, que habían participado en cuerpos de legislación internacional, y dos colombianos: un magistrado, que fue elegido por los magistrados de todas las cortes colombianas, y un científico o científica escogido por los rectores de las universidades públicas. Ellos escogieron a una mujer que no tenía nada que ver ni con ciencias políticas ni con ciencias sociales, pero que resultó ser realmente muy valiosa: una doctora en química.

Esas cinco personas recibieron las hojas de vida de distintas gentes que en una llamada amplia a todo el país se presentaron a este comité. Para ser miembros de la Comisión de la Verdad se presentaron un poco más de 300 personas para escoger once comisionados. Yo no me presenté, pero amigos de Bogotá y de Medellín presentaron mi nombre y llenaron los formatos. A mí me llamaron, finalmente, para preguntarme si aceptaba estar. Y, como nos pasa a nosotros, se hizo una consulta con el provincial de la Compañía de Jesús para saber si estar ahí fuera como una misión y dije que sí. Vinieron las entrevistas…, ustedes pueden ver esas entrevistas, están en Youtube. Entrevistaron a 30 personas; a mí me entrevistaron entre ellas y de ahí nos escogieron a los once. Y a mí, de una vez, además de escogerme, ellos mismos me nombraron presidente de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, lo cual fue un trago duro, créanme, porque yo no había querido presentarme, porque era perfectamente consciente de lo difícil de esta tarea. Pero terminé siendo, además, el que tiene la responsabilidad de la presidencia de la Comisión. 

Los comisionados son un grupo de personas francamente muy serias. Ninguno de nosotros pertenece a partido político alguno, ni tenemos nada que ver con las elecciones presidenciales que se vienen. Tampoco somos doctores en ciencias sociales. Estamos dos que hemos hecho doctorados, pero no somos profesores de universidad; no tenemos ningún historiador, pero lo que tenemos como cualidad más seria es que sí hemos recorrido este país y nos hemos andado a Colombia y conocemos, por lo menos de andadas y de ir y venir por Colombia, la realidad de lo que ha pasado en nuestro país. Nos falta muchísimo o nos faltaba y todavía nos falta para tener una comprensión más honda de los grandes desafíos que tenemos que ayudar a que el país entienda. Sin embargo, después de oír a tantas víctimas y ver tantos documentos, conversar con tantas personas y contrastar tantos puntos de vista, pues uno sí va sacando clarificaciones básicas. 

Todos los días estamos recibiendo cosas muy duras. Hemos procurado acelerar en los meses que nos quedan, aprovechando que la Corte Constitucional, por votación unánime, prolongó el mandato de la Comisión para que podamos entregar los resultados a finales de junio del año entrante, cuando ya haya sido elegido el nuevo presidente, cosa que a mí me satisfizo mucho, porque yo no quería salir con los resultados de la Comisión de la Verdad en plena campaña, ustedes comprenderán por qué. En la campaña la gente prácticamente no piensa: discutir ideas es lo que menos importa. Una vez que se pone en marcha la campaña, lo que le interesa a la gente es vender a su candidato. Y lo de menos son las ideas. Los candidatos están atentos a las encuestas para saber de qué está hablando la gente para hablar de eso. Lo que importa en ese momento es ganarle a los demás en votos y esto es una cosa muy distinta. 

La Comisión de la Verdad va detrás, realmente, de asuntos muy delicados, muy hondos. Nuestro mandato no nos pide establecer responsabilidades individuales, sino responsabilidades de orden, si ustedes quieren, de orden institucional, de orden organizacional sobre cosas muy delicadas que son más bien de ética pública, que son de ética política, que son responsabilidades históricas. Tenemos que señalar estas cosas durísimas y, por supuesto, vamos a decir cosas que les molestarán mucho a las Farc, les molestarán mucho al Eln, les molestarán mucho a los paramilitares y a sectores políticos de todos los lados, les molestarán a presidentes de la República, les molestarán a algunos empresarios, les molestarán a algunas universidades, les molestará a algunos indígenas y les molestará porque así es la realidad de lo que hemos tenido que vivir. Es decir lo que ha pasado en Colombia,

Pero, una vez más, nuestro planteamiento, nuestro discurso es una palabra para decir: miren, comprendamos lo que nos pasó…, pero comprendámoslo no para incentivar apetitos de venganza o de odio, sino para ver qué hacemos nosotros. Un poco como nos pasa con la historia personal de cada uno, que es un asunto que yo trato de trabajar mucho dentro de la Comisión. Mientras uno no acepta la verdad de uno mismo ‒todos nosotros, los seres humanos, conocemos nuestra historia, que es una historia, como lo sabemos, de cosas bellas, de cosas grandes, de ilusiones y de pecado‒, uno solo comienza realmente a construir cuando acepta sinceramente lo que es, se presenta como un libro abierto y permite que los demás conozcan la verdad de uno. Entonces, si uno se comprende, puede comprender los errores de otros, porque se da cuenta de que esto lo construimos entre seres humanos falibles. Esto: una nación. Y todos nos hemos equivocado, pero también todos podemos ayudarnos a construir colectivamente lo que soñamos.

Recientemente estuvimos en Caicedo, Antioquia. Ustedes saben, Caicedo era el sitio donde marchaba el gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria, con Gilberto Echeverri en una marcha por la paz. Esa es una historia de hace unos doce años. Y cuando iban llegando al sitio donde comienza uno a subir hacia el pueblo (las Farc sabían que no llevaban armas, ni los acompañaba una fuerza de seguridad), a las 400 personas que venían marchando se les aparecieron las Farc, secuestraron a Guillermo y a Gilberto. El pueblo se quedó esperándolos porque iba a haber una celebración de la no violencia. Las Farc los tuvieron retenidos durante 14 meses y en el mes catorce los asesinaron. En ese contexto, nosotros hicimos un acto de reconocimiento, en el que el frente de las Farc que los asesino subió al pueblo. Hizo los cuatro kilómetros de subida. Nos encontramos con el pueblo. Estaban las familias de Gilberto y de Guillermo. Los de las Farc reconocieron y contaron en detalle, que es lo que esperan las víctimas, lo que habían hecho.

Y así también fue en el pueblo de Caldono, por ejemplo, al cual las Farc los golpearon 76 veces y destruyeron muchas cosas, entre ellas el colegio de las Lauritas, y se llevaron a muchos niños a la guerra. También fue un acto de reconocimiento muy serio.

También hicimos en Cartagena, hace un par de semanas, un acto muy, muy duro. Puedo mandárselos, porque de todo eso tenemos grabaciones. Durante tres horas, paramilitares de Colombia, contaron los horrores que hicieron en la guerra, cosas supremamente duras. Recuerdo, por ejemplo, para simplemente darles una idea de esto, porque uno tiene que sentir lo que ha pasado en el país, que un hombre nos contó cómo, cuando ellos avanzaban hacia Toluviejo, les dieron esta orden: estamos haciendo una operación en el pueblo, hay que matar a la persona que salga del pueblo o a la que ustedes se encuentren saliendo en la carretera. Y entonces dice: venían un par de muchachas, quinceañeras, avanzando hacia nosotros. Entonces, yo di orden de dispararle a la más alta. La otra, una morenita, viene corriendo hacia nosotros, se me arrodilla y me dice: por favor, no me mate. Yo me le entrego, yo me le entrego. Yo nunca he estado con ningún hombre, yo me le entrego, pero por favor no me mate. Y si yo no soy virgen, le dice, y si yo no soy virgen, asesíneme. Y el tipo dice: yo no podía dejar de matarla, porque, si no, a mí me mataban. Y saqué el arma y le pegué un tiro en el cráneo. Y luego, la descuarticé, que era lo que tenía ordenado hacer.

Bueno…, podría seguirles contando infinidad de cosas. El viernes pasado, aquí en la casa de los jesuitas ‒estoy hablándoles desde la curia provincial‒, tuve una misa con madres de una organización que se llama Mafapo (Madres de falsos positivos). Aquí tengo sobre la mesa la lista de los muchachos. Vinieron también militares que han reconocido lo que hicieron. Fue una misa de reconciliación. Luego, siguió el acto público ‒porque momentos como estos, cuando me piden una misa, los hago en privado‒, porque la Comisión es una institución del Estado y el Estado es un Estado laico. Después nos fuimos al parque de los novios aquí en Bogotá para el acto donde las mamás intercambiaron con los militares que les reconocieron las cosas que habían hecho.

Es muy impresionante porque es ver, por un lado, cómo las mamás cuentan el episodio último con sus hijos, cuando, de formas distintas, los reclutadores pagados por el Ejército se llevaron a los muchachos, porque les habían ofrecido empleo o los invitaban a un paseo. Y luego, el militar contando la forma como fue el asunto, ¿verdad?

No pocos de estos muchachos habían prestado su servicio militar. Por eso, los habían seguido hasta los barrios pobres aquí en Bogotá y sabían dónde vivían. Pero esto fue fortísimo en las comunas de Medellín y en muchos otros sitios del país. Y, sobre todo, en los pueblos y sobre todo en los barrios pobres, porque se llevaban personas, por supuesto, que esperaban que no causaran ningún conflicto social, ningún problema, pues eran personas desconocidas. Estos militares cuentan la sorpresa de estos muchachos cuando llegan a un sitio y se dan cuenta de que los van a matar en absoluta indefensión. La forma como los matan y la forma como después de matarlos los visten de guerrilleros y les ponen un arma. La forma como la Fiscalía cómplice viene a recoger los cadáveres, la manera como fingen el combate y, por supuesto, para ser presentados como guerrilleros dados de baja, porque la orden corporativa es: “resultados son muertos”. Para que ustedes realmente puedan tener ascensos o reconocimientos, tienen que presentar muertos. La lista que tiene la Jurisdicción Especial para la Paz, la JEP, y que nosotros conocemos ‒las cosas de la JEP nos las pasan a nosotros, con nombres propios, lugares, brigadas‒, es una lista de 6403 casos de falsos positivos. Es una de las cosas más dolorosas.

Y créanme que yo, oyendo esto, en la misa leí el texto del profeta Isaías que ustedes muchas veces lo meditaron, ¿verdad?: “fue cogido como un cordero y fue llevado como se lleva un cordero al matadero”. Así llevaron a estos muchachos: al matadero. 

Yo pensaba también en los aztecas, ¿verdad? En cómo los aztecas sacrificaban jóvenes a los dioses. Ahora esto se hace en el altar de la patria, porque la patria está necesitando muertos para presentarlos como personas muertas en combate. Eso me dolía inmensamente o me hacía pensar en el circo romano: Ave Cesar, imperator. Morituri te salutant (Dios te guarde, César emperador. Los que van a morir te saludan). Es una cosa muy espantosa.

Esto pónganlo al lado de las familias de Cali a las que se les llevaron 52 niños secuestrados o el caso de los miembros de la Asamblea del Valle del Cauca, que los secuestraron a todos, los tuvieron más de cinco años secuestrados, los mataron en la última semana cuando se suponía que iban a entregarlos. Nos hemos encontrado con esos niños destrozados por los asesinatos de sus papás…

El punto que quiero expresar aquí, para terminar, porque ya me pasé del tiempo que me dieron, es simplemente invitarlos a conocer que la Comisión avanzará por supuesto sobre esto. La Comisión tiene dividido todo esto en capítulos. El propósito es: por favor, colombianos, miremos lo que realmente somos y nos ha pasado. Y también decirle a los jóvenes: ustedes no son responsables de esta realidad tan difícil, pero si no conocen lo que pasó, esto puede volver a acontecer entre nosotros.

Estaremos entregando el documento final a finales de junio del año entrante. Luego, durante los meses de julio y agosto, los comisionados iremos por el país presentándolo en detalle.  

Estamos también haciendo una película. Si ustedes entran a la página de la Comisión, poniendo en una sola frase en Facebook, Comisióndelaverdad, encontrarán que todos los días estamos poniendo testimonios: ¡todo esto se filma! Ustedes encontrarán películas, programas radiales con las víctimas, testimonios de responsables, documentos, blog. Es una cosa supremamente rica… y con la idea muy honda de que Colombia sí podemos construirla hacia adelante, pero tenemos que partir de la verdad de lo que somos. 

Tenemos que contar esta verdad tan dura, pero de una manera que la misma verdad nos ayude a comprender lo que nos pasó y cómo podemos juntos, desde nuestras diferencias, construir realmente el país que se merecen los hijos y los nietos de ustedes.

Transcripción de Bernardo Nieto S.

3 Comentarios

Vicente Alcala 3 enero, 2022 - 7:28 am

Bernardo, gracias por trascribir la presentacion de Pacho de Roux. No hay palabras suficientes…
Pero algunas inquietudes:
¿Fueron 6503 elefantes «a nuestras espaldas»?
¿«Resultados son muertos» es la traduccion de «body count»?
¿Hasta donde llegan -hacia arriba- las cadenas de mando, en todos los bandos, o es que se saltan el «conducto regular»?
La reconciliacion es cosa de todos nosotros.
Esperemos a junio de 2022 !

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Reynaldo+Pareja 3 enero, 2022 - 10:27 am

Gracias Bernardo, por dejarnos llorar literalmente al conocer la intimidad del horror vivido por todas las victimas que la Comisión ha podido rescatar del olvido fraticida como si el holocasuto de inocentes no hubiese ocurrido. Solo confrontando la verdad, en toda su descarnarda realidad, es posible iniciar un proceo de reconciliacion, de perdon. El valor de la Comisión no tiene precio. Los integrantes nos han dejado en estos testimonios recogidos la más oscura realidad de lo que somos capaces de cometer cuando perdemos el horizonte, la percepcion, la consciencia de quiénes somos, de dónde vinimos, Quién nos otorgó el precioso regalo de la existencia. Cuando ese norte se pierde el hombre simplemente se convierte en una bestia que puede cometer los horrores que Pachito nos ha compartido para recordarnos cuánto necesitamos estar presentes, continuamente, ante nuestra divina realidad de manera que seamos incapaces de hacerle daño a nadie porque tenemos la vision clara de que estamos frente a un ser humano creado a “a imagen y semejanza de Dios”. Quiero hacer en este momento reconocimiento y ofrecer un agradecimiento enorme al valor, a la integridad, a la honestidad, a la profunda espiritualidad de Pachito que nos demuestra cómo se puede enfrentar una realidad historica tan profundamente desgarradora con la entereza espiritual que le da la fortaleza para no desfallecer ante tanto horror vivido tan de cerca, tan profundamente. Que su valor nos inspire a crear a nuestro alrededor las mismas cualidades que la Comisión busca para que la confesión, el perdón, y el firme proposito de cambio hagan posible pasar esta pagina de nuestra historia, tan dolorosa, tan negra, tan profundamente inhumana para convertirla en la pagina limpia donde podamos escribir una historia nueva con la cual podamos estar orgullosos de ser colombianos que nos dimos cuenta a tiempo la imperiosa necesidad de re-escribir nuestro proximo capitulo nacional.

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César Vallejo 6 enero, 2022 - 6:13 pm

Apreciado Bernardo, no existen palabras para calificar lo sucedido, para expresar el horror y el dolor que causa. Lo que describe Pacho muestra con claridad lo que ocurrió (o parte de lo que ocurrió) y cómo ocurrió. Creo que queda faltando un elemento esencial para “esclarecer” lo ocurrido, es decir, responder la pregunta de ¿por qué ocurrió?. Supongo que esta última pregunta (para mí la más importante) tendrá respuesta (al menos parcial) en el informe final.

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