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Dulces para Mercedes

Me puse a buscar en los archivos de prensa y encontré que Gabo y Mercedes se conocieron en Magangué cuando ella tenía nueve años. Rodrigo García publica en su libro Gabo y Mercedes: Una despedida una foto de 1946 en la que se ve a Mercedes a los catorce años, bajo el sol Caribe.

Me puse a buscar en los archivos de prensa y encontré que Gabo y Mercedes se conocieron en Magangué cuando ella tenía nueve años. Rodrigo García publica en su libro Gabo y MercedesUna despedida una foto de 1946 en la que se ve a Mercedes a los catorce años, bajo el sol Caribe.

Ya lo sabía, pero no sé por qué leyendo el libro de Guillermo Angulo Gabo+8 me llamó la atención un párrafo en el que menciona que Mercedes Barcha, esposa de García Márquez, “una muchacha con la sigilosa belleza de una serpiente del Nilo”, había nacido en “la ciudad de los ríos”, Magangué (Bolívar). De pronto un recuerdo se disparó en mi memoria, ‒que es así, hecha de fragmentos‒.

Fue cuando mi hermana Clara me contó hace unos años que había conocido en circunstancias bastante curiosas al autor de Cien años de soledad. Era cuando ella estudiaba en el reconocido Colegio de la Purificación, de las Hermanas Misioneras Teresitas, cuya fundación había auspiciado y bendecido, por supuesto, el polémico monseñor Miguel Ángel Builes, obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia), famoso por sus homilías contra el Partido Liberal, al que tachaba nada menos que de esencialmente malo y, por ende, ser liberal era un pecado. 

En esos años de 1940, mi hermana subía diariamente por la calle que de la casa llevaba directamente a las puertas del colegio. En el camino –y no supe cómo– se encontraba con García Márquez, que en una de las esquinas la esperaba para entregarle una bolsita con dulces –panelitas de leche, frunas y cocadas– para que se los diera a Mercedes. Ambas habían nacido con un año de diferencia.

Mi hermana me contaba que desde entonces Gabo pretendía a Mercedes, que no vivía lejos en la casa de la familia Barcha Velilla, calle de San Clemente, “que fue borrada del mapa por el avasallante comercio del puerto” de Magangué, según contó en una entrevista su tío de 90 años, Héctor Barcha. Por el misterio con que mi hermana, ya fallecida, narraba la historia, deduje que los amores de Gabo, entonces un individuo cualquiera, no debían ser al comienzo bien vistos en la familia Barcha Velilla, ya que Mercedes tenía apenas doce años de edad y él era cinco años mayor que ella. Y tampoco los veía bien mi mamá cuando se enteró de esos mandados que un joven mayor le pedía en la calle a su hija para su novia jovencita. La empezó a regañar y a darle fuete –un castigo que ahora está prohibido por ley, por considerarse maltrato infantil– que la hacía llorar a raudales al regresar del colegio por la tarde.

Me puse a buscar en los archivos de prensa y encontré que Gabo y Mercedes se conocieron en Magangué cuando ella tenía nueve años. Rodrigo García publica en su libro Gabo y Mercedes: Una despedida una foto de 1946 en la que se ve a Mercedes a los catorce años, “bajo el sol Caribe”, anota. Esa era la Mercedes de la época que mi hermana me contó. Años más tarde, Zoyla, prima de la Barcha, reveló que recordaba que don Demetrio, padre de Mercedes, no se despegaba de los enamorados cada vez que el galán iba a visitarla. Al parecer las visitas contaban para entonces con el permiso consabido de los papás, pero bajo la mirada fiscalizadora del progenitor. A su vez, el relato de mi hermana, de ribetes macondianos, contiene fechas y lugares que encajan perfectamente, aunque la parte que le tocó fue la de llevar los dulces y hacer el papel de celestina regañada.

Jesús Ferro Bayona

Publicado en El Heraldo (Barranquilla)

Por Jesús Ferro Bayona

Jesuíta de 1960 a 1977. Estudió Filosofía y Letras. Máster en Filosofía, Universidad de Lyon y de Teología, Instituto Sèvres de París. Estudios doctorales en la Escuela de Altos Estudios de París. Padre de Andrés, administrador de empresas, Juan Camilo, comunicador, y María Isabel, comunicadora, y abuelo de Dylan, de cinco años. Fue rector de la Universidad del Norte, Barranquilla, 1980-2018. Dedicado ahora a leer, escribir y dar un curso de Historia de las civilizaciones.

6 respuestas a «Dulces para Mercedes»

La historia está hecha de retazos, y nunca hubiéramos podido conocer esa parte de la historia, si Clarita no se la hubiera contado a su hermano, aun recordando que el haberle llevado esos dulces a Mercedes le costó unos “cuerazos”. Gracias por esa anécdota.

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