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El “negro” Evelio Pérez (Romanza de la niña negra) – Mi personaje inolvidable 

Llegué a la figura imborrable del “Negro” Evelio Pérez de la mano de dos insignes poetas: Luis Calé con su “Romanza de la Niña Negra” y el venezolano Andrés Eloy Blanco con su poema, modificado para efectos musicales, “Píntame Angelitos Negros”.

Llegué a la figura imborrable del “Negro” Evelio Pérez de la mano de dos insignes poetas: Luis Calé con su “Romanza de la Niña Negra” y el venezolano Andrés Eloy Blanco con su poema, modificado para efectos musicales, “Píntame Angelitos Negros”. 

Me devuelvo al pasado para rescatar el impacto temprano que causó en mi espíritu, todavía infantil en ese momento, escuchar por primera vez, en la voz privilegiada del “Tenor negro” Evelio Pérez, la “Romanza de la niña negra” y “Angelitos Negros”. 

Era el “Negro” Evelio Pérez, tenor lírico vinculado a la Compañía Antioqueña de Opera de Medellín (1943), donde interpretó melodías inolvidables del acervo operático mundial y también apariciones en diversos festejos musicales muy populares en el Medellín de los años 40 a 60 del siglo pasado.

El tenor Evelio Pérez se convirtió en entusiasta colaboradore del Colegio y la Iglesia de San Ignacio, adyacente al claustro; ese público escuchaba con inocultable emoción, cada una de las interpretaciones de ese tenor lírico autóctono. La tez de Evelio estaba un poco subida de melanina y de ahí el mote cariñoso que le endilgaron sus amigos: El “Negro” Evelio, cuando todavía la ideología racista no había convertido esa expresión de cariño sincero y espontáneo, en detestable “crimen de leso racismo”.

En dos oportunidades tuve la inolvidable experiencia de escuchar la “Romanza de la Niña Negra” que Evelio interpretaba con singular maestría y tal compenetración con la letra y el sentimiento transcrito a música, que era inevitable no solamente involucrarse en el tema, sino también, despertar sentimientos profundos de simpatía y solidaridad con la raza de color. 

Evelio solía incluir en su repertorio también el poema de Andrés Eloy Blanco que con su versión en ritmo de bolero fue interpretado por muchos artistas de diversos países con lo que alcanzó enorme popularidad, éxito que no consiguió la “Romanza de la Niña Negra”; Angelitos Negros cobró notoriedad y popularidad en la voz privilegiada y la personalidad cautivantes de Fray José Mojica, OFM; (San Gabriel, 1895 – Lima, 1974). 

Mojica fue actor y cantante mexicano; tras estudiar música, se volcó al  mundo de la ópera y llegó a formar parte de la compañía de ópera de Chicago, desde donde llegó al cine, actividad que abandonó para ingresar en Lima a la orden franciscana; tenía pues Mojica, estudios y experiencia suficientes para inmortalizar “Angelitos Negros”, en estilo propio e incomparable, pero por algún azar del destino, el Negro Evelio hizo llorar a la audiencia con la versión de su Romanza, aunque no pudo igualar la popularidad de Angelitos Negros. 

Mi encuentro con el tenor lírico Evelio Pérez se dio en el patio-salón del viejo colegio de S. Ignacio en Medellín, donde confluyeron entre los años 1951 y 1954 tres personajes inolvidables: el P. Juan José Briceño, S.J., Alberto Upegui en ese entonces joven pianista de futuro promisorio y el tenor lírico Evelio Pérez a quien con inmenso cariño todos llamábamos “El Negro” Evelio. Fueron épocas excepcionales. Hazaña irrepetible de armonizar en 4 voces masculinas todo el colegio, interpretando “Los Remeros del Volga” (popular ruso); “El coro de los martillos” (Verdi); “El Nabucco” (Verdi). 

Los “pequeños”, para la ocasión, fuimos preparados con esmero y rigor por Evelio Pérez, de inagotable calor humano; su trato universal y comunicativo modeló mi incipiente acercamiento a los de piel diferente. Evelio con su delicadeza, respeto, cariño y débil pero reconocible tartamudez, fue para nosotros ejemplo de acogida y calor humano que logró, sin imaginarlo, efectos imperecederos en cuantos tuvimos la suerte de entrar en contacto con él; así nació en mí, el tratamiento, respeto y caballerosidad para con los de piel diferente.

En las horas de ensayo para nuestra participación en ese gran coro de los ochocientos alumnos que tendría el colegio en ese entonces, Evelio daba su explicación de cómo “frasear” determinados puntos de la partitura y luego nos advertía “ahora, con o o o ortografía, muchachos” en su incipiente tartamudez. Esa “orto o o grafía” se refugió para siempre en mi memoria, a tal punto que años después, en la interpretación oral de textos Griegos y Latinos, yo indicaba la manera de “entonar” la frase y al solicitar que los estudiantes los repitieran, siempre insistía: “ahora, con o o o o ortografía muchachos”. Transforma más el ejemplo que los discursos mejor argumentados.

El Negro Evelio Pérez; qué maestro aquel y qué capacidad de transmitir emociones. De mí aseguró alguna vez el P. Antonio Gómez, S.J. -mi cuñado, coautor del texto “Latín en Acción, ilustrado por Héctor Osuna-: “Jaime Escobar no sabe ni Griego ni Latín pero lo vende muy bien vendido”. El Negro Evelio me dio la lección más práctica e imborrable de mi vida con su interpretación de La Romanza de la Niña Negra: la emoción es más poderosa que la razón. En mi docencia de lenguas clásicas, la “Emoción” fue siempre invitada de honor en cada sesión de trabajo.

Jaime Escobar Fernández

Chía, 24 de octubre del 2023

Por Jaime Escobar Fernandez

Jesuíta de 1954 a 1974. Se ha desempeñado desde entonces en todos los niveles de la Educación formal y no formal, además de Educación de adultos durante 20 años, excepción hecha de Educación Especial y Doctorados. Docente de Griego antiguo y Latín en las universidades Externado, Rosario y Javeriana. Hoy relee, escribe y, de jueves a domingo, cuida de la huerta familiar en el campo y de unos arbustos de café que le evitan comprarlo en los super mercados. Igual que el personaje del cuento es un "hombre feliz que no tiene camisa".

3 respuestas a «El “negro” Evelio Pérez (Romanza de la niña negra) – Mi personaje inolvidable »

Querido Jaime, nunca es tarde para descubrir y apreciar tantas cualidades, no solo la de transmisor del griego y latín… sino del músico, poeta, folclorista, y tantas otras . ¿Qué es de la vida de Toño? ¿Ya está en la otra… (cómo dijo el sevillano hablando de un jesuita que “pasó a mejor vida”) y le preguntaron ¿mejor todavía?

Estimado Jaime, visitas el baúl de tus recuerdos con una emoción agradecida que habla mucho sobre la abundancia de tu corazón.

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