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El Impacto Continuo del Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia (4)

Pacho y la Comisión se refieren a las reacciones de aquellos actores que consideran importantes para hacer realidad las propuestas del informe. Aquí, mencionan a los empresarios y a la guerrilla.

Pacho y la Comisión se refieren a las reacciones de aquellos actores que consideran importantes para hacer realidad las propuestas del informe. Aquí, mencionan a los empresarios y a la guerrilla.

Actores centrales

Vemos ahora un gran interés en discutir el Informe Final y las recomendaciones de la Comisión en organizaciones sociales y académicas. Sin embargo, hay personas e instituciones que requieren un enfoque especial a la hora de sacar adelante los cambios profundos que la Comisión viene exigiendo. Me refiero a los grandes empresarios, la guerrilla, los militares, los principales partidos políticos, la comunidad internacional y la Iglesia Católica.

Los empresarios esperaban que la Comisión mostrara que las grandes empresas no habían estado involucradas en el conflicto. Les explicamos a los CEOs que la Comisión no estaba en contra de ellos, y visibilizamos los secuestros, extorsiones y muertes que sufrieron en el conflicto, pero luego de escuchar a las víctimas y miembros de las empresas, tambiéencontramos que algunas empresas financiaban a los paramilitares, desplazaron a los campesinos y reorganizaronlos territorios para poder desarrollar proyectos agroindustriales y mineros que afectaron severamente a las comunidades y a la naturaleza.

Los grandes empresarios y el Estado esperaban que la Comisión no cuestionara el sistema económico. Pero al explorar las causas del sufrimiento humano, la Comisión encontró que la exclusión e inequidad del capitalismo en Colombia fue una de las causas del conflicto violento.Colombia tiene un crecimiento económico moderado y estable, pero la concentración de la tierra y de la riqueza hacen del país uno de los más desiguales del planeta.

Los impulsores del modelo económico, el Estado, las grandes empresas productivas, de servicios y la banca, optaron por mantener la situación con el apoyo de las Fuerzas Militares y de los organismos de seguridad privada. El resultado es el desarrollo de un modelo irracional en el que millones quedan fuera del proceso productivo y buscan empleo en actividades ilegales.

Bernard Lonergan ha hecho una brillante contribución para superar esta irracionalidad. Su Ensayo económico sobre el análisis de la circulación, que no se analiza lo suficiente en el Boston College, ofrece, desde mi punto de vista, una ruta sencilla para un país como Colombia. Hemos podido empezar a probar esto, durante quince años, en un programa de demostración, en la región del Magdalena Medio, un territorio del tamaño de Massachusetts.

Cuando comenzamos el programa, había dos mercados separados. En un sector, la producción de bienes de capital en petróleo, minería, energía y agroindustria; en el otro sector, la producción de bienes y servicios para la vida familiar. Hubo ganancias y muy buenos ingresos en el sector de bienes de capital, y mucha pobreza en el sector familias y comunidad. Siguiendo a Lonergan, propusimos una economía de mercado destinada a incorporar a toda la población en la producción del nivel de vida, lo que los aldeanos llaman “la vida que queremos vivir”.

El modelo pretendía unir la producción de bienes industriales y mercancías de exportación, con los bienes y servicios finales que los habitantes consideran para formar su amada vida. Para lograrlo, se invitó al Estado y a los empresarios a participar continuamente en una operación distributiva para lograr que en los momentos de alto ahorro y acumulación industrial, se traslade una inversión importante a la producción campesina, economías étnicas, empresas de clase media y puesta en marcha de emprendimientos populares. Estas empresas de bienes y servicios finales dan empleo a los habitantes populares urbanos y rurales, en lugar de dejar fuera del proceso de producción y demanda efectiva a un grupo significativo de la sociedad.

El proceso es dinámico hacia adelante, invirtiendo en una serie de actividades de creación, además de la producción de bienes materiales finales, como la cultura, el arte, el deporte y la espiritualidad que hacen la vida más plena y más bella. Y el proceso es dinámico hacia atrás y conduce a inversiones en conservación ambiental, protección del planeta, educación, investigación, tecnología, salud e infraestructura, elementos que activan los dos sectores.

Desafortunadamente, los grandes empresarios y el Estado no se atreven a caminar en esa dirección porque les falta conocimiento y porque no confían en la gente. Por eso excluyen a la mitad de la población creativa e inteligente de Colombia. Esta exclusión produjo las protestas generales de jóvenes de 2021 que paralizaron a 600 municipios del país.

Por primera vez, el nuevo gobierno ve la posibilidad de cambiar el modelo de desarrollo en esa dirección, y para ello será determinante el diálogo con los grandes empresarios.

La guerrilla de las FARC esperaba que la Comisión declarara que su guerra de guerrillas era objetivamente justa y que eran víctimas del Estado. A los guerrilleros de las FARC les explicamos que la Comisión no estaba haciendo un relato para demostrar que eran víctimas, ni para agredirlos, sino para explicar la tragedia de la guerra, y establecer las responsabilidades de todos los bandos y fortalecer el proceso de paz que ellos había firmado con el gobierno. La Comisión encontró y reveló los crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad que cometieron los guerrilleros.

La comisión demostró que era un error de la guerrilla creer que la guerra resolvería la injusticia social y política. En lugar de resolver los problemas, la guerra los hizo más grandes y aumentó la desesperanza. La guerra dañó todo lo que tocó, incluidos los actores de la guerra, las guerrillas y los militares, todos ellos inmensamente afectados. Hoy, ante el conflicto de 60 años que aún persiste, mujeres, niños, campesinos y etnias siguen gritando: paren la guerra, paren por todos lados, paren ya.

El camino no es la guerra, el camino es la valentía de una democracia valiente, que confronta la verdad incondicionalmente y busca en el diálogo los cambios que la verdad demanda.

Francisco de Roux S. J.

Marzo 20, 2023

Boston College, Estados Unidos

Por Francisco Jose De Roux S.J.

Francisco José de Roux Rengifo, S.J. Sacerdote jesuita, economista, filósofo y gestor de paz colombiano. Es reconocido por ser el Presidente de la Comisión de la Verdad, institución que hace parte del sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición. Nació en Cali en 1943. Estudió filosofía y letras en la Pontificia Universidad Javeriana e hizo una maestría en economía en la Universidad de los Andes, antes de graduarse en teología de la Javeriana y ordenarse en 1975. Realizó su maestría de economía en la Universidad de la Sorbona en París y otra maestría en economía en el London School of Economics. Al regresar a Colombia, trabajó en el Centro de Investigacion y Educacion popular (CINEP) como subdirector e investigador. En 1986 se desempeñó como director del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús y director del Cinep. Dirigió el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, luego galardonado con el Premio Nacional de Paz en 2001. Fue Provincial de la Compañía de Jesus en Colombia en 2008 y en 2018 fue designado como miembro y Presidente de la Comision para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repeticion creada por el Acuerdo de Paz celebrado entre el Estado colombiano y las FARC.

5 respuestas a «El Impacto Continuo del Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia (4)»

“La concentración de la tierra y de la riqueza hacen del país uno de los más desiguales del planeta” ¿Por qué y quienes han impedido, al menos desde los años 1920, una reforma agraria? ¿Será sólo porque “a los grandes empresarios y al Estado les falta conocimiento y porque no confían en la gente”? Y más a fondo, ¿por qué les falta conocimiento y no confían?

Magnífico el informe. Tomemos conciencia y hagamos el mayor esfuerzo para mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos del mundo y paremos las crueles guerras que asolan el planeta. Gracias.

Que a los violadores de menores, narcotraficantes, secuestradores y asesinos, llamados eufemísticamente “combatientes del conflicto”, haya sido necesario explicarles que, sus crímenes no eran “justos” y que no eran “víctimas” siendo por supuesto victimarios, es por lo menos inaudito.

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