Ella

Por: Jorge Luis Puerta
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Ella tiene 40 años y su primera hija (Neve Te Aroha ‒aroha significa amor en maorí‒) tiene ahora dos. Cuando la lactaba, la llevaba consigo a su trabajo. Y su trabajo le exigió asistir a la Asamblea de las Naciones Unidas, acompañada por su marido, un presentador de TV que dejó de serlo para co-ocuparse de Neve. Como ella misma afirmó a la prensa, “…no soy la primera mujer que hace tareas múltiples, no soy la primera mujer que trabaja y tiene un bebé…”.

Ella vive en un país pequeño y lejano, compuesto por un grupo de islas del Pacífico, poblado por cinco millones de personas que pertenecen a 200 grupos étnicos y hablan 160 lenguas diferentes. 

Cuando el año pasado un joven supremacista blanco entró a dos mezquitas repletas de musulmanes que asistían a los servicios religiosos del viernes, disparó, mató a 51 personas y dejó heridas a 49, ella firmemente, declaró a la prensa[1]:

Un hombre de 28 años, un ciudadano australiano, ha sido acusado de homicidio. (…) Enfrentará toda la fuerza de la ley. Las familias de los caídos tendrán justicia. Él buscaba muchas cosas de este acto de terror y una de ellas era notoriedad. Por eso, nunca me escucharán decir su nombre. Es un terrorista. Es un criminal. Es un extremista. Pero él, cuando yo hable, no tendrá nombre. 

Acto seguido, ella acompañó a todas las familias de las víctimas, cubierta con un hiyab(pañuelo islámico).

Jacinda Ardern, considerada mundialmente como una de las mejores conductoras de la lucha contra el COVID-19 (un total de 25 muertes, cinco fallecimientos por cada millón de habitantes en su país), se autodefine como socialista, feminista y progresista. Renunció a la religión mormona de su familia porque esta creencia se opone al matrimonio igualitario. 

Cuando la semana pasada fue reelegida como primera ministra de Nueva Zelanda, con la aplastante mayoría de un 49.1 % de los votos, sus primeras palabras fueron ofrecer diálogo al partido verde que solo había obtenido un 7 % de la votación. Lamentó, también, que el mundo haya perdido la habilidad de ver el punto de vista del otro, lo que me recordó algunos de los pasajes de la encíclica Fratelli tutti de Francisco y más cuando remató: “…somos [una nación] demasiado pequeña para perder de vista la perspectiva de los demás”

“La esperanza que representan estadistas como la joven señora Ardern es que han tomado el camino difícil de buscar la unión de la sociedad para resolver problemas, sin caer en la tentación de dividir, confrontar y fragmentar. (…) Consensuar requiere una alta dosis de humildad y de sentido práctico. Requiere dejar al lado la desconfianza y los intereses políticos para tender puentes con los contrincantes. (…) El verdadero liderazgo político consiste en tomar decisiones difíciles y muchas veces las decisiones más difíciles son las que sacrifican el orgullo, el prestigio o la trayectoria del que las toma”[2].

“Y es que, al final de cuentas, los valores son el cemento que puede mantener unido a un país, cuando el odio y el miedo lo quieren separar”[3].

Jorge Luis Puerta

Octubre, 2020


[1] Citado por Luis Antonio Espino en https://www.letraslibres.com/mexico/politica/jacinda-ardern-el-poder-del-discurso-para-unir-un-pais

[2] Luis Guillermo Vélez, nota en https://www.larepublica.co/analisis/luis-guillermo-velez-cabrera-402232/jacinda-ardern-3076967

[3] Espino, Luis Antonio, o. c.

1 Comentario

vicente alcala 24 octubre, 2020 - 9:39 am

Excelente artículo en su brevedad. La última frase se puede completar así: respeto a toda vida, justicia y solidaridad, verdad y honradez, igualitariedad y equidad, son el aglutinante básico de la fraternidad universal.

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