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Educar en tiempos difíciles

Por Francisco Cajiao
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Hace falta que el país piense en formar maestros capaces de comprender los fenómenos sociales.

Termina el período de los mandatarios locales del último cuatrienio. Nunca podrá decirse que a alguien le resultó fácil, porque cada día son mayores los problemas y las necesidades de las comunidades y mientras más cerca se está de ellas es más urgente mostrar resultados. Ahora se combinan las expectativas frente a los que llegan y las evaluaciones de los que se van.

Estos años fueron muy difíciles en general, pues no acababan de tomar posesión cuando hizo su irrupción la pandemia de covid-19, con implicaciones muy complejas en todos los aspectos de la vida ciudadana. El fantasma de la muerte se coló por todas partes, las calles de las ciudades quedaron vacías, el ulular de las ambulancias aterraba, los colegios y las universidades cerraron sus puertas, y los hospitales empezaron a llenarse de infectados. 

La parálisis súbita del aparato productivo, el comercio, el transporte y los escenarios de recreación y cultura generaron un golpe terrible a los ingresos de las familias más pobres. El miedo, la desesperación y el malestar acumulado en los años anteriores dieron lugar a un estallido de violencia que no se había vivido en mucho tiempo.

La pandemia hizo evidentes muchos cambios que vienen incubándose en el último cuarto de siglo y que dejan muchas preguntas en torno a la educación que se requiere hoy. A los ocho días de anunciarse el confinamiento en 2020, colegios y universidades habían comenzado a funcionar en forma totalmente virtual sin que esa posibilidad hubiera sido contemplada antes, ni siquiera como ejercicio de ficción. 

Fue necesario que maestros, directivos y administradores hicieran cosas para las cuales nunca fueron entrenados, y se vieron obligados a improvisar mientras aprendían a usar las plataformas. Y la escuela dejó de ser lo que había sido por siglos. De pronto se abrieron opciones. Hoy, muchos universitarios solicitan la virtualidad.

Un país puede tener leyes bonitas y grandilocuentes, pero su verdadero progreso depende de los ciudadanos que sea capaz de formar.

De otra parte, el regreso a las aulas vino acompañado de una creciente preocupación por la salud mental de estudiantes y maestros. Casos de ansiedad, pánico, desmotivación, agresividad, depresión, consumo de substancias, comportamientos autodestructivos, se encuentran con maestros que no han sido preparados para lidiar con semejante complejidad. 

A eso debe sumársele la exigencia creciente sobre los educadores para que atiendan la proliferación de identidades que reclaman ser reconocidas y validadas mediante actos explícitos o acciones afirmativas que en ocasiones revisten formas de violencia ante las cuales no se sabe cómo actuar. Es muy interesante a este respecto la última columna de Moisés Wasserman.

La profesión de los educadores debe ser profundamente valorada, ahora más que nunca, pero también su formación debe ser revisada. No se pueden seguir formando licenciados para alimentar un currículo disperso y obsoleto, fraccionado y ajeno tanto a los intereses de los niños y jóvenes como a los procesos mismos de desarrollo del conocimiento. Hace falta que el país piense en formar maestros cultos, de alto vuelo intelectual, capaces de comprender los fenómenos sociales de las comunidades donde trabajan, así como de entusiasmar a sus estudiantes con los fenómenos del mundo que atraen desde la curiosidad inicial de los niños hasta los grandes ideales del trabajo científico y el desarrollo tecnológico.

Aprobar nuevas leyes requiere un enorme esfuerzo, pero es muy importante que se oriente a entender las necesidades concretas de transformación de un sistema que está haciendo agua por todas partes. Un país puede tener leyes bonitas y grandilocuentes, pero su verdadero progreso depende de los ciudadanos que sea capaz de formar, de los valores éticos que aprenda a compartir y de los conocimientos que pueda acumular para resolver los problemas urgentes del presente y el futuro. El derecho no está en discusión, lo que debe discutirse es cómo asegurar su cumplimiento.

Francisco Cajiao

Publicado en El Tiempo, Bogotá

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Hernando+Bernal+A. 3 enero, 2024 - 7:50 am

Pacho: “El derecho no está en discusión, lo que debe discutirse es cómo asegurar su cumplimiento”. Esta frase es lo único real que puede afirmarse en la embriaguez por el cambio social. Hernando

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