Entre amigos, con Gustavo Alfonso Quintana Romero (4 de 4)

Por: Bernardo Nieto
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La última entrega de la entrevista retoma y abunda en el tema de la eutanasia, sus aspectos legales, su consideración como acto de amor, las polémicas que ha levantado, los dilemas éticos que presenta y culmina con el tema religioso.

BN. Regresemos al tema de la eutanasia. En Colombia, ¿tuviste problemas por hacerla?

No, aquí solo el procurador Ordóñez me tildó de asesino, pero él sabía que no podía ir en contra de lo establecido por la Corte Constitucional, porque sus mandatos al respecto son muy sencillos. Primero, la existencia de un ser humano que tenga una enfermedad terminal, que esta no pueda curarse de ninguna forma y le proporcione un gran dolor. En segundo lugar, que ese ser humano haya manifestado en alguna ocasión no querer morir de dolor y, tercero, que quien la haga debe ser un médico, porque el médico conoce el procedimiento de eutanasia para que no haya dolor alguno para el paciente terminal. Con esas tres condiciones he hecho todas las eutanasias que quieras aquí en Colombia. 

BN. Entonces, las dificultades para aplicar la eutanasia en otros países son legales.

AQ. Sí, porque no se ha establecido el derecho a una muerte digna, que podrían hacerlo las Cortes Internacionales de Derechos Humanos, de San José de Costa Rica (América), de Luxemburgo (Europa), de Ciudad del Cabo (África) y de Filipinas (Australasia). Esas cortes de derechos humanos deberían establecer universalmente el derecho a morir con dignidad o, por lo menos, sentar el derecho igualitario para cualquier tipo de religión.

BN. En Colombia ya se han superado esas dificultades legales. Lo que pide el Estado para ejercer tu actividad sin inconvenientes es ajustarse a lo que dicen las normas.

AQ. Exacto. Aquí la eutanasia ya está legalizada desde 1997, con la sentencia 293 de la Corte Constitucional. Esa fue la gran labor de Carlos Gaviria y ¡se nos murió! ¡Un gran hombre!

BN. Tu formación inicial católica, ¿constituyó un obstáculo de conciencia o un obstáculo práctico para ejercer tu fe?

AQ. Yo, ¡fíjate lo importante de esto!, sigo considerándome un ser que puede decir, parodiando a Neruda, “confieso que he amado”. 

BN ¿Consideras que la eutanasia es un acto de amor?

AQ. ¡Claro que lo es! Y me considero mucho más buen “católico” que muchos católicos. La eutanasia no solo es un acto de misericordia, sino que soy consecuente con lo que pienso. Eso es muy importante. Y otra palabra más importante todavía es que soy tolerante. Te confieso que no voy a matar a un católico porque crea que debo esperar la muerte de Dios. Tampoco voy a impedir que un islámico, por creer que va a irse más cerca de Alá, se suicide con un cinturón de explosivos y acabe con muchas vidas. Me considero tan buen ser humano que si existiera un juicio final me enfrentaría a él y nada me condenaría. Eso sigue siendo parte de mi espíritu católico y lo sigo conservando dentro de mi alma. Digo alma y esta reside, según el doctor Llinás, en el cerebro, en el cerebro que piensa, en la conciencia.

BN. ¿Has tenido dilemas éticos en algún momento al ejercer tu actividad? Si los has tenido, ¿cuáles han sido?

No tengo en este momento ningún dilema ético y eso le sorprende a la gente. ¡Yo vivo feliz, hermano! Vivo feliz de ser padre, de ser hijo, de ser hermano, de ser amante, de ser lo que sea, porque en todo ello hay consistencia con el amor que siento por el resto de las personas, no solo por mis pacientes. Siento amor por cada ser humano con el que me encuentro y creo que esto me durará mientras esté vivo.

BN. ¿Quiénes han sido tus mayores críticos, además del procurador Ordóñez? 

AQ. Muchísima gente; por ejemplo, los mormones. Gente que dice que cómo es posible que crea en una transfusión. Afirman que voy a condenarme. Yo les digo: pues se condenará usted, si usted lo hiciera, pero como yo no soy mormón, no puedo condenarme. Por lo general, en cualquier conferencia que doy, la gente siempre termina amándome porque lo que yo doy es amor a los demás. Me llaman frecuentemente de facultades de Derecho a que les hable sobre eutanasia y yo no soy abogado. Solo hice una especialización en Derechos Humanos en el Externado. Vivo orgullosísimo de haberla hecho, inclusive más orgulloso que haber sido ginecólogo de la Nacional, porque el respeto que existe en el Externado por un pensamiento como el mío es algo que no existe ni siquiera en la Nacional.

Considero que de las mejores cosas que heredé de los jesuitas, oílo bien, es la humildad. ¡Cómo añoro, cómo me precio de ser un ser humano humilde! Y eso me lo dieron los jesuitas.

BN ¿Te han acusado de asesinato?

AQ. Ha habido conferencias en las que me preguntan: usted, ¿cuánto cobra? ¡Usted es un sicario! ¡Un asesino! Me lo han dicho los mismos estudiantes, pero eso lo decían hace 30 años; hoy ya no lo dicen. Cuando me injuriaban, ni me inmutaba. Les decía: la diferencia con un sicario o un asesino es sencilla. Ellos matan a alguien que quiere seguir viviendo. Yo mato a uno que no quiere seguir viviendo.

BN. ¿Con qué criterios seleccionas a las personas que deseas ayudar? ¿Dices: a esta persona puedo hacerle una eutanasia; a esta otra, no debo hacerla? 

AQ. Debo tener al menos la seguridad de que mi paciente entiende que su enfermedad es terminal, pero no soy yo quien califica su enfermedad de terminal; siempre es a partir de una solicitud que me hace un paciente que cree que su vida es indigna para él mismo. Aquí viene algo importantísimo: ¿cuáles son los factores de la dignidad? Estos factores son distintos para cada ser humano. No tengo por qué entrar a juzgar si él está en lo correcto o no al apreciar la dignidad de su propia vida. Si el paciente considera que tiene una enfermedad que le hace tener una vida indigna, esa es la única razón para continuar adelante. Entonces, a mí no me preocupa que la gente me critique. Inclusive, te digo algo más. Generalmente, a personas jóvenes que por estar muy deprimidas me piden eutanasia, no se las concedo, porque hay un hongo capaz de producir una hormona que reemplaza la serotonina y ellos, con eso, vuelven a ser felices. Sin embargo, he hecho eutanasia de pacientes deprimidos, pero todos eran mayores de 69 años y habían consultado con sus familias si debían o no someterse a una eutanasia. Su familia los apoyó y corroboró su voluntad de que tuvieran una eutanasia. 

Yo estoy atento a que mis pacientes deprimidos utilicen ese hongo, un hongo alucinógeno, que suministrado en una dosis baja te produce felicidad y quita las ideas de suicidarse.

BN. El instinto de conservación, el deseo de vivir, es uno de los más arraigados. Si intento cortar una lombriz, ella se retuerce. Imagino que cuando un ser humano no desea vivir más, es porque está completamente convencido de que quiere morir. Está viviendo una situación muy extrema de dolor o desesperación.

AQ. Fíjate que esa es la única situación en donde la desesperación es tan grande que sobrepasa el instinto de sobrevivir. Eso es muy curioso y no sé explicarlo. No logro entender cómo una persona, por encima de querer conservar su vida por el instinto de conservación, lo sobrepasa su desesperación y se tira de un quinto piso o se cuelga de una cuerda.

BN. Cierto. En el caso de la eutanasia ¿es lo mismo?

AQ. En el caso de la eutanasia, ¡ninguno de mis pacientes lo ve como un suicidio! Por eso, la eutanasia no es un suicidio asistido, sino una decisión muy clara de un paciente terminal. Por eso, cuando alguien me habla de si lo que hago es un suicidio asistido, que el suicidio asistido lo permiten legalmente, le digo: ¡no, hermanito!, no hables de suicidio asistido. La eutanasia es completamente diferente del suicidio, porque en el suicidio no hay intervención de la voluntad del que se suicida porque es una consecuencia de una enfermedad. En la eutanasia no hay ningún suicidio. Es una decisión voluntaria, clara, de un paciente terminal.

BN. ¿Cómo preparas a la persona y a la familia para ese momento, cuando la situación es totalmente terminal, cuando no hay retorno ni esperanza de vida?

AQ. Les doy a entender que tienen toda la razón en pedirme ayuda. No tengo que convencerlos, porque están tan real, tan vívidamente convencidos, que ninguno de mis pacientes se ha arrepentido de llamarme a hacer su eutanasia. Ninguno.

B.N ¿Es doloroso ese momento de la despedida? ¿Se puede llamar así?

AQ. ¡Si! Lo digo y lo comparo conmigo mismo. El día en decida partir, no sé si por eutanasia o por lo que sea, me dará gran tristeza dejar a mis hijos y a mis nietos.

BN. Quería preguntarte exactamente eso: ¿cómo imaginas tu momento final, tu despedida de esta vida?

AQ. Yo espero no tener que llegar a una eutanasia. Te comento algo más. Considero tan importante mi servicio a los demás, que mi cadáver será donado a estudiantes de morfología de cualquier facultad de Medicina. Conservarán mi cadáver, así sea para burla de los estudiantes, como a veces nos burlamos de los cadáveres que tenemos. Donaré mi cuerpo a una universidad y pienso hacerlo en Medellín, a los médicos que están estudiando el Alzheimer, que son los que tienen los estudios más avanzados sobre esta enfermedad. Voy a donarles mi cerebro. Este no quedará en una facultad; mi cerebro quedará con esos médicos.

B.N ¿Te has arrepentido por alguna de las asistencias que has prestado?

AQ. Nunca, nunca. Y te digo algo más. Si hubiera un juicio final y me encontrara con los 475 pacientes que he tenido, me abrazarían tan fuerte que me matarían del abrazo.

BN. Tengo la convicción de que tanto el paraíso como el infierno se viven aquí y los llevo conmigo mismo.

AQ. ¡Y eso, eso lo piensa también el papa Francisco!

BN. ¡Sí! Yo pienso que la alegría, la paz, la bondad que nace de uno son manifestación del amor universal. Llámalo como quieras. En mi caso, te confieso, que me ha quedado muy difícil dejar de creer, porque yo me siento invadido por el amor de Dios.

AQ. Te comento algo sobre eso mismo. ¿Sabes qué le dijo Einstein a sus hijas que él consideraba la fuerza que movía el universo? No era la fuerza de la relatividad. ¡Era la fuerza del amor! Si todo se lo confiáramos al amor, tendríamos otro universo.

BN. Es cierto. Por lo tanto, no puedo juzgar a nadie. Quise conversar contigo porque jamás podré poner en cuestión a una persona que por amor está tratando de brindarle un poco de alivio a alguien en un momento tan difícil como aquel sobre el cual hemos conversado. Yo sí creo, con toda honestidad, que Dios vive en ti.

AQ. Eso es verdad. Si Dios, o sea, si la concepción de Dios es la concepción que tú tienes, te lo acepto. Dios vive en mí. ¡Absolutamente, absolutamente!

BN. No creo en un Dios lejano por allá, en un paraíso inexistente. Jesús nos dijo amad incluso a vuestros enemigos, porque a los amigos es muy fácil amarlos. Ahí no hay ningún problema. ¡Vaya y póngale la otra mejilla al enemigo!

AQ. ¡Claro! ¡Qué frases tan sabias lo de Cristo! Él fue un ser invaluable, invaluable.

BN. Es en ese Jesucristo en el que yo creo. Todos los días procuro, porque no soy perfecto, estar con él, llevarlo conmigo, experimentarlo y que me ilumine en mí actuar para tomar las mejores decisiones. Pero las decisiones, las tomo yo.

AQ. ¡Claro!, uno no le relega a nadie esas decisiones. Fíjate que esa es la mayor buena voluntad de Dios que te deja la absoluta independencia de tomar tus propias decisiones. Eso es importantísimo, Bernardo. Es importantísimo lo que acabas de decir, es de lo más importante que podemos hablar los dos. Esa magnanimidad de Dios que te deja a ti ser independiente para tomar tus propias decisiones es lo que hace que Dios viva en ti.

BN. Muy bien, Alfonso. Me agrada mucho haber podido conversar contigo sobre esto.

AQ. Con mucho gusto, Bernardo. Esto te va a poner a pensar y a mí también. Tenemos que hacer una segunda entrevista, porque hablarlo me sirve muchísimo. Yo creo que no tengo el leading edge del asunto y todavía hay muchas cosas posibles de desarrollar. Estoy dispuesto a que me digan que puedo estar equivocado.

BN. Ha sido una conversación muy respetuosa, cálida, de amigos, que agradezco realmente.

AQ. Bernardo, lo sabes, esta conversación me ha servido hasta para identificarme contigo. 

BN. Yo creo en el Jesucristo del evangelio, y ese Señor te ama. Creo profundamente que es el creador de este universo. Ignoro cómo sea Él. Tengo una profunda convicción amorosa; nunca he tenido la menor duda de que Dios vive en mí y ¡en ti, claro!

AQ. Exactamente. 

BN. ¡Gracias!

AQ. Y, para finalizar, la eutanasia es ilegal en muchos países, pero eso no la hace inmoral. Muchas cosas comenzaron siendo legales, pero su aspecto moral era diferente. Por ejemplo, esclavitud vs no esclavitud. El derecho a disponer de la propia vida es un derecho de cada individuo. Ese derecho no es del Estado, ni de la familia, ¡ni de los médicos!

Bernardo Nieto Sotomayor

Junio, 2021

12 Comentarios
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12 Comentarios

César Augusto Torres Hurtado 17 junio, 2021 - 7:07 am

Muchas gracias por la excelente entrevista y su contenido. Que amplía nuestros conocimientos sobre la eutanasia. Nos da la posibilidad de entenderla y cada cual sabrá darle su interpretación. Muy oportuna.

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 17 junio, 2021 - 12:13 pm

Muchas gracias, César. Me alegra mucho saber que esta conversación haya permitido entender y conocer al Dr. Quintana, su forma sincera y sencilla de respaldar con su pensamiento su forma de actuar. Se llama coherencia. Saludos cordiales.

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MartaElena+Andrade 17 junio, 2021 - 8:17 am

Gracias por esta profunda y maravillosa entrevista.

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 17 junio, 2021 - 12:21 pm

Con mucho gusto, MartaElena. Es una conversación íntima, sincera y cordial entre amigos que, aunque pensemos de modo diferente, podemos expresar lo que sentimos sobre situaciones reales, del ser humano, sobre temas controvertidos, con gran respeto y responsabilidad. Cordial saludo.

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Luis Alberto Restrepo 17 junio, 2021 - 9:08 am

GRACIAS a Bernardo y a Gustavo Alfonso. Me gustaría tener contacto con Gustavo.

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 17 junio, 2021 - 12:14 pm

Con mucho gusto te compartiré el contacto con Gustavo Alfonso por el chat personal. Y me alegra que esta conversación permita el diálogo contigo. Saludos especiales, querido Maestro..

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Vicente Alcala 17 junio, 2021 - 9:30 am

Muy valientes el entrevistador y el entrevistado. Éste último dice: “en el suicidio no hay intervención de la voluntad del que se suicida porque es una consecuencia de una enfermedad. En la eutanasia no hay ningún suicidio. Es una decisión voluntaria clara de un paciente terminal” (que tiene una enfermedad).
Eso de la decisión voluntaria o no, es muy complicado y no lo comprendemos todo, todavía.
¿Podría cualquiera de los dos decir: “quiero morir ya para el encuentro definitivo con Dios”? Para pensar… y además ¿quiénes somos nosotros para juzgarlos?

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 17 junio, 2021 - 12:19 pm

Querido Vicente, muchas gracias por tu comentario. En efecto, el tema tiene tanto de ancho como de largo. Aquí la conversación sincera, abierta y serena entre dos amigos permite que el pensamiento de Gustavo Alfonso quede nítido, con su actual convicción. Él deja abierta la puerta, como lo dice también, a posibles modificaciones futuras. De todos modos me alegra mucho haber podido conversar con él respetuosa y cordialmente, como lo hacíamos cuando éramos adolescentes en El Mortiño. Saludos especiales.

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Jorge+Luis+Puerta 17 junio, 2021 - 12:01 pm

Este maravilloso diálogo cobra especial significación en estos momentos cuando hablar entre dos se ha hecho imposible. Cuando la muerte violenta de todos los días nos la administra el prójimo. Cuando la devaluación de la vida es dramática. Cuando el odio al otro es la moneda corriente, cuando calificar, juzgar, colgar epítetos se está convirtiendo en un deporte nacional para excluir a quienes no piensan como yo. Bernardo y Gustavo podrán ir presos porque hoy hablar de diálogo, de derecho a la vida y a la muerte, como hacen ellos aquí, se ha vuelto sospechoso. Alabo especialmente el esfuerzo de transcripción de Bernardo porque sé lo que significa de trabajo y dedicación. Gracias.

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 22 junio, 2021 - 5:23 pm

Gracias, Jorge Luis, por tu valioso comentario. Con Gustavo Alfonso pudimos hablar así, sencilla y cordialmente, porque hay un vínculo de confianza y honradez en nuestra conversación. Él habla desde su conocimiento y sus convicciones sin ninguna prevención y deposita en mí y en mi juicio su manera de pensar y actuar. Es una tremenda responsabilidad para mí ser fiel a lo que él quiere comunicar. Por eso me comprometí, -sin que él lo pidiera-, a enviarle la transcripción de la conversación, antes de publicarla, para que él revisara y corrigiera lo que considerara que debía o merecía una precisión. En esa construcción de verdad y sinceridad, necesariamente surge la profundidad del pensamiento y el corazón se abre. Y surge naturalmente, sin forzar nada, la reflexión sobre la trascendencia y el sentido de la propia vida. Y es muy grato hablar así, con un amigo.

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Javier Escobar Isaza 21 junio, 2021 - 5:59 pm

Bernardo y Gustavo Alfonso (a quien no he tenido el gusto de conocer), les agradezco de corazón por esta entrevista. Sacaron el tema del ámbito de un moralismo dogmático en que se trata a menudo y lo llevaron, como efecto de la dinámica de un verdadero diálogo, al encuentro amoroso con la decisión personal. Lástima que los Ordóñez de este mundo son tan extremadamente ortodoxos que se les olvida aquel hecho básico, que ni la Iglesia Católica más hiper-ortodoxa ha dejado de defender siempre: que “de internis non iudicat ecclesia”. Y ni qué decir de los que alaban y exaltan a San Agustín pero no entienden la profundidad de su “ama et fac quod vis”. Estos habrán quedado más tranquilos cuando algún traductor de San Agustín haga una traducción nueva, que no se pega a la letra sino a lo que, para él, es su espíritu: “Ama , o sea, agarra al otro, para que solo haga lo que una norma escrita interpretada por ti ha dicho, y ahí sí, haz lo que quieras”.

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Bernardo+Nieto+Sotomayor 22 junio, 2021 - 5:32 pm

Querido Javier, ¡mi maestro! Recuerdo muy bien tus clases y la alegría de tu espíritu al descubrir para nosotros el sentido profundo de las expresiones del latín, más allá de la gramática y la sintaxis. Aprendí a leer lo oculto detrás del texto… Y eso, creo, fue lo que surgió al conversar con Gustavo Alfonso. Un respeto profundo por el ser humano que piensa de esta o de otra manera, estableciendo un diálogo de corazones, más que de saberes. Y dejando abiertas muchas de las afirmaciones para una nueva conversación más adelante, cuando la vida nos lo permita. Fue una conversación con un amigo que revela a otro los motivos de su actuar. Por eso, porque hay motivos de grandeza y de verdadera filantropía, merecen que sean conocidos en su integridad y sin tergiversaciones. El respeto sobre las actuaciones de cada uno tiene ese sólido fundamento que tú expresas: “De internis…nec iudicat Ecclesia” Salud, querido Javier. Me gustaría mucho conversar así contigo, con el maestro y amigo. ¡Será muy grato!

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