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El Impacto Continuo del Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia (6)

Por Francisco Jose De Roux S.J.
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El informe de la Comisión de la Verdad, también considera a la iglesia católica como un actor principal. En la segunda parte de la conferencia, Pacho trata de explicar lo que ha significado esta enorme tarea para los comisionados.

La historia de la Iglesia Católica en Colombia, es una historia de pecadores y de santos. De compasión y de confusión con el poder. El clero y los laicos fueron actores en la violencia entre los partidos políticos, el siglo pasado, cuando los católicos conservadores lucharon contra los católicos liberales y socialistas. Después de 1960, durante la guerra entre el Estado y la guerrilla, han sido asesinados miembros de la Iglesia, mensajeros de la paz, al lado del sufrimiento humano, jóvenes, mujeres y laicos, así como monjas, sacerdotes y obispos.

Muchos esperaban que la Comisión de la Verdad escribiera la defensa de la Iglesia durante esta compleja historia. Pero la Comisión no se hizo para defender a ningún sector, sino para llegar al corazón de la tragedia humana, acompañar a las víctimas y explicar el por qué.

Un tema que necesita ser explicado es por qué la guerra ha sido entre católicos que se odiaban a muerte, y por qué la evangelización no evitó el conflicto armado. Y por qué la educación moral en una nación totalmente católica no enseñó compasión por el sufrimiento, apertura y amor maduro. La Comisión de la Verdad mostró el bien que hace la Iglesia y también la violencia que producen los creyentes católicos.

Colombia necesita que las organizaciones importantes del país reconozcan públicamente su responsabilidad ante los millones de víctimas y su compromiso con el cambio. La Iglesia, representada por los obispos, no ha querido hasta hoy reconocer su contribución a la violencia y pedir perdón. Debe hacerlo, porque la Iglesia es la principal autoridad moral pública del país, y si la Iglesia reconoce y pide perdón, abrirá el camino para que los partidos políticos, las empresas industriales, los militares, los intelectuales, reconozcan, pidan perdón, y cambien.

Segunda parte: 

El impacto interno de una comisión de la verdad

Nosotros, los comisionados, 5 mujeres y 6 hombres, elegidos por un Comité de Selección independiente en diciembre de 2017, venimos de diferentes orígenes culturales, espirituales, étnicos y académicos. Sin embargo, no éramos representantes de ningún grupo sino representantes del pueblo colombiano.

En mi caso personal, vine como católico y como jesuita a la Comisión, no para producir un documento de la Iglesia o de la Compañía de Jesús, sino un documento de los ciudadanos de Colombia y para los ciudadanos de Colombia.

Fui designado presidente de la Comisión por el Comité de Selección. Era mi responsabilidad defender la autonomía de la Comisión. En la protección de nuestra autonomía surgieron tensiones internas. La situación más difícil ocurrió cuando el comisario, que era un ex mayor del ejército, nos quiso subordinar a las Fuerzas Militares. Dos meses antes del final dimitió y se unió a la extrema derecha política para atacar a la Comisión.

Era consciente del valor extraordinario de los miembros de la Comisión y también de nuestras limitaciones. Varias veces recibí sugerencias de afuera para crear un grupo paralelo, diferente a los comisionados, para producir el documento final que yo firmaría como presidente. Nunca lo acepté. El grupo de Comisionados fue el elegido por el Comité de Selección, el reto estaba con este grupo, para cumplir con la misión. Y lo logramos.

Juntos, establecimos el método de búsqueda de la verdad, que les presenté en mi primera conferencia en noviembre pasado. Ese método, estuvo enfocado en buscar las mejores explicaciones inteligentes, hasta encontrar las mejores respuestas a las preguntas que plantean los datos, cuando la realidad se impone, y exige afirmación o negación. Y, tras un proceso de discernimiento, buscar y formular recomendaciones eficaces, acordes con la verdad encontrada, para frenar la crisis humanitaria.

Buscar la verdad desde lo más profundo del drama humano requiere un desapego total de cualquier interés que se convierta en obstáculo en el camino hacia la desnuda realidad. Porque si tienes que proteger algo material o espiritual, no tienes la libertad que exige la verdad.

He encontrado un espacio para preservar la libertad en media hora de silencio, todos los días, compartido con gente de la Comisión. El silencio aclara la diferencia entre tener voluntad, es decir, la capacidad de juzgar el bien y el mal, y tener libre albedrío. Cuando pasas por el proceso de liberación de todas las emociones donde estamos atrapados por miedos, afectos y preocupaciones sobre lo que los demás esperan de nosotros. De ahí podría venir la prudencia y el coraje para actuar, sin importar el costo.

Finalmente, para mí, la Eucaristía ha sido siempre una experiencia conmovedora de gracia, misericordia y libertad en Jesús. En la mesa del pan y del vino nos ha adaptado el desafío de Simeón a María (Lc. Lc 2, 35): “Tú has sido destinada a que muchos caigan y otros se levanten. Seréis signo de contradicción, para que se esclarezcan las intenciones de muchos corazones. Y una espada penetrará tu alma.”

Antes de participar en la Comisión de la Verdad, pensaba que tenía suficiente conocimiento del sufrimiento físico y emocional de las víctimas y del drama de los victimarios. A lo largo de los meses, me di cuenta de mi ignorancia y aprendí lo lejos que estaba de la magnitud del trauma y lo lejos que estaba de la compasión y el amor verdadero.

Entrar en la tragedia humana de la guerra es descender a los infiernos de las víctimas y los victimarios. La tragedia emocional de varios millones de sobrevivientes no tiene fondo. En cualquier momento, los que estén molestos con las conclusiones de la Comisión, pueden atacar. A veces estos enfrentamientos son respetuosos, a veces son dramáticos e inesperados. La señora que te cruza por la calle y te insulta, hijo de puta. El hombre que te ataca dentro de un avión, lo suficientemente fuerte como para que todos los pasajeros sientan su indignación. El collage perfecto de una foto, en la que estás vestido de guerrillero con una ametralladora en las manos. El programa de radio que repite todos los días que la comisión no es confiable.

Esto nos permite entender que el conflicto ha calado en toda la sociedad, y que nosotros somos parte del problema. Estás entrando en la frágil realidad de tu vulnerabilidad, y te vuelves parte de tu pueblo, y sientes profundamente que el prójimo, brutalmente afectado por la guerra y la violencia, es como tú, humano, con emociones, miedos, sueños, familia, hijos y esperanzas. Entonces uno descubre cómo se afecta la propia dignidad y cómo es imposible ser ético si se desprecia a los heridos al borde del camino.

Sólo después de terminar nuestro trabajo comprendí lo afectados que estaban mis compañeros, mujeres y hombres, mi gente de la Comisión. Entrar cada día en escuchar y acompañar. Ser confrontado internamente y amenazado externamente. Para tratar de comprender y explicar el mal ilimitado e inexplicable. Todo apurado, y con poco tiempo para atender el impacto acumulativo que el sufrimiento les estaba produciendo. Hoy reconozco que desde mi lugar no brindé el apoyo suficiente a estas personas que fueron tan importantes en el proceso. Pagaron inmensos costos personales y familiares, poniendo en riesgo sus vidas y su salud emocional. Una lección que me gustaría transmitir a cualquier otra comisión de la verdad en cualquier parte del mundo es: si por amor decides entrar en el infierno de las víctimas y los victimarios, cuídate.

Cuando el poder se siente amenazado por la verdad, destruye a los buscadores de la verdad. El poder puede ser el Estado, los militares, los paramilitares, la guerrilla, los políticos. A veces la Iglesia Católica también ha sido un perseguidor mundano de aquellos que buscan la verdad humana.

Quienes están en el poder, normalmente encubren sus crímenes contra los seres humanos. Los documentos oficiales que contienen estos delitos son de alto secreto. En los batallones de Colombia estos documentos fueron quemados a finales de año. Y, en algunos casos, quienes revelan estas verdades son procesados como conspiradores, enemigos de la seguridad nacional o enemigos de la revolución.

Los más duros ataques de los poderes políticos y militares para destruir la credibilidad de la Comisión de la Verdad fueron dirigidos contra mí, porque la figura de un sacerdote católico genera respeto, y la autoridad moral de un jesuita diciendo estas verdades es inaceptable.

He experimentado personalmente la violencia del poder. Un día, el máximo comandante paramilitar me amenazó en persona, porque le dije al Presidente la ubicación del cuartel paramilitar donde mataron a muchos campesinos, información que los militares le habían ocultado al Presidente. Otro día fui secuestrado por guerrilleros fuertemente armados que hicieron un simulacro de juicio en el bosque para condenarme a muerte, y mientras yo presentaba mi defensa todos en la sala gritaban “mentiroso, mentiroso”.

La violencia del poder fue mucho más brutal con otros buscadores de la verdad. Alma Rosa, mi amiga y abogada, fue despedazada con una motosierra cuando dijo la verdad sobre los paramilitares aliados con el corrupto alcalde de Morales. Sergio Restrepo Jaramillo, hermano del alma, jesuita, fue asesinado frente a la capilla de la parroquia rural, por decir la verdad sobre la violencia contra los campesinos pobres. Monseñor Giuliani, quien presidía la Comisión de la Verdad de Guatemala, fue asesinado dos semanas después de entregar las conclusiones de la Comisión.

Siempre llega un momento en que los buscadores de la verdad se encuentran con el dilema de decir la verdad o permanecer en silencio. A veces son momentos dramáticos, en los que los torturadores quebrantan a los testigos y los obligan a decir lo que quieren los perpetradores. Como hicieron brutalmente los criminales de la CIA con María del Carmen, sobreviviente del asesinato de los jesuitas en El Salvador. Sin embargo, prevalece la pasión por los hermanos asesinados, como sucedió con María del Carmen, cuando recuperó su empoderamiento para gritar públicamente, los vi, los vi, los soldados mataron a los padres.

Francisco de Roux S.J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

5 Comentarios
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5 Comentarios

Dario Gamboa 7 abril, 2023 - 7:58 am

Hoy viernes santo, al leer esta parte de tu conferencia reciente, profundamente conmovido, le di gracias a Dios por el privilegio de haber compartido de cerca tu vida y haber entendido tu profunda identificación con Jesucristo , para mi eres el jesuita auténtico, que ha entregado su vida por La Paz de Colombia y la sigues entregando con un mensaje permanente de reconciliación y grandeza. Gracias Pacho por tu inspiración y tu grandeza… que Dios te siga protegiendo para bien de nuestro país!!!

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vicente alcala 7 abril, 2023 - 8:05 am

El poder es para servir en la verdad, la justicia y el amor; y no hay peor corrupción que la del poder cuando se convierte en instrumento de violencia, odio, injusticia y crimen o, incluso, de indiferencia y parcialidad. El poder de la verdad nos hace libres siempre, aún en la persecución, la cárcel y la muerte.

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Rafael Falcón Castro 7 abril, 2023 - 11:02 am

Sí, es realmente acertado, lúcido, conmovedor, además de ejemplar para otras comisiones que se tengan que formar, este relato del proceso y las consecuencias de la comisión de la verdad. Esto da ánimos para confiar en la humanidad, aunque el camino que nos queda por recorrer es aun largo.

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LUIS GUILLERMO ARANGO LONDOÑO 7 abril, 2023 - 5:11 pm

He leído las 6 entregas que han salido sobre el Impacto continuo del Informe final de la Comisión de la Verdad.
Cuál de todos más impactante. En mi estrecho círculo de familiares y amigos he sido testigo de las reacciones a favor y en contra de la Comisión y de ti en particular.. Desde aquellos que dicen que la Comisión es ilegítima y que tú eres un hijueputa cura guerrillero. Pero la inmensa mayoría agradece a la Comisión. Y a ti te ven como el adalid de la mejor de las causas para el bien de Colombia. En particular, yo te veo, y así lo he expresado entre todo los de mi grupo, como el auténtico jesuíta, y que me precio de haber conocido y tratado con un verdadero santo de hoy. Sigue adelante, Pacho, como hasta ahora: que ni las alabanzas ni los vituperios te desvíen de tu misión.
Un abrazo.

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Francisco de Roux 7 abril, 2023 - 5:46 pm

Gracias querido Dario por tu generosidad. Este es un camino que siempre hemos compartido juntos, Los primeros años cuando fuimos escolares, depuès desde lugares diferentes pero siempre el mismo espíritu, el interminable discernimiento, el deseo de servir mejor quienes tenemos cerca y a todos. Lo has hecho, lo hemos hecho. Nos ayudamos los unos a los otros. Abrazos, Pacho

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