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El Napoleón enamorado

La película de Ridley Scott (86 años), nos plantea de nuevo el permanente contrapunto entre la historia y su representación como materia recreada por un artista. En este caso de la mano de uno de los más grandes cineastas de los últimos tiempos. Por eso vale la pena verla.

La película de Ridley Scott (86 años), nos plantea de nuevo el permanente contrapunto entre la historia y su representación como materia recreada por un artista. En este caso de la mano de uno de los más grandes cineastas de los últimos tiempos. Por eso vale la pena verla.

Las cartas de amor entre Napoleón y Josefina fueron abundantes. Se han conservado cerca de 300. La película del británico Ridley Scott, estrenada hace pocos días a un costo de 200 millones de dólares, fue armada sobre la correspondencia epistolar entre los dos amantes, lo que es válido como recurso narrativo, aunque bastantes episodios de la película son imprecisos históricamente. 

Según el filme, en la campaña célebre de Egipto contra los ingleses comandados por Nelson, el general Bonaparte decidió retornar a Francia por amor a Josefina. La verdad fue que el gobierno del Directorio le instó con urgencia regresar a París debido a la situación de inestabilidad política interna, agravada por el riesgo de invasión con la que ingleses, rusos y prusianos amenazaban a la aún frágil república nacida de la Revolución de 1789.

De las muchas batallas, Ridley Scott escogió cuatro: 

1) Tolón, sitiada por los ingleses y españoles en apoyo a los monárquicos franceses, que ganó Napoleón apenas con el grado de capitán. 

2) Austerlitz, que le dio grandeza siendo ya emperador, pero que el director del filme presenta, en el marco de unas escenas fílmicas espectaculares, como si la batalla la ganara la naturaleza y no Bonaparte que contaba con inferior número de soldados que disparaban contra el hielo quebradizo que cubría la superficie de los estanques; la leyenda dice que se ahogaron cerca de 27 mil soldados rusos y austríacos. 

3) La campaña contra Rusia, que libró en medio de un invierno espantoso, en la que encontró a Moscú en llamas que el zar y sus habitantes incendiaron para que su victoria fuera sobre unas ruinas humeantes y una ciudad ya sin provisiones para los soldados napoleónicos que morían de hambre y frío. 

4) Finalmente, la batalla de Waterloo, la derrota que le puso fin al sueño de Napoleón de volver a ser el glorioso emperador que fue antes del exilio en la isla de Elba. En su narrativa, Ridley Scott magnifica con excesivos detalles a su compatriota el duque de Wellington, como estratega solitario de las tropas inglesas, holandesas, rusas y prusianas, que realmente fue una coalición necesaria para derrotar a Napoleón.

Espléndida la actuación de Joaquín Phoenix, tan parecido físicamente al emperador francés que logra impresionar. Encantadora la actriz Vanessa Kirby en el papel de Josefina, que nunca dejó de amarlo. 

La película de Ridley Scott muestra escenarios grandiosos con fotografía exquisita. Vale la pena verla, siendo cautelosos frente a las licencias históricas que Ridley Scott se permite en su versión cinematográfica.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo, Barranquilla

Por Jesús Ferro Bayona

Jesuíta de 1960 a 1977. Estudió Filosofía y Letras. Máster en Filosofía, Universidad de Lyon y de Teología, Instituto Sèvres de París. Estudios doctorales en la Escuela de Altos Estudios de París. Padre de Andrés, administrador de empresas, Juan Camilo, comunicador, y María Isabel, comunicadora, y abuelo de Dylan, de cinco años. Fue rector de la Universidad del Norte, Barranquilla, 1980-2018. Dedicado ahora a leer, escribir y dar un curso de Historia de las civilizaciones.

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