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El sentido espiritual de la existencia

Por Horacio Martinez Herrera
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Tener un sentido espiritual de la existencia es tener un sentido de lo fundamental que está detrás de la apariencia de lo físico y mental. Ver en todas las cosas su dimensión espiritual: esto es ser místico.

Un místico lee la mente de Dios en los acontecimientos. Un místico no está en ninguna parte, porque está en Dios. Un místico inserto en la vida del siglo XXI busca a Dios en la familia, en el trabajo profesional, en la vida en comunidad, en el compromiso sociopolítico, en la investigación científica.

Todo cristiano debe ser un místico inmanente que por un lado se interesa en todos los valores y sucesos intramundanos y por otro busca descubrir la presencia de Dios en el mundo para ser un instrumento dócil de su providencia y manifestar en el mundo su bondad, su sabiduría y su belleza.

Hoy en día buscamos integrar lo real en la vida humana sobre todo en lo espiritual. Es un error confundir idealismo con vida espiritual. Este peligro es inoculado por numerosos libros idealistas espirituales que confunden el perfeccionismo angelical con la condición humana. El idealista-perfeccionista se hace impermeable a la vivencia de lo real, se hace inconsciente a “lo que es”. El idealismo perfeccionista crea un angelismo muy peligroso, porque el hombre es un espíritu corporalizado, es decir, una materia espiritualizada.

Lo real-espiritual, la realidad de la vida espiritual, para quien se hace consciente de ella, supera todo sueño idealista. Aceptarse a sí mismo como se es, encontrar la plenitud interior en “lo que es” realmente la vida espiritual; no sueño místico etéreo sino lucha continua, es poseer el sentido de lo real-espiritual. Se trata de ver al hombre como es e inmerso en su situación concreta.

Una visión de todas las realidades del hombre (fisiológicas, psicológicas y espirituales) se tiene en cuenta en la vida espiritual. Sin un estado somático y un equilibrio psicológico adecuados es imposible una vida de plenitud espiritual, salvo el caso de una especial gracia de Dios. El desequilibrio proviene de un desarrollo no armónico de todo el hombre. Algunos exageran el factor intelectual, convirtiéndose en “intelectuales puros” con olvido y detrimento de lo emocional y del desarrollo de lo práctico.

Actualmente existe también el peligro de que lo virtual robe a las personas su vida real. Estas personas se refugian en un mundo mental casi esquizofrénico y que no lleva a entablar relaciones con los demás, verdaderamente ricas en humanidad. El desequilibrio es causado también por una formación ascética no armónica: se les da una preponderancia a las virtudes teologales y se deja en la sombra el desarrollo de las virtudes morales.

En el enfoque de muchos libros de espiritualidad hay un desequilibrio de la “espiritualidad humana”. Históricamente esto se debe al influjo de corrientes no cristianas, como el estoicismo y el platonismo. Se considera el cuerpo como la cárcel del alma y se desprecia la sexualidad.

Cuando se vive en una espiritualidad de estructura idealista-perfeccionista y se choca con la realidad cotidiana imperfecta, viene el peligro de desilusionarse y sentirse defraudado.

Para lograr el sentido de lo real debe haber un equilibrio entre introversión y extroversión, entre subjetivismo y realismo objetivo, entre pensar y obrar. Conocer los diversos factores psicológicos y socioculturales que condicionan la vida humana y tenerlos en cuenta; por ejemplo, la educación, el ambiente, la alimentación, las experiencias.

Sé un hombre-espiritual y no un niño-angelical. Para ser hombre-espiritual hay que haber llegado a la plena madurez humana, cuyo meollo es lo propiamente espiritual.

Horacio Martínez Herrera

Mayo, 2024

1 comentario
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1 comentario

Hernando+Bernal+A. 2 mayo, 2024 - 1:02 am

Muy útil reconocer que la vida espiritual se da en la realidad de la limitación y de la imperfección del ser humano, y que si bien trata de trascenderlos no lo hace como un objeto de aniquilación sino como un mecanismo permanente de superación. Gracias

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