El mundo de las aves

Por: Carlos Alberto Posada
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El ingenio de los pájaros, escrito por Jennifer Ackerman, está lleno de anécdotas que muestran que las aves tienen capacidades cognitivas asombrosas. Cuando se las somete a pruebas de inteligencia, todavía no se sabe si lo que se está midiendo son sus habilidades para resolver problemas, su afán de probar novedades o su grado de atrevimiento.

Una de las anécdotas de El ingenio de los pájaros expone cómo un grupo de cuervos descubrió una estrategia para acceder al fruto de las nueces, que, si dejaban caer al piso, no siempre se rompían. Las ponían en el paso de peatones y al cambiar el semáforo los automóviles pasaban y las trituraban. Entonces, los cuervos bajaban a recoger el fruto obtenido ¡gracias a su ingenio! Encontré muchas otras historias en el libro que señalan las asombrosas capacidades cognitivas de las aves.

Las aves conforman la única fauna presente, prácticamente, en todo el planeta en el que están hace más de cien millones de años. Hay cerca de diez mil cuatrocientas especies de aves y son más numerosas que las de mamíferos. A fines del siglo XX había más de treinta pájaros vivos por persona. Sus antepasados fueron los dinosaurios, los pocos dinosaurios afortunados y flexibles que sobrevivieron al cataclismo que los acabó.

Los pájaros son animales con una inteligencia fascinante. Algunas especies muestran formas de inteligencia semejantes a las de los primates e incluso a las de los seres humanos; por ejemplo, su gran habilidad social: engañan y manipulan, escuchan a escondidas, hacen regalos, se besan para consolarse, chantajean a sus parejas, se alertan mutuamente del peligro, convocan a testigos para presenciar la muerte de otra ave e incluso hacen duelo.

Normalmente se mide la inteligencia por el tamaño del cerebro. Decimos ‘cabeza de chorlito’ (a quien es alocado o atolondrado), porque creemos que los pájaros son meros autómatas, voladores y picoteadores, que no pueden pensar con cerebros tan pequeños. Pero no es así: investigaciones in situ y en laboratorios, han ubicado especies de aves capaces de hazañas mentales comparables a las detectadas en primates. Para ser inteligente necesariamente no hay que tener una corteza cerebral dispuesta en capas, como las de nuestro cerebro. Se ha encontrado que el cerebro de los pájaros está organizado de manera distinta: sus neuronas están colocadas como cabezas de ajo, mientras el nuestro está ordenado más como una lasaña.

Es difícil medir la inteligencia en los animales y faltan pruebas estandarizadas de cociente intelectual en ellos. Lo que hoy se hace es diseñar rompecabezas para detectar su grado de cognición, medir la tardanza en resolver el problema y la rapidez para adquirir nuevas tácticas de resolución, pero todavía no sabemos con seguridad qué se está midiendo: si las habilidades del ave para resolver problemas, si su afán de probar novedades o su grado de atrevimiento.

Se ha encontrado una especie que crea diseños coloridos con bayas, fragmentos de vidrio y flores para atraer a las hembras y otra que esconde hasta treinta y tres mil semillas esparcidas por docenas de kilómetros cuadrados y meses más tarde todavía recuerda dónde las ocultó. Otra especie resuelve un rompecabezas clásico a la velocidad de un niño de cinco años, y otra es experta en abrir cerraduras. Algunos pájaros son capaces de contar y realizar cálculos matemáticos simples, de fabricar sus propias herramientas, de moverse al ritmo de la música, de entender principios básicos de física, de recordar el pasado y de hacer planes para el futuro.

Se empieza ya a descubrir que las aves manifiestan sentimientos de tristeza o alegría. Las que viajan en pareja durante varias temporadas, forman vínculos de apego, pero si pierden a su compañero evidencian un duelo. Pareciera ser una emoción real que indica una pérdida. Y hay un pájaro fantástico, llamado kea, que parece tener sentido del humor. Es un chistoso: interactúa con la gente y busca cómo hacerse más molesto (un humor de tipo circense).

Los pájaros también muestran aptitudes estéticas o que poseen sentido de lo bello o lo feo; por ejemplo, los pergoleros machos de Australia y Nueva Guinea construyen arcos con ramitas, las decoran con objetos brillantes y coloridos para impresionar y para seducir a las hembras, lo cual muestra un desarrollado sentido estético. En el refugio cantan y bailan para conquistar, pero allí no anidan. Solo arman “teatros de seducción” para cantar y danzar a fin de conquistar su hembra. Y ellas prefieren a los machos que construyen pérgolas simétricas y bien hechas, para lo cual, el macho necesita mucha habilidad. 

Además de volar, otra ventaja de las aves es su habilidad para modular su sueño profundo: abren un solo ojo, ubican el sueño de ondas lentas en una mitad del cerebro y conservan la otra mitad alerta. Vuelan dormidas y permanecen atentas a los depredadores.

La autora nos invita a adoptar una nueva mirada sobre los pájaros: ellos hablan, trabajan, juegan, son padres y piensan; hay mucho que apreciar sobre cortejo, amistad y sobre sus cantos. Disfrutemos viendo cómo juegan. Una de las cosas que me gusta hacer en estos tiempos de cuarentena es sentarme en mi balcón y observar las interacciones de los pájaros. Descubro sus interesantes dinámicas sociales, aprecio que tienen habilidades técnicas y empiezo a notar cosas. Y todo esto con la ayuda del libro El ingenio de los pájaros escrito por Jennifer Ackerman.

Carlos A. Posada S. 

Abril, 2021

2 Comentarios

Dario Gamboa 29 abril, 2021 - 6:45 am

Que excelente introducción para mi a un mundo tan especial, tan cercano y permanente que pocas veces había leído y que nos refleja interacciones y enseñanzas a los otros compañeros de creación de este maravilloso universo. Gracias Carlos por abrirme a la reflexión sobre esta realidad tan hermosa que nos alegra la existencia.

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Hernando Bernal A. 29 abril, 2021 - 9:53 am

Maravilloso relato de un libro interesante que nos abre al estudio de nuevas realidades, un poco impensables y ciertamente desconocidas para muchos de nosotros. Gracias y saludos.

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