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El carro que me gané en la rifa

Luis Alberto Restrepo, escritor de sesudos artículos, cambia hoy de tercio y nos presenta un simpático y breve divertimento.

Luis Alberto Restrepo, escritor de sesudos artículos, cambia hoy de tercio y nos presenta un simpático y breve divertimento.

Este carro fue el premio que me cayó en una rifa pa’ la que nunca compré boleta y ni siquiera se me habría ocurrido hacerlo. No sé quién me haría el beneficio. 

Nuevecito lo saqué del concesionario y rodaba como una seda. Mejor dicho, no rodaba, se deslizaba sin ruido como un esquí sobre la nieve. Sin embargo, de tarde en tarde le daban berrinches y tocaba llevarlo a revisión. La dueña del concesionario le daba unos golpecitos y… ¡ya, listo de nuevo pa’ seguir rodando! 

Tras 10 o 15 años de uso, empezó a poner problemas. Se volvió difícil. Pero, ¡claro! armábamos paseos con los vecinos y nos íbamos de rumba. El bendito carro se descarrilaba, equivocaba el camino, se metía en contravía, hasta que un policía le puso una multa y decidió llevarla a los patios. Ahí lo tuvieron retenido hasta que pagara. 

Por supuesto, pasados como 15 años en la calle, tocó guardarlo y meterlo en el garaje. Allí, en silencio, el carrito se sintió revivir. Pudo dormir tranquilo. Por esos lares se mantuvo abrigado bastantes años, pero desde que salió, cada día provocaba nuevos accidentes cada vez más graves. Se chocaba a diestra y siniestra. 

De camino, arrolló algunas damas y se las llevó de calle. Generó alboroto. ¡Qué carrito tan complicado! Si yo hubiera sabido, a lo mejor ni lo recibo… ¡Paja! De todos modos, este carro ha sido mi fiel compañero y todavía lo tengo muy bien cuidao. 

Les cuento que la chiva me hizo pasar las verdes, las maduras y las pintonas. Me puso a sudar parejo. Pero al fin, como si le hubiera dado el Covid, quedó mansito y por ahí rueda y rueda. Seguro que me va llevar hasta la curva final. Entretanto, el carrito ha visto y sigue viendo pasar a sus amigos en grandes y lujosos carros último modelo con choferes y pasajeros, todos con guantes. Pues, bueno, ¡no importa! Cada quién se las arregla como mejor puede. 

Por lo demás, ¡sigan, señores! ¡Sigan adelante! Aquí los que ganan, pierden. Es la cosa más charra: tarde o temprano todos se volverán chatarra.

Luis Alberto Restrepo M.

Febrero, 2023

Por Luis Alberto Restrepo

Jesuita 1953-1982, primeros dos años de estudios de filosofía y teología en Bogotá, y luego otros dos en Frankfurt a.M. (Alemania), en el teologado de los jesuitas. Regresa a Colombia en 1974, trabaja en Cinep, da clases de filosofía política en las universidades Javeriana, Andes y Nacional. Participa en la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos (CSSP). En esa condición, es invitado a Europa para denunciar las violaciones de los DDHH. Los fines de semana da cursos a maestros rurales y campesinos. Detenido en la BIM y en el Colegio San Bartolomé La Merced durante cuatro meses en medio del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Retirado de la Orden en 1982, tres años después forma pareja con Socorro Ramírez, feminista, líder sindical y política. Desde entonces ambos comparten intensa actividad nacional e internacional, real y virtual.

4 respuestas a «El carro que me gané en la rifa»

Me hiciste sentir como lo que soy, un carrito sencillo, útil, al que hay que cuidar todos los días, aunque a veces nos juegue malas pasadas… es nuestra vida, si no la disfrutamos, la perdemos. Estupendo. Un abrazo.

Extraordinario. Una elegía a las cosas pequeñas de la vida cotidiana que nos son tan entrañables!!! Una prueba que para las buenas plumas lo importante no son los temas, sino la forma de presentarlos…

Hay carros que, a pesar de los años, van como la seda: los que se usan constantemente y se renuevan. Son modelos clásicos que se distinguen del resto, supervivientes que disfrutan del aprecio y la admiración de todos.

¡¡¡¡Qué cambio de tercio, Luis Alberto. Sin embargo, al leerte, no falta el buscar dónde está el recóndito mensaje filosófico que te caracteriza. Nos faltó la foto del pichirilo. Qué sigas disfrutando del carrito y de la vida.

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