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El silencio como estrategia

Por Francisco Cajiao
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En una sociedad que pretende construir futuro, hablar de educación no puede ser un asunto secundario frente al espectáculo cotidiano del poder.

La ministra de Educación lleva apenas quince días de haberse posesionado en el cargo y es evidente que los intereses del señor Presidente no parecen girar alrededor de temas de poco brillo, como la educación, al menos si se comparan con los asuntos de orden público, la exhibición de cadáveres, el insulto televisado al señor ‘Araña’ o los recorridos de vigilancia con Cristo Rey y el revólver al cinto, en un país donde conviven amablemente matonería y piedad.

No sobra recordar la devoción que profesaban al Divino Niño algunos de los más peligrosos delincuentes de este país. En diciembre de 2013, la Policía Nacional publicó un relato según el cual Escobar encomendaba sus cargamentos de droga al Divino Niño de Atocha y llevaba consigo una biblia y un rosario. Y así, el sanguinario matón se volvió un ídolo en su comunidad. Todavía decenas de personas compran camisetas con su retrato y buscan reliquias en alguna subasta.

Todos estos símbolos son una cátedra permanente sobre los valores que una sociedad puede asimilar y sobre la relación entre las creencias religiosas y la conducta pública. El ejemplo de los gobernantes, sin importar sus creencias personales, tiene un profundo impacto en la vida de una comunidad. No en balde se dice que el ejemplo es mil veces más eficaz que las palabras cuando se trata de educar.

En una sociedad que pretende construir futuro, hablar de educación no puede ser un asunto secundario frente al espectáculo cotidiano del poder. En su posesión, la nueva ministra recibió del Presidente el encargo de trabajar por una educación de excelencia que forme en conocimiento, valores, libertad y carácter. Son palabras importantes, pero todavía demasiado generales frente a la magnitud de los problemas.

El terremoto del 10 de agosto afectó a miles de sedes educativas y obligó al Estado a desplegar una enorme operación de emergencia. El Ministerio informa que el 99,3 % de la matrícula afectada ya cuenta nuevamente con servicio educativo, pero no se dice en qué condiciones, pues la urgencia es reconstruir las escuelas y no limitarse a reabrirlas. Hay poca información oficial sobre estos temas y las urgencias siguen ahí.

Está también la calidad. Los resultados del PISA 2022 no mostraron progreso en los últimos años y eso recuerda que no basta con que los niños estén matriculados, sino que aprendan y avancen en su trayectoria. Es necesario que el país discuta a fondo las transformaciones necesarias de la educación superior, sobre los altos niveles de deserción, sobre la urgente expansión y organización de la educación inicial, sobre la profesión de los educadores, su dignidad y su desempeño. A todo esto se suma la confusión que todavía hay en el mundo sobre la inteligencia artificial y el uso de dispositivos electrónicos, así como las transformaciones que esto ha generado en la cultura, el trabajo y la convivencia.

Frente a semejante complejidad, el silencio no puede convertirse en una estrategia, pues así como las transformaciones necesarias no se hacen con discursos ampulosos, tampoco la discreción extrema contribuye a reunir los esfuerzos necesarios para ponerse al día. Colombia necesita que la educación vuelva a ser un asunto central. Necesitamos una discusión seria sobre qué significa educar a las nuevas generaciones en un país atravesado por la violencia, la desigualdad, la tecnología y la incertidumbre.

Es necesario saber qué piensa la ministra sobre estos problemas, qué quiere cambiar y cuáles son sus prioridades. Porque si la educación permanece en silencio mientras el poder habla cada día más fuerte de otras cosas, ya no habrá una conversación sobre el país que queremos construir.

Francisco Cajiao

Publicado en EL TIEMPO, Bogotá, Colombia

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Vicente Alcalá 18 octubre, 2026 - 4:34 am

Pacho, construir el país que debemos es tarea, no solo de Mineducación, sino de todos los ministerios y toda la sociedad. Hay que caminar sin prisa pero sin pausa. Por eso, se necesita un GPS-D que plantea Mauricio Cabrera. GPS-D para caminar día a día, para avanzar todos, día a día, cada vez más, día a día…

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EDUARDO JIMENEZ 18 octubre, 2026 - 7:46 am

Que a Francisco no le guste el actual presidente es posible y hasta comprensible (tal vez prefiera el reciente desgobierno, puede ser).
Pero comparar alguna de las recientes acciones del presidente con las de Pablo Escobar ya me parece algo exagerado, digo yo.
Y cito de su artículo sobre el presidente, “En diciembre de 2013, la Policía …publicó un relato según el cual (Pablo) Escobar encomendaba sus cargamentos de droga al Divino Niño de Atocha y llevaba consigo una biblia y un rosario… Todos estos símbolos son una cátedra permanente sobre los valores que una sociedad puede asimilar y sobre la relación entre las creencias religiosas y la conducta pública”.

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