Diálogos de ultratumba – El cráneo de Descartes

Por: Rodolfo Ramon De Roux
183 Vistas

En una vitrina del prestigioso Museo del Hombre, en París, se encuentra el cráneo de René Descartes cuyo Discurso del método con su postulado de la “duda metódica” y su “pienso, luego existo” han tenido considerable influjo en la Modernidad. Mirando fijamente las cuencas vacías de su parva calavera me fui deslizando por una de ellas como por un oscuro tobogán, e hipnotizado escuché la voz del filósofo galo que me contó esta fascinante historia:

  • Dieciséis años después de mi muerte acaecida en 1650, mis huesos fueran exhumados, tras de lo cual la gente empezó a llevarse a trozos mis restos, cual reliquias. Mi cráneo terminó circulando clandestinamente en Suecia durante más de siglo y medio antes de ser entregado, en 1821, al ilustre anatomista Georges Cuvier.
  • Después de tantas volteretas ¿cómo supieron que era tu verdadero cráneo?
  • Buena pregunta, pues, para ese entonces, había cuatro cráneos o fragmentos de cráneo supuestamente pertenecientes a mi persona. La situación empezaba a parecerse al tráfico de reliquias, cuando proliferaban los huesos de santos. Mis devotos admiradores necesitaban estar seguros de que iban a conservar preciosamente la calavera correcta.
  • Excitas mi curiosidad. 
  • Para tomar una decisión, la Academia de Ciencias de París se reunió en su sede a orillas del Sena el 30 de abril de 1821. Entre sus miembros figuraban algunos de los nombres más famosos de la historia de la ciencia. Estaban, entre otros, Marcellin Berthelot, uno de los creadores del lenguaje de la química moderna; Jean-Baptiste Lamarck, el de la teoría de la evolución; Joseph-Louis Gay-Lussac, quien formuló varias leyes de la física, codescubrió la verdadera composición del agua y realizó los trabajos que condujeron a establecer la graduación alcohólica, la misma que hoy figura en todas las botellas de vino, cerveza o licor; Pierre Simon Laplace, que continuó la obra de Newton sobre los aspectos matemáticos de la física y teorizó sobre el origen del sistema solar, y André-Marie Ampère, uno de los descubridores del electromagnetismo, que ha dado su nombre a una de las unidades básicas de medida de la electricidad. ¡Cómo te parece la solemnidad y cuidado que le pusieron a mi  calavera!
  • Ya hubiera querido cualquier reliquia de santo que la examinaran tan eminentes científicos. Pero no le des más vueltas al asunto y dime qué pasó.
  • Con mucha coherencia aplicaron la duda metódica a la cabeza misma que la había propuesto  como herramienta para avanzar en el conocimiento. Llegaron a una conclusión positiva que no se basaba en el ideal de la certeza, sino en la noción moderna de la probabilidad. 
  • Me admira que hasta los más incrédulos estén apegados a las reliquias de grandes” personajes.
  • ¿Acaso naciste ayer? ¿No es un gran relicario el Panteón parisino en el cual se encuentran los “santos” laicos de la república francesa? ¿No están llenos de reliquias de próceres patriotas todos los museos nacionales de historia? Eres lo suficientemente grande como para saber que no se deja de creer en Dios para no creer en nada sino para creer en otras cosas. No te sorprendas, entonces, por el ingente número de reliquias laicas que por ahí circulan y que, como en el supuestamente “oscuro” Medioevo, siguen siendo objeto de un lucrativo negocio.
  • Excusa; pensaba que la estupidez no era mi fuerte pero a veces resulta vencedora.
  • Utiliza bien el Internet para desasnarte. Fácilmente te darás cuenta, por ejemplo, que de reliquias de Napoleón está lleno el mundo. Quienes presenciaron la muerte del corso se esforzaron en acapararlas. Unos lo hicieron por devoción y otros, sin duda, por un acertado cálculo de que todo aquello podía acabar valiendo un buen dinero.
  • ¿Y fue así?
  • ¿Lo dudas, alma bendita? El 23 de marzo de 2014 la casa de subastas francesa Osenat puso a la venta el camisón que vestía Bonaparte en el momento de su muerte, lo mismo que su bastón de hueso de cachalote con empuñadura de marfil de morsa. La emoción subió de tono cuando se subastó un medallón que contenía un mechón del pelo de Napoleón. Sobra decirte que muchos otros pelos napoleónicos circulan por el mundo. Algunos de los lotes que se subastaron ese día dan una idea de la febril recolección de reliquias que tuvo lugar en Santa Elena: una botella llena de tierra de la fosa del exemperador, una tabaquera tallada en la madera del sauce que daba sombra a su tumba e incluso un par de rodajas enteras del tronco de aquel árbol. 
  • Increíble.
  • Increíble es la capacidad del humano para creer. En 2005, uno de los colmillos del pequeño gran corso alcanzó los 16.300 euros en una subasta celebrada en el Reino Unido, y eso que algunos expertos discutían la autenticidad de la pieza. Y falta lo mejor.
  • No puede ser.
  • El padre Paul Vignali, el cura que asistía espiritualmente a Napoleón y le dio la extremaunción, se hizo con un interesante muestrario de recuerdos, en el que figuraban un paquetito con «tres tipos de pelo» -de la cabeza, de la barba y del cuerpo- y un misterioso «tendón momificado», que era la manera eufemística de referirse al pene del exemperador.
  • Esto se pone excitante.
  •  No está muy claro quién cercenó el erótico miembro, pero en 1916 se subastó en Londres y emprendió un accidentado itinerario de dueño en dueño. Un periodista de ‘Time’ describió su apariencia como «un trozo maltratado de cordón de zapato o una anguila reseca», y muchos pusieron en duda que se tratase de un pene, pero un examen con rayos X acabó por confirmarlo. Harina de otro costal es que sea realmente el de Napoleón. Lo cual no impidió que en otra subasta, en 1977, lo comprara un urólogo estadounidense que lo retiró de la circulación; pero el hombre ya falleció, así que en cualquier momento puede volver al mercado, por si te interesa. 
  • Voy a comenzar a ahorrar.
  • No te quiero emborrachar enumerando las miles de reliquias laicas existentes. Pero no me aguanto mencionar las de algunos de mis colegas científicos. En el Museo de la Historia de la Ciencia de Florencia, se exhiben tres dedos y un diente de Galileo Galilei. Los ojos de Albert Einstein fueron entregados, como una reliquia, a su oftalmólogo, Henry Abrams. Y, ¡oh, maravilla de la ciencia! en el Museo Henry Ford en Dearborn, Michigan. está un tubo de ensayo bien cerrado que supuestamente contiene el último suspiro de Thomas A. Edison. 
  • Ahora es mi turno de darte algunas novedades. En su último vuelo, el 14 de mayo de 2010, el transbordador espacial Atlantis, de la NASA, llevó al espacio un trozo de la corteza del árbol donde Isaac Newton descansaba cuando vio caer la manzana y se inspiró para formular la ley de la gravitación universal.
  • No me enseñas nada nuevo. Te añado que se hicieron multiplicaciones del manzano de Newton y que en el Real jardín botánico de Kew  uno de esos manzanos  es hoy en día  un árbol histórico y súperprotegido.
  • Pero seguro no sabes que en la Casa Museo Gabriel García Márquez, en Aracataca, se encuentra la cuna de madera donde Gabito tuvo sus primeros sueños. Apareció milagrosamente en 2007, ochenta años después del nacimiento del novelista.
  • ¿Te das cuenta por qué insistí en el recurso a la duda metódica?
  • Sé que buscaste fundamentarlo todo -desde la moral y las leyes hasta la política y la organización social- en la razón. Pero me parece que fuiste muy optimista con tu idea demasiado elevada de nuestra capacidad para usarla. 
  • Ya he tenido suficiente tiempo para apreciar las locuras que se pueden hacer con la Razón pura, o en su nombre. Lo mismo que las que se pueden hacer con la Fe ciega. 
  • Al comenzar nuestra conversación me dijiste que tu cráneo estaba dando vueltas en Suecia. ¿Qué hacía por allá?
  • Me pides recordar un pasado doloroso. 
  • Lo siento. No prosigas si no quieres.
  • A lo hecho, pecho. Me había ido a vivir a los Países Bajos en 1629 buscando un lugar donde pudiera pensar sin poner en peligro mi vida. Inclusive cambiaba de residencia con frecuencia para mantener oculto mi paradero. 
  • He oído que fuiste muy prudente tratando de ocultar tus ideas más radicales en tiempos de aguda intolerancia, y que escribiste la ya legendaria expresiólarvatus prodeo” (avanzo ocultándome).  
  • Por eso me han llamado “el filósofo enmascarado”. Pero fue inevitable el enfrentamiento con los teólogos, temerosos de que adoptar la razón como base válida para la comprensión del mundo conduciría al ateísmo, a una crisis de autoridad y a un mundo plagado de dudas y confusión, sin el arbitraje de la Iglesia jerárquica. En 1637 publiqué mi Discurso del método, “para bien dirigir la razón”, y en 1642 ya se había prohibido formalmente mi filosofía en Utrecht.
  • Sigo sin saber qué tiene que ver esto con Suecia.
  •  Pues que, cansado de la desaprobación a mis teorías y buscando tranquilidad, decidí aceptar la invitación de la joven reina Cristina de Suecia para viajar a Estocolmo y convertirme en su profesor de filosofía. Tenía yo 53 años cuando me fui a esa remota “tierra de osos, entre rocas y hielo”. 
  • ¿De qué te quejas? Muchísimos quisieran tener el honor de ser profesores de una reina. 
  • Eso depende… como todo en la vida.
  • Así es; cada quien habla de la feria según como le va en ella. ¿Cómo te fue en la feria sueca?
  • Fatal. Y no te lo digo en sentido figurado. Cristina era brillante e intelectualmente voraz. Pero se levantaba a las cuatro de la mañana y yo debía comenzar mis clases a partir de las cinco. ¿Te lo imaginas? Estaba acostumbrado a trabajar en la noche y a levantarme tarde en la mañana. Ahora, en el invierno glacial de Estocolmo -donde los pensamientos se congelan como el agua- tenía que recorrer en carruaje el trayecto desde mi casa hasta el palacio real, en la negrura que precedía al alba. No pasé del primer invierno. Me mató una neumonía.
  • Debiste haber ejercitado mejor la duda antes de aceptar la invitación de Cristina.
  • En ese momento la calavera de Descartes empezó a sacudirse frenéticamente y yo salí expulsado por una de sus cavidades oculares. Se me había olvidado que el filósofo era muy quisquilloso con las críticas. Con cierto disgusto el egregio cráneo emitió un gutural “Lo que eres, fui. Lo que soy, serás”. Salí zurumbático del Museo del Hombre. En mi propio cráneo resonaba: “Carpe diem”.

Rodolfo Ramon de Roux

Abril, 2023

3 Comentarios

John Arbeláez Ochoa 11 abril, 2023 - 4:38 pm

Maravillosos, como siempre, tus diálogos de ultratumba. La verdad es que por esos lares, ultratúmbicos, hay más materia prima inteligente para dialogar, que lo que resta en la humanidad viva, ya “decadent” como dice Nietzsche.

Responder
Humberto Sánchez Asseff 13 abril, 2023 - 9:28 am

Rodolfo, gracias por compartirnos tus “botadas de corriente”. En medio de tu ironía burlesca vas dejando enseñanzas para la vida (¿o son más bien recuerdos de lo dolorosamente aprendido?) Deseamos que tus visitas a esos extravagantes museos sean copiosas y fecundas.

Responder
Rodolfo Ramon De Roux 13 abril, 2023 - 9:36 am

Humberto, tienes buen ojo. Se aprende a fuerza de sufrir; y yo no soy una excepción.

Responder

Dejar un comentario